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2024 | Qvadrata, estudios sobre educación, artes y humanidades, 6(12), 81-92
https://doi.org/10.54167/qvadrata.v6i12.2034
e-ISSN: 2683-2143
Miguel Ángel Sánchez Valdez
Universidad Autónoma de Chihuahua
Recibido: 2024/08/15
Aceptado para su publicación: 2024/10/11
Publicado: 2024/12/13
RESUMEN
En el presente artículo se analiza a partir de las categorías
de biopolítica y psicopolítica utilizadas por Byung-Chul
Han los principales factores político-económico-sociales
que permitieron la transición del nacionalismo al
establecimiento del neoliberalismo como sistema
económico en el norte de México en el periodo
comprendido de 1988 a 2022. La aproximación
comprendió la revisión de la influencia de la transicisión del
estado y su nacionalismo económico-político al de estado-
neoliberal con la llegada de Carlos Salinas de Gortari a la
presidencia de México. Poniendo especial atención en el
papel de la industria maquiladora como factor clave de tal
proceso, así como también del apoyo por parte del sistema
educativo que ajustó sus programas para fortalecer dicha
transición, posibilitando la creación de espacios educativos
enfocados en atender las demandas del sector económico.
PALABRAS CLAVE
Neoliberalismo, sistema político, educación,
empresas.
Como citar (MLA 9ª Edición):
Sánchez Valdez, Miguel Ángel. “Neoliberalismo y psicopolítica: procesos, (pre)tensiones, participantes
y entrecruces en el contexto mexicano (1988-2022).” Qvadrata, estudios sobre educación, artes
y humanidades, vol. 6, no. 12, 2014, pp. 81-92. https://doi.org/10.54167/qvadrata.v6i12.2034
Gobierno, política y mercado: La mirada biopolítico-psicopolítica de Han
Byung Chul-Han filósofo surcoreano radicado en Alemania señala que la era global o
“globalización” alcanza y permea todas las áreas de expresión del quehacer humano; categorías tanto
políticas, como económicas y sociales, el sujeto neoliberal es un empresario de sí mismo, algo que en el
caso del norte de México ha sido parte del discurso reclutador y sustentador que las compañías han
utilizado para atraer empleados al mercado laboral, donde ya no se habla en términos de empleados y
patrones, sino de “colaboradores,” y “familias” lo cual puede interpretarse más como un eufemismo que
Neoliberalismo y psicopolítica: procesos, (pre)tensiones, participantes y entrecruces
en el contexto mexicano (1988-2022)
[en] Neoliberalism and Psychopolitics: processes, (pre) tensions, participants and
intersects in the Mexican context (1988-2022)
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NEOLIBERALISMO Y PSICOPOLÍTICA: PROCESOS, (PRE)TENSIONES, PARTICIPANTES Y ENTRECRUCES
so, pues este no proviene desde fuera desde ese “otro” que impone o demanda. Los empleadores
motivan a sus trabajadores a crecer de manera profesional, pues posibilita la creencia de que uno no
trabaja para engrandecer una empresa, en el sentido de meta o de compañía “impersonal”, sino de
crear su propia marca, lo cual complica la rebelión tradicional contra estos esquemas.
Han señala: “Hoy cada uno es un trabajador que se explota a si mismo en su propia empresa“1
(Chul-Han, 2014. P.16). La lucha de clases tradicionalmente descrita y problematizada por Marx como
ese enfrentamiento de los contrarios, de los dueños de los “medios de producción” y quienes los
trabajan, parece tomar rutas alternas, dónde la atención ya no se encuentra en la lucha antagónica
pragmático-discursiva como tal, sino que va más allá instalándose en el individuo mismo que las
compone, ya no en el dominio de su corporalidad o mero disciplinamiento de ésta, sino sobre su psique,
migrando paulatina pero silenciosamente de los sistemas de producción de la era industrial, propios
de las sociedades disciplinarias, a los del conflicto del sujeto consigo mismo propio de la era
posindustrial.
Esta dinámica incesante de lucha interna se ha visto potencializada estratégicamente por el
sistema capitalista desde finales del siglo XVIII a través del liberalismo. El cual fortificado de la mano
de las nacientes sociedades democráticas tanto en Europa como en América consolidó pautas y
mecanismos para una relación cercana entre Estado, capital privado y legislación. El liberalismo
posibilitó la transición no solo en la arena política alcanzada con el triunfo de los procesos
independentistas y de rompimiento con las monarquías absolutistas. Sino también de tipo económico
pues los esquemas propios de la colonia como la real hacienda con sus impuestos, tributos y demás
elementos heredados del ya desdibujado feudalismo medieval, dieron pie a una reorganización de los
sistemas de producción propios de un nuevo contexto.
Por su parte el neoliberalismo como sistema aun cuando sus origenes se remontan a las décadas
de los años 30 academicamente y con su punto culmen en la década siguiente con el trabajo
colaborativo de Filosófos, diplomáticos, funcionarios Alemanes como académicos Austriacos y
Estadounidenses, conocida como la Sociedad Mont Pelerin (región en los alpes suizos donde se llevó a
cabo) abrió las fronteras de las naciones al comercio internacional a partir de la década de los años 80,
siendo Reino Unido con Margaret Tatcher el referente en Europa, mientras que Estados Unidos con
Ronald Reigan su principal impulsor en América. Dándose con esto un paso a un nuevo sistema
económico-político de carácter mundial. Siendo uno de los elementos de dicho proceso la visibilización
del re-acondicionamiento del sujeto o ciudadano en “consumidor”. La tradicional pasividad y
discresionalidad en el manejo del sistema democrático representativo mexicano ha dado paso a otros
económicamente potencializados que buscan vincular un rol más “activo” bajo preceptos de los
esquemas de las democracias participativas en donde el ejercicio de la libertad y los derechos humanos
son de igual forma vinculatorios, pero a la par comercializables.
El consumo como actividad liberadora ha experimentado una actualización pragmática
valiéndose de la pasividad como manifestación que le relaciona con todo lo que le administra. Han
señala que La “participación activa” como tal parece ser suplida por solo la mera expresión de una
“inconformidad latente,” caracterizada por su superficialidad e inoperancia. A su vez (bajo este
esquema clientelar) las estructuras políticas deben primordialmente ponderar y satisfacer las
necesidades “clientelares” de los votantes, para lo cual se generan discursos que abonen a dichas
narrativas, entre ellas la transparencia como referente de legalidad. Al respecto Chul Han señala: “La
reivindicación de la trasparencia presupone la posición de un espectador que se escandaliza. No es la
reivindicación de un ciudadano con iniciativa, sino la de un espectador pasivo”1.
La transparencia no radica únicamente pues, en el eficiente, claro y pronto acceso a la
información, de su manejo y administración de presupuestos, de sus programas con base en
resultados, índices y partidas, sino más bien en cómo la “clase política” se desnuda a manera de un
performance en busca de satisfacer el deseo (re)direccionado del espectador votante por dicha
expresión. Esto es significativo, pues dicho reajuste de visibilidad se convierte en un referente que
posibilita distintas dinámicas para un ejercicio de la libertad política.
Respecto del poder, Han advierte que este tiene, por decir lo menos, múltiples formas de
manifestación y aproximación, las cuales no son estáticas, y que además no suelen estar limitadas a la
simple narrativa del mandato y la orden, del castigo y la recompensa, pues ese mismo uso de la fuerza
o la violencia pone de manifiesto la limitante o falencia que dicho esquema tiene, pues mientras existan
rescoldos combativos que busquen acabarle se muestra de manera visible y manifiesta la
inoperatividad de dicho sistema. El poder adecua sus elementos y configuraciones incrementando su
efectividad, para lo cual modifica su operatividad y entra en una especie de “modo fantasma”, que
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una reivindicación social tangible. Esto, buscando un distanciamiento del esquema disiciplinario, el cual
explicado a través de la dialéctica Hegeliana del “amo” y el “esclavo”, donde la relación aun cuando
asimétrica y parcializada es mutuamente vinculante, el amo se encuentra inescapablemente en una
dinámica de vinculación pragmático-discursiva con el esclavo. No solo ordena lo que debe hacerse, sino
cómo hacerlo, en qué momento y bajo qué condiciones. El esclavo recibe desde ese “otro” una forma y
sentido a todo lo que “hace”, y de igual manera de lo que es reducido a “ser”, su voluntad se encuentra
supeditada al mandato.
Mientras que por su parte el sujeto del rendimiento de la “Sociedad del cansancio” referida por Han
el individuo se “explota a sí mismo” de manera incluso aún más despiadada, pues no hay pulsión, espacio,
momento o rincón alguno donde escapar de la vigilancia y control que uno puede ejercer sobre sí mismo.
Esto visibible en categorías de empleo como el free lancing y el “home office” entre otros, potencializado
exponencialmente por la emergencia sanitaria derivada en la pandemia COVID-19 de 2020 a 2023. La
recategorización del “yo”, ya no como sujeto a dominación, sino como individuo como proyecto, como
“posibilidad” justifica cualquier medida, exigencia o incluso auto-abuso, pues este no proviene desde
fuera desde ese “otro” que impone o demanda. Los empleadores motivan a sus trabajadores a crecer de
manera profesional, pues posibilita la creencia de que uno no trabaja para engrandecer una empresa, en
el sentido de meta o de compañía “impersonal”, sino de crear su propia marca, lo cual complica la rebelión
tradicional contra estos esquemas.
Han señala: “Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa“
1
(Chul-Han, 2014. P.16). La lucha de clases tradicionalmente descrita y problematizada por Marx como
ese enfrentamiento de los contrarios, de los dueños de los “medios de producción” y quienes los trabajan,
parece tomar rutas alternas, dónde la atención ya no se encuentra en la lucha antagónica pragmático-
discursiva como tal, sino que va más allá instalándose en el individuo mismo que las compone, ya no en
el dominio de su corporalidad o mero disciplinamiento de ésta, sino sobre su psique, migrando paulatina
pero silenciosamente de los sistemas de producción de la era industrial, propios de las sociedades
disciplinarias, a los del conflicto del sujeto consigo mismo propio de la era posindustrial.
Esta dinámica incesante de lucha interna se ha visto potencializada estratégicamente por el sistema
capitalista desde finales del siglo XVIII a través del liberalismo. El cual fortificado de la mano de las
nacientes sociedades democráticas tanto en Europa como en América consolidó pautas y mecanismos
para una relación cercana entre Estado, capital privado y legislación. El liberalismo posibilitó la
transición no solo en la arena política alcanzada con el triunfo de los procesos independentistas y de
rompimiento con las monarquías absolutistas. Sino también de tipo económico pues los esquemas
propios de la colonia como la real hacienda con sus impuestos, tributos y demás elementos heredados del
ya desdibujado feudalismo medieval, dieron pie a una reorganización de los sistemas de producción
propios de un nuevo contexto.
Por su parte el neoliberalismo como sistema aun cuando sus origenes se remontan a las décadas de
los años 30 academicamente y con su punto culmen en la década siguiente con el trabajo colaborativo de
Filosófos, diplomáticos, funcionarios Alemanes como académicos Austriacos y Estadounidenses,
conocida como la Sociedad Mont Pelerin (región en los alpes suizos donde se llevó a cabo) abrió las
fronteras de las naciones al comercio internacional a partir de la década de los años 80, siendo Reino
Unido con Margaret Tatcher el referente en Europa, mientras que Estados Unidos con Ronald Reigan su
principal impulsor en América. Dándose con esto un paso a un nuevo sistema económico-político de
carácter mundial. Siendo uno de los elementos de dicho proceso la visibilización del re-
acondicionamiento del sujeto o ciudadano en “consumidor”. La tradicional pasividad y discresionalidad
en el manejo del sistema democrático representativo mexicano ha dado paso a otros económicamente
potencializados que buscan vincular un rol más “activo” bajo preceptos de los esquemas de las
1
Byung-Chul Han, Psicopolítica. Neoliberalismo y Nuevas Técnicas de Poder (Barcelona: Herder Editorial, 2014)
12.
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so, pues este no proviene desde fuera desde ese “otro” que impone o demanda. Los empleadores
motivan a sus trabajadores a crecer de manera profesional, pues posibilita la creencia de que uno no
trabaja para engrandecer una empresa, en el sentido de meta o de compañía “impersonal”, sino de
crear su propia marca, lo cual complica la rebelión tradicional contra estos esquemas.
