Patricia Rocío Domínguez Ochoa María Teresa Ochoa Ortiz
César Delgado Valles
Institución Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado de Chihuahua (México)
Recibido: 2025/08/14 Aceptado para su publicación: 2025/12/02 Publicado: 2026/01/26
Resumen: El presente estudio analiza el impacto de los medios digitales en el vocabulario receptivo de adolescentes de la ciudad de Chihuahua, a partir de una intervención orientada al fortalecimiento del lenguaje. Se desarrolló un estudio no expermimental y tarsversal, la muestra incluyó a siete estudiantes de nivel secundaria; los criterios de selección fueron bajo conveniencia. Para el diagnóstico y la evaluación pretest–postest se empleó el Test de Vocabulario en Imágenes Peabody, con el propósito de identificar el nivel de vocabulario receptivo y las áreas de oportunidad. Los hallazgos sugieren que, si bien los medios digitales generan nuevas formas de interacción lingüística caracterizadas por la inmediatez y la economía del lenguaje, la mediación pedagógica sistemática favorece el fortalecimiento del léxico receptivo. Se concluye que el vocabulario receptivo constituye un indicador relevante del desarrollo cognitivo y del acceso a aprendizajes escolares complejos, por lo que se recomienda diseñar estrategias educativas que promuevan un uso reflexivo del lenguaje en contextos digitales.
Abstract: This study analyzes the impact of digital media on the receptive vocabulary of adolescents in the city of Chihuahua, based on an intervention aimed at strengthening language skills. A quantitative research approach was used, following the positivist paradigm. The sample included seven secondary school students; selection criteria were based on convenience sampling. The Peabody Picture Vocabulary Test was used for pre-test and post-test assessment to identify the level of receptive vocabulary and areas for improvement. The results show interindividual variability. The findings suggest that, while digital media generate new forms of linguistic interaction characterized by immediacy and language economy, systematic pedagogical mediation promotes the strengthening of receptive vocabulary. It is concluded that receptive vocabulary is a relevant indicator of cognitive development and access to complex academic learning; therefore, it is recommended that educational strategies be designed to promote the reflective use of language in digital contexts.
Desarrollo del lenguaje, intervención educativa, medios digitales y vocabulario.
Language development, educational intervention, digital media, and vocabulary.
Delgado, C. (2026). Vocabulario receptivo en adolescentes de Chihuahua: Un estudio de caso. Qvadrata, estudios sobre educación, artes y humanidades, 8(15), 120-131. https://doi.org/10.54167/qvadrata.v8i15.2240
Actualmente, se vive una transformación constante entre las generaciones de niños, niñas y adolescentes, quienes han crecido en un entorno digital que forma parte natural de su vida cotidiana. Para ellos, interactuar en el mundo virtual es algo inmediato y accesible en cualquier momento. Sin embargo, esta realidad invita a la reflexión personal y, no obstante, a la evaluación del uso de las tecnologías en el diario vivir de cada estudiante. Si bien el entorno digital ofrece múltiples oportunidades de aprendizaje y comunicación, su uso excesivo puede generar consecuencias en la salud física y emocional, tales como alteraciones del sueño, aumento del estrés, problemas de peso e incluso riesgos asociados al síndrome metabólico. Por ello resulta fundamental fortalecer el diálogo, la orientación y la corresponsabilidad entre familias y docentes, promoviendo un equilibrio saludable entre el mundo digital y el bienestar integral de niñas, niños y adolescentes.
También, se puede encontrar el tan conocido déficit de atención, así como disminución de habilidades para participar socialmente y un muy posible bajo rendimiento académico, lo cual pudiera llevar al abandono escolar, y no menos importante, se está desencadenando la poca empatía ante el mundo.
El uso excesivo de cualquier medio digital puede tener consecuencias graves asociadas a condiciones de índole de atención, memoria y concentración; los docentes se están enfrentando a niñas, niños y adolescentes con diversidad de problemáticas que son ocasionadas por el abuso de los medios electrónicos (Cardoso-Leite et al., 2021). En la actualidad se observan que los adolescentes manejan diverso vocabulario en su interacción cotidiana, el cual adquieren en distintos contextos sociales, escolares y familiares. No obstante, al ingresar a la educación secundaria se evidencian áreas de oportunidad, particularmente en el ámbito comunicativo, que dificultan el acceso pleno a los contenidos abordados en los espacios de aprendizaje. En este sentido, el desconocimiento de significados y de los campos semánticos limita la posibilidad de relacionar los conocimientos previos con los nuevos aprendizajes.
