EL VALOR MORAL DEL OCIO EN LA VISIÓN ANTIGUA Y MODERNA  
OREXIS. EXPLORACIONES ÉTICAS  
Vol. 1. Núm. 1, enero-junio 2023. e-ISSN: 3122-4547  
El valor moral del ocio en la visión antigua y  
moderna de los regímenes de acción  
Gustavo Adolfo Maldonado Martínez  
Universidad Autónoma de Chihuahua  
Abstract El presente artículo expone un recuento de los aspectos más relevantes sobre las  
distinciones en la valoración clásica y moderna del ocio. Argumenta el valor moral del ocio a partir de  
una recuperación de sus rasgos clásicos expuestos en la teleología aristotélica, puestos en contraste  
con su inversión en la modernidad que constituía la negación del ocio clásico, que traía consigo un  
cambio de paradigma en los regímenes de acción humana. Es decir, toma la teleología de medios y  
fines como un parámetro de valoración del ocio, contrario a la valoración moderna, que influye hasta  
nuestros días en la subordinación del valor moral al valor económico. Así, se pretende plantear la  
problemática sobre el valor del ocio enmarcada en la confusión de su valoración, para finalmente,  
señalar que el valor moral del ocio se encuentra en relación con el valor del ser humano.  
Entendido éste último como <fuente de todo valor= (desde la ética de Korsgaard), del cual, el  
ocio, es a su vez condición de posibilidad de mejoramiento humano tanto en lo individual como  
en lo colectivo.  
Palabras clave: Ocio, valor, valor moral, teleología, modernidad, trabajo.  
1
Abstract This paper exposes an account of the most relevants aspects of the distinctions in the  
clasical and modern valuation of leisure. It argues the moral value of leisure based on a recovery of  
its classical features exposed in aristotelian teleology, contrasted with its investment in modernity  
that constituted the negation of clasical leisure, wich brought with it a paradigm shifts in the regimes  
of human action. It takes the teleology of ends as a leisure valuation parameter, contrary to modern  
valuation, wich inlfuences to this actual subordination of moral value to economic value. Thus, it is  
pretending to raise the problema of the value of leisure framed in the confusión of its valuation, to  
finally point out that the moral value of leisure is related to the value of human being. Understood  
from Korsgaard as a source of all value, of wich, leisure, is in turn a condition of human improvement  
both individually and colective  
Keywords: Leisure, value, moral value, teleology, modernity, work.  
Introducción  
El plantear la cuestión sobre el valor del ocio remite necesariamente a dos instancias valorativas  
fundamentales, esto es, en definitiva, entender el ocio como algo valioso, y que tiende en a ser una  
actividad de valor social que remite también una valoración moral. Siempre bajo la previa  
comprensión de que el ocio no es solo una actividad contemplativa o actividad por excelencia como  
experiencia valiosa en sí misma en el terreno individual, sino que su propio valor (que será aquí  
explicado más adelante) va de lo individual a lo colectivo, de ahí su valor social que suele también ser  
distintivo en su vínculo con la cultura1.  
El presente artículo se encuentra parcialmente basado en la tesis doctoral Revalorización del ocio en la experiencia edificante  
(Maldonado 2022), dirigida por el Dr. Erbey Mendoza y codirigida por el Dr. Jaime Cuenca, la cual fue presentada para obtener  
el grado de doctor en Educación Artes y Humanidades por la Universidad Autónoma de Chihuahua. Esta en este archivo que  
les mandé antes  
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Sin embargo, aunque el ocio ha sido distinto en cada época y su desarrollo va de la mano con  
el progreso tecnológico, la valoración moral que se le adjudica está ceñida a la valorización imperante  
ligada al espíritu de la época. Esto puede constatarse en las diferencias sobre la valoración clásica y  
moderna del ocio. Por un lado, la exaltación de la contemplación y el rechazo de la utilidad material  
y por otro, la eficacia de la productividad y el desprecio a la falta de fines externos.  
Por tanto, el valor moral del ocio influye en el alcance de la actividad en sí misma, esto es de  
lo favorable que esta puede llegar a ser para mejoramiento en lo social e individual. De manera que  
hemos de ligar la moralidad del ocio con el hecho de que éste prescribe una necesidad práctica de  
tiempo para nosotros mismos, que tenemos como seres humanos, fuera de todo tiempo  
normativizado. Resaltar el valor moral del ocio supone la defensa de un ocio que busca tanto la  
satisfacción de una necesidad práctica como la defensa de la dignidad humana que remite a su vez a  
la fuente de todo valor.  
Para plantear lo anterior, será necesario entonces exponer un recuento de los criterios de  
valor del ocio, tanto en lo relativo a la valoración clásica como a sus cambios en la modernidad. Dichos  
criterios han marcado en gran medida la valoración actual del ocio, que en su relación con el trabajo  
ve cada vez más desvanecidos sus límites tanto conceptuales como axiológicos. A pesar de ello, el valor  
del ocio en la actualidad no se desliga de la valoración sobre el trabajo, la cual, nos da pautas para  
plantear el valor moral del ocio desde la necesidad de exigirlo como un derecho concerniente a todo  
ser humano y por ende a todo trabajador.  
La valoración clásica del ocio  
En el debate filosófico la cuestión del ocio se inserta en la discusión por el mejor género de vida2. De  
acuerdo con Aristóteles (1985), el ocio es de suma importancia en nuestra vida, así él mismo lo  
considera incluso como el principio de todas las cosas: <La naturaleza misma procura no solo el  
trabajo adecuado sino también estar en capacidad de tener un ocio decoroso, el cual es, para decirlo  
de nuevo, el principio de todas las cosas3=. Asimismo, para el estagirita el ocio era entendido como un  
fin último que habría de vincularse a una vida dichosa, en sí, a la felicidad: <Pero el ocio parece  
encerrar en sí mismo el placer, la felicidad y la vida bienaventurada=4. De ahí que <Aristóteles divide  
la vida en dos terrenos: el de la falta de ocio, o bien de la ocupación (a-skholia) y el del ocio (Skhole).  
2
Dicho de otra manera, su división de la vida se circunscribe entre la falta de tranquilidad y la  
tranquilidad. La intranquilidad, ocupación o negación del ocio, el no ocioso, o bien el estar no ocioso,  
se identifica con el trabajo como falta de tranquilidad y de libertad en el contexto de la antigua Grecia.5  
Para los griegos entonces el ocio estaría vinculado a la tranquilidad, y el trabajo a la falta de ésta. Los  
griegos no tenían una palabra para designar a la actividad del trabajo6 lo consideraban como un no  
1
La raíz del ocio encuentra su lugar en el nacimiento de la cultura occidental, y concretamente la cultura y el ocio son parte de  
una misma distinción de identidad que destaca a determinados grupos sociales a través del tiempo. <El ocio ha sido necesario  
para el nacimiento y desarrollo de la cultura. Por ello, los ocios marcan épocas, identidades y promueven valores, que si bien  
se transmiten socialmente y cambian o varían moralmente solo logran mantenerse o superarse gracias al valor que se perciba  
o no en ellos=. Maldonado G. Revalorización del ocio en la experiencia edificante=. Tesis doctoral, p192.  
2 bios teóricos y bios practicos, o bien la vida contemplativa y la vida activa, respectivamente.  
3
Aristóteles, La política 1337b30-35-1338a5.  
