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LAS FILOSOFÍAS DEL SÍMBOLO O DEL SÍMBOLO DIFUSO EN CASSIRER, LANGER Y NICOL
2025 | Qvadrata, estudios sobre educación, artes y humanidades, 7(14), 53-60
https://10.54167/qvadrata.v7i14.1928
Para los fines de este trabajo, me detendré particularmente en las filosofías del símbolo de Cassirer
(
1968, 1998a, 1998b, 2016) y sus seguidores, a saber, Langer (1948) y Nicol (2001, 2003). Además,
sumaré algunas ideas de Sloterdijk (2006a, 2006b). Lo que planteo es que estas filosofías mantienen una
concepción o noción difusa del símbolo o de los símbolos, que el símbolo al que apelan estas filosofías es
difuso, entendiendo por ello que no tiene claridad o precisión, porque o es muy extenso o se lo ve, aplicado
al símbolo y lo simbolizado, a lo lejos. A su vez, como definición nominal, basada en su etimología, partiré
de que el símbolo es el signo que une dos cosas, dos elementos o dos dimensiones, a saber, lo material
con lo espiritual, lo empírico con lo conceptual, lo literal con lo figurado. De estas dos partes, una nos
pertenece y es con la cual se busca la otra. Se tiene la parte individual, concreta, sensorial y corporal del
símbolo, y se espera que lleve a la universal, abstracta, conceptual y espiritual (Beuchot, 2005).
Desarrollo
Ernst Cassirer nació en 1874 y murió en 1945. Fue un filósofo alemán de origen judío, y ciudadano
sueco desde 1939. Se lo reconoció por su obra titulada Filosofía de las formas simbólicas en el campo de
la filosofía de la cultura, a la que se suman Antropología filosófica y otras. También hizo contribuciones
a la epistemología, la filosofía de la ciencia y la historia de la filosofía; y sus aportaciones al estudio del
ser humano, el símbolo y la naturaleza simbólica del arte y la cultura general, son insoslayables (Cassirer,
1968, 1998a, 1998b, 2016). Para este filósofo el ser humano es un animal simbólico, utiliza símbolos para
configurar su mundo cultural.
En el sistema de símbolos (lenguaje, mito, religión, ciencia y arte), el espíritu humano se expresa
de manera universal y variable: “Una de las mayores prerrogativas del simbolismo humano es la
aplicabilidad universal, debida al hecho de que cada cosa posee un nombre. Pero no es la única. Existe
otra característica de los símbolos que acompaña y completa a ésta y forma su necesario correlato. Un
símbolo no sólo es universal sino extremadamente variable. Puedo expresar el mismo sentido en idiomas
diversos y, aun dentro de los límites de un solo idioma, una misma idea o pensamiento puede ser
expresada en términos diferentes” (
Cassirer, 1968, p. 35). Lo mismo que para Eliade (1994) y Ricoeur
(1982), para Cassirer (1968) el símbolo es el signo más rico, más cargado de significado (Cfr. Beuchot,
2013, p. 8). La crítica de la razón de Kant, en Cassirer se vuelve de la cultura: “Cassirer adoptó y elaboró
o desarrolló las ideas que Kant dejó solamente señaladas, como las de símbolo, concepto-límite, lenguaje,
religión y arte o estética” (
Beuchot, 2016a, p. 14). Para Cassirer “la forma simbólica es una composición
del mundo, que surge de la mente, y tiene que ser medida dentro de su contexto cultural, en el marco del
cual cobra sentido; tiene que ser deducida del principio fundamental de su propia formación […] En el
símbolo, la cultura se revela en un objeto, el espíritu en la materia […] El símbolo […] condensa un
significado universal en una realidad particular y concreta. Es un punto en el que lo universal se hace
concreto. En él debe ser detectado el movimiento de lo que allí se da detenido”
(Beuchot, 2016a, pp. 14–
16).
En su Antropología filosófica, en el capítulo II de la Primera parte, “Una clave de la naturaleza
del hombre: el símbolo”, Cassirer expone brevemente lo que considera el universo simbólico de
desenvolvimiento del ser humano. Johannes von Uexküll dice que la vida no se reduce a procesos
químicos o físicos, o, en otras palabras, que “La realidad no es una cosa única […] se haya […]
diversificada, poseyendo tantos esquemas y patrones diferentes cuantos diferentes organismos hay. Cada
organismo […] Posee un mundo propio, por lo mismo que posee una experiencia peculiar” (
Cassirer,
1968, p. 25). Cada organismo posee un sistema receptor y uno efector con los que recibe estímulos de la
realidad y reacciona a ellos, respectivamente. Ante esto Ernst Cassirer pregunta si es posible aplicar el
mismo esquema a la vida y el mundo humanos. Con lo que, si bien ninguno está exento de las leyes que
gobiernan la vida, no obstante, sería posible identificar una característica que distingue la vida del ser
humano de la del resto de los seres vivos. A diferencia de éstos, afirma nuestro autor, el ser humano ha
encontrado una forma distinta, cualitativa y cuantitativamente hablando, de adaptación a su ambiente:
“Entre el sistema receptor y el efector […] hallamos en él [el hombre] como eslabón intermedio algo que
podemos señalar como sistema “simbólico”” (Cassirer, 1968, p. 26). El ser humano no sólo vive una