Melany Oyuky Olivas Guerrero
Institución Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado de Chihuahua (México) Fernando Israel Ponce-Ramírez
Universidad Pedagógica Nacional del Estado de Chihuahua (México) Michelle Anahí Canales-Acosta
Universidad Autónoma de Chihuahua (México) Ana-Bertha Carreón-Flores
Universidad Pedagógica Nacional del Estado de Chihuahua (México) Cruz Roberto Montes Muela
Universidad Pedagógica Nacional del Estado de Chihuahua (México)
Recibido: 2025/07/18 Aceptado para su publicación: 2025/11/18 Publicado: 2026/01/26
Resumen: El presente estudio analiza la participación de padres de familia en el proceso de escolarización de niñas y niños en el nivel de educación preescolar, con énfasis en las formas de involucramiento familiar y su impacto en el desarrollo infantil. El objetivo fue comprender cómo se expresa esta participación y cuál es su percepción desde la mirada del personal docente. Reconocer a la familia como agente activo en la construcción de trayectorias escolares resulta fundamental, especialmente en la primera infancia, etapa clave para el desarrollo integral. Desde un enfoque cualitativo, se realizaron entrevistas semiestructuradas a madres de familia y educadoras de segundo grado de preescolar. El análisis permitió identificar categorías como: estrategias institucionales para el involucramiento familiar, modalidades de participación, comunicación entre escuela y familia, y efectos del acompañamiento en el ámbito académico, emocional y social de los niños y niñas.
Los hallazgos revelan que tanto madres como docentes valoran la participación familiar como un factor determinante para el bienestar y aprendizaje de los infantes. Se concluye que una relación cercana, constante y colaborativa entre escuela y familia favorece no solo el rendimiento académico, sino también el desarrollo socioemocional, consolidando así una experiencia educativa más significativa y equitativa.
Abstract: This study analyzes parental involvement in the schooling process of young children at the preschool education level, with an emphasis on forms of family engagement and their impact on child development. The objective was to understand how this participation is expressed and how it is perceived from the perspective of teaching staff. Recognizing the family as an active agent in shaping educational trajectories is essential, especially in early childhood a key stage for integral development. From a qualitative approach, semi-structured interviews were conducted with mothers and second-grade preschool teachers. The analysis allowed the identification of categories such as: institutional strategies for family involvement, modes of participation, school-family communication, and the effects of parental support on children's academic, emotional, and social development.
The findings reveal that both mothers and teachers value family involvement as a key factor in children's well-being and learning. It is concluded that a close, consistent, and collaborative relationship between school and family fosters not only academic performance but also socio-emotional development, thus strengthening a more meaningful and equitable educational experience.
Participación comunitaria, educación básica, educación comunitaria, educación a la vida familiar.
Como citar (APA 7ª Edición):
Art education, artistic education, discipline-based art education, art-based research, academic research.
Olivas, M. O., Ponce-Ramírez, F. I., Canales-Acosta, M. A., Carreón-Flores, A. B. y Montes, C. R. (2026). La Participación de las Familias en la Escolarización Inicial: Un Estudio en Educación Preescolar. Qvadrata, estudios sobre educación, artes y humanidades, 8(15), 1-16. https://doi.org/10.54167/qvadrata.v8i15.2018
La educación preescolar representa el primer contacto formal de niñas y niños con la escuela, y se articula con su proceso de crecimiento infantil. Este nivel educativo no solo introduce elementos académicos relevantes, sino que también establece cimientos que trascenderán en su vida personal.
En este sentido, su objetivo fundamental es promover el desarrollo integral, abarcando aspectos cognitivos, emocionales, sociales y físicos desde los primeros años de vida. En el ámbito cognitivo, se estimula la curiosidad y el pensamiento crítico mediante propuestas pedagógicas centradas en la exploración de conceptos científicos básicos y el fortalecimiento de habilidades comunicativas a través de cuentos, canciones, narraciones y juegos, propiciando un aprendizaje significativo y natural (Ramírez, 2022).
De igual manera, en el plano emocional se pretende que los infantes aprendan a identificar y gestionar sus emociones, reforzando su autoestima, confianza y empatía hacia los demás. En el componente social, la convivencia con pares y adultos favorece la adquisición de habilidades como la comunicación efectiva, el trabajo en equipo y el respeto por normas, sentando las bases para relaciones armónicas desde la infancia (Kosenchuk y Stiahunova, 2023; Ramírez, 2022).
Asimismo, el desarrollo físico se estimula mediante actividades lúdicas que potencian la motricidad fina y gruesa, así como la incorporación de hábitos saludables relacionados con la alimentación, la higiene y el autocuidado, elementos clave para su bienestar integral (Nasution et al., 2023; Ramírez, 2022).
