MECANISMOS DE CONTROL Y PODER QUE IMPACTAN EN LA CONSTRUCCIÓN DE SUBJETIVIDAD
tener resultados pobres por las mismas condiciones de carencias tanto sociales como educativas. Si a esto
agregamos que la misma escuela se puede volver un sistema de exclusión, como ya se mencionó
anteriormente, tenemos que las diferencias sociales y culturales se agrandarán, y que este tipo de
prácticas no podrán abonar mucho en términos de justicia y movilidad social.
En contraste, se menciona que el nivel socioeconómico no es necesariamente un fuerte predictor
para los resultados, pues solo el 3% delos estudiantes aventajados mostraron habilidades superiores en
lectura en 2018, cuando en los otros países de la OCDE el 17 % de los estudiantes aventajados muestran
habilidades superiores (OECD, 2018) En este caso se pueden analizar otros factores como formación de
profesores, ambición de los mismos estudiantes y prácticas áulicas. Además de factores extracurriculares
como el llamado bullying, los hábitos de estudio y lectura, además de ambientes familiares.
Otro aspecto a destacar es la percepción de los estudiantes acerca del ambiente escolar y su vida
dentro y fuera de este. PISA reporta que el 83% de los estudiantes en México se sienten satisfechos con
su vida (OECD, 2018). Uno de los factores que ayudan a esta satisfacción es el sentido de pertenencia a
la escuela, dado que en la mayoría de las sociedades y economías la probabilidad de satisfacción es más
alta proporcionalmente al sentido de pertenencia. Es oportuno cuestionar como es que se llegan a este
tipo de conclusiones, por un lado ¿se puede medir la satisfacción con la vida o la felicidad? Y por otro lado
asegurar que el 83% de los estudiantes se sienten satisfechos con su vida en un país tan diverso como
México me parece arriesgado, por decir lo menos.
Dichos indicadores pueden enmascarar ciertas falencias a nivel social como pobreza, violencia,
aislamiento de algunas comunidades, que sin duda la escuela no debería ni podría solucionar. Y en otra
vertiente podría legitimar ciertas prácticas escolares que, de acuerdo con los números mencionados,
están teóricamente funcionando. Estas son la promoción de literacidades que se limiten a ser funcionales
y que como se mencionó en el párrafo hagan sentir a los estudiantes parte de la institución, pero que
hagan muy poco para promover habilidades de otro orden como la creatividad, el pensamiento crítico,
habilidades de lectura y escritura superiores, la capacidad para transformar el contexto. Puesto que
aseverar que los estudiantes se sienten satisfechos con su vida y su ambiente escolar implica que la
realidad socioeconómica no tendría por qué cambiar en un país con amplias desigualdades y carencias
culturales, sociales, económicas y educativas.
Un indicador más que se menciona en el informe 2018 es que la mayoría de los estudiantes de la
OECD tienen mentalidad de ¨crecimiento¨, mientras que los resultados en México son del 45% (OECD,
2018). En el informe aparece la afirmación con la que obtuvieron dichos resultados: ¨tu inteligencia es
algo sobre ti que no puedes cambiar mucho¨. Si bien puede ser poco fiable medir cierto tipo de mentalidad
a partir de solo una pregunta. También se podría analizar el concepto ¨mentalidad de crecimiento¨, el
mismo concepto ya de por si es sesgado, en el sentido que darle valor a la inteligencia a partir de una sola
pregunta es reduccionista. En un sistema escolar que premia ciertas conductas y ciertas habilidades con
la pretensión de una mal entendida meritocracia, puede dejar a muchos estudiantes en condiciones de
desventaja. Por lo tanto, una mentalidad de crecimiento se reduce a una cuestión de premiación que deja
de lado la complejidad de un concepto tan amplio y que además tienen fuertes implicaciones económicas,
sociales y contextuales.
Así pues, este tipo de pruebas estandarizadas además de funcionar como mecanismo de control
institucional intentan uniformizar los resultados y a su vez las prácticas educativas. Tratan de incentivar
cierto tipo de conocimiento que se puede limitar a ser pragmático y a promover actitudes como la
competencia feroz, el individualismo exacerbado, la medición de competencias técnicas. Dejando de lado
el incentivar la reflexión profunda entre profesores y estudiantes, la libertad creadora que debería
producirse al interior de las aulas, y otro tipo de experiencias académicas que no necesariamente persigan
un fin más que el cultivo de la persona a través de objetos culturales.
e-ISSN: 2683-2143
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2025 | Qvadrata, estudios sobre educación, artes y humanidades, 7(13), 12-19