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PHRŌNESIS DELIBERACIŌN-DIRECCIŌN-PRÁXIS, Vol. I (2): e2072 (2025)
https://revistascientificas.uach.mx/index.php/fronesis
Ensayo científico
Narrar lo textil. Un acercamiento al bordado
activista en México desde el discurso
Narrating textile. A discursive approach to activist embroidery in
Mexico
*Correspondencia: acostacastilloab@comunidadunam.mx
Recibido: 11 de septiembre de 2025; Aceptado: 18 de diciembre de 2025
Publicado por la Universidad Autónoma de Chihuahua, a través de la Dirección de Investigación y Posgrado
Resumen
El presente ensayo tiene por objetivo presentar una propuesta para acercarnos a los
activismos textiles en México atendiendo a los conocimientos, prácticas y sentires
de bordadoras activistas, desde sus propias narrativas. En primer lugar, se ofrece
una aproximación conceptual a los activismos textiles. Posteriormente, a través de
tres ejes heurísticos que se entretejen en la práctica textil, se ejemplifica cómo
narrativas detonadas por medio de la entrevista a profundidad, como técnica,
permiten reconocer las complejidades y sutilezas que implica el convocarse a bordar
para denunciar las violencias que nos apremian. A partir de los ejemplos
presentados se enfatiza que la dimensión activista del textil no es algo que se pueda
leer en los objetos, sino una emergencia de las prácticas; lo cual puede ser
profundizado desde múltiples aristas como: los estudios del arte, la antropología y,
en el caso particular de este texto, los estudios del discurso. Finalmente, se invita a
seguir explorando las ‘labores de aguja’ a partir de la mirada y voces de quienes las
realizan, para así construir un archivo sobre procesos organizativos de mujeres,
especialmente en México y América Latina.
Palabras clave: activismos textiles, bordado activista, violencia feminicida,
estudios del discurso, narrativa.
Abstract
The aim of this essay is to present a proposal for approaching textile activisms in
Mexico by considering the knowledge, practices and feeling of activist
embroiderers, through their own narratives. First, it offers a conceptual approach
Ana Belén Acosta Castillo1 https://doi.org/10.54167/phddp.v1i2.2072
1 Universidad Nacional Autónoma de México. Doctorado en Lingüística.
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to textile activisms. Secondly, through three heuristic axes, interwoven in textile
practice, it exemplifies how narratives triggered through in-depth interviews, as a
technique, allow us to recognize the complexities and nuances involved in
gathering together to embroider and denounce the violence that surrounds us.
Based on these examples, it is emphasized that the activist dimension of textiles is
not something that can be read in objects, but rather an emergence of the practice
itself. This can be investigated from multiple perspectives, such as: art studies,
anthropology, and, in the particular case of this text, discourse studies. Finally, the
essay invites us to continue exploring needlework practices through the
perspectives and voices of those who make them, in order to build an archive of
women’s organizing processes, especially in Mexico and Latin America.
Keywords: textile activisms, activist embroidery, femicide violence,
discourse studies, narrative.
Introducción
La frase “por el ojo de una aguja no solo pasan hilos, pasan ideas”, atribuida
a la escritora argentina Tununa Mercado (Lozano, 2017), ilustra de manera poética
lo que pretendo con este ensayo: presentar una propuesta para acercarnos a los
activismos textiles en México atendiendo, precisamente, a los conocimientos,
prácticas y sentires de bordadoras activistas. Para lograr tal objetivo, en esta primera
parte enfatizo por qué es importante nombrar las prácticas de bordado, tejido y otras
‘labores de aguja’ que denuncian y hacen memoria como activismos textiles.
Posteriormente, realizo un breve recuento de los activismos textiles en
México. Asimismo, afirmo que, al hablar este tipo(s) de activismo(s), es necesario
dejar de conceptualizar a los productos resultantes como imágenes o textos y, más
bien, pensar en el hacer textil como una experiencia que, aunque atravesada por la
materialidad, va mucho más allá de lo que se puede ‘leer’ en el objeto textil.
Este paso me permite enmarcar el estado actual del bordado activista y
presentar una propuesta de acercamiento al trabajo de cinco bordadoras activistas
mexicanas. El cuarto y último apartado de este ensayo lo dedico a las reflexiones que
derivan de este trabajo y las puntadas que se pueden seguir bordando.
