Experiencias de mujeres mexicanas en la academia  
[en] Experiences of Mexican women in academia  
Jeysira Jacqueline Dorantes Carrión  
Universidad Veracruzana  
Recibido: 2024/12/12  
Aceptado para su publicación: 2025/01/09  
Publicado: 2025/03/15  
Como citar (APA 7ª Edición):  
Dorante, J. J. (2025). Experiencias de mujeres en la academia. Qvadrata, estudios sobre educación,  
artes y humanidades, 7(13), 76-80. https://doi.org/10.54167/qvadrata.v7i13.1791  
La obra Experiencias de mujeres mexicanas en la academia, coordinada por las doctoras Rocío  
López, Denise Hernández y Gladys Ortiz, y publicada por la Biblioteca Digital de Humanidades de la  
Universidad Veracruzana (UV) y la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), es un libro lleno de  
historias personales construidas por cada mujer invitada a este banquete.  
El prólogo fue realizado por la Dra. Delia Crovi Druetta, investigadora de la Universidad Nacional  
Autónoma de México. Ella precisa que en este libro se encuentran relatos y estilos personales, que  
muestran el camino recorrido de mujeres en la vida académica, siendo esta el hilo que las une, así como  
la generación del conocimiento científico, de las artes y la literatura; aunque delimitadas por intereses,  
singularidades, condiciones, trayectorias y solvencias económicas, al igual que por el lugar de origen,  
valores, costumbres, entorno familiar, idiosincrasias y culturas diferentes. Se trata de mujeres que han  
tenido encuentros con mentores solidarios (mujeres y hombres) que las impulsaron para tener un papel  
destacado dentro de la ciencia.  
Los 26 relatos que componen esta obra son las historias de investigadoras mexicanas originarias  
de trece universidades de ocho estados, con edades distintas, que son muestra de una primera ola  
feminista que reclama el derecho a la educación y que ve en esta una manera de triunfar, mostrando  
libertad, poder, lucha, trabajo, constancia y construcción de sueños.  
El apoyo de familia; la capacidad de expresión; la libertad de decidir por sí mismas su vida  
cotidiana, su presente y su futuro; el apoyo de manos amigas orientadoras en sus estudios y prácticas  
profesionales que les han permitido crecer y ser exitosas; la integración de redes de investigación y  
divulgación; así como la difusión de sus voces las han llevado a cambiar el mundo mediante escritos o  
presentaciones orales.  
Se trata de profesoras, investigadoras, productoras y divulgadoras de saberes que ocupan un lugar  
en las Instituciones de Educación Superior e inciden en programas de licenciatura y posgrado como  
docentes, directoras de tesis, coordinadoras y funcionarias, quienes, a través de la memoria, reviven  
pasajes dulces, amargos y resilientes.  
Todas ellas, son mujeres académicas que ponderan su madurez en la difusión del conocimiento a  
través de foros, congresos y escritos, en los que comparten resultados serios de investigación, pero  
también sus propios juicios, críticas, propuestas y alternativas de solución a problemas identificados al  
abordar sus objetos de estudio en el campo.  
e-ISSN: 2683-2143  
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La obra también muestra la formación de muchas mujeres que se han construido en solitario, pero  
con autodeterminación ante la necesidad de estudiar, por lo que su camino hoy resulta revelador,  
interesante, ejemplar y esperanzador.  
Las coordinadoras de la obra explican que la idea de este libro surgió en el marco del Día  
Internacional de la Mujer, cuando, en 2022, organizaron un conversatorio con las integrantes del núcleo  
académico básico del Doctorado en Innovación en Educación Superior, del Centro de Investigación e  
Innovación en Educación Superior de la UV, para visibilizar el trabajo de mujeres en la academia y la  
investigación.  
Es importante señalar que la obra se sustenta en la noción de ‘experiencia’, la cual es una  
herramienta conceptual, metodológica y epistemológica empleada por las feministas en los ochenta para  
dar a conocer otras realidades. Joan Scott empleó este término para analizar el carácter contextual  
articulado a categorías como género, relaciones de producción, subjetividad, agencia y cultura. También  
implica la concepción de diferentes visiones que pueden incidir en la transformación social, como lo es la  
perspectiva de mujeres que ocupan un lugar históricamente pensado para los hombres, pues la educación  
universitaria estaba dirigida a los hombres, los nobles y los ricos; las mujeres habían sido excluidas de  
estos privilegios que acercan a la educación, la cultura y la ciencia.  