Por ello, ofrecer una atención integral de calidad durante los primeros tres años de vida resulta crucial. Es precisamente en este lapso cuando el cerebro experimenta un desarrollo acelerado y se consolidan funciones básicas como la percepción sensorial y el lenguaje. Esta evidencia refuerza la necesidad de diseñar programas específicos que impulsen un crecimiento saludable desde los primeros meses (Ghosh, 2024; Johnson, 2021).
En paralelo, el entorno familiar desempeña un papel determinante en el desarrollo personal de los niños y niñas. Es esencial que madres y padres trabajen en su propio crecimiento para ofrecer un ejemplo coherente a sus hijos. De esta manera, se construyen las bases de su identidad a través de una crianza que combine afecto, normas y libertad, promoviendo una seguridad emocional indispensable para un crecimiento equilibrado (Rodríguez, 2016).
A lo largo del tiempo, la participación familiar en el ámbito escolar ha experimentado una evolución influida por transformaciones sociales, culturales y económicas. En sus inicios, el rol
Como resultado de esta evolución, surgieron formas de interacción más cercanas entre familias y escuelas. Se promovieron reuniones, programas formativos y actividades conjuntas, reconociendo que una relación estrecha entre ambos actores fortalece el proceso educativo y enriquece la formación del estudiantado (Rodríguez, 2016).
Actualmente, la participación familiar se manifiesta en múltiples formas: apoyo en tareas, involucramiento en proyectos escolares, asistencia a actividades extracurriculares y programas de formación para padres (Fernández y Cárcamo-Vásquez, 2021; Llevot y Bernand, 2015). Estas acciones no solo contribuyen al aprendizaje de los alumnos, sino que enriquecen el ambiente escolar con nuevas perspectivas. Tal como señala Razeto (2017), estos vínculos fortalecen la convivencia y generan experiencias educativas significativas.
Cárcamo y Garreta (2020), sostienen que la colaboración entre familia y escuela fortalece el rendimiento académico, mejora el comportamiento y favorece la asistencia escolar. Esta afirmación cobra particular relevancia en el nivel preescolar, donde se sientan las bases del desarrollo integral de los niños. La política educativa impulsa la corresponsabilidad entre ambos actores, promoviendo la participación activa de las familias en consejos escolares y actividades comunitarias. La familia, como primer agente socializador, desempeña un papel crucial en la transmisión de valores y normas que inciden directamente en los aprendizajes.
Sin embargo, Bronfenbrenner (1987), advierte que existen desigualdades que limitan esta participación, tales como la falta de tiempo, recursos o nivel educativo. No obstante, incluso pequeñas acciones como asistir a reuniones escolares o interesarse por el quehacer escolar tienen un impacto positivo en el vínculo educativo (Razeto, 2017).
Desde esta mirada colaborativa, se reconoce que el trabajo conjunto entre docentes y familias implica una alianza educativa basada en la responsabilidad compartida por el aprendizaje. Para que esta relación funcione eficazmente, se requieren espacios de diálogo como reuniones periódicas o actividades escolares, y un compromiso activo de las familias hacia la formación de sus hijos (Cárcamo y Garreta 2020)
Esta implicación no solo impacta en el desarrollo académico, sino también en la construcción de habilidades sociales. Los niños se sienten valorados, aprenden a trabajar en equipo y fortalecen vínculos afectivos dentro y fuera del aula. A la par, las familias contribuyen a fortalecer el tejido comunitario de la escuela, generando un entorno colaborativo, cálido y respetuoso (Walog et al., 2024).
Además, este acompañamiento refuerza la alianza escuela-familia, creando un entorno educativo armonioso, donde la comunicación fluida entre docentes y padres favorece el bienestar integral del alumnado (Bronfenbrenner, 1987). Estrategias como el voluntariado escolar, la asistencia a eventos o el apoyo en tareas específicas fortalecen este lazo.
Desde esta perspectiva, las estrategias de aprendizaje en el hogar, como compartir lecturas, dialogar sobre los contenidos escolares o participar en actividades conjuntas, permiten fortalecer las competencias adquiridas en clase. Además, fomentan un ambiente familiar más involucrado, enriqueciendo la experiencia educativa de los niños y niñas. En conclusión, establecer una conexión sólida entre la familia, la escuela y la comunidad es fundamental para potenciar el desarrollo académico, emocional y social del estudiantado. Este esfuerzo conjunto permite construir un entorno educativo más inclusivo, comprometido y motivador.
A partir de este panorama, el objetivo del presente artículo es comprender la influencia de la participación de madres y padres en el proceso de escolarización preescolar, a partir del análisis de sus experiencias, prácticas y vínculos con el entorno educativo.
