ISSN 2992-7048
RMCCF 2025, Volumen 4, Número 10.
DOI: 10.54167/rmccf.v4i10.1872
https://vocero.uach.mx/index.php/rmccf
Artículo de divulgación
Ejercicio y vitíligo: De la fisiopatología a las recomendaciones de
actividad física y ejercicio
Exercise and vitiligo: From pathophysiology to physical activity and exercise recommendations
Jesus Ricardo Gómez Frias 1, Liliana Aracely Enriquez del Castillo1 y Flor Isela Torres Rojo2,*
1 Universidad Autónoma de Chihuahua. Facultad de Ciencias de la Cultura Física
2 Universidad Autónoma de Chihuahua. Facultad de Ciencias Químicas
* Autor de Correspondencia: fitorres@uach.mx
Resumen: El vitíligo es una enfermedad autoinmune con una prevalencia reportada de hasta
un 4% en México. Esta patología aumenta el riesgo de alteraciones metabólicas y autoinmunes;
se manifiesta principalmente en forma de áreas de despigmentación en la epidermis, pero
involucra una serie de alteraciones biológicas de origen multifactorial. El vitíligo parece tener
una relación profunda con el desequilibrio oxido-reductivo, ya que alteraciones estructurales
y funcionales en las células epidérmicas facilitan la producción de especies reactivas de
oxígeno y nitrógeno en estos pacientes. Por tanto, se realizó una búsqueda en la literatura sobre
la relación del vitiligo con el ejercicio, identificando que muy recientemente el ejercicio se ha
propuesto como una herramienta potencial debido a sus acciones moduladoras en los procesos
inflamatorios y oxidativos, y además es capaz de modificar las concentraciones de citoquinas
proinflamatorias, genera adaptaciones que aumentan la función del sistema antioxidante
endógeno y es capaz de reducir marcadores de estrés oxidativo presente en estos pacientes,
debido a esto, podemos concluir que dentro de los múltiples beneficios del ejercicio, este
podría mejorar el curso del vitíligo, debido a los beneficios antioxidantes y la modulación del
sistema inmunológico, entre otros, por tanto se presenta como una valiosa herramienta a bajo
costo y podría ser utilizada como un tratamiento complementario en el manejo de esta
enfermedad.
Palabras Clave: Vitiligo; Enfermedad autoinmune; Ejercicio; Estrés oxidativo.
Abstract: Vitiligo is an autoimmune disease with a reported prevalence of up to 4% in Mexico.
This pathology increases the risk of metabolic and autoimmune disorders; it manifests
primarily as areas of depigmentation in the epidermis. It also involves a series of biological
alterations of multifactorial origin. Vitiligo appears to be deeply related to redox imbalance, as
structural and functional modifications in epidermal cells facilitate the production of reactive
oxygen and nitrogen species in these patients. Therefore, a bibliographic search on the
relationship was carried out of vitiligo with exercise, identifying that very recently, exercise
has been proposed as a potential tool due to its modulatory actions on inflammatory and
oxidative processes, and is also capable of modifying the concentrations of proinflammatory
cytokines, generating adaptations that increase the function of the endogenous antioxidant
system, and can reduce markers of oxidative stress present in these patients, due to this, we
can conclude that within the multiple benefits of exercise, it could improve the course of
vitiligo, due to the antioxidant benefits and the modulation of the immune system, among
others, therefore it is presented as a valuable tool at low cost and could be used as a
complementary treatment in the management of this disease.
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Keywords: Vitiligo; Autoimmune Disease; Exercise; Oxidative Stress.
Cómo Citar: Gómez Frias, J.R., Enriquez del Castillo, L.A., y Torres Rojo F,I. (2025). Ejercicio y
vitíligo: De la fisiopatología a las recomendaciones de actividad física y ejercicio. Revista
Mexicana de Ciencias de la Cultura Física, 4(10) e1872. DOI:
https://doi.org/10.54167/rmccf.v4i10.1872
Recibido: Marzo 2025 Aceptado: Mayo 2025 Publicado: Junio 2025
Introducción
El vitíligo es una enfermedad autoinmune, caracterizada por la pérdida de
pigmento en la piel. Regiones como la India reportan la prevalencia más alta,
suelen alcanzar cifras hasta un 8.8% identificado como un problema grave. En
México se ha reportado la segunda prevalencia siendo de 2.6 a 4% en
comparación con 0.5 a 2% en otras poblaciones, lo que lo hace de interés para
la salud pública de México (Bergqvist & Ezzedine, 2020; Sun et al., 2020).