4 Aristóteles, La política 1337b30-35-1338a5.  
5
Sebastián De Grazia, considerado uno de los padres de los estudios del ocio, comenta  
también respecto a la relación del ocio con el trabajo que: <El ocio es una condición o un  
estado, el estado de estar libre de la necesidad de trabajar= (De Grazia, Tiempo, trabajo y  
ocio 3). Por eso el ocio era visto fuera de toda relación con el trabajo, pues el trabajo era la  
actividad del esclavo y el ocio la del hombre libre.  
6
Aquí es importante advertir el matiz conceptual del término <trabajo= que para los griegos tiene una connotación muy  
particular relativa al trabajo manual, mecánico y repetitivo de los esclavos. Dicha comprensión del término dista mucho de la  
nuestra, pues en sí el concepto de trabajo tal como lo entendemos en la actualidad (como actividad de lucrativa y a la vez  
necesaria para la subsistencia) proviene de la modernidad industrial.  
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tener ocio askholia, que era entendida más como ocupación que como trabajo en sí. Los griegos no  
tenían un término para designar el trabajo, en su contexto se hablaba de la necesidad y/o deber del  
trabajo ascholia, pragmata, los asuntos, y la labor de los esclavos douleia, éste último siendo el  
equivalente más cercano a la actual concepción del trabajo7.  
Aristóteles mantenía un ideal en la relación entre ocio y trabajo, y era que <Trabajamos para  
tener ocio=: <Estamos no ociosos para tener ocio= (Aristóteles, La Ética, 1177b). Esto en cuanto a la  
subordinación y grado de importancia, que debían tenerse ante el uno o el otro. El orden de valoración  
de ambas actividades se fundaba en la primacía que Aristóteles había establecido de las actividades  
nobles sobre las serviles, entendidas por nobles el ocio y la contemplación. Así como por serviles el  
trabajo. Por ello, consideramos aquí, la primicia por otorgar más valor a lo improductivo y al fin en sí  
mismo, en lugar de a lo útil y que es un medio para llegar a otros fines.  
Así, volviendo entonces a lo entendido por los griegos en cuanto a la actividad del trabajo,  
ésta era concebida no solo como mera ocupación sino como servil, por consiguiente, como útil y un  
medio para llegar a otras cosas. <El trabajo está ligado a las necesidades de la vida. No es un fin en sí  
mismo, sino un medio, un medio de vida necesario que se ocupa de la necesidad. No es digno de un  
hombre libre=8. Dado que las nociones aristotélicas vienen de una sociedad esclavista hay que  
recordar que esa misma base de su sociedad, la esclavitud, era la que permitía en gran medida el ocio.  
Lejos de pretender justificar una sociedad basada en la esclavitud, lo que se intenta hacer aquí es  
matizar el contexto y cómo hemos de vincularlo con lo actual en cuanto a una revaloración del ocio.  
¿Qué habría de ponerse sobre la balanza? Obviamente no es justificable la esclavitud con la finalidad  
de que algunos puedan tener ocio.  
La cuestión es ver esto en relación a cómo se da valor, tanto a la actividad de trabajo como a  
la de ocio. Puesto que, si bien en la antigüedad el ocio se daba con base en la esclavitud, en la  
modernidad se daba por la explotación de los trabajadores. Los cuales, luego, con base en  
movimientos de lucha social lograron el derecho de tener ocio y tiempo libre.  
3
En la actualidad el ocio dado en parte por la explotación de los trabajadores, y en parte por el  
avance tecnológico que trae mayor oportunidad de tener tiempo libre es dirigido al consumo. De  
manera que el tiempo libre produce valor de cambio y esto hace que no dejen de producirse ganancias  
para el capital, pero en el acto se incurre en una valoración utilitaria del ocio y todo lo que éste implica.  
Y de ahí el afán por recuperar el aspecto de elogio a la improductividad que encontramos en la  
concepción de ocio aristotélica.  
Ante todo, es importante considerar, que, lo que está haciendo Aristóteles es el peligro de  
elaborar una ideología de una clase dominante ante una sociedad esclavista. Si analizamos el valor  
dado al ocio por los griegos es también importante preguntarse, ¿de dónde viene el interés por  
despreciar el trabajo manual en una sociedad que busca justificar la esclavitud? <Los asuntos ligados  
al lucro no tenían sino un valor meramente negativo (a-skholia, neg-otium), mientras que el ocio  
(skholé, otium) aparecía por excelencia como la ocupación del ciudadano libre=9. De Aristóteles hay  
que rescatar en sí la idea de ocio no reducida a una ideología de una sociedad esclavista, y el porqué  
es valioso el ocio. Para eso será necesario dar cuenta de la teleología de medios y fines proveniente de  
la Metafísica de Aristóteles, y que dio la pauta para la distinción valorativa entre actividades nobles y  
serviles. Lo cual, pese a la interpretación esclavista, tuvo resonancia en la valoración del ocio, en tanto  
actividad por excelencia, en el desprecio de la utilidad y elogio a lo improductivo, motivo por el cual  
Aristóteles es imprescindible respecto a la reflexión sobre el ocio.  
7 Véase: Hernández De la fuente D. La escuela del ocio, el tiempo libre y la filosofía antigua, 78-79.  
8 (Byung-Chul Han, El aroma del tiempo, 125).  
9
Jaime Cuenca. Proveer o transformar, 61.  
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En La política, Aristóteles posiciona al ocio como un modo de vida a la vez que como el fin de  
la misma. El ocio era entendido en forma de actividad valiosa por ser un fin en sí misma e implicar la  
felicidad y la vida dichosa.  
La naturaleza misma procura no solo el trabajo adecuado sino también estar en capacidad de  
tener un ocio decoroso, el cual es, para decirlo de nuevo, el principio de todas las cosas. Siendo  
ambos necesarios, el ocio es, con todo, preferible al trabajo y tiene razón de fin, por lo cual  
hemos de investigar cómo hemos de emplear nuestro ocio. Seguramente que no en jugar,  
porque entonces el juego sería necesariamente el fin de la vida, lo cual es imposible. Los  
juegos, en efecto, deben practicarse más bien en conexión con los trabajos (porque el  
trabajador ha de dar un descanso a su fatiga y el juego es para descansar, mientras que el  
trabajo va acompañado de fatiga y esfuerzo). Por esto hay que introducir los juegos, pero  
vigilando la oportunidad de su empleo, como si aplicáramos una medicina, porque la  
actividad del juego es un relajamiento del alma, y de éste placer resulta el descanso. Pero el  
ocio parece encerrar en sí mismo el placer, la felicidad y la vida bienaventurada.10  
El ocio se liga a la idea del desarrollo, se trata de una vía de perfeccionamiento11. La restricción  
de Aristóteles de que el ocio sea para unos pocos no restringe que hablemos del ocio hoy en día como  
autodespliegue y esencia y mejoramiento necesario para todos.  
Una capacidad que implica el principio de todas las cosas, a la vez que contenedora de placer  
y felicidad. El ocio, a diferencia del descanso y el juego, habría de conducir a la felicidad, <no era un  
mero medio para seguir trabajando, sino un fin en sí mismo, la meta y el cauce de una vida feliz=12.  