El lenguaje permite la existencia de una comunicación oral efectiva, a su vez, aumentativa o bien, alternativa, que funge como herramienta para pensar, facilitar la comprensión y ayudar en la resolución de problemas. Dentro de sus funciones básicas está presente la comprensión de emociones; también está ligado al desarrollo cognitivo, debido a que las bases de dicho progreso se presentan en el primer instante de vida (Fernández, Arce, y Moreno, 2014). Por su parte, Echeverría (2017), señala que el lenguaje es una herramienta activa, ya que hay participación en el proceso continuo de su transformación.
Chomsky (2007) citado en Barón (2014), señala que, para el funcionamiento adecuado del lenguaje debe existir una mediación por parte de la gramática generativa, así también resalta la posibilidad de que exista en los sujetos una estructura mental innata, la cual permite la producción y comprensión de cualquier enunciado en el idioma natural, facilitando así la adquisición y dominio del lenguaje hablado para que tenga que ser muy poco el requerimiento del input lingüístico y sea desarrollado de manera natural. La teoría de la lingüística destaca el sistémico-funcional (LSF) el cual fue desarrollada por Halliday, sus investigaciones se consideran como un modelo holístico del lenguaje y su contexto social, porque el autor considera que es un recurso para que todo sujeto pueda construir significados, y por medio de ello, se logró una diversidad de propósitos comunicativos.
Heidegger (1920), indica que el análisis de estructuras lógicas del lenguaje supone comprender las determinaciones más generales de la población actual y distingue tres niveles:
essendi (razón), intelligendi (explicación) y significandi (significado) citado en Aguilar y Alvarez, (2014). Estos niveles se consideran funcionales para ser abordados en la adquisición del lenguaje, y más específicamente con los adolescentes, porque pudiese que los sujetos, mediante el uso de su razón, sus propias explicaciones y el significado que otorgue a la diversidad de conceptos, lo lleven a conseguir una buena y coherente explicación.
El funcionamiento cerebral es uno de los pilares fundamentales para que el lenguaje pueda surgir y desarrollarse en todo ser humano. Es importante conocer cuál de los hemisferios predomina en el ejercicio que permite la adquisición del vocabulario, la emisión de palabras, la formulación de oraciones, entre otras acciones que llevan a un acto comunicativo efectivo. Las funciones cerebrales superiores, entre ellas el lenguaje, son un sistema que depende de la total participación de zonas corticales y subcorticales, e indica que cada una de ellas aporta lo propio para conseguir un resultado. Además, hace hincapié en que el lenguaje se encuentra en el hemisferio dominante, siendo el izquierdo, localizándose en la zona perisilviana.
Ardila, Bernal y Rosselli (2016), indican que en el área de Wernicke se encuentra la primera circunvolución temporal y se encarga del procesamiento auditivo del lenguaje; muestran que se pueden distinguir subregiones funcionalmente definidas y se localizan dentro del complejo de Broca, participando en el procesamiento semántico y fonológico. Toman en cuenta la ínsula, que representa una región central en el procesamiento lingüístico y no solo se relaciona con la producción verbal, sino también con la comprensión del lenguaje.
Además, el cerebelo está involucrado en un amplio espectro de funciones lingüísticas, como es la fluidez verbal, recuperación de palabras, sintaxis, lectura, escritura y habilidades metalingüísticas. Una de sus aportaciones está en modular la función lingüística a través de múltiples componentes y vías del sistema nervioso, siendo como el amortiguador de los circuitos neuronales que son responsables de la programación (Ferri, 2015).
Los niveles del lenguaje están conformados por la fonología, -sonidos de los grafemas y fonemas-, el léxico -vocabulario-, la morfosintaxis -reglas gramaticales, aspectos y el énfasis de lo que se quiere expresar-. La semántica es el componente, que da significado al léxico, y la pragmática lo implementa según el contexto social. Lo anterior se puede dar de manera cíclica, pues se encuentran activos todos los niveles al momento de existir una comunicación entre sujetos. Para llegar al intercambio de mensajes, se requiere que desde niños exista una interacción con adultos, para que estos funjan como un modelo que les enseñe a emitir y recibir información y a su vez, les haga saber que todo mensaje puede ser intencional, ya sea verbal o no verbal.