Existen complicaciones asociadas a esta patología, tales como pérdida de la
audición, iritis, glaucoma, aumento del riesgo de desarrollar otras
enfermedades autoinmunes y cardiovasculares; además de complicaciones
fisiológicas y el coste económico asociado a gastos médicos que sufren los
pacientes con vitíligo es otro factor de relevancia, pues se ha reportado que
ascienden a más del doble en comparación con sujetos sanos (Ezzedine et
al.,2024).
La característica principal del vitíligo es su manifestación con zonas de baja o
nula pigmentación en la piel, generando zonas visiblemente despigmentadas
en comparación con el resto de la piel. Cabe destacar que estas zonas
despigmentadas son más visibles en personas con piel oscura que en aquellas
que por sus características genéticas o geográficas tienden a tener colores de
piel más claros.
Estas zonas despigmentadas suelen ser causa de una serie de alteraciones
fisiológicas que llevan en última instancia, a la muerte de los melanocitos
epidérmicos, los cuales son los encargados de producir melanina, pigmento
que le da color a la piel, al cabello y a los ojos.
El inicio de las alteraciones se da por un desequilibrio de las moléculas
oxidantes y antioxidantes, que inician una respuesta inflamatoria, lo que a su
vez genera un desequilibrio entre las moléculas oxidativas y antioxidantes.
Este proceso patológico del vitíligo además involucra una inadecuada
respuesta autoinmune, pues a su vez, el cuerpo ataca los propios melanocitos
de la piel generando una disminución de la pigmentación en la epidermis, por
lo que la pérdida ocasiona zonas corporales que pueden permanecer estables o
avanzar de forma indefinida a través del tiempo e incluso son más susceptibles
a los daños solares, generando el riesgo de irritabilidad. (Manga et al., 2016).
Por tanto, el inadecuado funcionamiento genera alteraciones que activan
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erróneamente el sistema inmune, provocando que este dañe a los melanocitos,
lo que perpetúa un círculo vicioso.
A pesar de que a la fecha no ha sido posible la identificación de una causa
consistente y única con relación a la aparición o desarrollo del vitíligo, se
considera una enfermedad de desarrollo multifactorial.
Dentro de los posibles factores relacionados al desarrollo del vitíligo se
encuentra la predisposición genética, el estrés oxidativo, estrés mental, factores
ambientales y un inadecuado estilo de vida que pueden generar un impacto en
la progresión de la enfermedad (Marchioro et al., 2022).
El hecho de tener un diagnóstico de vitíligo genera un riesgo para la salud,
además, suele tener impacto en la autoestima y en la calidad de vida debido a
la estigmatización, sin dejar de lado ciertas complicaciones a los que son más
susceptibles además de la pérdida de pigmentación en piel, cabello, mayor
riesgo de quemaduras por el sol y con ello afecciones en la piel que van desde
la irritación hasta el cáncer (Frączek et al., 2024; Manga et al., 2016; Shahel al.,
2024).
Durante los últimos años, se ha mencionado que la práctica regular de
actividad física, o de ejercicio físico brinda efectos beneficiosos sobre diversos
sistemas como el circulatorio, muscular, esquelético, endócrino y en especial
interés para este artículo de divulgación, el sistema inmunológico, ya que tras
su práctica regular ejerce un efecto antiinflamatorio sistémico, pues al
realizarse en intensidades adecuadas reduce la concentración de marcadores
inflamatorios, así como la reducción de oxidantes, el cual es un factor
determinante para el desarrollo del vitíligo. No obstante, sus mecanismos de
acción y respuestas al ejercicio aún no son muy claras, por lo que se sugiere la
necesidad de un mayor enfoque en su estudio, tratamiento y su relación en la
patología del vitiligo (de Sousa et al., 2017).
El proceso fisiológico del vitíligo:
El vitíligo ha sido clasificado dentro del grupo de enfermedades autoinmunes,
en donde el propio sistema inmunológico ataca de manera equívoca a los
melanocitos de la piel. Todas las enfermedades autoinmunes son de gran
complejidad clínica, con un diagnóstico poco específicos donde principalmente
se involucran procesos inflamatorios a nivel celular, estrés oxidativo,
disfunción mitocondrial, estrés psicológico y en algunos casos predisposición
genética, a su vez, los tratamientos son poco contundentes debido a la
dificultad del diagnóstico y del desarrollo de la enfermedad.