Han señala: “Hoy cada uno es un trabajador que se explota a si mismo en su propia empresa“1
(Chul-Han, 2014. P.16). La lucha de clases tradicionalmente descrita y problematizada por Marx como
ese enfrentamiento de los contrarios, de los dueños de los “medios de producción” y quienes los
trabajan, parece tomar rutas alternas, dónde la atención ya no se encuentra en la lucha antagónica
pragmático-discursiva como tal, sino que va más allá instalándose en el individuo mismo que las
compone, ya no en el dominio de su corporalidad o mero disciplinamiento de ésta, sino sobre su psique,
migrando paulatina pero silenciosamente de los sistemas de producción de la era industrial, propios
de las sociedades disciplinarias, a los del conflicto del sujeto consigo mismo propio de la era
posindustrial.
Esta dinámica incesante de lucha interna se ha visto potencializada estratégicamente por el
sistema capitalista desde finales del siglo XVIII a través del liberalismo. El cual fortificado de la mano
de las nacientes sociedades democráticas tanto en Europa como en América consolidó pautas y
mecanismos para una relación cercana entre Estado, capital privado y legislación. El liberalismo
posibilitó la transición no solo en la arena política alcanzada con el triunfo de los procesos
independentistas y de rompimiento con las monarquías absolutistas. Sino también de tipo económico
pues los esquemas propios de la colonia como la real hacienda con sus impuestos, tributos y demás
elementos heredados del ya desdibujado feudalismo medieval, dieron pie a una reorganización de los
sistemas de producción propios de un nuevo contexto.
Por su parte el neoliberalismo como sistema aun cuando sus origenes se remontan a las décadas
de los años 30 academicamente y con su punto culmen en la década siguiente con el trabajo
colaborativo de Filosófos, diplomáticos, funcionarios Alemanes como académicos Austriacos y
Estadounidenses, conocida como la Sociedad Mont Pelerin (región en los alpes suizos donde se llevó a
cabo) abrió las fronteras de las naciones al comercio internacional a partir de la década de los años 80,
siendo Reino Unido con Margaret Tatcher el referente en Europa, mientras que Estados Unidos con
Ronald Reigan su principal impulsor en América. Dándose con esto un paso a un nuevo sistema
económico-político de carácter mundial. Siendo uno de los elementos de dicho proceso la visibilización
del re-acondicionamiento del sujeto o ciudadano en “consumidor”. La tradicional pasividad y
discresionalidad en el manejo del sistema democrático representativo mexicano ha dado paso a otros
económicamente potencializados que buscan vincular un rol más “activo” bajo preceptos de los
esquemas de las democracias participativas en donde el ejercicio de la libertad y los derechos humanos
son de igual forma vinculatorios, pero a la par comercializables.
El consumo como actividad liberadora ha experimentado una actualización pragmática
valiéndose de la pasividad como manifestación que le relaciona con todo lo que le administra. Han
señala que La “participación activa” como tal parece ser suplida por solo la mera expresión de una
“inconformidad latente,” caracterizada por su superficialidad e inoperancia. A su vez (bajo este
esquema clientelar) las estructuras políticas deben primordialmente ponderar y satisfacer las
necesidades “clientelares” de los votantes, para lo cual se generan discursos que abonen a dichas
narrativas, entre ellas la transparencia como referente de legalidad. Al respecto Chul Han señala: “La
reivindicación de la trasparencia presupone la posición de un espectador que se escandaliza. No es la
reivindicación de un ciudadano con iniciativa, sino la de un espectador pasivo”1.
La transparencia no radica únicamente pues, en el eficiente, claro y pronto acceso a la
información, de su manejo y administración de presupuestos, de sus programas con base en
resultados, índices y partidas, sino más bien en cómo la “clase política” se desnuda a manera de un
performance en busca de satisfacer el deseo (re)direccionado del espectador votante por dicha
expresión. Esto es significativo, pues dicho reajuste de visibilidad se convierte en un referente que
posibilita distintas dinámicas para un ejercicio de la libertad política.
Respecto del poder, Han advierte que este tiene, por decir lo menos, múltiples formas de
manifestación y aproximación, las cuales no son estáticas, y que además no suelen estar limitadas a la
simple narrativa del mandato y la orden, del castigo y la recompensa, pues ese mismo uso de la fuerza
o la violencia pone de manifiesto la limitante o falencia que dicho esquema tiene, pues mientras existan
rescoldos combativos que busquen acabarle se muestra de manera visible y manifiesta la
inoperatividad de dicho sistema. El poder adecua sus elementos y configuraciones incrementando su
efectividad, para lo cual modifica su operatividad y entra en una especie de “modo fantasma”, que
2024 | Qvadrata, estudios sobre educación, artes y humanidades, 6(12), 81-92
https://doi.org/10.54167/qvadrata.v6i12.2034
e-ISSN: 2683-2143
democracias participativas en donde el ejercicio de la libertad y los derechos humanos son de igual forma
vinculatorios, pero a la par comercializables.
El consumo como actividad liberadora ha experimentado una actualización pragmática valiéndose
de la pasividad como manifestación que le relaciona con todo lo que le administra. Han señala que La
“participación activa” como tal parece ser suplida por solo la mera expresión de una “inconformidad
latente,” caracterizada por su superficialidad e inoperancia. A su vez (bajo este esquema clientelar) las
estructuras políticas deben primordialmente ponderar y satisfacer las necesidades “clientelares” de los
votantes, para lo cual se generan discursos que abonen a dichas narrativas, entre ellas la transparencia
como referente de legalidad. Al respecto Chul Han señala: “La reivindicación de la trasparencia
presupone la posición de un espectador que se escandaliza. No es la reivindicación de un ciudadano con
iniciativa, sino la de un espectador pasivo”
2
.
La transparencia no radica únicamente pues, en el eficiente, claro y pronto acceso a la información,
de su manejo y administración de presupuestos, de sus programas con base en resultados, índices y
partidas, sino más bien en cómo la “clase política” se desnuda a manera de un performance en busca de
satisfacer el deseo (re)direccionado del espectador votante por dicha expresión. Esto es significativo, pues
dicho reajuste de visibilidad se convierte en un referente que posibilita distintas dinámicas para un
ejercicio de la libertad política.
Respecto del poder, Han advierte que este tiene, por decir lo menos, múltiples formas de
manifestación y aproximación, las cuales no son estáticas, y que además no suelen estar limitadas a la
simple narrativa del mandato y la orden, del castigo y la recompensa, pues ese mismo uso de la fuerza o
la violencia pone de manifiesto la limitante o falencia que dicho esquema tiene, pues mientras existan
rescoldos combativos que busquen acabarle se muestra de manera visible y manifiesta la inoperatividad
de dicho sistema. El poder adecua sus elementos y configuraciones incrementando su efectividad, para
lo cual modifica su operatividad y entra en una especie de “modo fantasma”, que opera bajo el cobijo del
anonimato, al respecto Han señala: “El poder esta precisamente allí donde no es tematizado. Cuanto
mayor es el poder, mas silenciosamente actúa”
3
. El poder entonces no se esconde en algún lugar distante
e inaccesible, sino que “es” y opera a plena vista.
Es preciso señalar que el rastreo de Han respecto del poder y los sistemas estatales donde transita,
hace una puntual diferenciación entre sus distintas etapas. Desde el poder soberano propio de los reinos
teocráticos propios de las antiguas civilizaciones, reinos medievales y las monarquías europeas de los
siglos XVIII, XIX y XX. La administración de la corporalidad ha integrado distintos recursos como la
obediencia, la sumisión, el castigo y la violencia. De la mano del rastreo hegeliano de la voluntad del amo
sobre el súbdito, el poder es ejercido en decidir la vida y la muerte, donde Han rescata una de las máximas
foucaltianas al respecto; “dejar vivir, hacer morir”.
Por su parte respecto del soberano Foucault señala que éste se hace del: “privilegio de apoderarse
de esta [la vida] para suprimirla” (Foucault, 2006, p. 162), la espada es el elemento simbólico-pragmático
que da sostén a dicho esquema. Las “tecnologías del poder” descritas en Vigilar y castigar son un
referente epistemológico que rescata un análisis histórico de la sociedad francesa del siglo XIX y sus
mecanismos de administración estatal.
El poder soberano, tal como menciona Foucault, tiene su fundamento en la sangre, esto es, el
soberano tiene absoluto control y decisión sobre la vida y la muerte y sobre todo cómo administrar
ritualística y simbólicamente esta última lo cual le reviste de elementos que fortalecen dichas dinámicas
de sumisión. Al respecto señala que: “Sociedad de sangre- iba a decir de “sanguinidad”: honor de la guerra
2
Byung-Chul Han, Psicopolítica. Neoliberalismo y Nuevas Técnicas de Poder (Barcelona: Herder Editorial, 2014)
24.
3
Byung-Chul Han, Psicopolítica. Neoliberalismo y Nuevas Técnicas de Poder (Barcelona: Herder Editorial, 2014)
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so, pues este no proviene desde fuera desde ese “otro” que impone o demanda. Los empleadores
motivan a sus trabajadores a crecer de manera profesional, pues posibilita la creencia de que uno no
trabaja para engrandecer una empresa, en el sentido de meta o de compañía “impersonal”, sino de
crear su propia marca, lo cual complica la rebelión tradicional contra estos esquemas.
Han señala: “Hoy cada uno es un trabajador que se explota a si mismo en su propia empresa“1
(Chul-Han, 2014. P.16). La lucha de clases tradicionalmente descrita y problematizada por Marx como
ese enfrentamiento de los contrarios, de los dueños de los “medios de producción” y quienes los
trabajan, parece tomar rutas alternas, dónde la atención ya no se encuentra en la lucha antagónica
pragmático-discursiva como tal, sino que va más allá instalándose en el individuo mismo que las
compone, ya no en el dominio de su corporalidad o mero disciplinamiento de ésta, sino sobre su psique,
migrando paulatina pero silenciosamente de los sistemas de producción de la era industrial, propios
de las sociedades disciplinarias, a los del conflicto del sujeto consigo mismo propio de la era
posindustrial.
Esta dinámica incesante de lucha interna se ha visto potencializada estratégicamente por el
sistema capitalista desde finales del siglo XVIII a través del liberalismo. El cual fortificado de la mano
de las nacientes sociedades democráticas tanto en Europa como en América consolidó pautas y
mecanismos para una relación cercana entre Estado, capital privado y legislación. El liberalismo
posibilitó la transición no solo en la arena política alcanzada con el triunfo de los procesos
independentistas y de rompimiento con las monarquías absolutistas. Sino también de tipo económico
pues los esquemas propios de la colonia como la real hacienda con sus impuestos, tributos y demás
elementos heredados del ya desdibujado feudalismo medieval, dieron pie a una reorganización de los
sistemas de producción propios de un nuevo contexto.
Por su parte el neoliberalismo como sistema aun cuando sus origenes se remontan a las décadas
de los años 30 academicamente y con su punto culmen en la década siguiente con el trabajo
colaborativo de Filosófos, diplomáticos, funcionarios Alemanes como académicos Austriacos y
Estadounidenses, conocida como la Sociedad Mont Pelerin (región en los alpes suizos donde se llevó a
cabo) abrió las fronteras de las naciones al comercio internacional a partir de la década de los años 80,
siendo Reino Unido con Margaret Tatcher el referente en Europa, mientras que Estados Unidos con
Ronald Reigan su principal impulsor en América. Dándose con esto un paso a un nuevo sistema
económico-político de carácter mundial. Siendo uno de los elementos de dicho proceso la visibilización
del re-acondicionamiento del sujeto o ciudadano en “consumidor”. La tradicional pasividad y
discresionalidad en el manejo del sistema democrático representativo mexicano ha dado paso a otros
económicamente potencializados que buscan vincular un rol más “activo” bajo preceptos de los
esquemas de las democracias participativas en donde el ejercicio de la libertad y los derechos humanos
son de igual forma vinculatorios, pero a la par comercializables.
El consumo como actividad liberadora ha experimentado una actualización pragmática
valiéndose de la pasividad como manifestación que le relaciona con todo lo que le administra. Han
señala que La “participación activa” como tal parece ser suplida por solo la mera expresión de una
“inconformidad latente,” caracterizada por su superficialidad e inoperancia. A su vez (bajo este
esquema clientelar) las estructuras políticas deben primordialmente ponderar y satisfacer las
necesidades “clientelares” de los votantes, para lo cual se generan discursos que abonen a dichas
narrativas, entre ellas la transparencia como referente de legalidad. Al respecto Chul Han señala: “La
reivindicación de la trasparencia presupone la posición de un espectador que se escandaliza. No es la
reivindicación de un ciudadano con iniciativa, sino la de un espectador pasivo”1.