Además, la actividad de ocio no requiere de justificación, no es un medio para otra llegar a otra cosa  
o fin, como el trabajo lo es. Por eso los griegos veían en el ocio la libertad, por el hecho de estar libre  
de ocupaciones, puesto que el ocio era solo para individuos libres y el trabajo para los esclavos. Por el  
contrario, el ocio estaba ligado a la contemplación, a la libertad, la ausencia de ocupación y la vida  
dichosa. Visto así es comprensible porque Aristóteles afirmaba que "El buscar en toda la utilidad es  
lo que menos se adapta a las personas magnánimas y libres"13. Entonces los griegos concebían lo útil  
en relación a la necesidad, que estaba ligada a la ocupación y por ende a la actividad, es decir, al  
trabajo: <La vida toda a su vez se divide en trabajo y ocio, en guerra y paz, y los actos por su parte en  
unos que son necesarios y útiles, y en otros que son bellos=14. Podemos apreciar tal división de la vida  
entre las actividades de trabajo y ocio, como una forma de plantear en el discurso griego el debate del  
momento, sobre cuál era el mejor de los modos de vida, si la vida contemplativa o la vida activa.  
Tomando en cuenta a la vida activa como aquella que se desarrolla bajo un proceder instrumental  
como un medio para llegar a un fin. Por otro lado, a la vida contemplativa, la del ocio y la teoría, la de  
la especulación filosófica, como la del desarrollo de los actos que son bellos.  
4
La fundamentación de la diferencia entre actividades nobles y serviles en relación a la  
identificación de medios y fines se gesta en la obra de Aristóteles en el modo de comprender la  
1
1
0 Aristóteles, La política 1337b30-35-1338ª5.  
1
Para Aristóteles era una preocupación la educación de los jóvenes y la formación de los ciudadanos, motivo por el que incluía  
esa reflexión en La política. El cuestionamiento sobre el empleo del ocio, llevaba también implícita la educación y la  
importancia de que el legislador supiera proveer de ocio a los ciudadanos. Por lo que se refiere a la dicotomía de valor entre  
medios y fines y las actividades nobles y las serviles, Aristóteles concebía que: <&deben aprenderse y formar parte de la  
educación ciertas cosas para poder dirigir nuestros ocios, y que estos conocimientos y disciplinas tienen un fin en sí mismas,  
mientras que aquellas orientadas al trabajo se estudian por necesidad y como medios para otros fines= (Aristóteles, 1338a10).  
Aristóteles daba relevancia a plantear en qué debía emplearse el ocio como algo fundamental en la educación de los jóvenes, y  
en concreto con las artes, principalmente la música, que era concebida como menos útil pero también como la más bella. La  
importancia del ocio radicaba, entonces, en el formarse, en cierta medida, en el hacerse a sí mismo, lo cual da sustento a  
concebir el ocio como una capacidad que debía de ser educada y formada. Maldonado G. Revalorización del ocio en la  
experiencia edificante, 35.  
112Cuenca M. Ocio valioso, 34.  
13Aristóteles, La Política, 1338b  
4Aristóteles, La Política, 1333a12  
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relación entre acto y actividad. La primacía del acto sobre la actividad cierne la distinción entre  
actividades nobles y serviles. A saber, <la primacía ontológica del acto sobre la potencia=15. La base del  
criterio de valoración del ocio clásico se centra en la teleología aristotélica de medios y fines y que se  
plantea ya desde La Metafísica. En ella, Aristóteles propone una respuesta al problema del  
movimiento, concebido como un caos provocado por la ilusión de los sentidos y la dispersión del  
orden. De ahí la necesidad de una respuesta a entender el movimiento a modo de <cambio ordenado=.  
Este nos recuerda también a las nociones de acto y potencia. Lo que no es acto, viene a ser potencia.  
Por consiguiente, dado que, el movimiento es relativo a los actos, éste logra realizarse a través de  
ellos:  
<Puesto que la sustancia y la especie son actos lo cual expresa un predominio claro del acto  
sobre la potencia. Y si se sostiene que el acto es superior a la potencia, en los casos en que hay  
algunos fines aparte de las acciones, las obras son naturalmente preferibles a las  
actividades=16  
Entonces para los griegos el acto es preferible no solo a la potencia sino a la actividad. El acto  
se presenta, como de mayor valía que su resultado o realización de la actividad que lo lleve a cabo.  
Esa supremacía del acto con fin en sí mismo, a saber, del ocio, es expuesta en de manera explícita en  
La metafísica de la siguiente manera: <Cuando se produce un resultado distinto de la propia  
actividad, el acto se da en la cosa producida; cuando no se produce nada en la propia actividad, el acto  
se da en el agente mismo=17. Ese criterio refiere al ocio clásico en cuanto a actividad valiosa ligada a  
la virtud y la felicidad. Refiere pues al ocio, pues en éste sucede que cuando la actividad llevada a cabo  
en él no produce nada externo al sujeto que la ejecuta, el acto se da como un fin en sí mismo, de ello  
resulta que se le considere parte de las actividades nobles. Finalmente, con esto, el estagirita reafirma  
su inclinación hacia el predominio de la teoría y del acto sobre las actividades. En suma, la relación  
entre actividades nobles y actividades serviles es distinción entre acto y agente.  
5
Aristóteles señala el matiz entre actividades nobles y serviles en relación a la distinción que  
hay entre poiesis, praxis, y teoría. La primera entendida aquí como la actividad de producción de los  
esclavos y los artesanos, es decir, del trabajo de estos en los oficios. En cambio, la segunda actividad,  
la praxis, estaba circunscrita a la vida política. Aunque ésta también era entendida en una estrecha  
relación con la teoría.18La teoría era la actividad con fin en sí misma, la más valiosa y la actividad en  
sí por excelencia, ligada a la contemplación, el ocio y la virtud. Esa última actividad no tenía como  
consecuencia ningún fin o producto externo tras su ejecución, pues su por ser un fin en sí misma, su  
consecuencia, o más bien dicho, su beneficio estaba en quien la llevaba a cabo.  
<Cuando se produce un resultado distinto de la propia actividad, el acto se da en la cosa  
producida; cuando no se produce nada fuera de la propia actividad, el acto se da en el agente  
mismo. Dicho de otra forma: quien produce algo, conduce ciertas cosas hacia una  
determinada perfección; quien realiza una actividad cuyo fin es su propio ejercicio, se  
perfecciona a sí mismo. Esta es la justificación de la distinción entre actividades nobles y  
serviles y, en última instancia, el fundamento del ideal clásico del ocio como contemplación=19  
La teleología de Aristóteles hace evidente la jerarquía de valor entre un fin y un medio. <La  
contemplación es la mejor actividad porque esta puede desempeñar el papel de una fuente de valor;  
es decir, puede justificar otras cosas=20. Sin embargo, esa jerarquía plasmada en la primacía de la  
contemplación sobre la actividad queda invertida en la modernidad. La actividad que funge como  
15Cuenca J. proveer o transformar, 61.  
6(Aristóteles, Ética Nicomáquea, 1094a3-6).  
1
7(Aristóteles, Metafísica 1050a30-1050b1).  
1
8Maldonado G. Revalorización del ocio en la experiencia edificante, 37.  
1
9Cuenca J. Proveer o transformar, 62.  
1
2
0 Korsgaard. La creación del reino de los fines,424  
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medio y proporciona al agente beneficios o productos externos a él21. Ese modo de valoración resultó  
incompatible con los imperativos de época que surgieron en la modernidad y que son denunciados  
por varios pensadores, como Schiller, Nietzsche o Max Weber22, en la crisis de valores que se gesta en  
dicha época.  
