por esa otra segunda naturaleza, la simbólica; de modo que cuando se nace, se nace ya en la segunda
naturaleza, la simbólica, la creada, la producida, como se vio con Cassirer.
Reflexión y conclusión
Para las filosofías del símbolo, el afán y el énfasis en él y con él tienen su antecedente en la
antropología filosófica, el "estudio filosófico del hombre [respecto a una] idea general [esencia]" de él
(Beuchot, 2011, pp. 84–85). Entre todas las corrientes antropológicas de cuño filosófico, en el marco de
la recuperación del símbolo, destaca la antropología simbólica, fundada por Ernst Cassirer, que parte de
la relación estrecha que guardan los símbolos y el ser humano. Qué sean unos y otro, depende del tipo de
relación que se trate. Se da por hecho que unos y otro existen y que entre ellos se da una relación estrecha.
Y aunque no se diga nada del tipo de relación, sí se supone que los símbolos están presentes en la cultura,
la sociedad y el ser humano. Además, otra área de la filosofía para la que el símbolo resulta muy
provechoso, es la estética, rama de la filosofía que estudia la (propia) sensibilidad (Beuchot, 2012), y que,
orientada por el intelecto, es con lo que se capta la belleza, tanto natural como artificial. Por tanto, conecta
con las artes que son objeto de la belleza y motivan especialmente a la sensibilidad (Beuchot, 2012;
Blanco, 2007). El arte como disciplina, por ejemplo, y sin que obste a que se extienda a sus objetos
materiales, se descubre como símbolo de una cultura en su interpretación. Conocer, por tanto, qué es el
símbolo, su valor y cómo opera, ayudaría no sólo a entender al ser humano sino también el quehacer
estético y a su saber propio. Esto es la razón de la demora en las filosofías del símbolo en este trabajo.
Para Cassirer, los símbolos son productos humanos y respuesta del ser humano dada
reflexivamente al ambiente —naturaleza, realidad—, del que se desprendió cuantitativa y
cualitativamente cuando creó su propio universo; son, así, una segunda naturaleza. Para Langer, los
símbolos lo son de realidades humanas; el conocimiento mismo es simbólico, ya que los hechos
conforman una estructura de símbolos, cuyas significaciones son las leyes que los rigen. Para Nicol, la
expresión de los símbolos se da en cinco relaciones simbólicas, porque el símbolo es producto humano,
relaciona a quien lo produce con quien lo interpreta, se relaciona con un objeto, con otros símbolos y es
histórico. Finalmente, para Sloterdijk, todos nos iniciamos en los símbolos al nacer y después
participamos en su transmisión, y en esto se encuentra la llamada domesticación o amansamiento; el
mundo es escenario del despliegue de símbolos (palabras, gestos, obras, etc.), tanto de ida como de vuelta.
Al inicio aclaré lo que entendería por símbolo y por difuso (lo que no tiene claridad o precisión,
porque o es muy extenso o se lo ve, aplicado al símbolo y lo simbolizado, a lo lejos, y, por tanto, sin la
nitidez para identificar lo simbolizado). Para Cassirer los símbolos son universales y variables. La
universalidad de la simbolización es formal, pero la variabilidad de los símbolos los decanta a cualquier
cosa, lo que los vuelve difusos. Sus seguidores, Langer y Nicol, también conciben al símbolo de manera
difusa. Sloterdijk precisa su función introductoria y domesticadora, pero, asimismo, al ensayar la idea de
emparejamiento entre la domesticación y el embrutecimiento, el símbolo y lo simbolizado por éste se
hacen difusos.
Mauricio Beuchot, hablando de Vattimo (1998), dice que éste, que se proclama heideggeriano,
rechaza la verdad como correspondencia y adopta la verdad como desocultamiento. De esta manera,
tiende al futuro, pero no se da en el presente. Los estudios de las filosofías del símbolo hacen lo mismo y
al hacerlo, no se puede hablar de firmeza en la verdad y, mucho menos, que el lenguaje refleje la realidad.
Además “muchos otros autores han insistido en que la verdad heideggeriana como desocultamiento
necesita la verdad aristotélica como correspondencia; pues, de otra manera, ¿qué es lo que se desoculta?”
(Beuchot, 2016b, p. 47). “¿Qué desoculta el símbolo para las filosofías del símbolo?” (Granados, 2020).
La realidad humana como segunda naturaleza, la cultura como un sistema de símbolos, el modo en el que
nos la tenemos que ver con el mundo. ¿Y nada más? ¿No se rebasa lo humano? Digo que el símbolo de
estas filosofías es difuso, porque, a lo lejos, sin precisión, se vislumbra algo más que la interconexión de
símbolos con usuarios, objetos y otros símbolos: se ve, aunque distante y borrosa, la existencia y su causa
final.