La población objetivo de esta investigación está conformada por madres y padres de familia del grupo 2°B de un jardín de niños público ubicado en la ciudad de Chihuahua, Chihuahua, México, así como por las educadoras que laboran en esta institución de nivel preescolar. Este grupo cuenta con una matrícula de 21 niños y niñas, cuyas familias constituyen el núcleo de análisis en torno a la participación en el proceso de escolarización.
Las cuatro educadoras del plantel fueron incluidas por su vínculo directo con el desarrollo educativo del alumnado y por su capacidad de aportar una perspectiva institucional complementaria. En cuanto a la muestra, se trabajó con cuatro madres de familia seleccionadas bajo criterios de accesibilidad y disposición, quienes aceptaron participar activamente en el estudio. Asimismo, se consideró a la totalidad de las educadoras, cuya contribución fue valiosa desde el enfoque pedagógico. Dado que se trata de una investigación con enfoque cualitativo, la muestra no busca representatividad estadística, sino profundidad analítica, por lo que se optó por una selección intencionada basada en la viabilidad y el potencial de aportación de las participantes.
Aunque la muestra estuvo conformada por cuatro madres de familia y cuatro educadoras, este número resultó adecuado para los fines del estudio, dado que en el enfoque cualitativo la representatividad no es estadística, sino analítica. La selección intencionada permitió acceder a participantes con un conocimiento directo del fenómeno. Asimismo, durante el análisis se observó saturación de categorías, ya que la información recabada comenzó a reiterarse sin aportar nuevos elementos conceptuales. Este criterio respalda la suficiencia del tamaño muestral y asegura la profundidad necesaria para sustentar las interpretaciones presentadas.
Para la recolección de datos se utilizó la técnica de la entrevista semiestructurada, adecuada para investigaciones de corte cualitativo bajo el paradigma interpretativo. Esta técnica permitió acceder a información profunda y contextualizada sobre las experiencias, percepciones y prácticas de las personas participantes. Al combinar preguntas previamente diseñadas con la
posibilidad de adaptarlas según las respuestas del entrevistado, se favoreció un intercambio más dinámico y natural.
El guion preliminar de la entrevista fue diseñado a partir de los objetivos de la investigación, incluyendo preguntas abiertas, breves y específicas, organizadas de lo general a lo particular. Posteriormente, el instrumento fue sometido a validación por juicio de expertos, contando con la participación de dos especialistas en lingüística aplicada y adquisición de lenguas. A cada evaluador se le entregó el guion junto con una matriz de evaluación que consideraba criterios de claridad, pertinencia, redacción y coherencia con los propósitos del estudio. Los comentarios obtenidos fueron sistematizados y, tras calcularse niveles de consenso, se realizaron los ajustes necesarios para obtener la versión definitiva del instrumento.
Para llevar a cabo el procedimiento de esta investigación, se solicitó previamente la autorización de la maestra tutora del grupo 2°B del jardín de niños ubicado en la ciudad de Chihuahua, México y se gestionó el consentimiento informado de las personas participantes. A las madres de familia se les explicó con claridad el propósito del estudio, destacando el carácter voluntario de su colaboración. En el caso de las educadoras, se les abordó directamente en el plantel con el fin de coordinar su participación. Las entrevistas se realizaron dentro de las instalaciones del jardín de niños, en horarios previamente acordados para no interferir con la dinámica escolar. Con el consentimiento de cada participante, las entrevistas fueron grabadas en audio y posteriormente transcritas de manera textual para su análisis.
La duración de las entrevistas osciló entre 4 y 15 minutos, variando según la disponibilidad de tiempo y la profundidad de las respuestas. Este proceso permitió recolectar información cualitativa valiosa, centrada en las experiencias y percepciones de quienes participan directamente en el proceso de escolarización de niñas y niños en el nivel preescolar.
La información obtenida a través de entrevistas semiestructuradas fue sometida a un análisis categorial, orientado a identificar, agrupar e interpretar los temas recurrentes presentes en los discursos de las participantes. Este proceso permitió organizar el corpus en categorías temáticas alineadas con los objetivos del estudio, favoreciendo una comprensión profunda de los significados atribuidos por madres y docentes a su participación en el entorno escolar.
Para ello, se utilizó el software Atlas.ti, herramienta especializada en el tratamiento y codificación de datos cualitativos. A través de esta plataforma se etiquetaron fragmentos relevantes, se establecieron relaciones entre códigos y se construyeron redes semánticas que representan los patrones emergentes en la información analizada, preservando al mismo tiempo la complejidad y riqueza del contenido expresado por las participantes (Herbst et al., 2024).
Como resultado del análisis cualitativo, emergieron cinco categorías que estructuran dicha experiencia: estrategias de la escuela, comunicación escuela-familia, influencia de la participación, participación familiar y formas de participación Figura 1, las cuales orientan la comprensión del fenómeno estudiado.