Durante el desarrollo de estas enfermedades, participan múltiples factores,
que, entre ellos se desarrollan entre sí para dar pie al vitíligo interviniendo en
múltiples procesos fisiológicos entre los que coincide finalmente en la
destrucción del melanocito. El sistema inmunológico, al generar esta falla
estimula el reclutamiento de linfocitos T citotóxicos que destruyen estas
células, lo que genera una pérdida progresiva de pigmentación. A
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continuación, se describen los principales mecanismos fisiológicos que tienen
una inferencia directa en el desarrollo y la progresión del vitíligo:
Procesos inflamatorios a nivel celular: Dentro de los factores de inflamación a
nivel celular, se encuentra la proliferación de Interleucinas, las cuales son
proteínas que producen inflamación como las IL 1,2,6 y 7 o el Factor de
Necrosis Tumoral Alpha. Se han identificado diversas vías moleculares
implicadas en la patogénesis del vitiligo, como la activación de la vía del
interferón-gamma y la alteración en la expresión de genes relacionados con la
respuesta inmunológica (Jadue & González, 2012).
Estrés oxidativo: En los pacientes con vitíligo se ha observado que cuentan con
un exceso de especies reactivas al oxígeno, las cuales dañan la membrana de la
célula, así como la estructura interna de los melanocitos, lo que promueve su
destrucción y hace que sean más susceptibles al estrés oxidativo (Chang & Ko,
2023). Al desarrollarse el estrés oxidativo interfiere en la adherencia del
melanocito a la membrana basal de la epidermis, favoreciendo de esta forma
su desprendimiento y destrucción (Bergqvist & Ezzedine, 2020).
Disfunción mitocondrial: La mitocondria, es el orgánulo de la célula donde se
lleva a cabo la respiración celular, esta, al parecer suele ser el inductor clave de
las especies reactivas al oxígeno, ya que en los pacientes con vitíligo se ha
observado que existen mitocondrias que tienen una funcionalidad alterada
dentro de la que se encuentra la pérdida del potencial transmembrana y las
proteínas de la cadena de transporte de electrones, lo que compromete tanto la
función como la vida celular (Dell’Anna & Picardo, 2006; Chang & Ko, 2023).
Estrés mental: Investigaciones recientes sugieren que, al presentarse un mayor
estrés emocional, ansiedad y depresión, este puede actuar como
potencializador de la enfermedad agravando el desarrollo del vitíligo, debido
a la estrecha relación que tiene con el sistema nervioso, el cual se atañe con el
estrés emocional debido a la liberación de catecolaminas y citoquinas
proinflamatorias afectando la función de los melanocitos (Nasser et al., 2021;
Do Bú et al., 2022).
Genética: La predisposición genética tiene un papel crucial en el desarrollo de
la enfermedad, pues la investigación científica ha identificado que hasta un
30% de los pacientes con vitíligo tienen antecedentes familiares con esta misma
enfermedad, por lo que esto sugiere una influencia hereditaria, dentro de la
revisión de la literatura, se han identificado algunos genes involucrados en el
sistema inmunológico así como la función antioxidante y la muerte celular
cómo NRF2, NLRP1, PTPN22, TYR entre otros (Spritz, 2020).
Factores medioambientales: El estilo de vida juega un papel fundamental en el
desarrollo de la enfermedad, el contacto con sustancias agresivas para la piel,
la radiación excesiva de rayos UV, una alimentación inadecuada y un estilo de
vida con comportamiento sedentario o físicamente inactivo pudieran
contribuir en la progresión del vitíligo (Jadue & González, 2012).
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Ejercicio y vitíligo:
A la fecha las investigaciones realizadas sobre el mejor ejercicio para disminuir
el estrés oxidativo y mejorar el sistema antioxidante es muy variado, análisis
conjunto reveló que, independientemente de la intensidad, el volumen, el tipo
de ejercicio y la población estudiada, los indicadores antioxidantes tendían a
aumentar y los indicadores prooxidantes tendían a disminuir después del
entrenamiento. Por lo tanto, se menciona que el entrenamiento físico parece
inducir un efecto antioxidante. Por lo tanto, se sugiere que las personas
practiquen algún tipo de ejercicio para equilibrar el estado redox,
independientemente de su estado de salud, para mejorar los resultados
relacionados con la salud (de Sousa et al., 2017)
La organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que la población
adulta realice al menos 150-300 minutos de actividad física aeróbica de
intensidad moderada, o al menos 75-150 minutos de actividad física aeróbica
de intensidad vigorosa, o una combinación equivalente de actividad de
intensidad moderada y vigorosa durante toda la semana para obtener
beneficios sustanciales para la salud; Los adultos también deben realizar
actividades de fortalecimiento muscular a intensidad moderada o mayor que
involucren a todos los grupos musculares principales 2 o más días a la semana,
ya que proporcionan beneficios adicionales para la salud. (Bull et al., 2020). En
pacientes con vitíligo estas recomendaciones no son la excepción, sin embargo,
se recomienda que al desarrollar actividades al aire libre se use bloqueador
solar y ropa adecuada para evitar el daño por la radiación de rayos UV.