Al llegar a la adolescencia, se tiene el supuesto, de que ya se cuenta con diversidad de conocimientos comunicativo-lingüísticos, que llevan a los jóvenes a involucrarse adecuadamente dentro de su cultura; sin embargo, lo anterior deriva de cómo se haya dado el desarrollo del lenguaje y los estímulos recibidos en los primeros años de vida. En la adolescencia se debe ser capaz de simbolizar, así como de almacenar, retener y reflexionar sobre todo lo que está a su alrededor, y lo que sucede cuando participa en prácticas sociales. Para conseguir que un adolescente tenga las habilidades antes dichas, debe asociar sus destrezas cognitivas con el desarrollo de lenguaje, para que, al ser trabajados al mismo tiempo obtenga una comunicación efectiva (Toledo y Mejía, 2015).
Actualmente, el desarrollo cognitivo de los adolescentes ha sido impactado por estímulos sociales y tecnológicos, los cuales han ayudado en la adquisición del lenguaje. Al respecto los
adolescentes en su desarrollo psicosocial son influenciados por las tecnologías, y éstas han generado nuevos contextos donde los jóvenes pueden expresarse y a su vez explorar aspectos que los llevan a conseguir su identificación social, siendo un proceso para crear nuevas experiencias, y además, ayuda a conseguir vivencias enriquecedoras o bien, perjudiciales.
Cao (2015), opina que en los jóvenes hay propuestas innovadoras en el uso del lenguaje, tanto en la forma de emitir mensajes, responder a cuestionamientos y crear expresiones, en ocasiones alterando lo ético y estético del lenguaje cultural, suelen adherir novedades comunicativas que parecen ser radicales Por otra parte, Maza (2016), señala la escasez de recursos lingüísticos, provocando que tanto niños como adolescentes carezcan de las bases para lograr alcanzar un pensamiento abstracto, debido a que su lenguaje es restringido, lo cual limita la adquisición de aprendizajes complejos, incluso filosóficos, científicos y tecnológicos.
Lo anterior explica la importancia de reflexionar sobre la adquisición del vocabulario en adolescentes para evaluar los criterios de desarrollo cognitivo y emocional, mismo que puede medirse mediante el adecuado uso del lenguaje. Existen varios tipos de vocabulario, como lo son el emocional, el científico y muchos más, cada uno teniendo su función específica dependiendo del campo de estudio, el vocabulario científico ha sido prioridad de la enseñanza y el aprendizaje de las ciencias, prioridad que ha ocasionado la desmotivación y el distanciamiento de los estudiantes (Archila, Calderón y Mesa, 2017).
Las lesiones cerebrales y algunos trastornos del neurodesarrollo representan factores de riesgo para el adecuado desarrollo del lenguaje, al afectar los procesos implicados en su adquisición y uso funcional, pero hace falta conocer de qué manera se pueden localizar tales dificultades, y con ello determinar la presencia o carencia del vocabulario. Por ello, es necesario indagar en el tema del lenguaje y los aspectos que conlleva, para llegar a un análisis reflexivo sobre el acceso a un léxico socialmente oportuno. Para la presente investigación se plantea el objetivo de identificar el nivel de vocabulario receptivo en adolescentes mediante una prueba estandarizada.
La muestra se obtuvo mendiante un muestreo por conveniencia. El grupo seleccionado para la implementación del programa estuvo conformado por siete participantes, quienes pertenecen a un centro educativo del municipio de Chihuahua y cursan el nivel de secundaria con edads entre las edades de 13 a 15 años. El estudio se desarrolló bajo el paradigma positivista, cuya finalidad en la investigación es dar una explicación que permita el control de los fenómenos físicos o humanos. En el caso que se presenta, se evaluaron variaciones para conocer las principales carencias de vocabulario en adolescentes de la ciudad de Chihuahua.
Se aplicó el instrumento Test de Vocabulario en Imágenes Peabody, adaptación hispanoamericana, creada por Lloyd y Dunn (1997). Según Vásquez (2016), tiene como objetivo conocer la amplitud en el uso de las palabras en personas que oscilan entre 2.5 y los 18 años, siendo este el rango de aplicación. Se caracteriza por contar con 125 ítems. El desarrollo consiste en que el aplicador emite una palabra estímulo, la cual es identificada por el sujeto entre las cuatro imágenes que se le presentan. Se toma nota hasta conseguir elementos base y techo, que son determinados por 6 respuestas positivas y 8 negativas. La interpretación corresponde a quien la aplica. Para participar, no se requiere contar con el manejo de lectura o escritura y no hay necesidad de una interacción amplia durante la aplicación.