Fuente: Elaboración propia
A partir del análisis de las entrevistas realizadas, se identificaron patrones comunes en las percepciones de las educadoras respecto a la participación de los padres de familia. En general, las docentes coincidieron en que dicha participación incide de forma positiva en el desarrollo académico y socioemocional de los niños y niñas. Señalaron que, en el ámbito socioemocional, la implicación familiar genera en los menores sentimientos de seguridad, acompañamiento y respaldo, lo cual se traduce en mayor confianza en sí mismos.
Desde la perspectiva académica, las educadoras observaron que los niños que reciben acompañamiento en casa tienden a llegar al aula con mayor estimulación y conocimientos previos, lo que facilita la apropiación de nuevos aprendizajes. Indicaron que este involucramiento familiar contribuye al desarrollo de la autoestima, la seguridad personal e incluso aspectos como la motricidad y la participación activa durante las clases.
Otro de los elementos identificados fue el conjunto de estrategias implementadas por la escuela y el grupo para fomentar la participación de las familias en el proceso educativo. Entre las prácticas más mencionadas se encuentra el establecimiento de una comunicación permanente con los padres y madres, a través de canales como WhatsApp, donde se comparte información relevante sobre tareas, materiales y eventos escolares. También se mencionó el uso de un pizarrón informativo ubicado a la entrada del plantel, así como la organización de reuniones, actividades escolares y ejercicios para realizar en casa, que permiten a las familias observar los avances de sus hijos. Durante las reuniones, además de informar sobre las dinámicas de trabajo en el aula, se proponen acciones concretas que las familias pueden llevar a cabo para apoyar el desarrollo integral de los niños y niñas.
Como resultado del procesamiento de los datos cualitativos mediante el software Atlas.ti, se identificó un conjunto de categorías emergentes que reflejan los significados, experiencias y percepciones compartidas por docentes y familias en torno a la participación de los padres en la educación preescolar. El proceso de codificación permitió organizar la información en cinco
categorías principales, las cuales se describen a continuación con base en los fragmentos más representativos del corpus analizado.
Las estrategias escolares constituyen un conjunto de acciones planificadas que implementa una institución educativa para fortalecer el aprendizaje, la convivencia y la participación de la comunidad. En el contexto de la educación preescolar, dichas estrategias son fundamentales para establecer vínculos colaborativos entre las familias y la escuela, promoviendo así el desarrollo integral de niñas y niños. Este tipo de acciones implica diseñar mecanismos adecuados que mantengan una relación constante y significativa entre el hogar y el entorno escolar.
Durante las entrevistas realizadas, las educadoras destacaron diversas prácticas implementadas por la institución para fortalecer este vínculo. Una de las estrategias más mencionadas fue la organización de reuniones, actividades escolares y tareas en casa, las cuales permiten a las familias involucrarse directamente en el proceso educativo de sus hijos. Como expresó una de las participantes:
“Pues con reuniones, con actividades en casa, o también haciendo actividades aquí en la escuela en donde ellos puedan observar los avances de los niños” (P2).
Asimismo, se identificó la importancia de mantener una comunicación continua con las familias, mediante diferentes medios accesibles y cotidianos. En palabras de una docente:
Básicamente es establecer una comunicación permanente con los padres, la otra es la vía del WhatsApp, a través del cual le mandamos información, la otra forma de comunicación es el pizarroncito que tenemos afuera donde vamos comunicando lo que se va requiriendo de tareas o de trabajos o de materiales (P1).
Estas herramientas de comunicación cumplen un papel clave al mantener informadas a las familias, lo que facilita su participación activa en el seguimiento del desarrollo académico y emocional de los niños. Además, las docentes refirieron que también utilizan recomendaciones personalizadas en momentos clave del día escolar, como la salida. Según una entrevistada:
Desde el salón puede ser cuando les damos ciertos tips, por ejemplo, al checar que el niño va retrasado en alguna cuestión, a la salida le podemos decir al papá… Esos tips directos que se le dan a cada papá y todas las demás estrategias que te dije anteriormente son las que apoyan, las tareas en casa definitivamente apoyan bastante (P1).
Otro aspecto destacado fue la organización de actividades dentro del horario escolar, como clases muestra, talleres, macro gimnasias y ejercicios colaborativos en casa. Estas actividades están pensadas para respetar los tiempos disponibles de las familias y fomentar una convivencia más cercana con los procesos educativos. Las docentes subrayaron que, al programar estos eventos, procuran elegir horarios con mayor afluencia de padres, favoreciendo así su participación:
“Se busca que las actividades coincidan con los momentos en que los papás suelen venir más, eso ayuda a que no se pierdan la oportunidad de involucrarse” (P3).
