2023 | REVISTA OREXIS. EXPLORACIONES ÉTICAS  
Vol. 1. Núm. 2, julio-diciembre. e-ISSN: 3122-4547  
La felicidad . . . ¿una búsqueda absurda?  
Isaac Ruelas Navarrete  
Independiente  
Recibido:  
Aceptado para su publicación:  
Publicado:  
2023/10/11  
2023/11/28  
2023/12/15  
Resumen: El presente trabajo, mediante un análisis bibliográfico, así como por medio de un  
ejercicio dialéctico entre autores, el cual da pie a un diálogo entre diversas obras, principalmente  
sobre los conceptos del absurdismo de Albert Camus, y los de una vida con propósito de Rick Warren,  
así como ciertos postulados expuestos por Agustín de Hipona y otros; pretende arribar a conclusiones  
que colaboren a dar respuesta sobre sus enfoques para alcanzar la felicidad, y que nos permitan  
proponer una opción ante la posible absurdidad de la cotidianidad de la vida.  
Palabras clave: felicidad, absurdismo, propósito, esperanza.  
Abstract: The present work, through a bibliographical analysis, as well as through a dialectical  
exercise between authors, which gives rise to a dialogue between various works, mainly on the  
concepts of the absurdism of Albert Camus, and those of a life with purpose of Rick Warren, as well  
as certain postulates exposed by Agustín de Hipona and others; aims to reach conclusions that help  
provide answers to their approaches to achieving happiness, and that allow us to propose an option  
in the face of the possible absurdity of everyday life.  
4
Keywords: happiness, absurdity, purpose, hope.  
Introducción  
Mucho se ha tratado acerca de la felicidad; existen un sinnúmero de textos referentes a dicho tópico,  
filmes cinematográficos, obras de teatro y pinturas que abordan el tema. La realidad es que el ser  
humano se esfuerza por transitar a través de esta vida de una forma que le produzca alegría y, por  
ende, felicidad.  
Esta circunstancia fue plasmada por Agustín de Hipona de la siguiente manera: “La felicidad,  
¿no es lo que quieren todos, aquello a lo cual no hay nadie que deje de aspirar?”… “Luego la felicidad  
es conocida de todos los hombres; si pudiésemos preguntarles, en una interrogación única, si quieren  
ser felices, todos, sin vacilar, contestarían que sí”1. En efecto, a cualquiera que se le pregunte que si  
quiere ser feliz, contestará afirmativamente, nadie se esfuerza por estar triste o acongojado, ninguno  
en su sano juicio quiere vivir amargado, todos nos esforzamos y desarrollamos nuestras actividades  
(trabajar, estudiar, jugar, convivir, etc.), con el propósito de vivir felices, aun cuando muchas de ellas  
representan cierto hostigamiento y fastidio; pero superamos dicha circunstancia debido al resultado  
que obtenemos de ellas, ya sea un sueldo, capacidad para desarrollar cierta profesión u oficio,  
compañía agradable, etc.  
El ser humano por lo general manifiesta una actitud proactiva para permanecer en este  
mundo, es decir, quiere seguir viviendo y participando del devenir social, esforzándose por que su  
existencia esté matizada de alegría y felicidad.  
Esto se ha manifestado desde los inicios de la humanidad. Mauricio Beuchot, describe cómo  
este tópico es abordado desde épocas antiguas, remitiéndose desde los postulados de los presocráticos  
hasta el período neoplatónico en sus Reflexiones sobre la historia de la ética en la edad antigua, en  
cuyo corolario final manifiesta: “nuestro recorrido por la ética griega nos ha servido para darnos  
1 Agustín de Hipona. Obras escogidas de Agustín de Hipona: Tomo II: Confesiones. España, Clie,  
2017, 323, 324.  
e-ISSN: 3122-4547  
2023 | Revista Orexis. Exploraciones éticas, 1(2), [4-9]  
cuenta de que en las principales doctrinas es la razón o logos lo que conduce al fin o bien se propone  
como felicidad”2  
Contemporáneamente se llevan a cabo investigaciones científicas y filosóficas que pretenden  
determinar los procedimientos para acceder a tan anhelada condición. Es decir, existe un interés por  
desarrollar estudios serios que arrojen como resultado proporcionar a la sociedad las pautas  
necesarias para lograr una vida feliz, lo que dé pie, a sociedades estables y productivas. Ahmad  
Ramsés Barragán expresa: “De una forma u otra, la felicidad es conceptualizada para promover su  
estudio científico; ahí radica su importancia y gran valor. Ya sea vista por la filosofía como una de las  
virtudes o la principal aspiración del ser humano o por la ciencia como un constructo de dimensiones  
psicológicas, hay consenso en que se trata de un concepto central, vital y fundamental para la  
existencia del hombre”3.  