Los capítulos muestran cómo las mujeres han enfrentado múltiples obstáculos, incluso cómo es  
que han estado sometidas a lo largo de muchos años, excluidas, discriminadas y carentes de mecanismos  
sociales e institucionales ante su maternidad, otras han sido víctimas de hostigamiento, humillación,  
desvalorización o desprecio por su género.  
Un dato valioso es que las mujeres, ante el Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores  
(SNII) del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (CONAHCyT), pasaron de ser el  
20.41% en 1984, a 37.9% en el año 2020, lo que significa un incremento del 18% aproximadamente.  
En la UV, al 2017, según informes de la Dirección General de Investigaciones, de un total de 468  
miembros del SNII, 39% eran mujeres y 61%, hombres. Mientras que, en la UAM, en 2017 se contaba con  
34% (424) de mujeres y 64% (746) de hombres en este sistema. En 2022, los porcentajes pasaron a 38%  
de mujeres y 62% de hombres.  
A las mujeres les ha sido más difícil conseguir estos niveles o puestos y asumir responsabilidades  
en el ámbito académico y laboral, además de ser madres, esposas, hijas y cuidadoras, mostrando con ello  
una clara brecha de género, por ello se comparte la idea de que “se necesitan más mujeres en áreas  
especializadas, primordialmente para la toma de decisiones científicas y políticas de la ciencia”  
(Hernández, López y Ortíz, como se cita en López, Hernández, y Ortiz, 2023, p.15).  
Comentaré brevemente algunos elementos de textos incluidos en esta obra, los cuales son una  
expresión de la experiencia vivida, de la creatividad, la vida personal, la intimidad, el alma y el corazón  
de sus autoras.  
En el texto de una servidora, Jeysira Jacqueline Dorantes Carrión, “Mujeres que inspiran en la  
investigación y en la ciencia”, se reconoce el apoyo de mujeres académicas y universitarias, muchas de  
ellas guías, lectoras y disertadoras en eventos académicos relevantes. Todas ellas contribuyeron en  
reflexionar sobre la necesidad de hacer investigación, otras se convirtieron en referentes teóricos y  
metodológicos de investigación y acceso al conocimiento.  
Otras académicas, como Denisse Jodelet, investigadora social francesa, fue la guía para aprender  
diversas técnicas de investigación y el manejo del software IRaMuTeQ para interpretar las  
representaciones sociales. La admiración surge por su producción y por cómo hace su trabajo con amor,  
dedicación, inteligencia y calidez humana.  
En la literatura, se resalta a Sor Juana Inés de la Cruz y Gabriela Mistral; en la teoría, a Agnes  
Heller; en los gobiernos, a Ángela Merkel, Cristina Fernández de Kirchner y Dilma Rousseff. También se  
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reconoce a mujeres Premio Nobel de la Paz: Teresa de Calcuta, Indira Gandhi, Rigoberta Menchú y Malala  
Yousafzai. En la ciencia, a Andrea Ghez, galardonada con el Nobel de Física. En el mundo artístico, a la  
cantante Mercedes Sosa y a la actriz Yalitza Aparicio Martínez; en el deporte, a Ana Guevara y Soraya  
Jiménez. Todas ellas son un referente para millones de mujeres en el mundo y para las siguientes  
generaciones.  
Amanda Cano Ruiz, en “A contra corriente: La odisea de un salmón rojo”, reconoce haber  
aprendido de valores morales y culturales de sus padres. Ellos la acercaron a la lectura, le enseñaron sobre  
la unión entre hermanas y que quien termine “sus estudios, puede apoyar a la siguiente y así crear una  
especie de ‘cadena de ayuda’ fortaleciendo con ello los lazos familiares (Cano, como se cita en López,  
Hernández, y Ortiz, 2023, p. 27)”. Se planteó estudiar un posgrado de calidad, pues reconoce que estudiar  
es lo que más disfrutaba.  