Crisis y cambio de paradigma del valor del ocio en la modernidad  
Tras el final de la Edad Media y a la llegada del Renacimiento, la concepción del ocio cambió.  
De igual modo, la alta valoración por la virtud y el desprecio moral por la ociosidad y todo lo que se  
le asemejara, estaba motivada por la formación del Estado que entonces se gestaba. En él, las leyes  
debían también procurar la virtud a través su obediencia, el trabajo y la acción, como lo era en la  
guerra23, la labranza, o el comercio.  
Al término del Renacimiento con la entrada de La Edad Moderna, el pensamiento imperante  
en los modos de obrar, gobernar, y vivir se iba inclinando de manera cada vez más clara hacía un afán  
por la actividad, la riqueza material, el progreso y el dominio, que influían en el rechazo del ocio. Sin  
embargo, <hasta el comienzo de la Edad Moderna, la expresión vita activa jamás perdió su  
connotación negativa de in-quietud, nec-otium, a-skholia=24. Durante la Edad Moderna, que tuvo sus  
inicios en el siglo XVIII y terminó con el comienzo del siglo XX, hubo en algunos filósofos la  
proliferación del imperativo por el trabajo y la acción, incluso como visión totalizadora del género  
humano y su espíritu, idea fervientemente defendida por Hegel y que en Marx tuvo cierta resonancia  
al formular una concepción del ser humano cuya esencia radica en el trabajo.  
La Modernidad transcurre entonces bajo la fuerte influencia de la idea de la acción que se  
recompensa con una ganancia, en el sentido del deseo de riqueza, además impulsado por la idea de  
progreso. <La acción subordinada al principio de utilidad ocupa ahora el lugar preponderante bajo la  
forma de progreso& El resultado no es solo el olvido de la concepción clásica del ocio, sino su total  
inversión=25. Es decir que, el ideal del ocio clásico que proponía Aristóteles, que radicaba en el  
<trabajar para tener ocio=, y que subordinaba el trabajo al ocio, queda invertido. A raíz de ese tipo de  
pensamiento, imperante en el espíritu de aquella época, parecía gestarse cada vez más una suerte de  
proscripción del ocio en el sentido clásico contemplativo, en forma tal que:  
6
El papel que la modernidad reserva al ocio no puede ser sino residual: precisamente el tiempo  
que resta tras cumplir con todas las demás obligaciones, el tiempo libre. Pero más importante  
aún, es que, incluso en el reducido ámbito que le corresponde, el ocio moderno no mantiene  
las características clásicas, sino que es subordinado a la utilidad, cobrando así un significado  
opuesto al tradicional.26  
Por tanto, la modernidad trae consigo un ocaso del sentido clásico del ocio, que reside en un  
cambio de paradigma en su valoración en gran parte promovido por los avances en la técnica,  
manifestados en las condiciones materiales de dicha época. Así, ante el influjo del afán por la utilidad  
en cuanto a medio de obtención de ganancias y riquezas, era inminente una pérdida de valor de una  
2
1<Lo incondicionalmente valioso es como lo intrínsecamente valioso en tanto que ambos son objetivamente valiosos. La razón  
de que haya algo incondicionalmente valioso es que debe haber una fuente de valor= ((Korsgaard. La creación del reino de los  
fines, 423).  
2
2 Weber ataca especialmente lo que él llama <el moderno romanticismo intelectual de lo irracional. Éste se hallaba muy  
extendido entre la juventud alemana del momento: desde las resonancias más nacional-belicistas del culto a la figura de  
Nietzsche, hasta la utopía anarcosindicalista. Cuenca J. Proveer o transformar, 74-75.  
2
3<Si el cielo favorece hasta el punto de no necesitar la guerra, ocurrirá que del ocio nacerán, o la afeminación de las costumbres,  
o las divisiones y ambas cosas, juntas o aisladas, pueden acabar con ella= (Maquiavelo. Discurso sobre la primera década de  
Tito Livio, 122).  
4Arendt. La condición humana, 28  
2
5Cuenca Amigo. Claves de la existencia. El sentido plural de la vida humana. <La existencia valiosa=,457.  
2
6Cuenca Amigo. Claves de la existencia. El sentido plural de la vida humana. <La existencia valiosa=,457.  
2
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experiencia que propiciaba un tiempo fuera de todo esquema utilitario. En definitiva, a través del  
imperativo de la eficiencia, el ideal de dominio sobre la naturaleza y los demás individuos, sumado al  
incipiente afán por la actividad representada en el trabajo, que más tarde, traería la propagación del  
imperativo de la productividad y la utilidad.  
La denuncia de la crisis de valores en la modernidad industrial: una crítica a la  
alteración de los criterios de valor.  
Los cambios en los criterios de valorización se hacen notar desde el renacimiento hasta la modernidad  
en su apogeo ilustrado, y aún con mayor énfasis en su fase industrial. Por valorización entenderemos  
aquí la manera en que concebimos aquello a lo que le adjudicamos valor. En la fase industrial, o etapa  
tardía de la modernidad, las actividades con valor en sí mismas, dejan de ser consideradas valiosas al  
quedar entonces desprovistas de valor surge la necesidad por recuperarlas. El afán por la utilidad se  
convirtió en la forma de valorización. Ese afán era también movido por ambición y expansionismo,  
en otras palabras, por la búsqueda de riqueza, la cual, puso a la razón a su servicio27. Por tanto, que  
la utilidad persiguiera la riqueza material desprovista de cualquier otro sentido de riqueza fuera la  
utilidad, era signo de un cambio en el criterio de valorización.  
En ese sentido, el desarrollo tecnológico durante aquella época tuvo una importante  
influencia sobre el afán por lo útil y el ideal de provecho, aunado a su vez, al afán por la extracción y  
posesión de recursos. La modernidad volcó toda su idea de progreso incluso al desarrollo  
expansionista de obtención de recursos, que tuvo interesantes repercusiones políticas y económicas.  
Hasta este punto, es importante también señalar, qué se entiende la modernidad, como un  
periodo histórico, pero más aún, como tradición de ideas que incidió en ella para hacerla un punto de  
inflexión para tantos cambios en distintos ámbitos de la actividad humana. Por tanto, en primer lugar:  
7
<Por modernidad habría que entender el carácter peculiar de la forma histórica de totalización  
civilizatoria que comienza a prevalecer en la sociedad europea en el siglo XVI28. Y, por otro lado, en  
cuanto a su rasgo más característico, siguiendo la línea que aquí se ha estado comentando: <El  
fundamento de la modernidad parece encontrarse en la consolidación indetenible de un cambio  
tecnológico que afecta a la raíz misma de las múltiples civilizaciones materiales del ser humano a todo  
lo ancho del planeta=29. Por otra parte, las repercusiones económicas, en cuanto al avance de las  
tecnologías que modernizó el trabajo, evidente en una etapa más tardía de la modernidad, que fue la  
revolución industrial, trajo otro tipo de experiencias y valorizaciones.  
Es importante señalar también que, durante la modernidad el trabajo cambió sus condiciones  
no solo materiales sino humanas y se volvió plenamente industrial, tanto cuanto se enfocó meramente  
a la producción. Esto implicó otro gran cambio de la valorización respecto a los regímenes de acción.  
