ciencia1— nos permite tener un atisbo del lugar de la vida frente a la ciencia y la epistemología, sino
que, en el último párrafo del texto aquí citado, el filósofo francés hace un homenaje a Canguilhem y
coloca sus investigaciones al mismo nivel de la fenomenología husserliana, incluso le otorga un valor
mayor al trabajo de éste, pues valora a Canguilhem como aquel que supera la Ilustración y la herencia
que ésta deja a occidente en cuanto fundadora de la teoría del sujeto. Si bien la escuela
fenomenológica que inaugura Husserl derivó en reflexiones sobre el cuerpo, el mundo, la muerte, la
alteridad y temas que se ubican en el plano de la existencia concreta, sus ideas no sobrepasan
conceptos como el de sujeto y tampoco desbordan los límites del concepto moderno de conciencia.
Tal es la crítica que Levinas lleva a cabo a Husserl en su tesis doctoral2, no obstante, el filósofo lituano
se mantiene dentro de un universo personalista que afirma la trascendencia de la vida —a partir de
su gran impulso judío—, mientras que Foucault camina hacia lo impersonal, y alcanza así, un plano
de inmanencia que revela una concreción fundamental. Dice Foucault en sus últimas dos líneas: “A
esta filosofía del sentido, el sujeto y lo vivido —refiriéndose a la fenomenología—, Georges
Canguilhem opuso una filosofía del error, el concepto y lo vivo, como otro modo de aproximarse a la
noción de vida.” (Foucault 2007b, 57). Aun así, no se puede decir que Canguilhem ha retumbado en
occidente más que el pensamiento fenomenológico, quizá parte del reconocimiento de este filósofo e
historiador de la ciencia pasa por la forma en la que influyó en Foucault, a quien le permitió un viraje
respecto de su primera definición de vida, la cual, según Agamben, se refería a ésta como “el conjunto
de las funciones que resisten a la muerte” (Agamben 2007, 482). Esta primera definición tenía puntos
de contacto con el conatus de Spinoza —aunque sin duda se distinguía de éste desde el momento en
que introdujo el término “función”. Esta definición había sido retomada de Marie-François Xavier
Bichat y de su aportación a la medicina, a quien se refiere en el Nacimiento de la clínica, un texto que
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1 Texto compilado por Fermín Rodríguez y Gabriel Giorgi como parte del libro titulado, Ensayos sobre
biopolítica. Excesos de vida.
2 Levinas lleva a cabo un análisis respecto de Husserl en La teoría fenomenológica de la intuición, donde afirma
que la conciencia para poder sentir un objeto, necesita primero representárselo, “Una vivencia intencional no
adquiere su referencia objetiva más que al incorporar un acto experimentado de representación (Vorstellen)
en sí misma a través del cual el objeto es presentado” (Levinas 2004, 85). Para Husserl la representación no
es sino un acto objetivante. Así, por ejemplo, el juicio o la intuición categorial (Sachverhalt) nos presentan un
objeto judicativo o un objeto aprehendido intuitivamente, gracias a que “cada Erlebnisse intencional o bien
es un acto objetivante o bien tiene uno como base. En este último caso, debe contener necesariamente un
acto objetivante en tanto que parte constitutiva; [. . .] Husserl afirma explícitamente el primado de estos actos
objetivantes, actos teóricos”. (Levinas 2004, 90). De acuerdo con Levinas, la postura de Husserl llega al punto
de afirmar que las intenciones del gozo o del deseo, no dicen nada sobre el objeto, ya que el conocimiento
tiene la primacía en las relaciones con el mundo. El acto intuitivo que nos pone en contacto directo con el ser,
otorga a la conciencia teórica una importancia fundamental, pues “cada posición del ser incluye una tesis
representativa, dóxica. El filósofo lituano recoge de Husserl una cita que evidencia su incapacidad para
concebir la posibilidad de una afección referida por sí misma a un objeto, ya que antes que éste pueda ser
sentido, vivido o deseado, es preciso que sea representado, pues “sólo podemos referirnos afectivamente a
aquellos objetos que nos son representados” (Husserl 2005, 506).
e-ISSN: 122-4547
2023 | Revista Orexis. Exploraciones éticas, 1(1), [47-64]
Vocero.uach.mx, 10.54167/orexis.v1i1.1156