En su conjunto, las acciones promovidas por la escuela evidencian una intención clara de crear condiciones favorables para la participación de las familias. Al estar alineadas con las características y necesidades del contexto familiar, estas estrategias fortalecen la relación entre
escuela y hogar, favoreciendo un ambiente colaborativo que impulsa el desarrollo integral de los niños y niñas.
La comunicación entre la escuela y la familia constituye un eje central para fomentar la participación activa de los padres en la educación de sus hijos e hijas. Esta interacción favorece la construcción de vínculos de confianza, el intercambio de información relevante y la colaboración mutua, lo cual tiene un impacto positivo tanto en el desempeño académico como en el desarrollo emocional de los estudiantes.
Durante las entrevistas, las docentes subrayaron el valor de mantener una comunicación directa y constante con las familias, señalando que los espacios presenciales, como reuniones o talleres, permiten dialogar sobre avances, áreas de mejora o situaciones específicas. En palabras de una maestra:
“Es el momento en donde podemos comunicar los resultados, los avances o lo que se necesita trabajar y pues es el momento donde hablamos de adulto a adulto, donde podemos comunicar de manera asertiva” (P2).
Otra docente destacó la importancia de la relación cara a cara, que permite abordar temas de forma personalizada y en distintos contextos:
Pues la comunicación directa definitivamente es la que más me funciona, la relación cara a cara con los papás, el expresarles de manera directa, en privado, las situaciones de dificultad en el aprendizaje de su niño o de conducta y de hablar en público, cuando se les tiene que felicitar, en las reuniones (P1).
Por su parte, los padres de familia reconocieron que la comunicación con la escuela es fluida y oportuna. La mayoría manifestó sentirse informada respecto al comportamiento y desempeño de sus hijos, lo que les permite actuar de forma adecuada ante cualquier situación. Como lo expresó una madre:
“Pues yo creo que es en las juntas, o cualquier problema que halla, la maestra nos avisa, pues yo creo que la comunicación es muy continua, y es bastante buena” (P6).
Un aspecto relevante que emergió del análisis fue la coincidencia entre docentes y familias en la necesidad de una comunicación que no solo sea informativa, sino también orientadora. Los padres expresaron su interés en recibir sugerencias concretas sobre cómo apoyar a sus hijos en casa, mientras que las docentes hicieron énfasis en la importancia de transmitir avances y dificultades con claridad y respeto. Como ilustró una madre:
“Pues cualquier situación que se presente con mi hijo que me la hicieran saber para saber yo de qué manera apoyar” (P6).
Esta coincidencia evidencia una relación positiva que, con estrategias adecuadas, puede consolidarse en una alianza educativa más profunda, capaz de trascender lo operativo para convertirse en un acompañamiento integral y corresponsable. En síntesis, la comunicación entre escuela y familia se configura como un pilar indispensable para fortalecer la participación de los padres en el entorno escolar. Los testimonios recogidos demuestran que una comunicación sostenida, ya sea presencial o a través de medios digitales, contribuye significativamente al bienestar, aprendizaje y desarrollo integral de los niños y niñas en edad preescolar.
La participación de los padres de familia en el entorno escolar tiene una incidencia significativa en el desarrollo integral de los niños y niñas, especialmente en la etapa preescolar. Esta influencia se manifiesta tanto en el plano académico como en el socioemocional, ya que la presencia y el involucramiento constante de las familias generan un ambiente de seguridad, confianza y respaldo afectivo que favorece el aprendizaje y la adaptación escolar.
Durante las entrevistas, las docentes destacaron que los niños cuyos padres están involucrados activamente presentan mayor seguridad y desenvolvimiento en el aula. Una de las participantes comentó:
“Vemos la seguridad, vemos la confianza con la que nos lo platican, el desenvolvimiento que los niños tienen, entonces definitivamente tiene mucho que ver el contexto para el aprendizaje” (P1).
Esta percepción se refuerza con otras declaraciones que subrayan el valor emocional que los niños atribuyen a la cercanía familiar:
“Les brinda seguridad, en la parte socioemocional, el niño se siente respaldado, el niño se siente acompañado, el niño se siente seguro, les brinda mucha seguridad, el saber que el papá está aquí de cerca” (P1).
Las docentes también señalaron que la participación familiar facilita la atención oportuna de necesidades específicas, como problemas de adaptación o dificultades de aprendizaje, ya que los padres muestran disposición para colaborar, implementar recomendaciones y buscar apoyos adicionales cuando es necesario. Una educadora lo expresó así:
“A los niños se les nota en su coordinación, en el desenvolvimiento, en la atención a las normas, en el aprendizaje, en tomar la palabra, en su seguridad, definitivamente se marca esa diferencia” (P1).