Incluso, ciertas personas podrán ser honestas y respetuosas, y otras podrán ser ladronas, pero  
todos concordarán en que lo hacen para ser felices. Agustín de Hipona desarrolla este punto como  
sigue:  
Preguntad a dos hombres si quieren llevar armas; es posible que uno conteste que sí y el otro  
que no. Pero preguntadles si quieren ser felices, y ambos contestarán sin vacilar que tal es su  
deseo. Y si uno acepta llevar las armas, mientras que el otro se niega a ello, lo hacen para ser  
felices el uno y el otro. El uno prefiere tal estado, el otro tal otro, pero concuerdan en el punto  
de querer ser felices, de igual modo que concordarían en su contestación al darla a quien les  
preguntase si quieren tener alegría. Esta alegría misma es lo que llaman felicidad, objetivo  
único al cual tiende cada cual por su propio camino, para llegar a la alegría4.  
Entonces, desde una perspectiva social, e inmersos en comunidades tan heterogéneas en  
cuanto al tejido de la población que las compone y, toda vez que la satisfacción de las necesidades  
humanas rara vez se logra por completo, ¿se consideraría que la búsqueda de la felicidad es un  
esfuerzo inútil?  
5
El presente trabajo pretende mostrar las opciones que arrojó el estudio de este tópico,  
enfocado a comprobar la legitimidad del concepto de un propósito de la vida como elemento  
orientador del quehacer diario para alcanzar la felicidad.  
Desarrollo  
Albert Camus (1913-1960) fue uno de los grandes exponentes de la filosofía del absurdo ‒ el  
absurdismo ‒; en su libro El mito de Sísifo, plantea cómo una persona, al reflexionar con sinceridad  
sobre el objeto de vivir, se encuentra con que la cotidianidad de la vida demuestra lo absurdo de seguir  
viviéndola. Alguien se levanta por las mañanas, se arregla y sale a desarrollar su actividad económica,  
regresa por la tarde, toma un tiempo derelajación, y al final se dedica al descanso, para al día siguiente  
emprender la misma rutina; eventualmente saldrá de ella y tendrá periodos de diversión y placer,  
también de tensión y estrés, algunas veces disfrutará de condiciones previstas, otras se dedicará a  
resolver problemas y vicisitudes que se presenten; se esforzará por ganar dinero para su sustento, y  
todo ello dentro de la misma rutina que en definitiva finalizará con la muerte, para dar paso a otras  
generaciones que hagan lo mismo, todo bajo un ciclo indeterminado de una cotidianidad que el autor  
considera absurda.  
Camus expone de forma implícita, que al igual que cualquier acción vana que produzca un  
esfuerzo para realizarla, no es de necios abandonarla si no tiene ningún objetivo; así también, la vida  
se trata de un ciclo que no vale la pena el esfuerzo para mantenerlo, puesto que no lleva a nada; por  
lo tanto, el escapar de esa realidad se convierte en una opción adecuada; indicando entonces, qué tal  
vez, de manera relativa, el suicidio pudiera constituir una decisión acertada para aquellos que, sin  
2 Beuchot, Mauricio. Ética. México, Torres Asociados, 2004, 23.  
3 Ramsés, Ahmad. “Aproximaciones científicas al estudio de la felicidad: ¿qué podemos aprender de  
la felicidad?” Revista Intercontinental de Psicología y Educación, Vol. 15, No. 2, julio-diciembre,  
2013, México, p. 12.  
4 Agustín de Hipona. Obras escogidas de Agustín de Hipona: Tomo II: Confesiones. España, Clie,  
2
017, 326.  
e-ISSN: 3122-4547  
2023 | Revista Orexis. Exploraciones éticas, 1(2), [4-9]  
ningún tipo de disfraz o enmascaramiento de las condiciones de la vida, han comprendido en su  
cabalidad lo absurdo de la misma.  