Ejercicio y enfermedades autoinmunes: La práctica regular de ejercicio físico
ha demostrado ser una herramienta efectiva con relación al sistema inmune ya
que reduce los procesos inflamatorios crónicos debido a la regulación del
sistema inmunológico y estrés oxidativo (El Assar et al., 2022).
Ejercicio a nivel celular: La actividad sica moderada reduce citoquinas
proinflamatorias cómo TNF-α e IL6, las cuales están implicadas en la
destrucción del melanocito, además, una dosificación adecuada de ejercicio
físico favorece la liberación de IL-10, la cual es una célula antiinflamatoria
protegiendo al melanocito de su destrucción (Batista et al., 2009).
Ejercicio y estrés oxidativo: La práctica de ejercicio físico aumenta la actividad
de enzimas antioxidantes como el superóxido dismutasa, catalasa y glutatión
peroxidasa entre otras, las cuales tienen el potencial de neutralizar los efectos
derivados de las especies reactivas al oxígeno, por lo que este mecanismo es
capaz de proteger a los melanocitos del daño oxidativo producido (Zhou et al.,
2022).
Ejercicio y disfunción mitocondrial: Se ha sugerido que el ejercicio podría
generar efectos benéficos en el ciclo de vida mitocondrial, ya que produce en
las principales vías de señalización relacionadas con el control de calidad y
cantidad de mitocondrias (Cervantes, 2019).
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Ejercicio y estrés mental: La actividad física regular contribuye en la reducción
de cortisol, denominada como la hormona del estrés, sumado a ello, tras la
práctica de ejercicio se liberan endorfinas que generan sensación de bienestar,
lo cual son efectivas en la reducción del estrés y la modulación del sistema
nervioso (Nasser et al., 2021).
Ejercicio y predisposición genética: se han encontrado asociaciones en
alteraciones genéticas con la predisposición genética, afectando así a la
orientación antioxidante de los melanocitos y aumentando el riesgo de vitíligo
(Song et al., 2016). Aunque los resultados de los estudios poblacionales son
inconsistentes, aún puede ser posible una interconexión entre la patogénesis,
por lo tanto, se necesitan más estudios para comprender el nculo (Nandi et
al., 2019).
Conclusiones
El vitíligo es una enfermedad clasificada dentro del grupo de enfermedades
inmunológicas, por lo que su diagnóstico y tratamiento es complejo ya que
involucra diversos mecanismos fisiológicos, como la disfunción mitocondrial,
de citoquinas y el estrés oxidativo.
En la actualidad no existe una cura para esta enfermedad, sin embargo, el
ejercicio físico se presenta como una estrategia complementaria debido a los
mecanismos fisiológicos que se producen tras su práctica regular, lo que puede
ayudar a la progresión de la enfermedad.
A través de la modulación de células inflamatorias y la regulación de los
oxidantes, debido a que los melanocitos de pacientes con vitiligo son más
susceptibles y por medio de los antioxidantes producidos por el propio cuerpo
estimulados por la práctica de ejercicio físico, puede ser una estrategia que
desempeñe un estilo de vida adecuado de los pacientes con este diagnóstico.
A pesar de la información brindada por la comunidad científica acerca de este
tema, los mecanismos específicos relacionados al beneficio del ejercicio y el
impacto sobre la enfermedad no son claros, por ello, se sugiere seguir
investigando la relación entre el ejercicio y el vitiligo, probando estrategias
metodológicas no farmacológicas como el ejercicio.
Además de tratamientos, los innovadores no farmacológicos y un estilo de vida
saludable pueden brindar estrategias relacionadas al quehacer diario que
mejoren la calidad de vida de esta población con la intención de brindar
herramientas para enfrentar esta condición con mayor confianza, bienestar
físico y emocional.
Las futuras líneas de investigación deberían de enfocarse en determinar
características de los programas de ejercicio adecuados diseñados e
individualizados, que optimicen la función inmune de los pacientes con
vitíligo, así como la evaluación de los efectos a largo plazo de la actividad física
y la progresión de la enfermedad.
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