Comenta que siempre ha ido cuesta arriba o a contracorriente, como los salmones rojos, ya que  
“lo único que habla por mí es el trabajo, el compromiso y la dedicación, pues en la actualidad sigue  
operando un sistema que no reconoce los méritos académicos: cuenta más quién te conoce que lo que  
conoces” (Cano, como se cita en López, Hernández, y Ortiz, 2023, p. 31). Por ello busca que el texto sirva  
a niñas de zonas marginadas para que sepan que es posible alcanzar sus sueños.  
Por su parte, Blanca Edurne Mendoza Carmona, en “Investigación educativa y experiencias de  
mujeres en la academia”, reconoce que la participación de las mujeres en la educación superior mexicana  
es relativamente joven. Según datos del INEGI-Conmujer, entre 1980 y finales del siglo XX, el porcentaje  
de matrículas femeninas en la educación superior ascendió a un 46%. Actualmente hay mayor presencia  
de mujeres en este nivel educativo, pero también existen retos y dificultades que limitan su consolidación  
académica y sus posibilidades de generar conocimientos y propuestas desde la investigación.  
Explica que “Las experiencias corporeizadas de las mujeres son relevantes porque generan puntos  
de vista que visibilizan campos de ignorancia y desigualdad, lo que particularmente ocurre en espacios  
androcéntricos y coloniales” (Mendoza, como se cita en López, Hernández, y Ortiz, 2023, p. 40).  
Hoy es posible conocer diversas experiencias de investigadoras que son infravaloradas,  
discriminadas o acosadas, incluso tuteladas como si fueran menores de edad, lo que las posiciona como  
personas que necesitan “de la figura masculina para ‘protegerla’ y tutorarla; su infantilización justifica su  
marginación de espacios de poder y tomas de decisiones relevantes” (Mendoza, como se cita en López,  
Hernández, y Ortiz, 2013, p. 41). El consenso masculino, entonces, es una herramienta patriarcal que  
niega y oculta la madurez y agencia de las mujeres.  
En el manuscrito podemos comprender cómo las mujeres son resultado de estructuras históricas,  
sociales, políticas y culturales que han moldeado las oportunidades educativas que se presentan el camino  
y que éstas ofrecen el punto de partida en busca de nuevos senderos de aprendizaje permanente.  
Gladys Ortiz Henderson, en “Luces y sombras: mi vida académica y personal relatada en seis  
cuartillas”, comparte que la mujer que la impulsó a prepararse y ser mejor cada día fue su madre, mientras  
que su padre la acercó a los libros, los museos, la cultura y la música, y agrega que entendió que “más allá  
de lo que se enseña en las aulas, lo que ofrece la universidad… también es importante” (Ortiz, como se  
cita en López, Hernández, y Ortiz, 2023, p. 61).  
Resalta que se debe comprender que los problemas que enfrenta una mujer son los de todas las  
mujeres; menciona que “Una tiene que seguir investigando, publicando, escribiendo, dando clases, y no  
hay ninguna tregua con quienes somos mamás. El sueldo en la universidad depende de la productividad,  
así como el ingreso y la permanencia en el Sistema Nacional de Investigadores” (Ortiz, como se cita en  
López, Hernández, y Ortiz, 2023, p. 63).  
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Por su parte, Jaqueline Jongitud Zamora, en “Soliloquio”, señala que la mujer ha sido símbolo de  
la injusticia, el abuso y la discriminación, por lo que invita a identificar, denunciar y combatir estas  
situaciones.  
En la educación ve la luz del camino, pues esta puede hacer libres a las mujeres, alejarlas del temor  
y de la miseria, ayuda a apropiarse de su propia vida. Asimismo, considera la docencia como una de las  
tareas más nobles y la mejor inversión de cualquier país, además de que las instituciones de educación  
superior públicas comprometidas promueven y posibilitan políticas que apoyan a las nuevas generaciones  
de universitarios y universitarias.  
Dice que se ve a sí misma como parte de una generación bisagra, de mujeres que lograron acceder  
a la educación superior y la independencia económica y laboral, siendo agentes de la vida pública, no  
obstante, siguen sin alcanzar el reconocimiento social debido y sufriendo abusos. Por consiguiente, invita  
a las nuevas generaciones de académicas e investigadoras a llamar las cosas por su nombre, señalar  
directamente a sus agresores y actuar con sororidad frente a la violencia, y con ello lograr la equidad y  
destronar la injusticia.  
