2023 | REVISTA OREXIS. EXPLORACIONES ÉTICAS  
Vol. 1. Núm. 2, julio-diciembre. e-ISSN: 3122-4547  
Lo segundo  
Jorge Alan Flores Flores  
Del inicio se pueden decir muchas cosas. Todo inicio es una necesidad. Freud ha sentenciado  
“infancia es destino”; pero lo primero no logra salvarse de su inherente obviedad. Lo  
primero suele ser visto como algo pretérito. Su condición fundacional convive con esa  
característica pasada, por eso se le asocia con los dioses o con el Padre1. Lo segundo en  
cambio, se ofrece como posibilidad de lo heroico2, es el espacio propicio para los fuegos, las  
ilusiones y las promesas. Si lo primero es pasado3, en lo segundo abrimos la posibilidad de  
la vida presente. ¿Será que en lo segundo encontraremos el verdadero inicio?4.  
Lo segundo conforma la relación, y todo lo que se relaciona es dirigido hacia la continuidad  
de la vida plural. En la relación ocurre el diálogo, el erotismo, la donación y hasta la ética5.  
1
1 No queda claro si hemos superado (si es que podemos superar) el fetiche del Padre. Las religiones,  
las tradiciones literarias, la filosofía y hasta la Teología consideran muy importante disputarse y  
atribuirse la paternidad, la solución más elegante de esta disputa la encontramos en Juan 8:58 (en  
términos generales todo el Evangelio de Juan, es un esfuerzo por detentar la Paternidad).  
2
Desde Prometeo hasta Heracles, los héroes dan vida plena a lo segundo, son la antítesis del  
fundamento; su origen dialéctico, con la fuerza, belleza y astucia suficiente para ocupar un sitio  
sucesivo. Heracles, en su injusto origen dramático; Prometeo, en su castigo desproporcional. Los  
héroes coinciden en su diacronía con la virtud del sacrificio, con su carencia de ser. Ese drama, esa  
falta de justicia, ese dolor, ese resto, es lo segundo.  
3
La trampa de lo fundamental, su indefectible giro hegeliano, es, que siempre asoma su modalidad  
requisitoria. Dios, origen, Constitución, se desanudan a través de sus requisitos, se vuelven  
finalmente, males necesarios, cosas no deseadas. Y en sus luces menos brillantes, aparece la  
burocracia, la moral y los desatinos de la liturgia.  
4
Enrique Dussel, ha señalado que las culturas occidentales inician con el Uno, a diferencia de las  
mesoamericanas cuyo inicio es el Dos, del cual se desprende el cuatro, que corresponde a los puntos  
cardinales. Para el mexicoargentino, la diferencia sustancial es que una cultura que inicia con lo Uno  
busca siempre regresar a éste. Así, la dualidad y la multiplicidad no son más que fantasmagorías, o  
dependencias que anhelan el regreso a la Unidad. Una cultura cuyo origen es el Dos, en cambio, se  
encuentra más abierta a la relación, a la dialéctica, a la búsqueda del equilibrio, y también al  
intercambio permanente.  
5 Existe la pregunta por la posibilidad de una ética en el solipsismo. Se puede sostener que a falta de  
alteridad, es posible aún autonormarse. Es posible también, ser libre, aunque no haya fronteras,  
probo, sin ante quien corromperse. La realidad es que ningún hombre, ninguna persona ha estado  
nunca sola. La soledad absoluta es como la materia absoluta.  
Nada impide que haya existido una inteligencia protegida de todo estímulo externo, (nada impide que  
podamos crearla) aun así, con la salud y la energía suficiente esta inteligencia podría llegar al cabo  
del tiempo, luego de ensayos y correcciones, a inferir la desconocida alteridad.  
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Pero también la traición6 y el homicidio. Ocurre la envidia.8 Ni la ciencia ni la filosofía  
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descartan la posibilidad de que la consciencia sea un subproducto de lo primero9. Sin  
embargo, mucho de lo que nutre nuestras experiencias humanas, tiene que ver con la  
interacción entre dos seres conscientes. Sentimientos importantes como la culpa, la  
esperanza10 y la cooperación, tienen que ver con esto.  
Desde el lenguaje de las matemáticas nuestra interpretación de lo segundo podría variar. El  
dos, no es un número elegante, sucede al primer primo, antecede al segundo, sirve de  
11  
puente; es el más modesto de los pares, que son los números de las personas modestas. Sin  
embargo, el dos, lo segundo, permite el desplazamiento, la vectorización, la línea, y lo más  
importante y que va más allá de la matemática. Ese movimiento, permite la especulación de  
la multiplicidad, lo incontable, y lo que está más allá de lo incontable1.2  
La capacidad especulativa que surge del concepto segundo, rivaliza con su realidad en el  
mundo natural. Estamos adaptados a lo segundo, no solo porque tenemos dos ojos, sino  
también porque compartimos este rasgo con peces antiquísimos, a quienes hemos devorado  
6
Dante coloca en el centro del noveno círculo infernal a Lucifer, quien traicionó a Dios. La traición  
superlativa de quien difiere de Dios, la rebelión respecto al Padre: “S’el fu sí bel com’ elli è ora  
brutto,/e contra ‘l suo fattore alzò le ciglia,/ben dee da lui procedere ogne lutto.” (Canto XXXIV 34-  
36)  
2
7 Caín, homicida de su Hermano (Génesis 4:8), movido por los celos, atestigua la dificultad  
fundamental de las diferencias, y de la vida plural. Cultura agrícola versus cultura de caza. La  
variedad inventa el juicio.  