La transparencia no radica únicamente pues, en el eficiente, claro y pronto acceso a la
información, de su manejo y administración de presupuestos, de sus programas con base en
resultados, índices y partidas, sino más bien en cómo la “clase política” se desnuda a manera de un
performance en busca de satisfacer el deseo (re)direccionado del espectador votante por dicha
expresión. Esto es significativo, pues dicho reajuste de visibilidad se convierte en un referente que
posibilita distintas dinámicas para un ejercicio de la libertad política.
Respecto del poder, Han advierte que este tiene, por decir lo menos, múltiples formas de
manifestación y aproximación, las cuales no son estáticas, y que además no suelen estar limitadas a la
simple narrativa del mandato y la orden, del castigo y la recompensa, pues ese mismo uso de la fuerza
o la violencia pone de manifiesto la limitante o falencia que dicho esquema tiene, pues mientras existan
rescoldos combativos que busquen acabarle se muestra de manera visible y manifiesta la
inoperatividad de dicho sistema. El poder adecua sus elementos y configuraciones incrementando su
efectividad, para lo cual modifica su operatividad y entra en una especie de “modo fantasma”, que
2024 | Qvadrata, estudios sobre educación, artes y humanidades, 6(12), 81-92
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y miedo de las hambrunas, triunfo de la muerte, soberano con espada, verdugos y suplicios, el poder habla
a través de la sangre; esta es una realidad con función simbólica”
4
.
La violencia se vuelve el mecanismo mediante el cual el poder soberano mantiene una coerción y
cierta hegemonía, pero solo de manera endeble, donde posibles embates y agitación política organizada
en búsqueda de removerle puede alcanzar dicho objetivo. Han refiere que el poder genera mecanismos
de intermediación, e incluso aplica una especie de fórmula matemática para explicar dicha relación, esto
es, a mayor intermediación en la estructura de poder, mayor cohesión presenta el sistema y por ende
presenta una estructura fuerte, mientras que, por el contrario, si hay una intermediación deficiente, como
el caso del uso exclusivo de la fuerza, la estructura es endeble pues la violencia en cualquiera de sus
dimensiones presenta límites.
Mientras que el poder disciplinar va más allá y reconfigura su aproximación de la administración
corporal, se vale hasta cierto punto de la negatividad, el mandato y la obediencia, pero incluye
sustancialmente elementos jurídico-normativos socialmente vinculantes que legitiman
mayoritariamente dichas disposiciones. Han regresa a Foucault respecto de este cambio: “El viejo poderío
de la muerte cede ante la “administración de los cuerpos y la generación calculadora de la vida”
5
. Han
identifica plenamente el cambio de régimen ligado al cambio de sistema de producción, esto es del agrario
al industrial y posidunstrial. El cuerpo de la sociedad industrial no necesita mediar su muerte sino por el
contrario, propiciar las condiciones necesarias que le permitan un adecuado funcionamiento u
operatividad mecánica, es por esto mismo que Han señala: “En lugar de atormentar el cuerpo, el poder
disciplinario lo fija a un sistema de normas. Una coacción calculada atraviesa cada parte del cuerpo y está
presente hasta en el automatismo de las costumbres” (Chul-Han 2014. P.36) en la que el Estado a través
de sus instituciones se ha mostrado como quien ejerce la explotación.
Pero es aquí que una de las principales pautas de respuesta que sugiere Han entra en escena,
donde el “poder soberano” con el castigo físico como herramienta para la asignación y cumplimiento del
trabajo (propio de las sociedades agrarias) da paso al “poder disciplinar” propio de la era industrial, con
su administración de la corporalidad en cuanto a sus categorias no solo de funcionamiento, sino de
reproducción, significación y validación, la cual queda limitada metodológicamente para explicar la
sociedad digital presente desde las últimas tres décadas, desde que Tim Berners-Lee hizo pública la
tecnología de la World Wide Web, o lo que hoy conocemos como el internet
6
.
Para lo anterior es que Han sugiere la alegoría del “topo” y la “serpiente”, donde el primero es
representativo de las sociedades disciplinarias, señala que: “El sujeto disciplinario cambia de un entorno
de reclusión a otro. Así, se mueve en un sistema cerrado. Los residentes en estos entornos permiten ser
distribuidos en el espacio y ordenados en el tiempo”
7
por lo que los espacios institucionales que
condicionan y administran los cuerpos como; escuelas, hospitales, ejercito, son los escenarios donde
dicha administración es llevada a cabo siguiendo los fines que al Estado convengan a través del control
de la corporalidad esto es, de sus expresiones, sus valencias incluso sus desplazamientos, en todas existe
un espacio diseñado específicamente para tal propósito, dinámicas, reglas, procesos, todos conducen
inescapablemente al control institucional de la corporalidad.
Mientras que la segunda es la representación de la sociedad de control neoliberal, al respecto
señala: “La serpiente, por el contrario delimita el espacio a partir de su movimiento, la serpiente es un
4
Michel Foucault en Byung-Chul Han, Sobre el Poder (Barcelona: Herder Editorial, 2016) 60.
5
Michel Foucault, Historia de la Sexualidad, vol. I (Ciudad de México: Editorial Siglo XXI, 2005)
6
Antes de que dicho personaje realizó esa acción, respaldado por el CERN, lo que hoy conocemos como internet,
era exclusivamente una herramienta militar del ejército estadounidense.
7
Byung-Chul Han, Psicopolítica. Neoliberalismo y Nuevas Técnicas de Poder (Barcelona: Herder Editorial, 2014).
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so, pues este no proviene desde fuera desde ese “otro” que impone o demanda. Los empleadores
motivan a sus trabajadores a crecer de manera profesional, pues posibilita la creencia de que uno no
trabaja para engrandecer una empresa, en el sentido de meta o de compañía “impersonal”, sino de
crear su propia marca, lo cual complica la rebelión tradicional contra estos esquemas.
Han señala: “Hoy cada uno es un trabajador que se explota a si mismo en su propia empresa“1
(Chul-Han, 2014. P.16). La lucha de clases tradicionalmente descrita y problematizada por Marx como
ese enfrentamiento de los contrarios, de los dueños de los “medios de producción” y quienes los
trabajan, parece tomar rutas alternas, dónde la atención ya no se encuentra en la lucha antagónica
pragmático-discursiva como tal, sino que va más allá instalándose en el individuo mismo que las
compone, ya no en el dominio de su corporalidad o mero disciplinamiento de ésta, sino sobre su psique,
migrando paulatina pero silenciosamente de los sistemas de producción de la era industrial, propios
de las sociedades disciplinarias, a los del conflicto del sujeto consigo mismo propio de la era
posindustrial.
Esta dinámica incesante de lucha interna se ha visto potencializada estratégicamente por el
sistema capitalista desde finales del siglo XVIII a través del liberalismo. El cual fortificado de la mano
de las nacientes sociedades democráticas tanto en Europa como en América consolidó pautas y
mecanismos para una relación cercana entre Estado, capital privado y legislación. El liberalismo
posibilitó la transición no solo en la arena política alcanzada con el triunfo de los procesos
independentistas y de rompimiento con las monarquías absolutistas. Sino también de tipo económico
pues los esquemas propios de la colonia como la real hacienda con sus impuestos, tributos y demás
elementos heredados del ya desdibujado feudalismo medieval, dieron pie a una reorganización de los
sistemas de producción propios de un nuevo contexto.
Por su parte el neoliberalismo como sistema aun cuando sus origenes se remontan a las décadas
de los años 30 academicamente y con su punto culmen en la década siguiente con el trabajo
colaborativo de Filosófos, diplomáticos, funcionarios Alemanes como académicos Austriacos y
Estadounidenses, conocida como la Sociedad Mont Pelerin (región en los alpes suizos donde se llevó a
cabo) abrió las fronteras de las naciones al comercio internacional a partir de la década de los años 80,
siendo Reino Unido con Margaret Tatcher el referente en Europa, mientras que Estados Unidos con
Ronald Reigan su principal impulsor en América. Dándose con esto un paso a un nuevo sistema
económico-político de carácter mundial. Siendo uno de los elementos de dicho proceso la visibilización
del re-acondicionamiento del sujeto o ciudadano en “consumidor”. La tradicional pasividad y
discresionalidad en el manejo del sistema democrático representativo mexicano ha dado paso a otros
económicamente potencializados que buscan vincular un rol más “activo” bajo preceptos de los
esquemas de las democracias participativas en donde el ejercicio de la libertad y los derechos humanos
son de igual forma vinculatorios, pero a la par comercializables.
El consumo como actividad liberadora ha experimentado una actualización pragmática
valiéndose de la pasividad como manifestación que le relaciona con todo lo que le administra. Han
señala que La “participación activa” como tal parece ser suplida por solo la mera expresión de una
“inconformidad latente,” caracterizada por su superficialidad e inoperancia. A su vez (bajo este
esquema clientelar) las estructuras políticas deben primordialmente ponderar y satisfacer las
necesidades “clientelares” de los votantes, para lo cual se generan discursos que abonen a dichas
narrativas, entre ellas la transparencia como referente de legalidad. Al respecto Chul Han señala: “La
reivindicación de la trasparencia presupone la posición de un espectador que se escandaliza. No es la
reivindicación de un ciudadano con iniciativa, sino la de un espectador pasivo”1.
La transparencia no radica únicamente pues, en el eficiente, claro y pronto acceso a la
información, de su manejo y administración de presupuestos, de sus programas con base en
resultados, índices y partidas, sino más bien en cómo la “clase política” se desnuda a manera de un
performance en busca de satisfacer el deseo (re)direccionado del espectador votante por dicha
expresión. Esto es significativo, pues dicho reajuste de visibilidad se convierte en un referente que
posibilita distintas dinámicas para un ejercicio de la libertad política.
Respecto del poder, Han advierte que este tiene, por decir lo menos, múltiples formas de
manifestación y aproximación, las cuales no son estáticas, y que además no suelen estar limitadas a la
simple narrativa del mandato y la orden, del castigo y la recompensa, pues ese mismo uso de la fuerza
o la violencia pone de manifiesto la limitante o falencia que dicho esquema tiene, pues mientras existan
rescoldos combativos que busquen acabarle se muestra de manera visible y manifiesta la
inoperatividad de dicho sistema. El poder adecua sus elementos y configuraciones incrementando su
efectividad, para lo cual modifica su operatividad y entra en una especie de “modo fantasma”, que
2024 | Qvadrata, estudios sobre educación, artes y humanidades, 6(12), 81-92
https://doi.org/10.54167/qvadrata.v6i12.2034
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empresario, Es el animal del régimen neoliberal”
8
La serpiente no se encuentra pues limitada a espacios
y normatividades que condicionan su desplazamiento u operatividad, por el contrario es el movimiento
de la serpiente el que construye y da fortaleza al esquema neoliberal, el individuo sometido se transforma
en posibilidad o como lo refiere Han se convierte en un “proyecto” de sí mismo.
Foucault señaló que la sociedad francesa de los siglos XVIII y XIX basaba su control de la
corporalidad en castigos de lo normativamente representado como “anormal”, en dónde se criminalizaba
toda conducta que no se ajustase a la “normatividad” establecida. Los aparatos o tecnologías de disciplina
materializados a través de los hospitales, escuelas, iglesias, manicomios, el ejército entre otras, se
administraban bajo la tutela del Estado, pues el mismo mantenía un control hegemónico y absoluto de
las dinámicas sociales, de sus integrantes y niveles.
Aquí es donde el contraste que se desprende de la revisión que Han desarrolla hace evidente el
cambio paradigmático del régimen de control. Ya no es el Estado con sus aparatos y tecnologías el que
administra la corporalidad invidivual y colectiva, de lo normal y lo anormal, sino el sistema económico
es quién impone los estándares y parámetros de las interacciones sociales, el individuo debe mantener
un rendimiento para ser reconocido, para obtener los medios para poder interactuar con los “otros”, debe
consumir y ostentar dichos niveles de consumo pues estos le permiten formar parte del andamiaje social,
y quizás en el mejor de los escenarios subir escalonadamente en la jerarquía del consumo. Mientras que,
en contraste quién no consume, quién no se ve involucrado en dicho fenómeno es poco a poco relegado
hasta ser marginado de los circulos sociales, la nueva “anormalidad” ya no es la locura en si, sino el “no
consumo”.