Vivir, naturalmente, nunca es fácil. Uno sigue haciendo los gestos que ordena la existencia,  
por muchas razones, la primera de las cuales es la costumbre. Morir voluntariamente supone  
que se ha reconocido, aunque instintivamente, el carácter irrisorio de esa costumbre, la  
ausencia de toda razón profunda para vivir, el carácter insensato de esa agitación cotidiana y  
la inutilidad del sufrimiento… El tema de este ensayo es, precisamente, esa relación entre lo  
absurdo y el suicidio, la medida exacta en que el suicidio es la solución de lo absurdo. Se puede  
sentar como principio que para un hombre que no hace trampas lo que cree verdadero debe  
regir su acción. La creencia en lo absurdo de la existencia debe gobernar, por lo tanto, su  
conducta. Es una curiosidad legítima la que lleva a preguntarse, claramente y sin falso  
patetismo, si una conclusión de este orden exige que se abandone lo más rápidamente posible  
una situación incomprensible. Me refiero, por supuesto, a los hombres dispuestos a ponerse  
de acuerdo consigo mismo… quienes se suicidan suelen estar con frecuencia seguros del  
sentido de la vida.5  
Ya en el libro bíblico de Eclesiastés, tradicionalmente atribuido a Salomón, se había plasmado  
la idea del absurdismo de la siguiente forma: “Vanidad de vanidades, dijo el predicador; vanidad de  
vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo  
del sol? Generación va, y generación viene; más la tierra siempre permanece” (Eclesiastés 1:2-4 RVR).  
Rick Warren, escritor evangélico contemporáneo, coincide en cierto aspecto con Camus  
respecto a la absurdidad de la vida, sólo en el supuesto que ésta se viva sin propósito alguno; de esta  
manera cita a Thomas Carlyle como sigue: “El hombre sin propósito es como un barco sin timón, un  
soplo, nada, nadie”6  
En efecto, la condición de un barco diseñado y construido sin timón, que de alguna forma se  
encontrara a flote en alta mar es absurda; aun cuando los tripulantes y pasajeros estén viviendo a  
bordo, llevando a cabo actividades y esfuerzos para completar el ciclo de “nacer, crecer, reproducirse  
y morir”, todo ello es absurdo, puesto que no existe un objetivo al que se direccionen las acciones para  
alcanzarlo, sino que solo se pasa el tiempo perpetuando la existencia humana; en realidad, no tiene  
ningún sentido. “Sin un propósito, la vida es una marcha sin sentido, un movimiento sin dirección y  
sucesos sin motivos. La vida sin propósito es trivial, insignificante e inútil”7.  
6
Es así como la vida sin propósito, viene a ser un esfuerzo inútil y absolutamente vano. El  
refrán que reza: “no eches las cosas en saco roto”, puede aludir a alguien que se dedica a juntar latas  
de aluminio tiradas en la calle para comercializarlas y obtener una ganancia, pero, el saco que emplea  
para recogerlas se encuentra roto, por lo que al final de la jornada no obtendrá el resultado de su  
esfuerzo porque habrá perdido las latas, es decir, todo el trabajo realizado fue en vano; sin embargo,  
si a mitad de dicha jornada, la persona se percata de lo absurdo de la labor que se encuentra  
realizando, y la abandona por otra que en efecto tenga sentido (incluso el cambiar o reparar el saco),  
habrá optado por la opción más inteligente posible.  
Como ya se mencionó, al igual que cualquier acción que se ejecuta sin un propósito  
determinado merece ser abortada (por ser en absoluto absurda), es menester que la vida misma del  
ser humano esté direccionada por un propósito al cual enfocar el esfuerzo. “La tragedia más terrible  
no es morir, sino vivir sin propósito8; entonces, vivir sin propósito alguno es absurdo y, por lo tanto,  
no vale la pena el esfuerzo por vivir, y por supuesto, si no vale la pena, morir voluntariamente es la  
mejor respuesta, lo que coincide con la opción que Camus presenta.  
Warren, ante la problemática descrita, remite su propuesta de solución a, que el ser humano  
debe desarrollar una fe teológica, como único derrotero posible para subsanar este sin sentido de la  
vida, “Si no hubiera Dios, todos seríamos unos accidentes, el resultado fortuito de una lotería  