8
Uno de los problemas de la pluralidad, del número que no es Uno, es la tentación del regreso. La  
reina de la colmena no tolera asomo de competencia. Y como ella, -quizá tomado de ella- Tito Livio  
retrata el drama de dos hermanos destinados a resolverse en uno. El drama de los gemelos radica en  
que, aunque idénticos en madre, padre, tamaño, apariencia e intreses, son fatalmente distintos.  
Distintos a través de la aniquilación. “Cada uno fue saludado como rey por su propio partido… Luego  
se siguió un violento altercado”. (Historia de Roma I,7)  
9 Yuval Harari ensaya la posibilidad de que la consciencia sea a la vida, lo que el ruido es al aeroplano  
en movimiento. Ya que la consciencia sin inteligencia es solo -en el mejor de los casos- enfermedad,  
pero la inteligencia sin consciencia es autosuficiencia. Siguiendo al israelí, podríamos especular que  
si en otras regiones del vasto y desconocido universo, alguna forma de vida hubiera desarrollado  
inteligencia sin consciencia o, a través del tiempo se hubiese sacudido de ésta, entonces sería una  
inteligencia suprema. “Jugaría en otras ligas” desconocida, secreta e inobservable para la humanidad.  
10 Mateo 18:20 refiere “Porque donde están dos o tres orando en Mi nombre, allí estoy Yo en medio  
de ellos."  
11 Un tema poco explorado es el milagro de la trivialidad del número dos. Imaginemos por un  
momento que después del Uno siguiera, digamos, el setenta y tres. ¿Cómo sería nuestro Mundo?  
¿Cómo sería nuestra Cultura? En nuestro mundo Dios engendra ángeles, seres humanos y animales.  
Cronos engendra a Zeus y éste a Atenea. ¿Puede Atenea concebir desde sí misma un Dios  
fundamental? Por supuesto que la visión Panteísta y la netamente matemática ofrecen soluciones  
simples para este problema. El panteísmo dirá que las propiedades del 1 y del 73 no son diferentes,  
ya que el 73, es también 73 veces el uno. Una visión científica dirá que, aunque interesante, el 73, es  
incomparable al 1, o a cualquier otro primo, como incomparables son las ranas con las tortugas.  
12  
Se dice que, en la identidad, y no la repetición de la identidad, es dónde surgen las reglas de inferencia. Desde una  
postura empiricista, eso es imposible, solo en la experiencia de la repetición encontramos el órganon.  
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desde milenios. La historia viva y feliz de la “devoración” se reduce a una misma constante,  
seres con dos ojos que se comen entre sí.  
Si la Tierra es única1,3como querían algunos de los teólogos medievales, solo hay una tarea  
14  
digna: la autocontemplación. Si existe otra Tierra, entonces puede haber otra y otra más.  
Si has seguido este texto, ya habrás advertido, que lo segundo (garantiza, promete, amenaza)  
la continuidad. Nos dispone a lo siguiente, en cierta forma inventa el futuro. Da origen a la  
sucesión.  
Este segundo número de Orexis, suma a su expediente nuevos textos que participan del  
misterio de la ética humana, de sus límites y posibilidades. Con este segundo número  
adicionamos a nuestro problema fundamental, otras preguntas, planteamientos y posturas.  
Desde las cuales se tiende un puente hacia los textos anteriores para que nuestros lectores  
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puedan transitar a través de la revista, no para progresar, como ya nos hemos prevenido,  
pero sí para sugerir un demorado paseo y también un regreso para quienes lean primero lo  
segundo y segundo lo primero. Un puente permite esos vaivenes continuos.  
Nuestra Orexis es ya una línea, una línea que infiere un polígono que se despliega y complica  
para dar forma al poliedro; disminuye hasta percibirse un punto, y estalla el hipercubo  
sucesivamente, laboriosamente, hasta el decaracto.  
Una línea, es ya un decaracto.  
3
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Hemos transitado del terrocentrismo a la exoteología, que se pregunta y ensaya sobre la posibilidad  
de que el Kristós encarnara en otros mundos, con otras pieles, diferentes pasiones y tormentos, pero  
idénticos en intensidad y Verdad. Las conjeturas científicas, hasta el día de hoy, en cambio, no logran  
refutar la hipótesis de la Tierra rara, acompasada por la paradoja de Ferni.  
14Calvino, en su segundo sermón sobre Job, ha dicho, “Dios tendría que crear nuevos mundos si  
pretendiera satisfacernos”. Lo segundo abre la puerta a la inducción, al decurso de la historia,  
contiende y dispone a devorarnos. Evidentemente, no podemos detenernos ahí, como si fuera solo  
literatura. La ética es precisamente ese llamado a dotar de sentido trascendental esta disposición,  
hasta alcanzar la utopía de la paz, y que el mundo se pueble de seres de dos ojos que no se comen  
entre sí.  
15 Cfr. Explorar. Orexis, Vol. 1 núm. 1  
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