Violencia temporal y comunitaria: en Doña Rosita la soltera y La zapatera prodigiosa, la
agresión es psicológica y social. El análisis de Plaza-Agudo (2019), sobre la identidad y el amor se
manifiesta aquí en el "marchitamiento" de Rosita por la espera y el escarnio público hacia la Zapatera.
Boillos García (2014), destaca que la Zapatera sufre un acoso basado en el rumor al que se ve sometida
durante toda la obra y que busca forzar su docilidad.
“Las riñas de la Zapatera con su marido y con otros personajes del pueblo ocupan buena parte de
la obra. La Zapatera pega a don Mirlo, tira sillas y vasos al suelo, reacciona violentamente a las
palabras de otros personajes y responde con gestos y palabras cargados de furia. También el
pueblo que la rodea rebosa de violencia: hostiga a la Zapatera, la espía, murmura sobre ella, desea
verla muerta o, por el contrario, la pretende insistente, ansía dominarla. En el sistema patriarcal
que rige la vida del pueblo, la mujer ha de someterse al varón, y es el intento de la Zapatera de
hacer su santa voluntad y la incapacidad del Zapatero para doblegarla lo que rompe la relación de
poder “natural” y provoca la tensa situación que se respira en el pueblo” (Boillos García, 2014, p.
21).
Violencia instintiva y de la honra: este tipo de violencia es central en Bodas de Sangre y se ejerce
sobre el personaje de ‘La Novia’. No es una violencia institucional ni meramente comunitaria, sino una
violencia mítica vinculada a la "ley de la sangre". Como indica Cueto Pérez (1983), en esta tragedia la
naturaleza y la sociedad chocan de forma violenta. ‘La Novia’ es víctima de un sistema de honor ancestral
que no permite la fuga del contrato social (el matrimonio). La violencia aquí se manifiesta como un
destino trágico ineludible donde el deseo individual es castigado con el rito de la sangre y el duelo,
condenando a la mujer a un "duelo perpetuo" que anula su existencia tras la muerte de los hombres.
Como explica Dos Santos Alves (2016), para entender la obra de García Lorca en un contexto de
perspectiva de género cabe poner el foco en la visión que tienen de la novia cada uno de los personajes a
los que da vida el escritor granadino en Bodas de Sangre.
“El comportamiento de La Novia es como las mujeres de hoy, pero para la época que la obra fuera
escrita es muy criticada pues se aleja mucho del comportamiento de las otras mujeres de su época.
La novia se muestra fuerte, seria y decidida, pero en otros momentos se revela como una chica,
que tiene sentimientos confusos, como se ella no tuviera certeza de lo que realmente quiere para
su vida, pues el corazón le dije una cosa, pero su cabeza le dije otra, lo que hace con que ella se
quede muy confusa” (Dos Santos Alves, 2016, pp. 13-14).
El "sentir femenino" como motor de resistencia
Los resultados demuestran que el "sentir" en las protagonistas lorquianas actúa como el principal
catalizador del conflicto. No se trata de una emotividad pasiva, sino de una agencia política y existencial
(Bernal-Triviño, 2022). “Culpa y silencio” eso es lo que confiesan sentir todas las protagonistas de la obra
de Lorca en el encuentro que tienen en la Huerta de San Vicente producto de la literatura de Bernal-
Triviño.
“Cada una, pensando en sí misma, tenía un cúmulo de sensaciones en su corazón y en su garganta.
Aunque no lo manifestaran, Dolores intuía esas energías de rabia, desconsuelo y pesadumbre en
ellas. Yerma nombró en voz alta su sensación: “la culpa”. La Novia levantó la voz para decir lo
mismo. Y después, “el no poder gritar”, “el no ser libre…”. “Culpa y silencio”, “culpa y silencio”
fueron repitiendo todas, reconociéndose. ¿Qué sintamos todas lo mismo es casualidad? – Dudó
Belisa. Dolores negó con la cabeza” (Bernal-Triviño, 2022, p. 122)
Se ha observado que mientras personajes como La Novia en Bodas de Sangre o Adela en La Casa
de Bernarda Alba representan la pulsión vital que rompe con la ley social (sangre vs. tierra), su
resistencia se manifiesta mediante la ruptura de símbolos de poder (el bastón de Bernarda o el contrato
matrimonial). Este deseo pasional es lo que Cueto Pérez (1983), denomina la lucha entre naturaleza y
sociedad, un hallazgo recurrente en toda la obra analizada.