5 Camus, Albert. El mito de Sísifo. Traductor Luis Echávarri, España, Alianza, 1995, 18-19.  
6 Warren, Rick. Una vida con propósito. México, Vida, 2012, 31.  
7 Ibid. 34.  
8 Camus, Albert. El mito de Sísifo. Traductor Luis Echávarri, España, Alianza, 1995, 34.  
e-ISSN: 3122-4547  
2023 | Revista Orexis. Exploraciones éticas, 1(2), [4-9]  
astronómica en el universo. Dejarías de leer este libro porque la vida carecería de sentido, propósito  
o significado. No habría bien ni mal, ni esperanza más allá de tus pocos años en la tierra.”9  
Al respecto, Camus define como “evasión” y una destrucción de la razón, el intentar  
solucionar el problema del absurdismo remitiéndose a una fe teológica,  
Ahora bien, para atenerme a las filosofías existenciales, veo que todas, sin excepción, me  
proponen la evasión. Mediante un razonamiento singular, partiendo de lo absurdo sobre los  
escombros de la razón, en un universo cerrado y limitado a lo humano, divinizan lo que los  
aplasta y encuentran una razón para esperar en lo que les desguarnece. Esta esperanza  
forzosa es, en todos, de esencia religiosa… Así lo absurdo se convierte en un dios.10  
y lo describe como una opción irracional, que hace caso omiso de la evidencia que su razonamiento le  
presenta, asemejándolo a un trampolín utilizado para de un salto franquear la realidad, y vivir así  
bajo un entendido ficticio, donde, obstinadamente se conceptúa una esperanza irracional como objeto  
de la vida. “Si hay absurdo, lo hay en el universo del hombre. Desde el instante en que su noción se  
transforma en trampolín para la eternidad ya no está ligada a la lucidez humana… se ve obligado a  
ignorar lo absurdo que le iluminaba hasta entonces y a divinizar la única certidumbre que tendrá en  
adelante: lo irracional.”11  
Así, el filósofo francés pone de manifiesto la evidencia racional de lo absurdo de la vida, toda  
vez que, debido a la incapacidad de una comprobación empírica de la fe teológica, quienes esgrimen  
que su propósito es llegar a la vida eterna, no hacen más que excusarse bajo dicha argumentación,  
por medio de la cual obvian la realidad de la problemática que los circunda, ignorándola  
conscientemente y emplean su fe como manto para el auto engaño que oculta la supuesta verdad, a  
fin de transitar por la vida soslayando su absurdidad, bajo la imaginación de una realidad ficticia.  
Tengo algunas evidencias de las que no puedo apartarme. Lo que sé, lo que es seguro, lo que  
no puedo negar, lo que no puedo rechazar, eso es lo que cuenta. Puedo negar todo de esta  
parte de mí mismo que vive de nostalgias inciertas, salvo ese deseo de unidad, esa apetencia  
de solución, esa exigencia de claridad y cohesión… No sé si este mundo tiene un sentido que  
lo supera, pero sé que no conozco ese sentido y que por el momento me es imposible  
conocerlo. ¿Qué significa para mí un significado fuera de mi condición? No puedo  
comprender sino en términos humanos. Lo que toco, lo que me resiste, eso es lo que  
comprendo… ¿Qué otra verdad puedo reconocer sin mentir, sin hacer que intervenga una  
esperanza que no tengo y que no significa nada dentro de los límites de mi condición?12  
7
De esta manera, Camus se sobrepone a los postulados de una esperanza teológica, ya que se  
inclina a aceptar los conceptos derivados de una comprobación empírica de los hechos que sustentan  
sus concepciones, de forma un tanto similar a como el pensamiento positivista13 esgrime sus  
principios.  
Para un espíritu absurdo la razón es vana y no hay nada más allá de la razón… “Pero para el  
cristiano, la muerte no es en modo alguno el final de todo e implica infinitamente más  
esperanza que la vida, aunque sea ésta desbordante de salud y de fuerza”. La reconciliación  
mediante el escándalo es también reconciliación. Permite, quizá, como se ve, extraer la  
esperanza de su contraria, que es la muerte. Pero, aunque la simpatía haga inclinarse hacia  
esta actitud, hay que decir, no obstante, que la desmesura no significa nada. Sobrepasa, se  
dice, la medida humana y, en consecuencia, es necesario que sea sobrehumana. Pero este “en  
9 Warren, Rick. Una vida con propósito. México, Vida, 2012, 28-29.  
0Camus, Albert. El mito de Sísifo. Traductor Luis Echávarri, España, Alianza, 1995, 49, 50.  
1
1Ibid. 16, 17-18.  
1
2Ibid. 71, 72.  