En el aspecto académico, las entrevistadas coincidieron en que la estimulación en casa se traduce en una mayor disposición para aprender y en avances notables en el aula. Niños y niñas que reciben apoyo familiar llegan con conocimientos previos, lo que facilita su comprensión de los contenidos y su participación activa. Como mencionó una docente:
Influye de manera significativa ya que en cuanto a la formación académica los niños llegan con una mayor estimulación, lo que les permite adquirir mayores conocimientos, al traer conocimientos previos que les permite dominar ciertas áreas, ciertos aprendizajes, y en lo socioemocional se ve reflejado en la autoestima, en la seguridad, incluso en la motricidad y en la misma participación de los niños en clase (P3).
En síntesis, la influencia de la participación familiar en la escuela se expresa de forma positiva y contundente. Cuando las familias se involucran activamente, los niños aprenden con mayor facilidad, se adaptan con más rapidez al entorno escolar y desarrollan habilidades con mayor seguridad y confianza. Esta colaboración fortalece tanto el rendimiento académico como el bienestar emocional, consolidando una base sólida para el desarrollo integral en la primera infancia.
La participación de la familia en la vida escolar de los niños constituye un factor clave para su desarrollo integral, especialmente durante la etapa preescolar, donde se consolidan las bases emocionales, sociales y cognitivas que acompañarán su trayectoria educativa. Esta participación no se limita únicamente a asistir a reuniones o eventos escolares, sino que incluye el acompañamiento constante, el interés por los aprendizajes y la disposición a colaborar activamente con la escuela.
Desde la experiencia docente, se percibe que el involucramiento familiar impacta de forma directa en el bienestar y desempeño escolar del alumnado. Una maestra lo expresa así:
Es importante la participación de los papás porque los niños están formándose, están pequeños y cuando los papás se involucran, los niños les favorecen bastante su participación en la escuela, les brinda seguridad, aprenden más, ver a los papás aquí los hace sentir también apoyados y respaldados (P1).
Además, las docentes han observado una transformación en los patrones tradicionales de participación, destacando el papel creciente de los padres varones en el acompañamiento escolar:
“Ahora se ve más participación del papá, cuando el papá está al pendiente de los niños, se ven más papás recogiendo a los niños o trayéndolos a la escuela, y antes generalmente era la mamá” (P1).
Por otro lado, también se hizo énfasis en la importancia del tiempo compartido entre padres e hijos en el hogar, como una forma valiosa de fortalecer el vínculo afectivo y apoyar los procesos escolares. No obstante, las educadoras reconocen que no todas las familias se involucran de la misma manera, como lo expresó una entrevistada al señalar:
“Hay padres que se interesan y participan y hay quienes se muestran indiferentes” (P3). Del lado de las familias, los testimonios reflejan una disposición general a colaborar,
siempre que se les convoque de forma clara y oportuna. Un padre comentó al respecto:
“Cuando hay oportunidad de que uno participe pues nos hablan, nos piden el apoyo y ya quien pueda pues adelante” (P6).
En resumen, la participación familiar se configura como un pilar fundamental en la educación preescolar, con efectos positivos en el aprendizaje, el desarrollo emocional y la construcción de una experiencia escolar significativa. Los hallazgos evidencian que fomentar esta participación requiere una comunicación abierta, espacios inclusivos y estrategias adaptadas a la realidad de las familias.
Las formas de participación de las familias en la escolarización preescolar comprenden un conjunto amplio y diverso de acciones que favorecen el acercamiento entre el hogar y la institución educativa. Esta participación puede expresarse en la asistencia a reuniones escolares, el acompañamiento en tareas, la colaboración en actividades dentro del aula, la comunicación constante con los docentes y el fortalecimiento del vínculo afectivo a través de actividades en casa.
Una docente describió esta diversidad al señalar que:
“Principalmente la participación en reuniones, algo de apoyo en casa y en menor medida en actividades escolares” (P4).
Los resultados del trabajo de campo evidencian que las formas de participación han evolucionado con el tiempo, pasando de prácticas tradicionales a una implicación más integral por parte de los padres. Las docentes indicaron que hoy en día las familias también se involucran en aspectos relacionados con el juego, la socialización, la alimentación y el seguimiento de normas escolares. Según una entrevistada:
“Se involucran en todos los aspectos del juego, seguir reglas, socializar, nutrición, sí ha cambiado de manera radical” (P3).
Además, las maestras reconocieron el papel fundamental de la comunicación directa como una modalidad de participación activa. Destacaron la importancia de mantenerse accesibles para resolver dudas, brindar orientación y generar confianza en las familias. Una docente lo expresó así:
Algún consejo que te pudiera dar yo como maestra es mantener la comunicación con los papás, siempre estar disponible a aclarar cualquier duda o situación (...), mientras tengas esa comunicación de lo que ocurre dentro de tu salón (...) ellos también estén tranquilos y tengan la confianza de acercarse a ti cuando suceda algo (P2).