Para el procesamiento de datos, se tomó en cuenta la fecha del examen y de nacimiento, para obtener la edad cronológica. Con el dato, se comenzó la aplicación, consiguiendo reacciones positivas o negativas del evaluado, Los datos se procesaron con el uso de tablas de Excel y con ello ubicar el promedio, utilizando los percentiles del instrumento y la puntuación directa, al finalizar el test resultó un ítem tope, que, al restarle los errores, se obtuvo el resultado.
Dicha puntuación da la base para conseguir la evaluación estándar, rango percentil y edad equivalente. Al graficar los resultados, se consiguió ubicar al alumno entre las siguientes categorías: puntuación extremadamente baja, puntuación moderadamente baja, baja, puntuación promedio, alta, puntuación moderadamente alta y extremadamente alta. Lo anterior, en referencia a su edad cronológica.
Con los resultados, se pasó a la aplicación de sesiones terapéuticas para favorecer las áreas de oportunidad resultantes del test. Al término de la aplicación de las actividades se aplicó nuevamente el test para comparar el resultado inicial con el final. A su vez, se tomaron en cuenta, los agentes externos que pudieran afectar o beneficiar el proceso; el procesamiento de la información se realiza a través de un análisis comparativo a partir de los resultados individuales.
Los resultados se presentan desde la perspectiva de la aplicación final del ejerccicio; por ello, únicamente se expone la evaluación final y el diagnóstico correspondiente a la última fase del proceso.
Masculino de 13 años, tres meses y 15 días de edad, con Trastorno del Espectro Autista (TEA), se le aplicó la prueba de Peabody previo al programa y al fin de éste, obteniendo las siguientes puntuaciones: en sus resultados iniciales obtuvo puntuaciones positivas, que según las categorías descriptivas de la prueba se encontraba en un nivel moderadamente alto respecto a la media poblacional, luego de participar en las sesiones del programa para la mejora del vocabulario.
Figura 1. Resultado de aplicación del instrumentoo al sujeto 1
Se percibe un aumento en los tres tipos de puntuación (directa, estándar y percentil), lo cual es favorecedor debido a que pasó de ser moderadamente alto a puntuación extremadamente alta, consiguiendo un avance en su vocabulario receptivo. Asistió a las sesiones con regularidad, sin ausentarse, lo cual fue de gran ayuda para el grupo y para sí mismo.
Sujeto 2.
Masculino de 14 años y tres meses de edad, con Trastorno por Déficit de Atención (TDAH). Obtuvo los siguientes puntajes tras la valoración previa y posterior al programa: inicialmente con sus resultados, según las categorías descriptivas se encuentra con una puntuación moderadamente alta, y tras el programa permaneció en el mismo nivel, aunque disminuyendo levemente en cada una de las puntuaciones que valora el Peabody. Permanece en un nivel de vocabulario receptivo adecuado, incluso mejor respecto a la media poblacional, pero requiere se siga reforzando.
Figura 2. Resultado de aplicación del instrumentoo al sujeto 2
Sujeto 3
Masculino de 13 años, quien se caracteriza por ser poco sociable y no contar con un diagnóstico médico. Respecto a las categorías descriptivas, pasó de ser un sujeto con puntuación promedio a estar en un rango alto, siendo notable su avance a pesar de que su expresión es
limitada. Cabe mencionar, obtuvo un nivel satisfactorio al asistir a la mayoría de las sesiones programadas.
Figura 3. Resultado de aplicación del instrumento al sujeto 3
Sujeto 4
Femenina de 12 años y siete meses, que enfrenta dificultades para aprender y participar. Según los resultados, en un inicio se colocó en puntuación baja según las categorías descriptivas, obtenidas de las puntuaciones estándar y percentiles. En la postevaluación, se incorporó al promedio y según los intervalos de confianza, está cercana a la puntuación alta. Lo anterior lleva a percibir un avance en su vocabulario receptivo, ya que en las diversas puntuaciones que valora el Peabody existió un aumento considerable que la ayudó a colocarse en un buen índice de medición.