La valorización volcada a lo útil en conjunto con totalización de la razón, fue orientada hacia la  
acumulación de riquezas. A partir de la modernidad, la idea del valor, había sido suplantada por la  
de valor de uso, esto en virtud de la utilidad de las cosas. Pero con la industrialización del trabajo, su  
división y socialización del uso del tiempo, el valor de uso fue avasallado por el valor de cambio. Las  
cosas ya no solo debían de ser útiles en virtud de su uso, sino que debían tener valor de ser  
intercambiables, y la propiedad indiscernible de tener un precio. El modo de concebir que algo es  
2
7 <El sentido profundo de la riqueza escapa de esta manera a nuestro discernimiento: nuestra necesidad de razonar, es decir,  
de dar cuenta de todo lo que nos engaña.= (Bataille, El límite de lo útil, 31). En Bataille podemos encontrar el tránsito del  
criterio de valor de la acción a la utilidad, es decir, del criterio de Maquiavelo centrado en la virtud ligada a la gloria de las  
acciones como grandes hazañas a la noción de lo útil limitada a actividades y conductas centradas en la consecución de la  
ganancia. Cabe destacar al respecto que, para Bataille son contrarias a la utilidad, la valoración de las conductas gloriosas, que,  
con valor en sí mismas, dan valor a la vida: <Mostrar las conductas útiles sin valor en ellas mismas: solo nuestras conductas  
gloriosas determinan la vida humana y le dan un valor= (El límite de lo útil, 33).  
2
8Bolívar Echeverría. La modernidad de lo barroco, 144.  
2
9Bolívar Echeverría. La modernidad de lo barroco, 145.  
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valioso o bien que tiene valor había entonces cambiado drásticamente, y se había interrelacionado a  
la actividad humana bajo el imperativo de que el producto o beneficio de la actividad fuese externo al  
agente, ya sea por su valor de uso o de cambio. De suerte que, la idea de valor se generalizó hacía el  
lucro y lo útil. El proceso de valorización se arraigó a la actividad del hombre como parte de la historia  
de su propia explotación:  
A un tiempo fascinantes e insoportables, los hechos y las cosas de esta modernidad  
manifiestan bajo dicha forma contradictoria aquello que constituye el hecho fundamental de  
la economía capitalista: la contradicción irreconciliable entre, por una parte, el sentido del  
proceso concreto de trabajo/disfrute-un sentido <natural=, proveniente de la historia del  
valorización 3un sentido <enajenado=, proveniente de la historia de la autoexplotación del ser  
humano. 30  
La valorización en sentido utilitario y mercantil pasó entonces a ser indisociable ante casi  
cualquier actividad. De ahí que, incluso el uso del tiempo fuese considerado en tanto a las actividades  
en las que lo ocupamos, un recurso destinado a la ganancia o la inversión: <Separar, dentro de la vida  
cotidiana, el tiempo de la ruptura, como tiempo improductivo, del tiempo de la rutina, como tiempo  
productivo; depurarlos y repartirlos en la proporción adecuada 3que subraya el carácter de excepción  
que tendría el primero respecto del segundo- es uno de los principales imperativos de la civilización  
moderna=31. Así, comenzó la escisión entre trabajo y vida, trabajo aquí entendido como un uso del  
tiempo destinado a la ganancia a través de la producción. En consecuencia, los rasgos esenciales de  
la modernidad, como, la totalización de la razón32, evidente en el avance tecnológico de la  
industrialización, puesto al servicio del afán por la utilidad y el lucro, la hacían tender el hacía el  
capitalismo. <El hombre de negocios fue el primero en restituir el valor a la utilidad& un mundo de  
valores nuevos se establecía& la utilidad se convirtió en fundamento del valor moral=33.La valorización  
cierne su fin hacía el mundo de las cosas, en desproporción hacía el cultivo del espíritu y el valor  
humano, tal como apuntaba Marx: <La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de  
la valorización del mundo de las cosas=34. La repercusión de esto en los individuos es relativo a sus  
valores y más aún y de modo más preocupante al despliegue de su espíritu y el desarrollo de ciertas  
facultas en menosprecio de otras, a saber, de las que no producen utilidad ni valor económico.  
8
La influencia del concepto de trabajo moderno en la negación del ocio clásico  
El trabajo resulta en una actividad que es un medio para un fin externo al individuo, al contrario del  
ocio que es una actividad libre con un fin en sí mismo donde no hay producción como tal, sino que el  
agente de cambio es la persona misma. La cuestión de medios y fines lleva implícito el problema del  
valor. En ese sentido el trabajo como medio, aunque es valioso como tal, lo es más para un fin externo  
al individuo, en tanto que el ocio no conlleva más el fin en sí mismo, en tanto el fin es el individuo  
mismo.  
El problema no estriba solo en anteponer los medios a los fines, sino más bien en matizar el  
sentido de ambos para dar lugar a una valoración de las actividades que los representan. Por ello,  
nunca es nuestra intención aquí denostar el trabajo como medio, y aunque no sea nuestra intención,  
3
0 Bolívar Echeverría. La modernidad de lo barroco, 148.  
3
1 Echeverría. La modernidad de lo barroco, 193.  
2 El pensamiento racional tiene la tendencia a reducir la actividad humana a la producción y a la conservación de bienes.  
3
Reconoce que la finalidad de la vida humana es desarrollarse, es decir, incrementar y conservar las riquezas. Pero considera el  
consumo equivalente a un carburante para un motor: no ve en él nada más que un elemento necesario para la producción.  
(Bolívar Echeverría. La modernidad de lo barroco, 35).  
333Bataille. El límite de lo útil, 48.  
4 Marx. Manuscritos económico-filosóficos, 104.  
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EL VALOR MORAL DEL OCIO EN LA VISIÓN ANTIGUA Y MODERNA  
es preciso resaltar el por qué existe una inclinación utilitaria de los medios sobre los fines. Tal  
inclinación posee el riesgo latente de polarizarse a un extremo con tintes utilitaristas que restan al  
individuo su valor como fin y lo posiciona solo como medio. De ahí la tendencia a la cosificación y las  
valoraciones instrumentales en sentido mercantil.  
Por otra parte, es necesario reparar en que el individuo es el agente de su propia actividad.  
Sea en el trabajo o sea en el ocio, en ambas le es posible realizarse. No obstante, las condiciones de  
posibilidad para la realización bajo determinadas condiciones han de evitar el extremo reduccionista  
y univoco del criterio de utilitarista para los juicios de valor. Entonces el trabajo como medio no queda  
fuera de la contribución hacía los fines, es decir, los medios no están aislados de los fines. Pues, el  
trabajo como medio en relación a un fin contiene por sí mismo la necesidad y la exigencia de la  
eficacia, lo cual afirma Veblen, en su Teoría de la clase ociosa, en el siguiente fragmento:  
Por necesidad selectiva el hombre es un agente. Es, a su propio juicio, un centro que desarrolla  
una actividad impulsora -actividad "teleológica"-. Es un agente que busca en cada acto la  
realización de algún fin concreto, objetivo e impersonal. Por el hecho de ser tal agente tiene  
gusto por el trabajo eficaz y disgusto por el esfuerzo fútil. Tiene un sentido de mérito de la  
utilidad (service ability) o eficiencia y el demérito de lo fútil, el despilfarro y la incapacidad.  