Por otro lado, los testimonios de padres y madres revelaron que su participación también se materializa en acciones cotidianas con un alto valor afectivo y formativo, como leer cuentos, cantar o compartir tiempo de calidad en el hogar. Estas prácticas, aunque sencillas, contribuyen significativamente al desarrollo del lenguaje, la autoestima y el vínculo emocional. Tal como lo expresó una madre:
“Una comunicación directa, cuando hay una situación que los papás necesitan manifestarme o de mi parte hacia ellos, día con día, después de entregar a los niños, los atendemos, cuando se requiere” (P1).
En conclusión, las formas de participación de las familias en el nivel preescolar son variadas, dinámicas y esenciales para el desarrollo integral de los niños. Cuando los padres se involucran en diferentes dimensiones del proceso educativo ya sea a través del acompañamiento escolar, la comunicación o el tiempo compartido en casa, se fortalece su papel como agentes educativos y se potencia el bienestar y la preparación de los niños y niñas para enfrentar nuevos aprendizajes.
El objetivo de la presente investigación fue comprender la influencia de la participación de madres y padres en el proceso de escolarización preescolar, a partir del análisis de sus experiencias, prácticas y vínculos con el entorno educativo. En coherencia con este propósito, los resultados obtenidos ofrecen diversas implicaciones desde el plano teórico, práctico y metodológico, las cuales permiten valorar el alcance del estudio y el aporte que brinda a la comprensión del fenómeno.
Los resultados evidencian cómo la participación de madres y padres incide directamente en el proceso de escolarización en preescolar. Las experiencias relatadas por las educadoras y las madres entrevistadas reflejan prácticas concretas de acompañamiento, como la asistencia a reuniones, la comunicación constante y el apoyo emocional, lo cual fortalece los vínculos con el
entorno educativo y aporta al desarrollo socioemocional y académico de los niños y niñas. Estos hallazgos empíricos se articulan con lo planteado por Affuso (2023), quien destaca que la participación parental constituye un factor estratégico en el éxito académico de los hijos, a través del establecimiento de rutinas de aprendizaje, la comunicación con los docentes y la creación de un entorno propicio para el estudio. Además, dicho autor subraya que esta participación está influida por aspectos como el contexto sociocultural, los estilos de crianza y el nivel de apoyo comunitario.
A partir de ello, los testimonios recogidos en la presente investigación no solo confirman la importancia de la implicación familiar, sino que también visibilizan las oportunidades de mejora, como el fortalecimiento de la colaboración entre padres, escuela y comunidad, así como la incorporación de herramientas tecnológicas que faciliten dicha interacción. Así, se refuerza la idea de que la participación de las familias debe ser comprendida como una dimensión integral del proceso educativo, y no como un complemento periférico.
A partir del análisis de las voces de docentes y madres de familia, se confirma que la implicación activa de los padres en la vida escolar incide directamente en la seguridad, confianza, autonomía y desempeño académico de los infantes, elementos ampliamente respaldados por autores como (Castro-Zubizarreta y García-Ruiz, 2016; Zambrano y Tomalá, 2022), quienes conciben la educación infantil como una etapa donde el vínculo afectivo y la cooperación entre familia y escuela son fundamentales para el desarrollo integral.
El análisis de los datos recabados mediante entrevistas semiestructuradas realizadas a educadoras y padres de familia permitió identificar una serie de categorías clave que reflejan las diversas dinámicas de participación familiar en el contexto del jardín de niños. Entre las categorías emergentes más relevantes destacan: las estrategias implementadas por la institución educativa para promover la participación; los canales y la calidad de la comunicación entre la escuela y las familias; la percepción sobre la influencia que ejerce la participación en el desarrollo de los niños y en la vida escolar; el nivel y tipo de involucramiento por parte de los padres y madres; así como las diversas formas en que dicha participación se manifiesta en el entorno escolar. Estos hallazgos ofrecen un marco interpretativo valioso para comprender cómo se construyen las relaciones colaborativas entre escuela y familia, y cómo estas inciden en los procesos educativos durante la primera infancia. De esta manera, Sharma (2024), explora diversas formas de participación, como la comunicación con el profesorado, la participación en actividades escolares y el apoyo con las tareas escolares, y analiza sus efectos positivos en el rendimiento estudiantil, aspecto también identificado por las educadoras y madres entrevistadas en este estudio.
Inicialmente las educadoras entrevistadas señalaron que la participación de las familias influye directamente en el proceso de adaptación de los niños al entorno escolar, lo cual coincide con lo planteado por Gutiérrez y Ruiz (2018), quien afirma que la educación preescolar tiene un impacto positivo en el neurodesarrollo infantil, especialmente cuando existe un acompañamiento activo por parte de las familias. Esta participación no solo facilita la transición al ambiente escolar, sino que también fortalece el desarrollo emocional y cognitivo de las niñas y los niños.