Activismos textiles, un marco en desarrollo
Hablar de textiles y hablar de activismos textiles en un país polifónico y
multicultural como México no pueden ser acciones equiparadas. El trabajo textil es
una actividad compleja que se ha explorado a través de numerosas áreas de estudio,
como la antropología (Rivera, 2017; Tobar, 2020, Manrique, 2022); la estética
(Olalde, 2019; Gargallo, 2020); o la psicología social (Rivera, 2021).
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Por supuesto, bordar, tejer, o hilar comparten características clave: el trabajo
con la materialidad, la labor atávica llevada a cabo (principalmente) por mujeres y la
construcción de identidades y voces con y a través de estas materialidades. No
obstante, quién hace el trabajo textil, para qué lo hace y hacia quién se dirige son
directrices que deben guiar nuestra aproximación a estas prácticas.
Si bien las distinciones pueden parecer nimias, pretendo recuperar la noción
de ‘activismos textiles’ por dos razones centrales: 1) para alinear los casos acá
presentados en el amplio espectro de indagaciones gestadas en América Latina que
reconocen la labor textil como una forma otra de (d)enunciar la realidad circundante
(Sánchez-Aldana et al., 2019) y 2) para establecer un corte analítico-epistémico en el
vasto universo que comprende el trabajo textil; atendiendo a las necesidades de
hablar de los textiles más allá del enaltecimiento vacuo y, de esta manera, reconocer
la complejidad del pensamiento textil (Pérez-Bustos, 2016)
En el caso de México, Cisneros (2022) retoma el concepto de activismos
textiles para enmarcar el proyecto Des-bordando feminismos, a través del cual ella
y otras mujeres de América Latina se reunieron virtualmente para bordar en contra
de la violencia doméstica. La autora, entonces, presenta casos “donde el hilo y la
aguja son la herramienta de resistencia dentro de conflictos violentos” (Cisneros,
2022, p.2).
Si bien es plausible poder encontrar trabajos en México que nombren el
bordar como un tipo de activismo, no es suficiente enunciar que el hilo y la aguja son
‘herramientas’ de resistencia. La diferencia entre pintar una pancarta con el rostro
de una persona desaparecida y el bordarlo no radica únicamente en los materiales
que se emplean, sino en el tipo de experiencia que estos propician.
Atendiendo a lo anterior, en este trabajo adopto la concepción de ‘activismos
textiles’ que proponen Sánchez-Aldana et al. (2019) no solo por su cualidad
explicativa, sino, en particular, por la distancia que implica con la tradición europea
y anglosajona de reconocer las intersecciones entre labores de aguja y denuncia
como: ‘artivismo’, ‘craftivismo’ o ‘knittivism’ (Sánchez-Aldana et al., 2019, p.3). Así,
las autoras explican que los activismos textiles son aquellas prácticas imbuidas en la
acción política feminista que contribuyen al:
Retomar estos quehaceres, tradicionalmente domésticos y feminizados, para
redefinir su lugar devaluado y verles como labores artesanales creativas y
empoderantes (Kelly, 2014); especialmente por la capacidad que tienen para
convocar acciones concretas que buscan modificar, recuperar o cuestionar
ordenes de género establecidos y por el potencial que tienen para consolidar
procesos de sororidad diversos (Pentney, 2008, p.2).
De esta propuesta podemos resaltar el proceso subversivo que implica
emplear el trabajo textil, como el bordado o el tejido, para formar parte de la acción
política. Sin embargo, he de marcar una distancia con las autoras, pues no toda
actividad política llevada a cabo, principalmente, por mujeres es necesariamente
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feminista y, en caso de así nombrarse, no siempre se adscribe a la misma agenda,
aunque se adjetive como ‘sorora’ o ‘empoderante’.
Los activismos textiles, entonces, son aquellas prácticas que retoman las
labores del bordado, el tejido, la costura, entre otros trabajos con materialidad textil
(como la hechura de muñecas) con la finalidad de abordar un tema socialmente
relevante para quienes se reúnen, llámense: asesinatos (Olalde, 2019);
desapariciones forzadas (Ramírez, 2022), feminicidios (Rivas, 2021), o problemas
socio-ambientales (Colectiva Lana desastre, 2023). De esta manera, la práctica
cotidiana del hacer textil se ‘activa’ y se vuelve política al desplazarse de la esfera
privada de quien borda, cose o teje para volverse un lugar de enunciación
compartido, en donde se hace memoria, se denuncia y se reflexiona.