Se puede denominar a este acto o propensión "instinto del trabajo eficaz"(Instinct ot  
workmanship).35  
De ese instinto del trabajo eficaz se han alimentado el culto al trabajo y el criterio de valor  
instrumental en sentido mercantil. El afán por la producción y la ganancia es un ejemplo de los  
estragos de la exacerbación de dicho instinto. El afán por la productividad y la eficacia han estimulado  
la tendencia por un uso productivo del tiempo, que en sentido utilitario se impone ante el ocio y lo  
desvaloriza. El trabajo como medio en cuanto tal persigue precisamente la eficacia en su esencia. La  
eficacia no está dentro de los parámetros de juicio de valor del ocio, pese a que podría pensársele en  
sentido de contribución a la saciedad por la necesidad espiritual en el tiempo para sí mismo, a través  
de la recreación y el desarrollo.  
9
Pero en el trabajo, el hombre puede encontrar también desarrollo de sus capacidades. El  
problema es cuando ese desarrollo queda reducido solamente a dicha actividad. Es entonces cuando  
el trabajo se considera alienante. En sus Manuscritos de Economía y Filosofía, Marx se posiciona de  
manera crítica respecto a que la capacidad de desarrollarse de los trabajadores queda reducida al  
trabajo, el cual ni siquiera le pertenece, sino que, al contrario, le es extraño dado que, no es dueño de  
los medios de producción.  
Mediante el trabajo enajenado no solo produce el hombre su relación con el objeto y con el  
acto de la propia producción como son poderes que le son extraños y hostiles, sino también  
la relación en la que los otros hombres se encuentran con su producto, y la relación en la que  
él está con estos otros hombres. De la misma manera que hace de su propia producción su  
desrealización, su castigo; de su propio producto, su pérdida, un producto que no le  
pertenece, y así también crea el dominio de quién no produce sobre la producción y el  
producto. Al enajenarse de su propia actividad posesiona al extraño de la actividad que no le  
es propia.36  
Por lo tanto, es evidente que el ocio, al contrario del trabajo enajenado37, es condición de  
posibilidad para el ejercicio de la virtud y el desarrollo de los individuos. El trabajo enajena al obrero  
3
5Veblen, Teoría de la clase ociosa 23.  
3
6Marx, Manuscritos de Economía y Filosofía, 120.  
3
7Es necesario aclarar que estamos haciendo alusión específica al trabajo alienado como el tipo de trabajo que implica un factor  
de reducción en las posibilidades de realización del individuo. No obstante, no queremos decir con ello que el trabajo no pueda  
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por la relación de extrañeza con el producto, producido por él, pero sin serle propio. Tal proceso  
reduce todo el desarrollo de sus fuerzas a un trabajo donde ha de producir algo que no le incumbe.  
Por otra parte, el ocio, se centra en la realización del individuo, en donde además es dueño de su  
propio tiempo al contrario que en el trabajo. La crítica del valor que Marx elabora, radica en que se  
da menos valor al trabajo por darle más valor a la mercancía. El problema ahí, es que se da más valor  
a la mercancía que, al trabajo, por tanto, según Marx, el trabajador es menos valorado, lo que en  
términos de Aristóteles equivaldría a otorgar más valor al acto que a la actividad.  
Los efectos de la modernidad industrial en la valorización del ocio.  
En el mundo occidental, el avance tecnológico de la era industrial en la modernidad tardía, marcó un  
hito de lo que vendrían a ser una diversa y cada vez más rápida proliferación de cambios en la  
organización social del tiempo y las experiencias de vida. Los cambios en el uso del tiempo y la división  
social de éste traída por el capitalismo y la división del trabajo, marcaron una nueva serie de cambios  
en las experiencias de uso del tiempo. Asimismo, es importante señalar la aparente dicotomía entre  
trabajo y ocio, no desde una relación de opuestos sino de cómo el ocio se transformó en una extensión  
de la producción a través del consumo.  
El ocio prosiguió a los cambios en las experiencias de las que proveía en el tiempo ganado por  
el avance técnico, la organización social, y la lucha por los derechos de mejores condiciones de trabajo.  
El ocio como tal ya había detonado un cambio de paradigma que estaría por renovarse y revalorarse  
constantemente. Durante la primera mitad del siglo XX, una época en la que el capitalismo cobró un  
gran auge, el ocio comenzó a verse en la esfera del tiempo libre como un intersticio que debía ser  
puesto en oposición al trabajo. Esto afectó en que se convirtiera en un tiempo residual, propio de las  
élites para las clases altas y por otro lado para las clases media y baja se presentó como un tiempo  
alienante reducido en su acceso en gran parte al entretenimiento y el consumo. El sentido alienante  
de éste causó un efecto grave en la clase alta, aletargándola en lo que vino a conocerse como un confort  
anhelado por las otras clases.38 Los efectos de todo esto se vieron reflejados en las supuestas  
distinciones y oposiciones entre trabajo y ocio. Ambas actividades parecían no solo no oponerse sino  
perseguir el mismo fin, producir valor de cambio.  
10  
En el capitalismo de la segunda mitad del siglo XX el ocio fue vuelto, más que un derecho,  
una ostentación y un privilegio de clase. Lo cual en gran medida deviene de una precarización del  
trabajo, de modo que éste es comúnmente entendido como una actividad que genera sufrimiento y  
explotación, como si fuese la única manera en la que pudiera llevarse a cabo el trabajo, de ahí que el  
tiempo libre y el ocio funcionen como momentos para la alienación por medio de la evasión.39Esto  
habría de incidir en la valoración del ocio. No obstante, las implicaciones del ocio como actividad  
consecuente del trabajo, mas no adversa, la distinguen de la ociosidad que en cierta parte se vuelve  
presente en el entretenimiento y la diversión. En El Libro de los pasajes, Walter Benjamin introduce  
una distinción al respecto:  
La ociosidad se puede ver como un antecedente de la distracción o de la diversión. Se basa en  
la disposición a disfrutar meramente de una serie arbitraria de sensaciones. Pero tan pronto  
como el proceso productivo comenzó a involucrar a grandes masas, surgió en los que libraban  
ser factor de realización o incluso de sentido, dado que eso es posible, tanto en el trabajo como en el ocio. La cuestión no es por  
tanto si trabajo u ocio otorgan más realización el uno que el otro, sino lo importante es cómo se llevan a cabo y bajo qué  
condiciones. Así como tampoco esto es motivo de señalar al trabajo como actividad de menor valía ante el ocio, sino que,  
tomando en cuenta el valor de ambos, estos son complementarios.  
3
8En éste punto coinciden varios autores como Veblen y Dumazedier.  
3
9 Marx hace una referencia en sus Manuscritos de economía y filosofía, respecto a la excesiva ocupación de los obreros en el  
trabajo enajenado que impedía su realización como individuos.  
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la necesidad de distinguirse masivamente de los que trabajan. A ésta necesidad respondió la  
industria recreativa.40  
La industria cultural impulsó una industria del ocio y el entretenimiento de masas, que en la  
óptica de Benjamin no se trataba de ocio sino de ociosidad. <La ociosidad intenta evitar cualquier  
contacto con el trabajo del ocioso, y en general con cualquier proceso de trabajo. Eso es lo que la  
diferencia del ocio=41. La ociosidad se desentiende del trabajo como actividad y se remite a los  
márgenes de la inactividad o de la actividad no retributiva en ningún sentido o incluso en una  
actividad alienante o nociva, en lo cual tiene un punto de encuentro posible con el ocio mal  
orientado.42La división del tiempo social a partir de la misma división del trabajo, dictó a los hombres  
en qué medida de tiempo y condiciones de producción de valor volcaran su atención y actividad. Las  
jornadas de trabajo y las horas o días de descanso habrían de terminar siendo actividades análogas  
de producción de valor.  
