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Uno de estos, es el modelo tridimensional de la imagen corporal,
organizando el concepto desde la parte de la percepción, la actitud y el
comportamiento; es decir cómo me veo, como me siento y que hago al respecto
(Mills et al., 2018). Por otra parte, la teoría subjetiva, establece que la imagen
corporal no solo depende de la imagen física y de la percepción personal, sino,
también, en como influyen de manera positiva o negativas aspectos como, los
socioculturales, demográficos, medios de comunicación y exposición excesiva
a redes sociales, aspectos del desarrollo, cambios hormonales y crecimiento
rápido propio de la pubertad (Fardouly et al., 2015; Perloff, 2014; Tiggemann,
2012). Todos estos modelos, ayudan a tener una mejor comprensión lo
multidimensional que es el constructo y ayudando a comprender su análisis
desde una perspectiva general.
Dentro de este marco conceptual, la insatisfacción corporal es un elemento
importante de la imagen corporal que abarca la autoevaluación negativa de la
apariencia física y, en consecuencia, influye en cómo las personas piensan,
sienten, perciben y actúan con respecto a su cuerpo (Schuck et al., 2018;
Thompson y Cafri, 2007). En este sentido, no se trata de una redefinición del
concepto, sino de una profundización en sus implicaciones cognitivas y
conductuales. En este contexto, la insatisfacción corporal se basa en aspectos
cognitivos y emocionales, y puede variar bajo la influencia de factores
psicológicos, biológicos o socioculturales (Webber, 2022) . Investigaciones
realizadas en poblaciones occidentales indican que la insatisfacción corporal es
una condición prevalente y a menudo se denomina insatisfacción normativa,
la cual puede presentarse a lo largo de la vida (Tantleff-Dunn et al., 2011). En
particular, la adolescencia puede caracterizarse como un período de especial
vulnerabilidad en el desarrollo de la insatisfacción corporal, con importantes
cambios físicos, sociales, cognitivos y emocionales, así como la formación de la
identidad (Voelker et al., 2015).
Las preocupaciones sobre la imagen corporal son un problema para los
adolescentes a nivel mundial (Ganesan et al., 2018; Maezono et al., 2019;
Moehlecke et al., 2020; Swami y Barron, 2019). Algunos estudios, destacan los
impactos adversos de la percepción de la imagen corporal, afectando las
actividades académicas, familiares o deportivas, como resultado de sentirse
infelices o avergonzados por su apariencia, (Cash, 2004; Cash et al., 2005;
Marengo et al., 2018).
En América Latina, investigaciones recientes, también han evidenciado
una prevalencia elevada de insatisfacción corporal en adolescentes. Países
como Brasil y México, han registrado información que la presión social por una
apariencia corporal ideal, donde las redes sociales y la promoción de ideales
estéticos se ha relacionado con mayores niveles de comparación corporal e
insatisfacción en jóvenes (Andres et al., 2024; Vincente-Benito y Ramírez-
Durán, 2023). En México, diversos estudios han documentado discrepancias
significativas entre cómo se perciben corporalmente las mujeres adolescentes y