haya un problema), sino dar crédito a las intuicio- algunos casos es moralmente adecuado adoptar una
nes preponderantes en cada caso, de manera que, sí
(aꢀrmativo) se accionaría el cambio de vías en caso de
considerarlo moral; y, no (negativo) se efectuaría la ci-
rugía en el caso de considerarlo inmoral. La segunda
alternativa es, analizar los factores circundantes en
cada caso y, en base a ello, determinar la mayor vali-
des de las intuiciones en cada uno, para actuar de una
u otra manera. La tercer alternativa es, determinar
que una de las dos intuiciones es incorrecta, ya sea
la deontológica o la consecuencialista, y actuar ape-
gados a una de ellas en la generalidad de los casos,
es decir, actuar siempre deontológicamente o, siem-
pre consecuencialistamente; para los ejemplos que
hemos citado, si actuamos deontológicamente no se
accionaría el cambio de vías ni se efectuarían los tras-
plantes; o, si lo hacemos consecuencialistamente, sí,
en efecto, se accionaría el cambio de vías y se efectua-
rían los trasplantes.
ética deontológica, y que en otros, es preferible, desde
el punto de vista moral, actuar atendiendo a las mejo-
res consecuencias. Es el caso de Rafael Cejudo, quien
se detenta por considerar que es posible ampliar las
consideraciones de ambas teorías éticas mediante la
propuesta efectuada por Amartya Sen respecto a un
análisis informacional del estado de las cosas que se
presenten, de la siguiente forma: “en cada teoría éti-
ca han de existir reglas estructurales, normalmente
implícitas, que deꢀnan la clase de información de la
que depende directamente un juicio moral que sea
conforme con la teoría. A ese tipo de información Sen
lo denomina base informacional (informational ba-
sis)”8. De manera que, los juicios morales que de una
situación puedan efectuarse respecto a sus partes
constituyentes, entiéndase éstas como las acciones
del agente y las consecuencias de las mismas, deberán
estructurarse de conformidad con la información
circundante que afecte a dicha situación, a ꢀn de dar
crédito a las implicaciones morales de la acción, y de-
ꢀnir así las consecuencias más optimas, aunque no
sean las que ofrecen mayores beneꢀcios.
La primera alternativa es desechada por Farrell
por insatisfactoria, ya que la ꢀlosoꢃa moral se reduci-
ría a muy poca cosa si ella se limitara a ser un catálo-
go de distintas intuiciones morales, puesto que nada
garantiza que la moral del sentido común esté exenta
de defectos o incoherencias. La segunda alternativa
también es descartada bajo el siguiente argumento:
“Pese a la abundante literatura que se ha producido
en el intento de llevar a cabo la posibilidad a) [en este
caso es la segunda alternativa], no he encontrado nin-
guna teoría que explique satisfactoriamente las su-
puestas diferencias entre el caso del tranvía y el caso
del trasplante y explique ─ por lo tanto ─ por qué en
ambos casos debemos actuar de modo diferente”7.
Bajo esta propuesta, la condición de padre, cuyo
hijo se esté ahogando en un extremo de la piscina jun-
to con otros dos infantes en el otro extremo, se podrá
tomar como información circundante al evento, y
ampliar de esta manera la consideración consecuen-
cialista, de manera que la acción que lleve a cabo, y
la moralidad que esta represente, pueda ser incluida
como parte de las consecuencias de la misma, de for-
ma que limite el juicio en cuanto al mayor beneꢀcio al-
canzado, no solo para la sociedad, sino para las cuatro
personas implicadas, incluyendo a este padre, en caso
de haberse detentado por salvar sólo a su propio hijo.
Logrando de esta manera, mayores alcances morales
bajo la conducción de una ética consecuencialista.
En cuanto a esta segunda alternativa, como lo men-
ciona Farrell, existe abundante literatura que se ha
producido, es decir, ha sido interés de la investigación
ꢀlosóꢀca encontrar alguna teoría que sustente que en
7 Ibid., 85.
8 Cejudo, “DEONTOLOGÍA Y CONSECUENCIALISMO”, 12.
3 7