La socialización de ese tiempo a partir de la sistematización de las experiencias y vivencias  
fue en gran medida efecto de luchas y movimientos sociales posteriormente aprovechados para que  
los mismos dueños de los medios de producción buscaran las formas de ofertar determinadas  
actividades a los trabajadores. Como señala Kracauer en Los empleados: <Cuanto más dominada por  
la monotonía se encuentra la jornada laboral, tanto más necesitan las horas de ocio alejarse de su  
proximidad; presuponiendo que la atención deba ser desviada de los trasfondos del proceso de  
producción=43. En tanto tales actividades fueron cobrando más auge y aceptación con la ayuda de la  
industria cultural y a través de la actividad del consumo, las exigencias por mejores condiciones de  
trabajo, y la conciencia por el qué hacer con el tiempo ganado para recrearse y convivir, fueron  
adormecidas por la alienación, la evasión inherente al entretenimiento y el mero goce. Todo ello tuvo  
como consecuencia un detrimento del valor y del sentido dado al ocio y en sí al uso del tiempo ganado  
concebido como libre. En ese sentido, el ocio del consumo relativo al mero goce, la evasión, y el  
entretenimiento, quedaría más conceptuado dentro de lo entendido por Benjamin como ociosidad  
burguesa.44  
11  
El valor moral del ocio  
La dificultad de precisar el valor moral del ocio deviene de la confusión por generada en torno al  
concepto mismo de ocio, misma que remite a su valor. Es decir, que, a causa del afán por la utilidad  
como herencia de la valoración moderna que prima por la actividad, el ocio tiene aún una errónea  
concepción con una carga negativa a causa de su carácter improductivo en sentido instrumental. La  
idea de que el ocio provenga de un desprecio por el valor del tiempo, una pérdida o una negación de  
sí en su variante de consumo, produce una confusión sobre la idea de su valor. De manera que se le  
infravalora, pues el juicio de valor que se hace al ocio no es moral o social sino económico. La  
confusión como tal radica en su valoración, esto es en el tipo de valor que se le adjudica. Y pese a que  
en la actualidad el ocio se ha convertido también en un fuerte factor económico, principalmente  
promovido por la industria del entretenimiento y la economía de servicios de consumo, <sociedades  
con alto stock de capital físico y humano, donde la producción es elevada y, por tanto, en términos  
macro se puede producir más en menos tiempo o con menos horas de trabajo, han generado un  
0Walter Benjamin. El libro de los pasajes, 803.  
4
1Benjamin. El libro de los pasajes, 802.  
4
42 <el ocio contemplativo (skholé), que se decía libre y propio del alma, pero que era concebido también como actividad  
esforzada; como la actividad por excelencia, de hecho, podría considerarse como un trabajo espiritual sobre uno mismo es lo  
que falta por completo en la ociosidad de las sociedades burguesas que, como dice el propio Benjamin resulta más bien «un  
antecedente de la distracción o de la diversión»= (J. Cuenca. Hacía la ociosidad interrumpida, 503).  
4
3 Kracauer, Los empleados, 212.  
4
4Debe notarse que Benjamin reconoce en términos generales un vínculo insoslayable entre experiencia y trabajo: afirma  
<
El ocio es relativo a la experiencia como parte del fruto del trabajo que afirma Benjamín, así como lo será también el trabajo:  
tajantemente que «la experiencia es el fruto del trabajo» (J. Cuenca. Hacía la ociosidad interrumpida p501).  
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EL VALOR MORAL DEL OCIO EN LA VISIÓN ANTIGUA Y MODERNA  
aumento global del tiempo de no trabajo, aunque su reparto no parece estar siempre bien  
equilibrado=.45 Las actividades económicas que producen valor mercantil con el ocio, comúnmente  
están centradas en el entretenimiento y el consumo cultural y actualmente constituyen una alta  
derrama económica que es cada vez más creciente en formatos digitales.46  
No obstante, estos aspectos actuales, aunque influyen en la confusión en cuestión no eximen  
la imprecisión del hecho de que se confunde el valor moral con el económico. O bien, se confunden  
los fines con los medios. La desvalorización del ocio47consiste entonces en que su valor se confunda  
con el de las mercancías, con el de los medios y no los fines, o bien más concretamente, con medios  
utilitarios y no con el mejoramiento de los sujetos. Tal confusión está entre el valor económico y valor  
moral, la cual, como hemos visto aquí al inicio, surge con la crisis de valores de la modernidad.  
El ocio en sí mismo no tiene valor monetario, pese a que pueda ser también un productor de  
valor en sentido económico a causa de la industria que a partir de él se ha generado. El valor  
económico no es el mismo que el moral. El problema aquí estriba en el límite entre estos valores, el  
moral y el económico48. Para ahondar en esa distinción es necesario recurrir a matizar una  
argumentación en torno al valor del ocio y en consecuencia a su valor moral.  
En la referencia a rescatar aquí respecto al valor del ocio, es clara aquí nuestra posición de  
acuerdo con Aristóteles, quién podría considerarse monista respecto al valor intrínseco. Esto en el  
sentido en que: <hay solo una cosa que es buena en sí misma y de la cual se deriva el valor de lo demás.  
En el caso de Aristóteles es la felicidad=49. Aunque Aristóteles no desarrolla como tal una teoría del  
valor, es posible rastrearla en sus ideas sobre la felicidad, así como en las referencias a las distinciones  
entre actividades nobles y serviles, en conjunto con la preferencia por el ocio y la contemplación, en  
ideas ya antes aquí señaladas.  
12  
Sin embargo, el hemos de detallar aquí el modo en qué tras el análisis de los cambios en el  
criterio de valor, hemos de señalar cómo es que el ocio puede tener un valor moral, de tal forma que  
es necesario precisar los conceptos de valor y lo bueno que se deriva de este en sentido moral. Al  
sostener que algo tiene valor, la base de tal argumento se encuentra en los beneficios de aquello que  
consideramos con valor, y esos beneficios, como consecuencias relativas al disfrute, tienen una  
función gratificante. Para un mejor fundamento sobre qué es lo bueno, recurrimos aquí a Christine  
Korsgaard, quien ofrece dos acepciones sobre lo bueno: <una es la distinción entre las cosas que se  
valoran por sí mismas y las cosas que se valoran por otra cosa=50. Dicha distinción de Korsgaard nos  
recuerda a la clásica distinción sobre el valor, entre lo intrínseco y lo extrínseco. Además, alude a la  
identificación de que es bueno con lo que tiene valor. Así, <aquello que es intrínsecamente bueno, lo  
es no derivativamente, sino que es bueno por su propio valor=51. Decimos entonces que, el ocio es  
4
4
Cuenca M. Aproximación multidisciplinar a los Estudios del Ocio, 23.  
