las imágenes y su creación, lo que les ayuda a mejorar su habilidad para ver el mundo estéticamente y
describirlo en formas artísticamente sensibles” (p. 74).
Touriñán López (2016) hace tres distinciones de la EA desde la pedagogía, ‘como ámbito general
de la educación’, ‘como ámbito de educación general’ y ‘como formación vocacional y profesional’. Para
el autor, estos ámbitos se distinguen por el tipo de experiencia de aprendizaje que se da en torno a la
educación artística. Cuando se habla de las artes como ámbito de educación general se habla del
conocimiento específico que busca aprendizajes esperados en una materia; mientras que, cuando se habla
de las artes como ámbito general de la educación se va hacia un espacio más amplio, que tiene que ver
con la transversalidad curricular, la formación de los estudiantes y las legislaciones en torno a la
educación artística. Finalmente, las artes como ámbito de desarrollo profesional y vocacional conciernen
a la cualificación de futuros artistas y educadores artísticos, es decir, la educación formal en una disciplina
artística con fines de profesionalización.
Al reinterpretarlo, ‘como ámbito general de la educación’, se refiere a las particularidades de cada
materia, en el caso de las artes, visto como DBAE. La segunda, se refiere a la inclusión de las artes en el
currículo que imprime las particularidades de las políticas educativas con sus requisitos de planeaciones,
contenidos, evaluaciones y objetivos – detallados en metodología como variables descriptivas. Touriñán,
‘como ámbito general de la educación’, incluye la integración de las artes al currículo, sin embargo, se
debe considerar esto como parte de una tercera categoría que lleva a la instrumentalización de las artes
con fines distintos a la educación de las artes para todos o la educación artística en educación básica.
Al incluir el arte y la cultura como parte de los currículos educativos oficiales, se han querido
cumplir objetivos institucionales que van más allá de los aprendizajes esperados propios del campo, como
ha sido su inclusión en los objetivos de la UNESCO expresado en la Hoja de Ruta para la Educación
Artística con la justificación siguiente, “las sociedades del siglo XXI exigen cada vez más trabajadores
creativos, flexibles, adaptables e innovadores, y los sistemas educativos deben ajustarse a esta nueva
situación” (2006 p. 2). Además, en el preámbulo a los objetivos para el desarrollo de la educación artística
se manifiesta (entre otros temas) la “necesidad de las economías postindustriales de disponer de una
fuerza laboral creativa y adaptable” (UNESCO, 2010. p. 2).
Esto significa, integrar la formación de los profesionales de las artes (Huerta, 2010) en el 'ámbito
de formación vocacional y profesional’ de Turiñan sin distinción. En una aparente epistemología
interdisciplinar, al tratar en conjunto las diferentes necesidades en torno a la educación de los
profesionistas y el ámbito vocacional, como un solo objeto de estudio bajo el término de educación
artística, hace que se pierdan las características ontológicas de cada disciplina de conocimiento, tal como
preveía Lanier en el 2005.
Aunque, ciertamente se desarrolla la creatividad al desempeñar actividades artísticas, el
desarrollo de la creatividad como tal, no es inherente a las artes; el propio Gardner (1993), autor principal
de la teoría de las inteligencias múltiples, ha aclarado que no existe tal relación directa. Además, ahonda
en precisar que cada inteligencia requiere trabajo, y en la medida en que crecen la habilidad y maestría
sobre un talento nato, otras inteligencias se desarrollan. Winner et al. (2013) precisan que "No debe
considerarse, sin embargo, que estos hallazgos de correlación sean prueba de que los cursos de arte
causan la mejoría del desempeño educativo" (p.23), ya que varios factores influyen en el aprendizaje de
los alumnos, independientemente de los objetivos curriculares de cada materia.
Es así como uno de los principales objetivos de tener educación artística como parte del currículo
no puede ser alcanzado por los medios planteados, al menos desde los estudios cognitivos. Mientras que
el objetivo oficial es que los alumnos “reciban una educación de calidad y pertinente, entre otras cosas
sobre derechos humanos, arte y ciudadanía” (UNESCO 2015/2020, p. 37) lo que responde a políticas
sociales y a la participación de las personas en la cultura, para su inclusión y función en el mercado laboral
y económico, dejando en un plano secundario los valores sociales que promueve el arte, como cualquier
otra materia formativa del individuo, y el valor intrínseco del arte como área disciplinar de conocimiento.