1
3 El positivismo es una estructura o sistema de carácter filosófico, que considera que no existe otro  
1
conocimiento que el que proviene de hechos reales que han sido verificados por la experiencia, por  
lo tanto, niega la posibilidad de que la teoría pueda ser una fuente del conocimiento y además niega  
la posibilidad que la filosofía pueda contribuir al conocimiento científico (Pérez Villamar, José. “El  
Positivismo y la Investigación Científica”. Actualidades Investigativas en Educación, Vol. 9, No. 3,  
29-34, julio - septiembre 2015, Costa Rica, p. 29).  
e-ISSN: 3122-4547  
2023 | Revista Orexis. Exploraciones éticas, 1(2), [4-9]  
consecuencia” está de más. No hay en esto certidumbre lógica. Tampoco hay probabilidad  
experimental. Todo lo que puedo decir es que, en efecto, sobrepasa mi medida. Si no deduzco  
de ello una negación, por lo menos no quiero fundamentar nada en lo incomprensible. Quiero  
saber si puedo vivir con lo que sé y con eso solamente, me dicen aquí que la inteligencia debe  
sacrificar su orgullo y la razón debe inclinarse. Pero si reconozco los límites de la razón no la  
niego por ello, pues reconozco sus poderes relativos14.  
Respecto del positivismo, José Pérez Villamar explica: “El positivismo denota un enfoque  
filosófico, teoría o sistema basado en la opinión de que, en la vida social, así como en el sentido de las  
ciencias naturales, experiencias y su tratamiento lógico y matemático son la fuente exclusiva de toda  
información que vale la pena´” (“El Positivismo y la Investigación Científica” 30); y concluye su  
disertación de la siguiente manera: “hoy en día, se reconoce que los fenómenos no son aislados, el  
investigador no es objetivo ni los resultados son certeros. Existe relatividad e incertidumbre en todos  
los fenómenos observados, y el mundo se percibe como un gran caos de partículas que interactúan  
sin orden preestablecido”15.  
En efecto, la corriente positivista que tanto auge cobró en el siglo XIX, vio su ocaso durante  
la primera mitad del siglo XX al evidenciar que la ciencia no sería la respuesta absoluta a los  
problemas de la humanidad, ya que además de encontrar ciertamente soluciones para enfermedades  
y otras circunstancias sociales adversas, también había descubierto y desarrollado medios para el  
perjuicio y destrucción del ser humano, como el armamento, e inclusive la bomba atómica.  
Por lo tanto, la actitud que promueve la idea que sólo mediante la comprobación empírica de  
los postulados se obtiene un conocimiento fidedigno, puede considerarse un reduccionismo del  
quehacer investigativo, ya que desecha la capacidad de llegar a conclusiones certeras mediante el  
razonamiento detodos aquellos fenómenos (sociales y dela naturaleza) que el conocimiento científico  
no ha podido dar respuesta hasta el momento.  
De esta manera, es conveniente retomar la propuesta de Rick Warren, quien esgrime que  
encontrar un propósito para la vida conlleva a orientar la misma a efecto de transitar por la vereda de  
la felicidad; el autor cita a George Bernard Shaw de la siguiente forma: “Esta es la verdadera felicidad  
de la vida: ser usado para un propósito y poder reconocer su supremacía; ser una fuerza de la  
naturaleza en lugar de algo inconstante, un saco de males y lamentos, siempre quejándose de que el  
mundo no se ha dado a la tarea de hacerlo a uno feliz”16.  
8
Warren, en un afán de aportar otra opción además de las expuestas por Camus, propone que  
contar con una esperanza enfocará la vida de una persona hacia un propósito definido.  
La esperanza es tan esencial para tu vida como el aire y el agua. Necesitas tener esperanza  
para poder salir adelante. El Dr. Bernie Siegel descubrió que podía diagnosticar cuál de sus  
pacientes con cáncer podía sentir cierto alivio en el rigor de su enfermedad al preguntarle:  
“Quisieras vivir y llegar a los cien años”. Los que tenían un propósito claro y definido  
respondían afirmativamente y eran los que contaban con más probabilidades de sobrevivir,  
tener esperanza es el resultado de tener un propósito.17  
Es por esta razón, que en este ensayo nos detentamos para no considerar a la esperanza como  
un trampolín mediante el cual el ser humano que la mantiene (religiosa o de cualquier otra índole)  
da un gran salto para franquear la realidad que lo circunda; sino más bien, ante la realidad que lo  
circunda, aquella persona que mantiene una esperanza puede enfrentarla (contrario a pretender  
evadirla) con determinación, disponiendo de una herramienta que le provee la entereza necesaria  
para sobreponerse a dicha realidad y triunfar sobre ella, no importando lo adversa o benigna que sea.  