El Neoliberalismo entonces como política económica permitió a partir de los años 80 el
reconfigurar o más bien actualizar no solo los mecanismos de apertura comercial a nivel internacional,
sino la “necesidad” de su aplicación ideológico-pragmática en diferentes contextos. En el caso mexicano
el Neoliberalismo sentó sus bases durante los periodos presidenciales de José López Portillo (1976-1982)
y Miguel de la Madrid (1982-1988) respectivamente a través de medidas como la nacionalización y
privatización de entes paraestatales. Pero es a través de la llegada al poder de Carlos Salinas de Gortari
con su visión y operatividad tecnócrata sería la que daria no solo apertura, sino que estructuraría un
completo rediseño del andamiaje institucional por parte del aparato de estado para la consolidación y
fortalecimiento de dicho sistema en territorio nacional, lo que a la postre resultaría en esfuerzos
multinacionales como lo fue el Tratado de Libre comercio de América del Norte. Siendo esto un referente
claro de la transcisión del sistema nacionalista de la era posrrevolucionaria al del sistema Neoliberal.
El Nacionalismo como Sistema Político-Económico y la Transición al Sistema Neoliberal
El nacionalismo revolucionario determinó el rumbo ideológico del país por varias décadas, al
menos desde la consolidación del Partido Revolucionario Mexicano, hoy PRI, y comenzó a desdibujarse
y transformarse durante el régimen del mismo, en la década de los años 1980’s, cuando el neoliberalismo
llegó al país, de la mano de Carlos Salinas de Gortari. La palabra clave para la transición entre el
nacionalismo y el neoliberalismo es, en opinión de Elisa Servín y los autores de la obra Del Nacionalismo
al Neoliberalismo, 1940-1994, es “modernización.” Después de todo, el neoliberalismo implicaba un
enorme grado de globalización, y para eso, el nacionalismo debía de cambiar. Al respecto, Elisa Servín
comenta lo siguiente:
El entorno internacional obligó a la redefinición de la relación con los Estados Unidos en
la que se fortalecieron los lazos conciliatorios y de cooperación a partir de la solución de
los conflictos heredados de la Revolución y de la expropiación petrolera. Por otra parte, la
8
Byung-Chul Han, Psicopolítica. Neoliberalismo y Nuevas Técnicas de Poder (Barcelona: Herder Editorial, 2014)
32.
86
NEOLIBERALISMO Y PSICOPOLÍTICA: PROCESOS, (PRE)TENSIONES, PARTICIPANTES Y ENTRECRUCES
so, pues este no proviene desde fuera desde ese “otro” que impone o demanda. Los empleadores
motivan a sus trabajadores a crecer de manera profesional, pues posibilita la creencia de que uno no
trabaja para engrandecer una empresa, en el sentido de meta o de compañía “impersonal”, sino de
crear su propia marca, lo cual complica la rebelión tradicional contra estos esquemas.
Han señala: “Hoy cada uno es un trabajador que se explota a si mismo en su propia empresa“1
(Chul-Han, 2014. P.16). La lucha de clases tradicionalmente descrita y problematizada por Marx como
ese enfrentamiento de los contrarios, de los dueños de los “medios de producción” y quienes los
trabajan, parece tomar rutas alternas, dónde la atención ya no se encuentra en la lucha antagónica
pragmático-discursiva como tal, sino que va más allá instalándose en el individuo mismo que las
compone, ya no en el dominio de su corporalidad o mero disciplinamiento de ésta, sino sobre su psique,
migrando paulatina pero silenciosamente de los sistemas de producción de la era industrial, propios
de las sociedades disciplinarias, a los del conflicto del sujeto consigo mismo propio de la era
posindustrial.
Esta dinámica incesante de lucha interna se ha visto potencializada estratégicamente por el
sistema capitalista desde finales del siglo XVIII a través del liberalismo. El cual fortificado de la mano
de las nacientes sociedades democráticas tanto en Europa como en América consolidó pautas y
mecanismos para una relación cercana entre Estado, capital privado y legislación. El liberalismo
posibilitó la transición no solo en la arena política alcanzada con el triunfo de los procesos
independentistas y de rompimiento con las monarquías absolutistas. Sino también de tipo económico
pues los esquemas propios de la colonia como la real hacienda con sus impuestos, tributos y demás
elementos heredados del ya desdibujado feudalismo medieval, dieron pie a una reorganización de los
sistemas de producción propios de un nuevo contexto.
Por su parte el neoliberalismo como sistema aun cuando sus origenes se remontan a las décadas
de los años 30 academicamente y con su punto culmen en la década siguiente con el trabajo
colaborativo de Filosófos, diplomáticos, funcionarios Alemanes como académicos Austriacos y
Estadounidenses, conocida como la Sociedad Mont Pelerin (región en los alpes suizos donde se llevó a
cabo) abrió las fronteras de las naciones al comercio internacional a partir de la década de los años 80,
siendo Reino Unido con Margaret Tatcher el referente en Europa, mientras que Estados Unidos con
Ronald Reigan su principal impulsor en América. Dándose con esto un paso a un nuevo sistema
económico-político de carácter mundial. Siendo uno de los elementos de dicho proceso la visibilización
del re-acondicionamiento del sujeto o ciudadano en “consumidor”. La tradicional pasividad y
discresionalidad en el manejo del sistema democrático representativo mexicano ha dado paso a otros
económicamente potencializados que buscan vincular un rol más “activo” bajo preceptos de los
esquemas de las democracias participativas en donde el ejercicio de la libertad y los derechos humanos
son de igual forma vinculatorios, pero a la par comercializables.
El consumo como actividad liberadora ha experimentado una actualización pragmática
valiéndose de la pasividad como manifestación que le relaciona con todo lo que le administra. Han
señala que La “participación activa” como tal parece ser suplida por solo la mera expresión de una
“inconformidad latente,” caracterizada por su superficialidad e inoperancia. A su vez (bajo este
esquema clientelar) las estructuras políticas deben primordialmente ponderar y satisfacer las
necesidades “clientelares” de los votantes, para lo cual se generan discursos que abonen a dichas
narrativas, entre ellas la transparencia como referente de legalidad. Al respecto Chul Han señala: “La
reivindicación de la trasparencia presupone la posición de un espectador que se escandaliza. No es la
reivindicación de un ciudadano con iniciativa, sino la de un espectador pasivo”1.
La transparencia no radica únicamente pues, en el eficiente, claro y pronto acceso a la
información, de su manejo y administración de presupuestos, de sus programas con base en
resultados, índices y partidas, sino más bien en cómo la “clase política” se desnuda a manera de un
performance en busca de satisfacer el deseo (re)direccionado del espectador votante por dicha
expresión. Esto es significativo, pues dicho reajuste de visibilidad se convierte en un referente que
posibilita distintas dinámicas para un ejercicio de la libertad política.
Respecto del poder, Han advierte que este tiene, por decir lo menos, múltiples formas de
manifestación y aproximación, las cuales no son estáticas, y que además no suelen estar limitadas a la
simple narrativa del mandato y la orden, del castigo y la recompensa, pues ese mismo uso de la fuerza
o la violencia pone de manifiesto la limitante o falencia que dicho esquema tiene, pues mientras existan
rescoldos combativos que busquen acabarle se muestra de manera visible y manifiesta la
inoperatividad de dicho sistema. El poder adecua sus elementos y configuraciones incrementando su
efectividad, para lo cual modifica su operatividad y entra en una especie de “modo fantasma”, que
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https://doi.org/10.54167/qvadrata.v6i12.2034
e-ISSN: 2683-2143
entrada de este país al escenario bélico aceleró la oportunidad de desarrollar una industria
nacional y el proceso de sustitución de importaciones
9
.
Desde luego, el nacionalismo revolucionario que se había construido, al menos de forma
discursiva, con base en el resentimiento y desconfianza para con los Estados Unidos, el cual se vio
reforzado con la expropiación petrolera llevada a cabo por Lázaro Cárdenas, comenzó a cambiar conforme
la Segunda Guerra Mundial continuaba, y México se aliaba a los Estados Unidos. El programa bracero
tuvo una gran influencia en este proceso, como mencionan Óscar Galván Mendoza y Jesús García Galaviz,
la industria maquiladora tiene como antecedente la firma del acuerdo bracero con los Estados Unidos en
1942, una vez que tanto este país como México le habían declarado la Guerra a las Potencias del Eje, como
consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Entonces el discurso nacionalista mexicano comenzó a
cambiar. No obstante, la industria maquiladora inició como tal en 1965 en México, con la aprobación del
Programa de la Industria Maquiladora de Exportación
10
, la cual reuniría los intereses económicos
mexicanos y estadounidenses más que nunca en la historia de estos países.
La posrevolución, particularmente el cardenismo, instauró un régimen al que se le ha denominado
como “del estado benefactor,” una suerte de keynesianismo diría algunos. En palabras de Elisa Servín:
El modelo del Estado benefactor fue gradualmente sustituido en los años ochenta por una
nueva ideología centrada en la disminución de las atribuciones estatales para dar paso a
las fuerzas del mercado en lo económico, y el peso de los individuos en lo político
11
.
Esta descripción parece encajar a la perfección en la manera en que suele definirse al
neoliberalismo, es decir, como una doctrina de economía política que busca que el mercado se regule
solo, con la menor cantidad de ataduras, injerencias o restricciones provenientes del poder político. En
cierta forma, podría decirse que se trata de una doctrina que busca despolitizar la economía, el cual según
autoras como Sarah Babb, es un modelo económico que proviene de las universidades de los países
desarrollados, y desde allá buscó aplicarse a lo que se ha denominado: “El tercer mundo” (así lo llama la
autora) o bien, los “países en vías de desarrollo.” Sobre estos autores y sus ideas, la autora comenta lo
siguiente:
Desde los tiempos de Kemmerer hasta hoy día, los gobiernos del Tercer Mundo han sido
asesorados por expertos en economía provenientes de países industrializados. El
asesoramiento reciente ha emanado de una variedad de instituciones académicas y
escuelas de pensamiento, desde Gary Becker de la Universidad de Chicago, pasando por
Rudiger Dornsbuch del Instituto de Tecnología de Massachusets (MIT por sus siglas en
inglés) hasta el profesor Jeffrey Sachs de la Universidad de Harvard. Pese a la variedad de
fuentes, las recomendaciones reflejan el nuevo consenso global de formulación de políticas
económicas: para dar paso al crecimiento y a la prosperidad se han de remover los
obstáculos al comercio, desreglar los mercados, privatizar industrias del Estado y controlar
la inflación
12
.
Babb sostiene la noción de que el nacionalismo dio paso al neoliberalismo al igual que otras
naciones “periféricas” del mundo, lo cual, desde luego, incluye a México, y por consiguiente, al estado de
Chihuahua. En cualquier caso, este tipo de “gobierno económico” (o falta de) tomó fuerza y dirección en
9
Elisa Servín, Introducción a Del Nacionalismo al Neoliberalismo, 1940-1994, editado por Elisa Servín (Ciudad de
México, Fondo de Cultura Económica: 2019) p. 3.
10
Óscar Galván Mendoza y Jesús García Galaviz, “Análisis del Desarrollo Histórico de la Industria Maquiladora de
Exportación en México: Caso de Ciudad Juárez, Chihuahua” en Revista Doxa Digital 8, vol. 15 (2018): p. 138.
11
Elisa Servín, Introducción a Del Nacionalismo al Neoliberalismo, 1940-1994, editado por Elisa Servín (Ciudad de
México, Fondo de Cultura Económica: 2019) p. 5.
12
Sarah Babb, “Del nacionalismo al neoliberalismo: El ascenso de los nuevos Money Doctors en México” en Daniel
Mato (coord.) Políticas de economía, ambiente y sociedad en tiempos de globalización (Caracas, Universidad
Central de Venezuela: 2005).
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NEOLIBERALISMO Y PSICOPOLÍTICA: PROCESOS, (PRE)TENSIONES, PARTICIPANTES Y ENTRECRUCES
so, pues este no proviene desde fuera desde ese “otro” que impone o demanda. Los empleadores
motivan a sus trabajadores a crecer de manera profesional, pues posibilita la creencia de que uno no
trabaja para engrandecer una empresa, en el sentido de meta o de compañía “impersonal”, sino de
crear su propia marca, lo cual complica la rebelión tradicional contra estos esquemas.