Julia Gallegos Guajardo, en “Experiencias y reflexiones sobre mi camino en la investigación  
científica”, comenta que su experiencia de ser académica se lo debe al amor al conocimiento y al estudio,  
pero también a un modelo educativo que se fomentaba en la Universidad de Sussex, donde conoció la  
autogestión del conocimiento, así como el trabajo colaborativo para ampliar las perspectivas del sujeto.  
Recomienda que, para visibilizar e impulsar el trabajo como mujeres en la academia, hay que  
promover la colaboración; buscar mentoras y asociaciones académicas especializadas en las líneas de  
investigación; involucrarse en las actividades de esas organizaciones y formar parte de los comités  
directivos; capacitarse constantemente; contar con un perfil en plataformas académicas, y establecer una  
estrecha relación con la comunidad para compartir el conocimiento y las habilidades.  
De acuerdo con sus valores, es preciado el autocuidado y el respetar las necesidades de sueño,  
alimento, ejercicio y convivencia con las personas que se ama. Alienta a dar lo mejor, con buenos  
resultados y disfrutando del proceso, a fortalecer el carácter y hacer de este mundo un mejor lugar.  
Karla Paola Martínez Rámila, en “El camino académico: retos y oportunidades”, dice que como  
mujer es importante “tejer redes de colaboración, solidaridad y alianza” (Martínez, como se cita en López,  
Hernández, y Ortiz, 2023, p. 108), e incita al desarrollo de comunidades de mujeres en favor de la  
capacitación.  
Reconoce haber colaborado con mujeres increíbles que le muestran tenacidad, compromiso y un  
fuerte espíritu para impulsar a otras a participar de la vida académica. Por consiguiente, propone  
promover “nuestro trabajo y relacionarlo con aquello que se ha vivido, tejer redes de colaboración,  
generar alianza entre mujeres… ejerciendo este derecho y a lograr el surgimiento de nuevos modelos de  
masculinidades y femineidades, para conseguir una verdadera equidad de género y reconocer que sí  
existe la solución a los problemas mundiales, ya que eso nos corresponde a todas y todos por igual”  
(Martínez, como se cita en López, Hernández, y Ortiz, 2023, p. 108).  
María Guadalupe González Lizárraga, en “Entre el debate identitario de ser mujer profesionista y  
madre”, dice que el sentido y compromiso a su deseo de convertirse en profesional de la educación fue  
saber, conocer, interpretar y apropiarse de la técnica.  
Por otra parte, observa que hay un porcentaje mayoritario de hombres en las plazas y los puestos  
de dirección. Por lo que recuerda a las jóvenes que no se pueden perder los espacios ganados, que falta  
crear lugares para lactancia, maternidad y recreación y un centro de desarrollo para los hijos de las  
estudiantes madres, así como denunciar el acoso y la violencia.  
Finalmente, Rocío López González, Denisse Hernández y Hernández y Gladys Ortiz Henderson,  
en “Apuntes finales: sonoridad e identificación positiva de género”, cierran reflexionando al respecto de  
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que continuamente se reducen los presupuestos a las universidades públicas, las plazas para docentes,  
las oportunidades para empezar una carrera académica, los apoyos a la investigación, la ciencia y el  
avance tecnológico. Por lo tanto, quienes escriben estos capítulos son quienes pueden compartir saberes,  
emociones y sentimientos desde una posición de privilegio, inspirar a quienes se han quedado en el  
camino por diversas cuestiones, “pero también una voz de indignación, crítica y coraje, porque la  
situación para las mujeres profesionistas y académicas y para las mujeres en generalno es la mejor  
en el presente” (López, Hernández, y Ortiz, 2023, p. 180).  
Se trata de ser libres para apoyarse, admirarse y criticarse conscientemente desde una postura  
constructiva. Así como de establecer proyectos, programas y leyes que protejan a las mujeres y que hagan  
menos abrupto el ingreso al campo de la ciencia e investigación, que es a lo que aspira este libro que  
reflexiona sobre la condición de la mujer en la investigación y la academia.  
La obra se cita de la siguiente manera:  
López, R; Hernández, D; y Ortiz G. (2023). (Coord.). Experiencias de mujeres mexicanas en la  
academia. Biblioteca Digital de Humanidades. Área Académica de Humanidades.  
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