De esta manera, si se retoma el ejemplo del barco sin timón (una vida absurda), la absurdidad  
quedaría nulificada bajo la circunstancia que dicha nave no hubiera sido construida originalmente  
4Camus, Albert. El mito de Sísifo. Traductor Luis Echávarri, España, Alianza, 1995, 53, 58.  
1
5Pérez Villamar, J. “El Positivismo y la Investigación Científica”. Actualidades Investigativas en  
1
Educación, Vol. 9, No. 3, 29-34, julio - septiembre 2015, Costa Rica, p. 32.  
6Warren, Rick. Una vida con propósito. México, Vida, 2012, 37.  
1
7
1 Ibid. 35.  
e-ISSN: 3122-4547  
2023 | Revista Orexis. Exploraciones éticas, 1(2), [4-9]  
sin timón, sino que lo hubiera perdido por algún incidente o percance durante la navegación, y por  
esta razón quedara a la deriva en alta mar; pero los tripulantes y pasajeros siguieran viviendo y  
reproduciéndose a bordo del mismo, acobijados por la esperanza de que en algún momento podrían  
ser localizados y rescatados, esta esperanza se convertiría en el sentido para direccionar sus acciones,  
y constituiría el propósito de vivir.  
Esta circunstancia fue plasmada por Daniel Defoe en su novela Robinson Crusoe, y  
contemporáneamente por el director Robert Zemeckis en la película Naufrago (Cast Away)  
protagonizada por el actor Tom Hanks.  
Además, es de hacer notar que, muchos, lejos de buscar la felicidad definiendo un propósito  
para su vida a través de una esperanza, tratan de encontrarla mediante la posesión de bienes  
materiales y poder económico que les permitan la accesibilidad a diversos placeres y lujos; sin  
embargo, existe la gran factibilidad que en algún momento se aperciban de lo realmente absurdo de  
esa búsqueda. Al respecto, Warren se pronuncia de la siguiente manera:  
A muchos los guía el materialismo. El deseo de adquirir se convierte en la meta principal de  
sus vidas. Este deseo de querer siempre más se basa en la idea equivocada de que cuanto más  
tengas serás más feliz, más importante y vivirás más seguro, pero los tres conceptos son  
erróneos, las posesiones solo proveen felicidad temporal. Como las cosas no cambian, tarde  
o temprano nos aburrimos de ellas, entonces queremos otras nuevas, más grandes y más  
modernas.18  
Conclusión  
La búsqueda de la felicidad a la que todo ser humano aspira y se esfuerza por alcanzar, puede turnarse  
absurda al efectuarla por medio de la cotidianidad de los quehaceres y experiencias de la vida, aun  
cuando estas conlleven riqueza o experiencias extremas.  
Sin embargo, la condición de felicidad pudiera ser alcanzada viviendo para un propósito  
legítimo que le dé sentido a la existencia del ser humano, propósito definido mediante una esperanza  
hacia la cual se direccionen los esfuerzos y el comportamiento de cada quien.  
9
De esta forma, al transitar por esta sociedad, cada ser humano, en un esfuerzo por desarrollar  
su propio propósito, independientemente de la cantidad de bienes materiales con que cuente (sin  
convertirse en un conformista, es decir, estar conforme con lo que se tiene, pero esforzarse por la  
superación personal; concepto que por lo pronto no es tema del presente trabajo por caer fuera de su  
enfoque), estará en capacidad de desarrollar una vida feliz.  
Bibliografía.  
Beuchot, Mauricio. 2004. Ética. México, Torres Asociados.  
Camus, Albert. 1995. El mito de Sísifo. Traductor Luis Echávarri, España, Alianza.  
Agustín de Hippona Obras escogidas de Agustín de Hipona: Tomo II: Confesiones. España, Clie,  
2017.  
Pérez Villamar, José. 2015. “El Positivismo y la Investigación Científica”. Actualidades Investigativas  
en Educación, Vol. 9, No. 3, (julio – septiembre), Costa Rica, 29-34.  
Ramsés, Ahmad, 2013. “Aproximaciones científicas al estudio de la felicidad: ¿qué podemos aprender  
de la felicidad?” Revista Intercontinental de Psicología y Educación, Vol. 15, No. 2, (julio-  
diciembre), México, 7-24.  
Warren, Rick. 2012. Una vida con propósito, México, Vida.  
1
8
Warren, Rick. Una vida con propósito. México, Vida, 2012, 33.  
e-ISSN: 3122-4547  
2023 | Revista Orexis. Exploraciones éticas, 1(2), [4-9]