Figura 4. Resultado de aplicación del instrumento al sujeto 4
Sujeto 5
Masculino de 13 años, cuatro meses y 11 días de edad, quien cuenta con el diagnóstico de TDAH. Se colocó dentro del promedio gracias a los intervalos de confianza; sin embargo, al obtener el post test existió una disminución en todas las puntuaciones que mide el Peabody, que
a pesar de ser muy poco el distanciamiento, según las categorías descriptivas, se colocó en una puntuación baja que, si bien se obedece a los intervalos de confianza, sigue estando muy cercana al promedio.
Figura 5. Resultado de aplicación del instrumento al sujeto 5
Sujeto 6
Femenina de 15 años, tres meses y tres días de edad. Con un diagnóstico médico que indica TDAH. Según las categorías descriptivas, en un inicio se colocó en una puntuación baja, pero tomando en cuenta los intervalos de confianza pudo ser cercana al promedio, luego de la segunda valoración, se mantuvo en la puntuación baja pero esta vez con mayor inclinación a ser moderadamente baja. Es necesario resaltar que se ausentó en algunas de las sesiones del programa.
Figura 6. Resultado de aplicación del instrumento al sujeto 6
Sujeto 7
Masculino de 14 años y ocho meses, quien cuenta con un diagnóstico que indica TDAH. Tras el análisis de puntajes, en un inicio se colocó en una puntuación baja según los índices descriptivos, en la segunda valoración existió un gran avance en las puntuaciones directas, estándar y percentiles, lo que ayudó al sujeto a colocarse entre puntuación promedio y alta.
Figura 7. Resultado de aplicación del instrumento al sujeto 7
Los resultados del presente estudio muestran variaciones en el nivel de vocabulario receptivo de los adolescentes participantes, tanto antes como después de la intervención, lo que confirma la heterogeneidad en el desarrollo lingüístico durante esta etapa evolutiva. Si bien la muestra es reducida, se observan tendencias relevantes: algunos sujetos presentaron incrementos significativos en sus puntuaciones posteriores al programa de intervención, mientras que otros mantuvieron niveles similares o incluso mostraron ligeros descensos, situación que sugiere la influencia de múltiples variables contextuales, entre ellas la exposición y uso de medios digitales.
Figura 8. Resultadas generales y promedio de la evaluación
Estos hallazgos coinciden con lo planteado por Nagel, Salas y Trautmann (2016), quienes señalan que el desarrollo psicosocial de los adolescentes se encuentra profundamente mediado por los entornos tecnológicos, los cuales configuran nuevos escenarios de interacción lingüística. Las redes sociales, en particular, promueven formas de comunicación caracterizadas por la inmediatez, la economía del lenguaje, el uso de abreviaturas, emoticonos y códigos multimodales, lo que podría favorecer ciertos procesos expresivos, pero al mismo tiempo limitar la ampliación del vocabulario receptivo en contextos académicos formales.
Desde una perspectiva lingüística, los resultados pueden interpretarse a la luz de la propuesta biolingüística de Noam Chomsky, en la que se reconoce la existencia de una capacidad innata para el lenguaje que requiere de estímulos ambientales para su desarrollo óptimo. En este sentido, aunque los adolescentes cuentan con estructuras cognitivas que les permiten adquirir léxico, la calidad y diversidad del input lingüístico al que están expuestos, incluyendo el lenguaje simplificado propio de las redes sociales, puede incidir en la riqueza del vocabulario que logran consolidar. La disminución o estancamiento observados en algunos participantes podría asociarse a una exposición predominante a registros comunicativos informales y breves, que no necesariamente promueven la ampliación semántica ni la comprensión de campos léxicos más complejos.
Asimismo, los avances observados en participantes que asistieron de manera constante a las sesiones de intervención sugieren que la estimulación sistemática del lenguaje continúa siendo un factor protector, incluso en contextos donde el uso de medios digitales es elevado. Esto dialoga con el enfoque funcional del lenguaje propuesto por la lingüística sistémico-funcional, la cual concibe el lenguaje como un recurso para construir significados en contextos sociales diversos. En consecuencia, la mediación pedagógica orientada al uso reflexivo del lenguaje puede contrarrestar parcialmente los efectos de prácticas comunicativas empobrecidas.
En el caso de los participantes con diagnósticos de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad y Trastorno del Espectro Autista, los resultados evidencian trayectorias diferenciadas en el desarrollo del vocabulario receptivo. Algunos adolescentes mostraron avances significativos, mientras que otros permanecieron en rangos bajos o presentaron descensos, lo que coincide con la literatura neuropsicológica que señala que las funciones lingüísticas dependen de la interacción entre múltiples sistemas corticales y subcorticales. La irregularidad en la asistencia a las sesiones también emerge como un factor que incide negativamente en los resultados, lo que refuerza la importancia de la continuidad en los procesos de intervención.