Por otro lado, se identificaron estrategias escolares orientadas a fomentar la participación de las familias, como reuniones frecuentes, invitaciones a eventos y actividades colaborativas. Estas acciones guardan relación con las propuestas de Razeto (2017), quien analizó estrategias
en escuelas chilenas para promover el vínculo escuela-familia, destacando la necesidad de generar espacios de encuentro y corresponsabilidad educativa.
En cuanto a las estrategias escolares, las educadoras señalaron diversas acciones orientadas a fortalecer la cercanía y colaboración con las familias. Entre las más relevantes destacan el uso de WhatsApp, pizarrones informativos y el diálogo directo durante la salida, prácticas que promueven una comunicación constante, accesible y adaptada a las dinámicas cotidianas. Esto coincide con lo planteado por Coca (2020), quien enfatiza la importancia de canales bidireccionales efectivos, y con Sa’dullah (2023), quien destaca el potencial de las herramientas tecnológicas para consolidar vínculos de confianza entre docentes y familias.
En la categoría participación de la familia, los testimonios resaltan que el involucramiento parental resulta esencial debido a la edad temprana de los niños, quienes requieren acompañamiento cercano durante sus primeros aprendizajes. Las madres entrevistadas señalaron que su participación activa favorece la adaptación escolar, el desarrollo emocional y la construcción de rutinas. No obstante, también se reconocieron limitaciones importantes, entre las que destacan la falta de tiempo y, en algunos casos, una baja disposición o compromiso por parte de ciertos cuidadores, lo que genera una participación desigual dentro de la comunidad escolar. Estos hallazgos se corresponden con los resultados reportados por Quintana et al. (2024), quienes identifican al tiempo como la principal barrera para la participación familiar, mientras que los obstáculos relacionados con la institución escolar fueron significativamente menores.
En cuanto a la percepción del personal docente sobre la familia, se vio una valoración positiva del rol parental cuando existe disposición para colaborar. Este hallazgo se relaciona con lo expuesto por Ejdelman (2003), quien argumenta que el vínculo afectivo y formativo entre escuela y familia es esencial para lograr una educación integral. Por otro lado, también se manifestó que en algunos casos la participación se ve limitada por factores como los horarios laborales, lo que coincide con lo reportado por Meza y Trimiño (2019), en su estudio sobre obstáculos para la implicación familiar en la educación escolar.
Finalmente, la diversidad en la conformación familiar también se reflejó en los relatos recogidos, lo cual da sustento a lo planteado por Fiex (2020), quien reconoce distintos tipos de familia y subraya la importancia de considerar estos contextos en la planificación de estrategias inclusivas de participación escolar.
La presente investigación permitió comprender cómo influye la participación de madres y padres en el proceso de escolarización preescolar, a partir del análisis de experiencias, prácticas cotidianas y vínculos con el entorno educativo. Las voces recogidas revelaron que el acompañamiento familiar va más allá de una presencia simbólica: constituye una práctica educativa concreta que impacta directamente en la formación integral de los niños y niñas.
Los resultados mostraron que la participación familiar incide favorablemente en aspectos como la adaptación escolar, el desarrollo emocional, la seguridad, la atención y la disposición para el aprendizaje. Esta implicación se manifiesta mediante canales diversos como reuniones presenciales, uso de medios digitales, apoyo en tareas y actividades escolares y es percibida por el personal docente como un factor clave para el bienestar y progreso de los infantes.
A pesar de estas fortalezas, también se identificaron desafíos, como la desigualdad en la participación, principalmente motivada por limitaciones de tiempo, escasa disposición o falta de estrategias institucionales sostenidas. Sin embargo, el estudio evidencia que cuando las escuelas promueven entornos colaborativos, accesibles y respetuosos, se genera una mayor vinculación con las familias, lo que redunda en beneficios compartidos para toda la comunidad educativa.
En síntesis, esta investigación reafirma que la participación de las familias no debe considerarse un recurso complementario, sino un eje fundamental del proceso educativo en el nivel preescolar. Reconocer su valor e integrarla desde una perspectiva corresponsable, sensible al contexto, permitirá avanzar hacia prácticas más inclusivas, significativas y sostenibles que favorezcan el desarrollo pleno de niñas y niños desde sus primeros años escolares.
Finalmente, estos hallazgos invitan a continuar profundizando en las condiciones institucionales y familiares que posibilitan la corresponsabilidad educativa, especialmente en contextos marcados por la diversidad social, económica y cultural, como ocurre en la educación preescolar pública. Investigar estos entornos desde una mirada situada y crítica permitirá generar propuestas más equitativas y realistas para fortalecer los vínculos entre escuela y familia.
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