Han señala: “Hoy cada uno es un trabajador que se explota a si mismo en su propia empresa“1
(Chul-Han, 2014. P.16). La lucha de clases tradicionalmente descrita y problematizada por Marx como
ese enfrentamiento de los contrarios, de los dueños de los “medios de producción” y quienes los
trabajan, parece tomar rutas alternas, dónde la atención ya no se encuentra en la lucha antagónica
pragmático-discursiva como tal, sino que va más allá instalándose en el individuo mismo que las
compone, ya no en el dominio de su corporalidad o mero disciplinamiento de ésta, sino sobre su psique,
migrando paulatina pero silenciosamente de los sistemas de producción de la era industrial, propios
de las sociedades disciplinarias, a los del conflicto del sujeto consigo mismo propio de la era
posindustrial.
Esta dinámica incesante de lucha interna se ha visto potencializada estratégicamente por el
sistema capitalista desde finales del siglo XVIII a través del liberalismo. El cual fortificado de la mano
de las nacientes sociedades democráticas tanto en Europa como en América consolidó pautas y
mecanismos para una relación cercana entre Estado, capital privado y legislación. El liberalismo
posibilitó la transición no solo en la arena política alcanzada con el triunfo de los procesos
independentistas y de rompimiento con las monarquías absolutistas. Sino también de tipo económico
pues los esquemas propios de la colonia como la real hacienda con sus impuestos, tributos y demás
elementos heredados del ya desdibujado feudalismo medieval, dieron pie a una reorganización de los
sistemas de producción propios de un nuevo contexto.
Por su parte el neoliberalismo como sistema aun cuando sus origenes se remontan a las décadas
de los años 30 academicamente y con su punto culmen en la década siguiente con el trabajo
colaborativo de Filosófos, diplomáticos, funcionarios Alemanes como académicos Austriacos y
Estadounidenses, conocida como la Sociedad Mont Pelerin (región en los alpes suizos donde se llevó a
cabo) abrió las fronteras de las naciones al comercio internacional a partir de la década de los años 80,
siendo Reino Unido con Margaret Tatcher el referente en Europa, mientras que Estados Unidos con
Ronald Reigan su principal impulsor en América. Dándose con esto un paso a un nuevo sistema
económico-político de carácter mundial. Siendo uno de los elementos de dicho proceso la visibilización
del re-acondicionamiento del sujeto o ciudadano en “consumidor”. La tradicional pasividad y
discresionalidad en el manejo del sistema democrático representativo mexicano ha dado paso a otros
económicamente potencializados que buscan vincular un rol más “activo” bajo preceptos de los
esquemas de las democracias participativas en donde el ejercicio de la libertad y los derechos humanos
son de igual forma vinculatorios, pero a la par comercializables.
El consumo como actividad liberadora ha experimentado una actualización pragmática
valiéndose de la pasividad como manifestación que le relaciona con todo lo que le administra. Han
señala que La “participación activa” como tal parece ser suplida por solo la mera expresión de una
“inconformidad latente,” caracterizada por su superficialidad e inoperancia. A su vez (bajo este
esquema clientelar) las estructuras políticas deben primordialmente ponderar y satisfacer las
necesidades “clientelares” de los votantes, para lo cual se generan discursos que abonen a dichas
narrativas, entre ellas la transparencia como referente de legalidad. Al respecto Chul Han señala: “La
reivindicación de la trasparencia presupone la posición de un espectador que se escandaliza. No es la
reivindicación de un ciudadano con iniciativa, sino la de un espectador pasivo”1.
La transparencia no radica únicamente pues, en el eficiente, claro y pronto acceso a la
información, de su manejo y administración de presupuestos, de sus programas con base en
resultados, índices y partidas, sino más bien en cómo la “clase política” se desnuda a manera de un
performance en busca de satisfacer el deseo (re)direccionado del espectador votante por dicha
expresión. Esto es significativo, pues dicho reajuste de visibilidad se convierte en un referente que
posibilita distintas dinámicas para un ejercicio de la libertad política.
Respecto del poder, Han advierte que este tiene, por decir lo menos, múltiples formas de
manifestación y aproximación, las cuales no son estáticas, y que además no suelen estar limitadas a la
simple narrativa del mandato y la orden, del castigo y la recompensa, pues ese mismo uso de la fuerza
o la violencia pone de manifiesto la limitante o falencia que dicho esquema tiene, pues mientras existan
rescoldos combativos que busquen acabarle se muestra de manera visible y manifiesta la
inoperatividad de dicho sistema. El poder adecua sus elementos y configuraciones incrementando su
efectividad, para lo cual modifica su operatividad y entra en una especie de “modo fantasma”, que
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México durante la gestión de Carlos Salinas de Gortari, su régimen según Babb siguió las siguientes
condiciones:
A diferencia de la modernización de la posguerra, esta vez modernizarse implicaría la
disminución del Estado como rector del proceso económico, la sujeción de la economía a
las reglas del mercado, el fin del proteccionismo y la apertura de la economía mexicana a
los circuitos del comercio internacional.
Esto significó una política de fronteras abiertas para México, desde luego, y afectó directamente
a Chihuahua por su condición de frontera
13
.
El nacionalismo fue un paso fundamental para la llegada del neoliberalismo, en diversas latitudes
del mundo, así como en el estado de Chihuahua y en general en el norte del país. La sociedad hubo de
adaptarse de una ideología en la que predominaba un orgullo por lo propio, a una que permitiese
entrecruces y que la globalización, propia del neoliberalismo penetrase en México, como resultaba
necesario para que este modelo de economía política terminase de sedimentarse en esta nación.
Influencia del desarrollo industrial
El siglo XX fue un siglo de cambios y de procesos a nivel mundial, podemos ver el caso de la
primera y segunda guerra mundial, la guerra fría, la creación de organismos internacionales como la
creación de la Organización de las Naciones Unidas. Todo este proceso trajo un cambios tanto sociales,
políticos y culturales, en los cuales México se vio influenciado.
En México se presentó una industrialización gracias a la entrada de la globalización al país, y a los
ajustes en políticas públicas, aunque eso puede ser cuestionable pues solo algunas zonas metropolitanas
fueron las que la presenciaron, son una serie de factores como los modelos económicos implementados
en la época o la segunda guerra mundial. Algunas de esas regiones fueron el estado fronterizo de
Chihuahua.
El proceso de industrialización en el estado de Chihuahua no fue homogéneo, ni de alcance en
toda la región, se centró principalmente en la ciudad fronteriza de Ciudad Juárez al norte de la entidad y
en la capital del estado, todo este proceso inició en la década de 1960, posibilitada por una inversión
directa de empresas extranjeras en busca de mano de obra barata calificada.
Las inversiones aun cuando representaron generación de empleos y oportunidades, así como
incremento de indicadores de crecimiento económico, inversión y nivel de vida, también trajeron consigo
una serie de cambios en la estructura de la sociedad chihuahuense que son importantes de considerar y
analizar.
El contexto de la llegada de la inversión extranjera a la frontera norte del Estado de Chihuahua a
mediados de 1960 correspondió al cambio en la política estadounidense con el cese del programa bracero
en 1964, la intención era generar empleos dentro del territorio mexicano con la obtención de mano de
obra barata calificada por parte de las empresas norteamericanas y como elemento secundario un retorno
organizado de trabajadores mexicanos a sus lugares de origen.
"En esta discusión se dio en un contexto en el que las primeras maquiladoras de la frontera norte
se relacionan con estrategias gubernamentales de generación de empleos para inmigrantes mexicanos,
debido a que, con el término del programa bracero suscrito con Estados Unidos, se esperaba el retorno
13
Elisa Servín, Introducción a Del Nacionalismo al Neoliberalismo, 1940-1994, editado por Elisa Servín (Ciudad de
México, Fondo de Cultura Económica: 2019) p. 5.
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so, pues este no proviene desde fuera desde ese “otro” que impone o demanda. Los empleadores
motivan a sus trabajadores a crecer de manera profesional, pues posibilita la creencia de que uno no
trabaja para engrandecer una empresa, en el sentido de meta o de compañía “impersonal”, sino de
crear su propia marca, lo cual complica la rebelión tradicional contra estos esquemas.
Han señala: “Hoy cada uno es un trabajador que se explota a si mismo en su propia empresa“1
(Chul-Han, 2014. P.16). La lucha de clases tradicionalmente descrita y problematizada por Marx como
ese enfrentamiento de los contrarios, de los dueños de los “medios de producción” y quienes los
trabajan, parece tomar rutas alternas, dónde la atención ya no se encuentra en la lucha antagónica
pragmático-discursiva como tal, sino que va más allá instalándose en el individuo mismo que las
compone, ya no en el dominio de su corporalidad o mero disciplinamiento de ésta, sino sobre su psique,
migrando paulatina pero silenciosamente de los sistemas de producción de la era industrial, propios
de las sociedades disciplinarias, a los del conflicto del sujeto consigo mismo propio de la era
posindustrial.
Esta dinámica incesante de lucha interna se ha visto potencializada estratégicamente por el
sistema capitalista desde finales del siglo XVIII a través del liberalismo. El cual fortificado de la mano
de las nacientes sociedades democráticas tanto en Europa como en América consolidó pautas y
mecanismos para una relación cercana entre Estado, capital privado y legislación. El liberalismo
posibilitó la transición no solo en la arena política alcanzada con el triunfo de los procesos
independentistas y de rompimiento con las monarquías absolutistas. Sino también de tipo económico
pues los esquemas propios de la colonia como la real hacienda con sus impuestos, tributos y demás
elementos heredados del ya desdibujado feudalismo medieval, dieron pie a una reorganización de los
sistemas de producción propios de un nuevo contexto.
Por su parte el neoliberalismo como sistema aun cuando sus origenes se remontan a las décadas
de los años 30 academicamente y con su punto culmen en la década siguiente con el trabajo
colaborativo de Filosófos, diplomáticos, funcionarios Alemanes como académicos Austriacos y
Estadounidenses, conocida como la Sociedad Mont Pelerin (región en los alpes suizos donde se llevó a
cabo) abrió las fronteras de las naciones al comercio internacional a partir de la década de los años 80,
siendo Reino Unido con Margaret Tatcher el referente en Europa, mientras que Estados Unidos con
Ronald Reigan su principal impulsor en América. Dándose con esto un paso a un nuevo sistema
económico-político de carácter mundial. Siendo uno de los elementos de dicho proceso la visibilización
del re-acondicionamiento del sujeto o ciudadano en “consumidor”. La tradicional pasividad y
discresionalidad en el manejo del sistema democrático representativo mexicano ha dado paso a otros
económicamente potencializados que buscan vincular un rol más “activo” bajo preceptos de los
esquemas de las democracias participativas en donde el ejercicio de la libertad y los derechos humanos
son de igual forma vinculatorios, pero a la par comercializables.
El consumo como actividad liberadora ha experimentado una actualización pragmática
valiéndose de la pasividad como manifestación que le relaciona con todo lo que le administra. Han
señala que La “participación activa” como tal parece ser suplida por solo la mera expresión de una
“inconformidad latente,” caracterizada por su superficialidad e inoperancia. A su vez (bajo este
esquema clientelar) las estructuras políticas deben primordialmente ponderar y satisfacer las
necesidades “clientelares” de los votantes, para lo cual se generan discursos que abonen a dichas
narrativas, entre ellas la transparencia como referente de legalidad. Al respecto Chul Han señala: “La
reivindicación de la trasparencia presupone la posición de un espectador que se escandaliza. No es la
reivindicación de un ciudadano con iniciativa, sino la de un espectador pasivo”1.
La transparencia no radica únicamente pues, en el eficiente, claro y pronto acceso a la
información, de su manejo y administración de presupuestos, de sus programas con base en
resultados, índices y partidas, sino más bien en cómo la “clase política” se desnuda a manera de un
performance en busca de satisfacer el deseo (re)direccionado del espectador votante por dicha
expresión. Esto es significativo, pues dicho reajuste de visibilidad se convierte en un referente que
posibilita distintas dinámicas para un ejercicio de la libertad política.