Por otro lado, los datos obtenidos respaldan la idea de que el vocabulario receptivo constituye un indicador relevante del desarrollo cognitivo y del acceso a aprendizajes escolares complejos. Tal como señalan Maza (2016) y Archila, Calderón y Mesa (2017), la escasez de recursos lingüísticos puede limitar la comprensión de contenidos académicos de carácter científico y abstracto. En este estudio, los adolescentes con puntuaciones bajas o moderadamente bajas en el test de vocabulario enfrentan potenciales barreras para la comprensión de textos escolares, lo que podría traducirse en dificultades de aprendizaje si no se implementan estrategias de acompañamiento lingüístico.
Si bien el estudio no permite establecer relaciones causales directas entre el uso de redes sociales y el nivel de vocabulario receptivo debido a su diseño no experimental y al tamaño de la muestra, los resultados aportan evidencia preliminar sobre la necesidad de problematizar el impacto de los medios digitales en la conformación del léxico adolescente. Se sugiere que futuras investigaciones incorporen mediciones específicas sobre tiempo de exposición, tipos de plataformas utilizadas y modalidades de interacción en redes sociales, con el fin de profundizar en la comprensión de cómo estas prácticas comunicativas influyen en el desarrollo del lenguaje en contextos educativos.
Luego de analizar el proceso individual y general del programa, se pueden mencionar algunos detalles que fueron observables y que pudieron repercutir en los resultados, pudiendo ser el ausentismo de algunos de los participantes en ciertas sesiones, lo que trascendió directamente con la adquisición del vocabulario, se considera así porque al perder la continuidad existieron objetivos a los cuales era difícil regresar para analizar de manera individual, se consideró oportuno que los compañeros con dirección del terapeuta dieran a conocer el tema anterior y el adolescente que se ausentó pudiera tener un leve conocimiento para incorporarse nuevamente a la dinámica.
Además, es importante destacar que en la mayoría de los jóvenes se encontraron resultados favorables, debido a que en sus participaciones se observaba mayores y mejores aportaciones dirigidas al tema, lo cual los ayudó a conseguir una reflexión asertiva aplicable en su vida diaria, obteniendo así el intercambio de ideas entre los sujetos del grupo, hasta conseguir el momento de no requerir la intervención del terapeuta por lograr un diálogo fluido y coherente. Sin embargo, con el quinto sujeto analizado, existieron excepciones tras observar que carecía de la oportuna aplicación de la pragmática y vocabulario, siendo lejano al tema en común, situación que alertó a los compañeros y por ello, decidieron constantemente llamarlo y cuestionarlo para asegurar su participación.
La dinámica de trabajo consiguió que los adolescentes aplicaran el vocabulario esquematizado y desarrollaran nuevos conceptos para ser aplicados en su vida diaria, a través del análisis, crítica y uso de la razón ante los temas que son muy conocidos en los contextos escolares y sociales, siendo asunto de interés para ellos, así también despertó esa necesidad de conocer e investigar más para resolver dudas individuales, siendo fructífero para todos.
Al conocer los resultados gráficos, individuales y generales, antes y después de la aplicación del programa, se llegaron a las siguientes conclusiones:
En cinco casos de los seleccionados se encontró un avance en su vocabulario receptivo; sin embargo, dos de ellos se mantuvieron en el mismo nivel, incluso en uno existió disminución en la puntuación gráfica. Cada uno de los adolescentes obtuvo resultados distintos, que pudieron ser consecuencia de la atención en las sesiones y su convivencia en los contextos donde se desenvuelven; a la vez pueden estar inmersos los niveles de madurez o capacidad para adquirir conocimientos.
Aun y con los resultados de los sujetos, no se descarta la opción de proponer una segunda parte del proyecto, con el fin de ofrecer más oportunidades a los jóvenes para una mejor adquisición de vocabulario y análisis, ya que, a pesar de conseguir un aumento en algunos de ellos, pudiese conseguirse un avance más al participar en más sesiones. Las sesiones cumplieron las expectativas para el terapeuta, porque se logró despertar el interés en los adolescentes y ofrecer los medios para analizar situaciones que les competen actualmente, por ser sujetos pensantes y capaces de generar cambios sociales, escolares y personales.
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