En ese sentido, concuerdo con Warner y Inthorn (2021) quienes afirman que
es preciso desafiar los límites de la categoría ‘activismo’ para visibilizar las acciones
que, en muchos momentos, al asociarse con ‘lo femenino’ o ‘doméstico’ son
descartadas como actividad política.
El hacer textil es activista en tanto surge en una comunidad con necesidades
y afectaciones determinadas; genera nuevas relaciones sociales a través de las cuales
las personas se reúnen no solo a bordar o tejer, sino a compartir sus experiencias, y,
de esta manera propicia espacios para cuestionar las estructuras de poder que las
atraviesan.
Como Martin et al. (2007) enuncian, lo que reconocemos o no como activismo
no debe basarse en un criterio de escala o impacto generalizado, sino en la potencia
de las acciones locales que, abusando de la jerga textil, sirven como nodos de una red
más grande de transformación social. Si bien, hablar de ‘activismos textiles’ es
relativamente nuevo, no lo es su práctica. Por ello, en el siguiente apartado realizo
un breve recuento de los mismos en México.
Activismos textiles en México
Así como las madres de Plaza de Mayo, en Argentina, bordaron los nombres
de sus hijos desaparecidos en los pañales que usaban en la cabeza para reconocerse
(Comunicación Madres, 2017), o las arpilleristas narraron la dictadura militar en
Chile (Agosín, 2021), en la historia reciente de México, también se ha recurrido a la
aguja e hilo para denunciar la creciente ola de violencias en el país.
El registro de esta serie de prácticas comienza a partir de los colectivos
Fuentes Rojas y Bordamos por la Paz Guadalajara (Olalde, 2019) los cuales
surgieron con la Iniciativa Paremos las Balas, Pintemos las Fuentes
1
. A través de
1
Para conocer más sobre el origen del colectivo, visitar su página web. Paremos las balas,
pintemos las fuentes. (18 de junio de 2011). Propuesta de Día de Acción por la Paz rumbo
al Pacto Nacional. Paremos las balas, pintemos las fuentes.
https://paremosbalaspintemosfuentes.wordpress.com/
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estos, el bordado ‘toma las calles’ en forma del proyecto colaborativo: Una víctima,
un pañuelo.
La premisa es simple: bordar los casos de las víctimas de la violencia en
México, derivada de la llamada ‘guerra contra el narcotráfico’ que ha cobrado la vida
de cientos de miles de personas desde 2006 a la fecha (Pardo y Arredondo, 2021).
Los textiles elaborados fueron, en un primer momento, como relata Olalde
(2019), pañuelos de tela sencilla con el caso de homicidio bordado en letras rojas
(similar a un epitafio), conteniendo cada pieza: en la esquina inferior derecha el
número de víctima, en la esquina inferior izquierda los nombres de los autores de la
pieza, quienes, además de ser dos o más, podrían tener experiencia previa o no con
el bordado. Una de las finalidades de estos pañuelos fue ensamblar una especie de
muro (o tendedero) que, por la ligereza de los materiales, se pudiera llevar a marchas
y protestas.
Este tipo de actividades se fue diversificando en tanto las violencias que
aquejan a la sociedad mexicana también se hicieron más evidentes (Ayala et al.,
2024). La iniciativa de bordar para denunciar se fue expandiendo a distintos
contextos y otros estados de la República Mexicana. Asimismo, el bordado de
pañuelos fue delineando sus propias características semióticas, por ejemplo: el uso
del color rojo para bordar asesinatos, verde para bordar el nombre de personas
desaparecidas y morado para hacer memoria de las víctimas de violencia feminicida.
Actualmente se pueden rastrear decenas de iniciativas colectivas que
proponen el hacer textil en su dimensión activista o transformadora. Entre estos
casos se encuentran: Que se arme la tejedera
2
, grupo de bordado y tejido formado
en Morelia, Michoacán que emplea estas prácticas como procesos de memoria,
denuncia y acompañamiento o la colectiva A bordar cuerpo, tejer barrio
3
, la cual
está integrada por mujeres y disidencias que emplean el bordado y el tejido no solo
como ‘herramienta’ de denuncia, sino como posibilidad de enunciación de la
experiencia vivida en tanto violencias y la promoción de derechos, enfatizando la
potencia pedagógica de estas prácticas.