5 el negocio vuelve en gran medida inconcebible el ideal clásico de ocio, pues al vincular el ocio con las mercancías de consumo,  
Hoy en día el vínculo del ocio con la sociedad de consumo es casi irremediable. Dicha concepción del ocio que se conjuga con  
se vuelve a éste más un medio que un fin. No obstante, el ocio de consumo mantiene actualmente una hegemonía en su formato  
6
digital. Un ejemplo de ello se da en la venta de videojuegos en México, que tiene el doceavo lugar mundial en consumo de  
videojuegos para smartphone de acuerdo con el portal de Newzoo, empresa dedicada al análisis del mercado mundial de  
videojuegos. (https://newzoo.com/insights/rankings/top-countries-by-smartphone-penetration-and-users)  
4 Ver Maldonado G. Revalorización del ocio a través de la experiencia edificante, 186.  
Esto implica que el decidir sobre nuestros ocios contiene una notoria brecha entre la práctica y la teoría. Incluso, si  
consideramos que el tiempo es dinero y el capitalismo impone una pulsión que nos obliga a que nuestro tiempo debe de ser  
7
8
4
productivo, ¿cómo sería posible plantear límites morales en el uso del tiempo? La respuesta a esto, necesariamente incidiría  
en las jornadas laborales, y más aún en la libertad sobre nuestro tiempo, ya sea en nuestro trabajo o en nuestros ocios.  
Maldonado G. Revalorización del ocio a través de la experiencia edificante, 188.  
4Gayosso E. El valor moral del sufrimiento, 113.  
Korsgaard. La creación del reino de los fines, 461.  
Zimmerman & Bradley 2019.  
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EL VALOR MORAL DEL OCIO EN LA VISIÓN ANTIGUA Y MODERNA  
bueno por el hecho de ser valioso y traer consigo beneficios52 a quienes llevan a cabo actividades  
relativas a él. De tal modo que:  
<Decir que algo es intrínsecamente bueno no significa por definición que se valora por sí  
mismo: significa que tiene bondad en sí mismo=.53  
Puesto así, el valor de algo que se considera bueno no tiene que ver con sus propiedades o lo  
que lo constituye sino con la fuente de aquello que se considera bueno. De acuerdo con Korsgaard, el  
ser humano es la fuente del valor: <El único valor que existe es el que les dan los seres humanos a sus  
vidas. Nosotros debemos ser, pues, la fuente del valor=54 El ocio es valioso en sí mismo, eso quiere  
decir que tiene valor intrínseco. El valor intrínseco es la forma más pura del valor. Esta precede a todo  
valor y tiende a ser un fin en sí mismo. <Pero es evidente que nada tiene valor como medio, a menos  
que aquello de lo que es medio tenga un valor por sí mismo. Se deduce de esto que el valor intrínseco  
es lógicamente anterior al valor como medio=.55El hecho de que algo posea valor intrínseco significa  
que es fuente de valor, es decir que no depende de algo más para poder tener valor. En el caso del  
ocio, éste tiene valor en sí mismo, y es asimismo valioso como medio para otras cosas, por ejemplo,  
como medio para la virtud56 o la realización57. De ahí la pretensión por argumentar en torno al valor  
moral del ocio.  
Conclusiones  
El ocio tiene una influencia moral que va de lo individual a lo social. En su dimensión social puede  
propiciar la recreación y la convivencia, de manera que contribuye a la libre expresión de la identidad  
tanto en lo social como en lo individual. Por lo que como uso de tiempo propio para el individuo  
influye directamente en el mejoramiento de nuestro carácter moral, por tanto, en nuestra relación  
con los demás. Finalmente, el ocio no solamente puede propiciar la virtud, sino que en él cabe la  
posibilidad de una ética de las virtudes58. Un ocio virtuoso tiende al mejoramiento del individuo desde  
la preocupación por sí mismo y su repercusión de ella en los otros, poniendo como prioridad nuestro  
desarrollo y realización.  
13  
5
2 Para un mayor bagaje respecto a los beneficios del ocio, en amplio sentido se recomiendan las siguientes referencias por su  
riqueza multidisciplinaria: Monteagudo, M.J., Cuenca Amigo, J. y San Salvador del Valle, R. (coords.) (2014). Aportaciones  
del ocio al envejecimiento satisfactorio. Bilbao: Documentos de Estudios de Ocio, núm. 50. Instituto de Estudios de Ocio,  
Universidad de Deusto, 191 pp.ISBN: 978-84-15759-42-3. Ortega, C. & Bayón, F. (2014). El papel del ocio en la construcción  
social del joven. Documentos de Estudios de Ocio, núm. 51. Bilbao: Universidad de Deusto. Tinsley, H.E.A. & Tinsley, D.J.  
(1986). A theory of attributes, benefits and causes of leisure experience. Leisure Sciences, vol. 8 (1), 1-45.  
3Korsgaard. La creación del reino de los fines, 461.  
5
4Korsgaard. La creación del reino de los fines, 461.  
5
5Villoro, Bertrand Russell: Antología, 244.  
5
6 En La política, Aristóteles precisa la relación entre ocio y virtud al afirmar que: <se necesita ocio para el nacimiento de la  
5
virtud y para las actividades políticas= (Aristóteles. La política, 1329a4). Por consiguiente, el ocio es condición de posibilidad  
para el cultivo de la virtud, y es, asimismo, indispensable para el mejoramiento de los individuos, es importante para la  
formación y para la participación de los asuntos de la ciudad, esto resalta su dimensión social e individual, y por ende su valor  
moral.  
5
7
Joffre Dumazedier, uno de los padres de los Estudios del ocio, concibe el ocio como: <Ese contenido de tiempo orientado a  
la realización de la persona como fin último. Ese tiempo que se otorga al individuo por la sociedad cuando éste cumple sus  
deberes según las normas sociales del momento de sus obligaciones profesionales y familiares, en disminución de sus  
obligaciones socio espirituales y la liberación de sus obligaciones sociopolíticas a su disposición; el individuo se libera de la  
carga de la fatiga y se relaja del aburrimiento y se divierte, en especial en función de su desarrollo de manera desinteresada de  
las capacidades de su cuerpo y de su espíritu. Ese tiempo disponible no es resultado de una decisión del individuo; es en efecto  
un resultado de la evolución de la economía y la sociedad. Como nosotros ya hemos dicho anteriormente, es un nuevo valor  
social de la persona que se traduce en un nuevo derecho social, el derecho de disponer de un tiempo cuya finalidad es la  
satisfacción de sí mismo=. Dumazedier, Sociologie empirique du loisir critique et contre-critique de la civilisation du loisir,  
93.  
Esta cuestión se enmarca en una estrecha relación con la tradición que recupera a Aristóteles desde la ética  
consecuencialista y la ética de las virtudes.  
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Entonces, si el ocio tiene un valor moral, debemos señalar en qué radica éste, y además que,  
si el ocio es encausado hacía dicha fuente de valor, el trabajo también debe tener un valor moral. El  
valor moral del trabajo reside en la obligación y la justa retribución al cumplimiento responsable de  
ésta. En cambio, el valor moral del ocio radica en la voluntad y libertad para disponer del propio  
tiempo en medida que su uso contribuya a la realización y desarrollo de capacidades o bien al goce  
individual y colectivo del mero llevar a cabo actividades que impliquen descanso, diversión y  
desarrollo.  
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e-ISSN: 3122-4547  
2023 | Revista Orexis. Exploraciones éticas, 1(1), [66-81]  
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