Respecto del poder, Han advierte que este tiene, por decir lo menos, múltiples formas de
manifestación y aproximación, las cuales no son estáticas, y que además no suelen estar limitadas a la
simple narrativa del mandato y la orden, del castigo y la recompensa, pues ese mismo uso de la fuerza
o la violencia pone de manifiesto la limitante o falencia que dicho esquema tiene, pues mientras existan
rescoldos combativos que busquen acabarle se muestra de manera visible y manifiesta la
inoperatividad de dicho sistema. El poder adecua sus elementos y configuraciones incrementando su
efectividad, para lo cual modifica su operatividad y entra en una especie de “modo fantasma”, que
2024 | Qvadrata, estudios sobre educación, artes y humanidades, 6(12), 81-92
https://doi.org/10.54167/qvadrata.v6i12.2034
e-ISSN: 2683-2143
masivo de varones a esta región. Pero al ocurrir el fenómeno inverso, es decir, que las nuevas plazas
generadoras por maquilas fueron ocupadas masivamente por mujeres…"
14
Es posible apreciar que después de que se termina el programa bracero el mismo gobierno busca
implementar medidas, debido a que se esperaba el regreso de una gran cantidad de varones que iban a
requerir un lugar donde laborar, pero en ese ejemplo fue posible rescatar que la sociedad estaba
cambiando, fue necesario la presencia de mujeres en las áreas laborales, podría meditarse que fue una de
las necesidades de la sociedad.
“Las maquiladoras atrajeron y retuvieron población y recursos y estos hicieron posible el surgimiento de
pequeñas y medianas empresas locales…”
15
Durante la década de los setentas y posteriormente surgió un proceso de migración del campo a
la ciudad, esto provocó que grandes contingentes de personas arribaron a la ciudad, conformados por
familias completas o solo el proveedor de la casa que no necesariamente era el varón.
Estas migraciones causaron cambios en la formas y distribuciones de la urbanización de la ciudad,
“En estos años se desplaza el viejo centro hacia el este de la ciudad, donde se construyeron modernos
edificios y amplias carreteras…”
16
se puede ver el caso de ciudad Juárez y no solo eso sino de igual manera
el de la ciudad de Chihuahua.
17
La población que habían logrado establecerse en algunas de las ciudades del estado ya sea en
Chihuahua o Ciudad Juárez principalmente es posible apreciar un fenómeno peculiar. varios autores nos
hacen mención que las personas a pesar de que no tenían muchos estudios
18
, algunos grupos de estas
personas tomaron partido político, sin afán de entrar o inmiscuirse en ideologías políticas a través de
algunos autores podemos ver una alta movilización panista en las principales ciudades del estado.
19
Alba refiere que la industria ligera que es la maquiladora trajo un nuevo concepto de empleo, no
había una cultura o tradición debido a que era algo que comenzaba a impactar e influir en la sociedades
juarense y chihuahuense.
14
De la O, María Eugenia. “El Trabajo de Las Mujeres En La Industria Maquiladora de México: Balance de Cuatro
Décadas de Estudio.” Debate Feminista 35 (2007): 31–56. http://www.jstor.org/stable/42624972.
15
Carlos, Alba. “TRES REGIONES DE MÉXICO ANTE LA GLOBALIZACIÓN: LOS CASOS DE CHIHUAHUA,
NUEVO LEÓN Y JALISCO.” En Las Regiones Ante La Globalización.: Competitividad Territorial y Recomposición
Sociopolítica, editado por Carlos Alba, Ilán Bizberg, y Hélène Rivière d’Arc, 1st ed., 189–262. El Colegio de México,
1998. http://www.jstor.org/stable/j.ctv3dnqms.11.
16
Dalia Barrera y Lilia Venegas Aguilera. "PARTICIPACIÓN POPULAR FEMENINA EN LA DEFENSA DEL VOTO.:
(Ciudad Juárez, Chihuahua, 1982-1986)." En Nuevos Textos y Renovados Pretextos, editado por Vania Salles y Elsie
Mc Phail, 1ª ed.,Pp. 512. El Colegio de México, 1994. https://doi.org/10.2307/j.ctv4w3tg7.22.
17
Miguel Ángel Vite P., "Urbanización y globalización económica. El caso de Chihuahua, Guanajuato y Jalisco."
Papeles de Población, nº 8 (1995) :pp, 61-65. Redalyc, https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=11200806
18
Se hace mención de esto debido a que el trabajo para el que eran requeridos no era de gran dificultad entonces,
solo requerían personal que supiera obedecer, y que cumpliera su función en el ciclo de producción.
19
Carlos, Alba. “TRES REGIONES DE MÉXICO ANTE LA GLOBALIZACIÓN: LOS CASOS DE CHIHUAHUA,
NUEVO LEÓN Y JALISCO.” En Las Regiones Ante La Globalización.: Competitividad Territorial y Recomposición
Sociopolítica, editado por Carlos Alba, Ilán Bizberg, y Hélène Rivière d’Arc, 1st ed., 189–262. El Colegio de México,
1998. http://www.jstor.org/stable/j.ctv3dnqms.11.
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NEOLIBERALISMO Y PSICOPOLÍTICA: PROCESOS, (PRE)TENSIONES, PARTICIPANTES Y ENTRECRUCES
so, pues este no proviene desde fuera desde ese “otro” que impone o demanda. Los empleadores
motivan a sus trabajadores a crecer de manera profesional, pues posibilita la creencia de que uno no
trabaja para engrandecer una empresa, en el sentido de meta o de compañía “impersonal”, sino de
crear su propia marca, lo cual complica la rebelión tradicional contra estos esquemas.
Han señala: “Hoy cada uno es un trabajador que se explota a si mismo en su propia empresa“1
(Chul-Han, 2014. P.16). La lucha de clases tradicionalmente descrita y problematizada por Marx como
ese enfrentamiento de los contrarios, de los dueños de los “medios de producción” y quienes los
trabajan, parece tomar rutas alternas, dónde la atención ya no se encuentra en la lucha antagónica
pragmático-discursiva como tal, sino que va más allá instalándose en el individuo mismo que las
compone, ya no en el dominio de su corporalidad o mero disciplinamiento de ésta, sino sobre su psique,
migrando paulatina pero silenciosamente de los sistemas de producción de la era industrial, propios
de las sociedades disciplinarias, a los del conflicto del sujeto consigo mismo propio de la era
posindustrial.
Esta dinámica incesante de lucha interna se ha visto potencializada estratégicamente por el
sistema capitalista desde finales del siglo XVIII a través del liberalismo. El cual fortificado de la mano
de las nacientes sociedades democráticas tanto en Europa como en América consolidó pautas y
mecanismos para una relación cercana entre Estado, capital privado y legislación. El liberalismo
posibilitó la transición no solo en la arena política alcanzada con el triunfo de los procesos
independentistas y de rompimiento con las monarquías absolutistas. Sino también de tipo económico
pues los esquemas propios de la colonia como la real hacienda con sus impuestos, tributos y demás
elementos heredados del ya desdibujado feudalismo medieval, dieron pie a una reorganización de los
sistemas de producción propios de un nuevo contexto.
Por su parte el neoliberalismo como sistema aun cuando sus origenes se remontan a las décadas
de los años 30 academicamente y con su punto culmen en la década siguiente con el trabajo
colaborativo de Filosófos, diplomáticos, funcionarios Alemanes como académicos Austriacos y
Estadounidenses, conocida como la Sociedad Mont Pelerin (región en los alpes suizos donde se llevó a
cabo) abrió las fronteras de las naciones al comercio internacional a partir de la década de los años 80,
siendo Reino Unido con Margaret Tatcher el referente en Europa, mientras que Estados Unidos con
Ronald Reigan su principal impulsor en América. Dándose con esto un paso a un nuevo sistema
económico-político de carácter mundial. Siendo uno de los elementos de dicho proceso la visibilización
del re-acondicionamiento del sujeto o ciudadano en “consumidor”. La tradicional pasividad y
discresionalidad en el manejo del sistema democrático representativo mexicano ha dado paso a otros
económicamente potencializados que buscan vincular un rol más “activo” bajo preceptos de los
esquemas de las democracias participativas en donde el ejercicio de la libertad y los derechos humanos
son de igual forma vinculatorios, pero a la par comercializables.
El consumo como actividad liberadora ha experimentado una actualización pragmática
valiéndose de la pasividad como manifestación que le relaciona con todo lo que le administra. Han
señala que La “participación activa” como tal parece ser suplida por solo la mera expresión de una
“inconformidad latente,” caracterizada por su superficialidad e inoperancia. A su vez (bajo este
esquema clientelar) las estructuras políticas deben primordialmente ponderar y satisfacer las
necesidades “clientelares” de los votantes, para lo cual se generan discursos que abonen a dichas
narrativas, entre ellas la transparencia como referente de legalidad. Al respecto Chul Han señala: “La
reivindicación de la trasparencia presupone la posición de un espectador que se escandaliza. No es la
reivindicación de un ciudadano con iniciativa, sino la de un espectador pasivo”1.
La transparencia no radica únicamente pues, en el eficiente, claro y pronto acceso a la
información, de su manejo y administración de presupuestos, de sus programas con base en
resultados, índices y partidas, sino más bien en cómo la “clase política” se desnuda a manera de un
performance en busca de satisfacer el deseo (re)direccionado del espectador votante por dicha
expresión. Esto es significativo, pues dicho reajuste de visibilidad se convierte en un referente que
posibilita distintas dinámicas para un ejercicio de la libertad política.
Respecto del poder, Han advierte que este tiene, por decir lo menos, múltiples formas de
manifestación y aproximación, las cuales no son estáticas, y que además no suelen estar limitadas a la
simple narrativa del mandato y la orden, del castigo y la recompensa, pues ese mismo uso de la fuerza
o la violencia pone de manifiesto la limitante o falencia que dicho esquema tiene, pues mientras existan
rescoldos combativos que busquen acabarle se muestra de manera visible y manifiesta la
inoperatividad de dicho sistema. El poder adecua sus elementos y configuraciones incrementando su
efectividad, para lo cual modifica su operatividad y entra en una especie de “modo fantasma”, que
2024 | Qvadrata, estudios sobre educación, artes y humanidades, 6(12), 81-92
https://doi.org/10.54167/qvadrata.v6i12.2034
e-ISSN: 2683-2143
“... carece por completo de una tradición laboral y sindical…
sus condiciones de trabajo son precarias. Tiene empleo, lo que ya es una ventaja respecto a otras
regiones.”
20
Las personas que vivían y trabajaban en condiciones desfavorables se unieron para manifestar su
inconformidad a quien fungió como mediador con las empresas extranjeras en estos procesos que fue el
gobierno estatal. Alba señala que alguno de los simpatizantes que apoyaban al Partido Acción Nacional
creían en las promesas que estos habían hecho tanto a la sociedad como a los industriales. “Las empleadas
de maquila… no somos machos, pero si somos muchas, y estamos con isela ¿cómo la ves? PRI”
21
.
El involucramiento de las mujeres “operadoras” a la actividad maquiladora no fue de inicio
planeada de esa forma, surgió como un programa piloto con 3 maquilas que las incorporaron,
rápidamente se presentaron claras diferencias respecto de aquellas con operadores varones, se redujeron
las ausencias, peleas y conflictos dentro de las líneas de producción, aumentándose de igual forma los
niveles de producción y calidad de los mismos. Sin embargo, el involucramiento no vino acompañado de
un trato igualitario, tanto en lo concerniente a los sueldos entre hombres y mujeres, sino también otro
tipo de situaciones como acoso o falta de felxibilidad con las trabajadoras.
“Esto abrió la posibilidad de recurrir a trabajadores en condiciones flexibles y en un contexto de
alta desregulación laboral.”
22
“Análisis de los censos económicos que captan la industria formalmente establecida reportan un
aumento en el renglón de mujeres obreras entre 1980 y 1985…
Asimismo, se han observado aumentos en la participación femenina en la industria
manufacturera en varias ciudades mexicanas (Chihuahua, Tampico y Torreón en el norte del país;
Guadalajara y León en la región centro; y las fronteras con los Estados Unidos; véase Cruz y Zenteno,
1987; Olivera, 1989; Pedrero 1990).”
23
Este aumento de de las plazas de trabajo no sólo causaron una derrama económica, sino que causó
de igual manera un fenómeno en el tradicional núcleo familiar, después de hacer ciertas encuestas se
puede ver que, el núcleo tradicional, padre, madre e hijos ya no era tal cual, o tenía ligeras
transformaciones, tales como que faltaba el padre y la madre era quien se convirtió en la jefa de familia y
era la que trabajaba en esta industria ligera. El auge de este fenómeno se vio junto con el auge de todo el
sector.
