Le Magazine littéraire. Usted rechaza la etiqueta de sociólogo que se le
adjudica. ¿A partir de qué momento sus trabajos en su itinerario intelectual,
no han dado cuenta de la sociología, sino más bien de la antropología?
Edgar Morin. En realidad, el orden cronológico es casi inverso. Cuando entré a la
universidad, estaba penetrado de la visión marxista, según la cual para aprehender lo
humano, había que concebirlo en todas sus dimensiones: económico, sociológico,
psicológico, biológico. Una frase en tono profético tuvo para mí valor de programa: la del
Marx que decía que las ciencias de la naturaleza abarcarán las ciencias humanas y que las
ciencias humanas abarcarán las ciencias de la naturaleza. En esa época no existía la
licenciatura en sociología. Ésta estaba comprendida en la licenciatura en filosofía. Mi
formación inicial, en lo que a mí concierne, fueron la historia, el derecho (dónde se enseñaba
economía), la filosofía hasta el grado de la licenciatura. Más tarde, entré al CNRS en la
sección de sociología, lo que explica la etiqueta de sociólogo que a menudo se me atribuye.
En L´an zéro de l´Allemagne, relato, a manera de documental, la experiencia
inaudita que tuve en una Alemania bajo la ocupación que yo recorría de parte en parte, no
en el sentido contemporáneo (el estudio de los pueblos arcaicos que pudieron llevar a cabo
Lévi-Strauss o Jaulin), sino en el sentido alemán del siglo XIX de conocimiento reflexivo de
todos los aspectos de la experiencia humana. Lo que me ha guiado, en el momento de
L´homme et la Mort, es la idea que no se podía dar cuenta de una realidad más que
observándola desde todos estos ángulos, teniendo a la biología, a la mitología, a la psicología
del niño, al psicoanálisis freudiano y postfreudiano, a la historia de las religiones, etc., que,
en el estado de nuestro saber, están todavía separados y compartimentados. Estaba obligado
a tener una mirada “poliscópica” y también a afrontar las paradojas y las contradicciones.
Yo tenía ya el sentido de la complejidad sin haber reconocido y desarrollado la noción.
38
En la medida que usted había manifestado un interés constante por las
cuestiones sociales (proceso Papon, el caso de la sangre contaminada, el debate
sobre el aborto) ¿se definiría usted como un “antropo-sociólogo”?
Se puede decir que camino sobre dos piernas: una es más bien antropológica, la otra
está bajo la égida de lo inmediato y lo contemporáneo, yo diría incluso el acontecimiento. En
este último caso, soy hipersociólogo o más bien socio-historiador. Lo que siempre me ha
fascinado del acontecimiento- se trate de mayo del 68 o de Orleans- es la sorpresa que causa
desarreglando nuestros esquemas de pensamiento. Yo participé en un estudio
pluridisciplinar en la comuna bretona de Plozévet sobre el fenómeno de la modernización
en 1965. Una vez en el lugar, comprendí que era necesario un método que sea lo contrario al
enfoque sociológico de la época, según el modo del cuestionario aplicado a una muestra
representativa de la población. Elaboré, al contrario, un método que demanda a la vez el
pleno empleo de la subjetividad y el pleno empleo de la objetividad, satisfaciendo a la vez la
exigencia de empatía y de amor, pero también de una distancia. A mi regreso de California,
en que me hice de una nueva cultura, que me ha permitido reorganizar mi manera de
conocer, participé en la organización del coloquio de Royaumont sobre la unidad del
hombre. A partir de los años setenta, el proyecto de un trabajo que se intitularía El método
se me impone, lo que realicé de 1973 hasta el día de hoy. Eso no me ha impedido intervenir,
e-ISSN: 3122-4547
2023 | Revista Orexis. Exploraciones éticas, 1(2), [37-42]