20
Carlos, Alba. “TRES REGIONES DE MÉXICO ANTE LA GLOBALIZACIÓN: LOS CASOS DE CHIHUAHUA,
NUEVO LEÓN Y JALISCO.” En Las Regiones Ante La Globalización.: Competitividad Territorial y Recomposición
Sociopolítica, editado por Carlos Alba, Ilán Bizberg, y Hélène Rivière d’Arc, 1st ed., 189–262. El Colegio de México, 1998.
http://www.jstor.org/stable/j.ctv3dnqms.11.
21
Dalia, Barrera y Lilia Venegas Aguilera. "PARTICIPACIÓN POPULAR FEMENINA EN LA DEFENSA DEL VOTO.:
(Ciudad Juárez, Chihuahua, 1982-1986)." En Nuevos Textos y Renovados Pretextos, editado por Vania Salles y Elsie Mc
Phail, 1ª ed.,Pp. 556. El Colegio de México, 1994. https://doi.org/10.2307/j.ctv4w3tg7.22.
22
María Eugenia, De la O. "El Trabajo de Las Mujeres En La Industria Maquiladora de México: Balance de Cuatro
Décadas de Estudio." Debate Feminista 35 (2007): 31–56. http://www.jstor.org/stable/42624972.
23
García, Brígida, y Orlandina de Olivera. “INSERCIÓN LABORAL FEMENINA EN EL PERÍODO 1976-1987”. En
Trabajo Femenino y Vida Familiar En México. 1ra ed., El Colegio de México, 1994, pp. 71.
https://doi.org/10.2307/j.ctvhn0971.6.
90
NEOLIBERALISMO Y PSICOPOLÍTICA: PROCESOS, (PRE)TENSIONES, PARTICIPANTES Y ENTRECRUCES
so, pues este no proviene desde fuera desde ese “otro” que impone o demanda. Los empleadores
motivan a sus trabajadores a crecer de manera profesional, pues posibilita la creencia de que uno no
trabaja para engrandecer una empresa, en el sentido de meta o de compañía “impersonal”, sino de
crear su propia marca, lo cual complica la rebelión tradicional contra estos esquemas.
Han señala: “Hoy cada uno es un trabajador que se explota a si mismo en su propia empresa“1
(Chul-Han, 2014. P.16). La lucha de clases tradicionalmente descrita y problematizada por Marx como
ese enfrentamiento de los contrarios, de los dueños de los “medios de producción” y quienes los
trabajan, parece tomar rutas alternas, dónde la atención ya no se encuentra en la lucha antagónica
pragmático-discursiva como tal, sino que va más allá instalándose en el individuo mismo que las
compone, ya no en el dominio de su corporalidad o mero disciplinamiento de ésta, sino sobre su psique,
migrando paulatina pero silenciosamente de los sistemas de producción de la era industrial, propios
de las sociedades disciplinarias, a los del conflicto del sujeto consigo mismo propio de la era
posindustrial.
Esta dinámica incesante de lucha interna se ha visto potencializada estratégicamente por el
sistema capitalista desde finales del siglo XVIII a través del liberalismo. El cual fortificado de la mano
de las nacientes sociedades democráticas tanto en Europa como en América consolidó pautas y
mecanismos para una relación cercana entre Estado, capital privado y legislación. El liberalismo
posibilitó la transición no solo en la arena política alcanzada con el triunfo de los procesos
independentistas y de rompimiento con las monarquías absolutistas. Sino también de tipo económico
pues los esquemas propios de la colonia como la real hacienda con sus impuestos, tributos y demás
elementos heredados del ya desdibujado feudalismo medieval, dieron pie a una reorganización de los
sistemas de producción propios de un nuevo contexto.
Por su parte el neoliberalismo como sistema aun cuando sus origenes se remontan a las décadas
de los años 30 academicamente y con su punto culmen en la década siguiente con el trabajo
colaborativo de Filosófos, diplomáticos, funcionarios Alemanes como académicos Austriacos y
Estadounidenses, conocida como la Sociedad Mont Pelerin (región en los alpes suizos donde se llevó a
cabo) abrió las fronteras de las naciones al comercio internacional a partir de la década de los años 80,
siendo Reino Unido con Margaret Tatcher el referente en Europa, mientras que Estados Unidos con
Ronald Reigan su principal impulsor en América. Dándose con esto un paso a un nuevo sistema
económico-político de carácter mundial. Siendo uno de los elementos de dicho proceso la visibilización
del re-acondicionamiento del sujeto o ciudadano en “consumidor”. La tradicional pasividad y
discresionalidad en el manejo del sistema democrático representativo mexicano ha dado paso a otros
económicamente potencializados que buscan vincular un rol más “activo” bajo preceptos de los
esquemas de las democracias participativas en donde el ejercicio de la libertad y los derechos humanos
son de igual forma vinculatorios, pero a la par comercializables.
El consumo como actividad liberadora ha experimentado una actualización pragmática
valiéndose de la pasividad como manifestación que le relaciona con todo lo que le administra. Han
señala que La “participación activa” como tal parece ser suplida por solo la mera expresión de una
“inconformidad latente,” caracterizada por su superficialidad e inoperancia. A su vez (bajo este
esquema clientelar) las estructuras políticas deben primordialmente ponderar y satisfacer las
necesidades “clientelares” de los votantes, para lo cual se generan discursos que abonen a dichas
narrativas, entre ellas la transparencia como referente de legalidad. Al respecto Chul Han señala: “La
reivindicación de la trasparencia presupone la posición de un espectador que se escandaliza. No es la
reivindicación de un ciudadano con iniciativa, sino la de un espectador pasivo”1.
La transparencia no radica únicamente pues, en el eficiente, claro y pronto acceso a la
información, de su manejo y administración de presupuestos, de sus programas con base en
resultados, índices y partidas, sino más bien en cómo la “clase política” se desnuda a manera de un
performance en busca de satisfacer el deseo (re)direccionado del espectador votante por dicha
expresión. Esto es significativo, pues dicho reajuste de visibilidad se convierte en un referente que
posibilita distintas dinámicas para un ejercicio de la libertad política.
Respecto del poder, Han advierte que este tiene, por decir lo menos, múltiples formas de
manifestación y aproximación, las cuales no son estáticas, y que además no suelen estar limitadas a la
simple narrativa del mandato y la orden, del castigo y la recompensa, pues ese mismo uso de la fuerza
o la violencia pone de manifiesto la limitante o falencia que dicho esquema tiene, pues mientras existan
rescoldos combativos que busquen acabarle se muestra de manera visible y manifiesta la
inoperatividad de dicho sistema. El poder adecua sus elementos y configuraciones incrementando su
efectividad, para lo cual modifica su operatividad y entra en una especie de “modo fantasma”, que
2024 | Qvadrata, estudios sobre educación, artes y humanidades, 6(12), 81-92
https://doi.org/10.54167/qvadrata.v6i12.2034
e-ISSN: 2683-2143
“En comparación con otras ciudades del país, el índice de familias atípicas es muy alto, este
comportamiento puede obedecer a la situación de frontera y a la peculiar estructura del mercado laboral
juarense. Los hombres suelen migrar a Estados Unidos y las mujeres cuentan con mayores posibilidades
de empleo por la política de contratación de la industria maquiladora.”
24
Barrera como parte de su investigación realizó una serie de entrevistas donde pudo apreciar un
patrón determinado, predominancia de ciertos grupos de edad, alto el número de mujeres que vivían en
una familia nuclear, mujeres jefas de Familia etc. En este trabajo hecho se hace con el objetivo de analizar
la defensa del voto, algo que se permitió debido a que hay una inconformidad y posible la relación por la
globalización y la industrialización que se desarrolló.
25
Otro caso es el de la industria maderera en la región serrana del estado de Chihuahua, no se
encontraron artículos con un enfoque que relata la influencia que esta tuvo, pero Gabriela Gil, hace un
análisis antropológico, donde a través de una estudio de campo menciona brevemente como esto afecto
en las migraciones de las comunidades indígenas de la localidad en estudio
26
.
De igual manera se puede mencionar que otra influencia que tuvo la industrialización fue en los
programas escolares de las casas de estudio del estado de Chihuahua, Clemente Ruiz al estar haciendo un
análisis de la competencia y la libertad de comercio que hay en la región menciona esto al marcarlo como
una ventaja de la industrialización, debido a que la nueva sociedad requería mano de obra calificada
llegando a acuerdos con las casa de estudio logrando que estas se adaptarán a las necesidades
27
.
Conclusiones
El Neoliberalismo como sistema económico-político ha rediseñado políticas económicas a nivel
internacional, a diferencia de la “internacionalización” de finales del siglo XIX la cual inició como un
proceso paulatino de integración comercial multinacional, el neoliberalismo ha generado sus propias
pautas y andamiajes, así como sus propios parámetros de funcionamiento y sostenimiento. La
desregulación y libre accionar del mercado ha sido uno de los mecanismos normativo-juridicos que no
solo han permitido su establecimiento, sino también la adecuación de su operatividad ante nuevos retos.
24
Dalia, Barrera y Lilia Venegas Aguilera. "PARTICIPACIÓN POPULAR FEMENINA EN LA DEFENSA DEL
VOTO.: (Ciudad Juárez, Chihuahua, 1982-1986)." En Nuevos Textos y Renovados Pretextos, editado por Vania
Salles y Elsie Mc Phail, 1ª ed.,Pp. 514. El Colegio de México, 1994. https://doi.org/10.2307/j.ctv4w3tg7.22.
25
Dalia, Barrera y Lilia Venegas Aguilera. "PARTICIPACIÓN POPULAR FEMENINA EN LA DEFENSA DEL
VOTO.: (Ciudad Juárez, Chihuahua, 1982-1986)." En Nuevos Textos y Renovados Pretextos, editado por Vania
Salles y Elsie Mc Phail, 1ª ed.,Pp. 515. El Colegio de México, 1994. https://doi.org/10.2307/j.ctv4w3tg7.22.
26
Gabriela, Gil, “Lo que el tiempo arrejuntó las parejas, los tres cuerpos y las tres generaciones, Ba’winokaáchi,
sierra Tarahumara. (Tesis para adquirir el grado de maestro en antropología social. Centro de Investigaciones y
Estudios Superiores en Antropología Social, 2015).
27
Clemente Ruiz, “Capítulo VIII Estudios de caso en México” en Desarrollo económico local y descentralizado en
América Latina: Un análisis comparativo. CEPAL/GTZ, Santiago de Chile. 2001 pp:255-265. Algo similar ocurre
con lo avances tecnológicos, algunas empresas trajeron consigo capacitadores para que entrenaron a los ingenieros
chihuahuenses o juarenses, provocando una generación de maquiladoras preparadas para el mercado lo podemos
ver en:
Javier Sánchez-Reaza. “Productividad, ventajas comparativas reveladas y competitividad sectorial en México”,
CIDE, Núm. 171, Ciudad de México, 2005.Pp: 12. consultado en: http://repositorio-
digital.cide.edu/handle/11651/5281
91
NEOLIBERALISMO Y PSICOPOLÍTICA: PROCESOS, (PRE)TENSIONES, PARTICIPANTES Y ENTRECRUCES
so, pues este no proviene desde fuera desde ese “otro” que impone o demanda. Los empleadores
motivan a sus trabajadores a crecer de manera profesional, pues posibilita la creencia de que uno no
trabaja para engrandecer una empresa, en el sentido de meta o de compañía “impersonal”, sino de
crear su propia marca, lo cual complica la rebelión tradicional contra estos esquemas.
Han señala: “Hoy cada uno es un trabajador que se explota a si mismo en su propia empresa“1
(Chul-Han, 2014. P.16). La lucha de clases tradicionalmente descrita y problematizada por Marx como
ese enfrentamiento de los contrarios, de los dueños de los “medios de producción” y quienes los
trabajan, parece tomar rutas alternas, dónde la atención ya no se encuentra en la lucha antagónica
pragmático-discursiva como tal, sino que va más allá instalándose en el individuo mismo que las
compone, ya no en el dominio de su corporalidad o mero disciplinamiento de ésta, sino sobre su psique,
migrando paulatina pero silenciosamente de los sistemas de producción de la era industrial, propios
de las sociedades disciplinarias, a los del conflicto del sujeto consigo mismo propio de la era
posindustrial.
Esta dinámica incesante de lucha interna se ha visto potencializada estratégicamente por el
sistema capitalista desde finales del siglo XVIII a través del liberalismo. El cual fortificado de la mano
de las nacientes sociedades democráticas tanto en Europa como en América consolidó pautas y
mecanismos para una relación cercana entre Estado, capital privado y legislación. El liberalismo
posibilitó la transición no solo en la arena política alcanzada con el triunfo de los procesos
independentistas y de rompimiento con las monarquías absolutistas. Sino también de tipo económico
pues los esquemas propios de la colonia como la real hacienda con sus impuestos, tributos y demás
elementos heredados del ya desdibujado feudalismo medieval, dieron pie a una reorganización de los
sistemas de producción propios de un nuevo contexto.
Por su parte el neoliberalismo como sistema aun cuando sus origenes se remontan a las décadas
de los años 30 academicamente y con su punto culmen en la década siguiente con el trabajo
colaborativo de Filosófos, diplomáticos, funcionarios Alemanes como académicos Austriacos y
Estadounidenses, conocida como la Sociedad Mont Pelerin (región en los alpes suizos donde se llevó a
cabo) abrió las fronteras de las naciones al comercio internacional a partir de la década de los años 80,
siendo Reino Unido con Margaret Tatcher el referente en Europa, mientras que Estados Unidos con
Ronald Reigan su principal impulsor en América. Dándose con esto un paso a un nuevo sistema
económico-político de carácter mundial. Siendo uno de los elementos de dicho proceso la visibilización
del re-acondicionamiento del sujeto o ciudadano en “consumidor”. La tradicional pasividad y
discresionalidad en el manejo del sistema democrático representativo mexicano ha dado paso a otros
económicamente potencializados que buscan vincular un rol más “activo” bajo preceptos de los
esquemas de las democracias participativas en donde el ejercicio de la libertad y los derechos humanos
son de igual forma vinculatorios, pero a la par comercializables.
El consumo como actividad liberadora ha experimentado una actualización pragmática
valiéndose de la pasividad como manifestación que le relaciona con todo lo que le administra. Han
señala que La “participación activa” como tal parece ser suplida por solo la mera expresión de una
“inconformidad latente,” caracterizada por su superficialidad e inoperancia. A su vez (bajo este
esquema clientelar) las estructuras políticas deben primordialmente ponderar y satisfacer las
necesidades “clientelares” de los votantes, para lo cual se generan discursos que abonen a dichas
narrativas, entre ellas la transparencia como referente de legalidad. Al respecto Chul Han señala: “La
reivindicación de la trasparencia presupone la posición de un espectador que se escandaliza. No es la
reivindicación de un ciudadano con iniciativa, sino la de un espectador pasivo”1.
La transparencia no radica únicamente pues, en el eficiente, claro y pronto acceso a la
información, de su manejo y administración de presupuestos, de sus programas con base en
resultados, índices y partidas, sino más bien en cómo la “clase política” se desnuda a manera de un
performance en busca de satisfacer el deseo (re)direccionado del espectador votante por dicha
expresión. Esto es significativo, pues dicho reajuste de visibilidad se convierte en un referente que
posibilita distintas dinámicas para un ejercicio de la libertad política.
Respecto del poder, Han advierte que este tiene, por decir lo menos, múltiples formas de
manifestación y aproximación, las cuales no son estáticas, y que además no suelen estar limitadas a la
simple narrativa del mandato y la orden, del castigo y la recompensa, pues ese mismo uso de la fuerza
o la violencia pone de manifiesto la limitante o falencia que dicho esquema tiene, pues mientras existan
rescoldos combativos que busquen acabarle se muestra de manera visible y manifiesta la
inoperatividad de dicho sistema. El poder adecua sus elementos y configuraciones incrementando su
efectividad, para lo cual modifica su operatividad y entra en una especie de “modo fantasma”, que
2024 | Qvadrata, estudios sobre educación, artes y humanidades, 6(12), 81-92
https://doi.org/10.54167/qvadrata.v6i12.2034
e-ISSN: 2683-2143
Los gobiernos de las naciones deben adecuar sus nomatividades estatales para formar parte del sistema,
y con esto ser parte del entramado económico y sus alcances.
La industrialización como mecanismo operativo ha ido modificándose y adaptándose a las
necesidades y los mercados. En el caso del estado de Chihuahua que comparte mas de tres mil kilómetros
de frontera con Estados Unidos ha mantenido una estrecha relación comercial, donde la industria
maquiladora la cual tuvo presencia en el territorio estatal previo a la llegada del neoliberalismo ha sido
un elemento particularmente representativo del proceso neoliberal desde la década de los años 80 hasta
la actualidad. La actividad maquiladora lejos de limitarse única y exclusivamente a lo económico ha
tenido influencia en los ambitos tanto políticos como sociales. Políticamente la industria ha gestionado
con el estado la llegada de capitales extranjeros a territorio nacional bajo la premisa de la generación de
mejores condiciones económicas para la población, situación que ha sido utilizada políticamente como
un discurso de desarrollo y mejores condiciones de vida.
Socialmente la fluidez económica derivada de dicha actividad ha permitido un aumento de la
capacidad económica incluso en los sectores mas desprotegidos. Aunado a eso el involucramiento de las
mujeres en la dinámica económica de la actividad maquiladora ha presentado de igual forma
modificaciones de los patrones socio-familiares. El involucramiento de tanto hombres como mujeres ha
generado nuevos retos respecto de la crianza, particularmente en los sectores con estrato socio-
económico bajo.
Sin duda es pertinente profundizar en como las medidas neoliberales han influenciado los
procesos educativos y de formación en el estado. Casos como el Tecnológico de Estudios Superiores de
Monterrey propio de la educación privada con sus premisas y requerimientos. Como también el de la
Universidad Tecnológica de Chihuahua, la cual surgió como una necesidad de la industria chihuahuense
de mano de obra calificada.
La sociedad sin duda necesita adaptarse a las condiciones en la que se desarrolla, los procesos
suelen ser paulatinos pero constantes, dónde incluso a las altas regiones del estado llegó cierta
industrialización. Se vuelve necesario que estén en constante actualización para poder sobrevivir a las
necesidades e impertativos económicos, desde la formación de los individuos hasta los obreros que
cumplen una función en la línea de producción.
Referencias
Alba, C. (1998). Tres regiones de México ante la globalización: Los casos de Chihuahua, Nuevo león y
Jalisco. En En las regiones ante la globalización: Competitividad territorial y recomposición
sociopolítica. (1 ed., págs. 189-262). México: Colegio de México. Recuperado el 19 de 05 de 2023,
de http://www.jstor.org/stable/j.ctv3dnqms.11
Babb, S. (2005). Del nacionalismo al neoliberalismo: El ascenso de los nuevos Money Doctors en México.
En D. Mateo, Políticas de economía, ambiente y sociedad en tiempos de globalización. Caracas:
Universidad Central de Venezuela.
Barrera, D., & Venegas Aguilar, L. (1994). Participación popular femenina en la defensa del voto.:(Ciudad
Juárez, Chihuahua, 1982-1986). En Nuevos textos y renovados pretextos. (1 ed., pág. 512).
México: El Colegio de México. Recuperado el 20 de 05 de 2023
De la O, E. M. (2007). El trabajo de las mujeres en la Industria maquiladora de México: Balance de cuatro
décadas de estudio. Debate feminista, 35, 31-56. Recuperado el 19 de 05 de 2023, de
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Foucalt, M. (2005). Historia de la Sexualidad, Vol. 1. México: Siglo XXI.
Foucault, M. (2016). Sobre el Poder. En B.-C. Han, Sobre el Poder (pág. 60). Barcelona: Herder.
92
NEOLIBERALISMO Y PSICOPOLÍTICA: PROCESOS, (PRE)TENSIONES, PARTICIPANTES Y ENTRECRUCES
so, pues este no proviene desde fuera desde ese “otro” que impone o demanda. Los empleadores
motivan a sus trabajadores a crecer de manera profesional, pues posibilita la creencia de que uno no
trabaja para engrandecer una empresa, en el sentido de meta o de compañía “impersonal”, sino de
crear su propia marca, lo cual complica la rebelión tradicional contra estos esquemas.
Han señala: “Hoy cada uno es un trabajador que se explota a si mismo en su propia empresa“1
(Chul-Han, 2014. P.16). La lucha de clases tradicionalmente descrita y problematizada por Marx como
ese enfrentamiento de los contrarios, de los dueños de los “medios de producción” y quienes los
trabajan, parece tomar rutas alternas, dónde la atención ya no se encuentra en la lucha antagónica
pragmático-discursiva como tal, sino que va más allá instalándose en el individuo mismo que las
compone, ya no en el dominio de su corporalidad o mero disciplinamiento de ésta, sino sobre su psique,
migrando paulatina pero silenciosamente de los sistemas de producción de la era industrial, propios
de las sociedades disciplinarias, a los del conflicto del sujeto consigo mismo propio de la era
posindustrial.
Esta dinámica incesante de lucha interna se ha visto potencializada estratégicamente por el
sistema capitalista desde finales del siglo XVIII a través del liberalismo. El cual fortificado de la mano
de las nacientes sociedades democráticas tanto en Europa como en América consolidó pautas y
mecanismos para una relación cercana entre Estado, capital privado y legislación. El liberalismo
posibilitó la transición no solo en la arena política alcanzada con el triunfo de los procesos
independentistas y de rompimiento con las monarquías absolutistas. Sino también de tipo económico
pues los esquemas propios de la colonia como la real hacienda con sus impuestos, tributos y demás
elementos heredados del ya desdibujado feudalismo medieval, dieron pie a una reorganización de los
sistemas de producción propios de un nuevo contexto.
Por su parte el neoliberalismo como sistema aun cuando sus origenes se remontan a las décadas
de los años 30 academicamente y con su punto culmen en la década siguiente con el trabajo
colaborativo de Filosófos, diplomáticos, funcionarios Alemanes como académicos Austriacos y
Estadounidenses, conocida como la Sociedad Mont Pelerin (región en los alpes suizos donde se llevó a
cabo) abrió las fronteras de las naciones al comercio internacional a partir de la década de los años 80,
siendo Reino Unido con Margaret Tatcher el referente en Europa, mientras que Estados Unidos con
Ronald Reigan su principal impulsor en América. Dándose con esto un paso a un nuevo sistema
económico-político de carácter mundial. Siendo uno de los elementos de dicho proceso la visibilización
del re-acondicionamiento del sujeto o ciudadano en “consumidor”. La tradicional pasividad y
discresionalidad en el manejo del sistema democrático representativo mexicano ha dado paso a otros
económicamente potencializados que buscan vincular un rol más “activo” bajo preceptos de los
esquemas de las democracias participativas en donde el ejercicio de la libertad y los derechos humanos
son de igual forma vinculatorios, pero a la par comercializables.
El consumo como actividad liberadora ha experimentado una actualización pragmática
valiéndose de la pasividad como manifestación que le relaciona con todo lo que le administra. Han
señala que La “participación activa” como tal parece ser suplida por solo la mera expresión de una
“inconformidad latente,” caracterizada por su superficialidad e inoperancia. A su vez (bajo este
esquema clientelar) las estructuras políticas deben primordialmente ponderar y satisfacer las
necesidades “clientelares” de los votantes, para lo cual se generan discursos que abonen a dichas
narrativas, entre ellas la transparencia como referente de legalidad. Al respecto Chul Han señala: “La
reivindicación de la trasparencia presupone la posición de un espectador que se escandaliza. No es la
reivindicación de un ciudadano con iniciativa, sino la de un espectador pasivo”1.
La transparencia no radica únicamente pues, en el eficiente, claro y pronto acceso a la
información, de su manejo y administración de presupuestos, de sus programas con base en
resultados, índices y partidas, sino más bien en cómo la “clase política” se desnuda a manera de un
performance en busca de satisfacer el deseo (re)direccionado del espectador votante por dicha
expresión. Esto es significativo, pues dicho reajuste de visibilidad se convierte en un referente que
posibilita distintas dinámicas para un ejercicio de la libertad política.
Respecto del poder, Han advierte que este tiene, por decir lo menos, múltiples formas de
manifestación y aproximación, las cuales no son estáticas, y que además no suelen estar limitadas a la
simple narrativa del mandato y la orden, del castigo y la recompensa, pues ese mismo uso de la fuerza
o la violencia pone de manifiesto la limitante o falencia que dicho esquema tiene, pues mientras existan
rescoldos combativos que busquen acabarle se muestra de manera visible y manifiesta la
inoperatividad de dicho sistema. El poder adecua sus elementos y configuraciones incrementando su
efectividad, para lo cual modifica su operatividad y entra en una especie de “modo fantasma”, que
2024 | Qvadrata, estudios sobre educación, artes y humanidades, 6(12), 81-92
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