Finalmente, cabe mencionar a todas las derivaciones estatales de ‘Bordamos
por la paz’, como Bordeamos por la Paz
4
, colectivo en Ciudad Juárez Chihuahua que,
2
Se puede conocer el trabajo del colectivo en el siguiente video. Jaramillo, T [La Voz de
Michoacán]. (3 de julio de 2017). Especial Cultura [video]. YouTube.
https://www.youtube.com/watch?v=BwAV0ZOhNx8
3
La colectiva publica activamente su trabajo en sus redes sociales. A bordar cuerpo, tejer
barro [@abordarcuerpo.tejerbarrio]. Instagram.
https://www.instagram.com/abordarcuerpo.tejerbarrio/
4
Presentes en las redes sociales de Instagram y Facebook, así como en la red Somos Memoria
(s.f.). Bordeamos por la Paz. https://somosmemoria.mx/bordeamosporlapaz
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además de bordar casos de desaparición forzada, ha formado el proyecto “Adopta un
desaparecidx”, el cual busca acompañar de manera integral a madres buscadoras.
Al respecto, Dávalos-Chargoy, una de las fundadoras de Bordeamos por la
Paz, enfatiza la potencia política de la acción textil en la configuración de colectivos
de mujeres que se acompañan afectivamente. Bordar el caso de una persona
desaparecida, entonces, no solo es un trabajo de memoria y de “denuncia silenciosa
a través de cada puntada bordada” (Dávalos-Chargoy, 2019, p. 59), sino un acto de
cuidado para la madre buscadora: “para mí hacerle un bordado es [como] mucho
con esta intención, hacerlo bien bonito, lo más bonito que yo pueda hacerlo, para
que esa madre entienda que a mí me importa lo que está viviendo” (Dávalos-
Chargoy, comunicación personal, 12 de febrero de 2024).
En Chihuahua los antecedentes de activismo textil se remontan al 2004. Ante
el complejo entramado de feminicidios y desapariciones en la región, la artista
Deborah Koenker dirigió el proyecto Missing o Las desaparecidas, instalación
colectiva que buscó elaborar una pieza para denunciar los casos de feminicidio en
Ciudad Juárez (Koenker, 2020).
De acuerdo con la autora, a este trabajo se sumaron mujeres de la comunidad
de Tapalpa, Jalisco, para bordar sus huellas digitales en grandes mantas que
posteriormente fueron colocadas cerca de fotografías y otros elementos de
identificación de mujeres víctimas de feminicidio.
Figura 1. Mujeres bordando y tejiendo en el espacio público
Nota. Mujeres que se convocan en el espacio La Tejedera [fotografía], de Jaimes, comunicación
personal, 2025. Reproducida con permiso de la autora.
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El auge de los activismos textiles en México no es fortuito, pues responde a una serie
de procesos socio-históricos a través de los cuales el trabajo textil se ha re-valorizado
más allá de su cualidad decorativa. En ese tenor, Olalde (2019) menciona que el
hacer textil, en particular el bordar como acción política, posee tres características
interesantes: su ‘idoneidad’ en tanto no requiere experiencia previa ni muchos
materiales para convocar a la acción colaborativa; su capacidad para conmover y
despertar las emociones de quienes se convocan a bordar; y la facilidad con la que, a
través del bordado, se pueden “propiciar formas de solidaridad y colaboración”
(Olalde, 2019, p.24).
Si nos ceñimos a estas tres características, los activismos textiles van mucho
más allá de lo que dichas obras terminadas, dígase bordados o tejidos, pueden
revelar. En el rostro bordado del desaparecido o en la relatoría de un caso de
feminicidio no se puede ‘leer’ a simple vista el nivel de experiencia de quien lo realizó,
ni las emociones que tuvo al hacerlo, mucho menos si en la elaboración de esa pieza
hubo colaboración y una comunidad que se reuniera con el pretexto de los hilos y las
agujas.
De esta manera, como se estableció en la introducción al presente ensayo, no
podemos hablar de activismos textiles centrándonos en los objetos, eso nos lleva a
crear símiles o metáforas que desdibujan la complejidad tanto del hacer textil como
de su dimensión activista. Ejemplo de ello es el concepto ‘textimonio’, acuñado por
Climent-Espino (2022), quien lo define como:
Un escrito de materialidad textil y de carácter visual, verbal o no verbal,
elaborado manualmente mediante bordado, de autoría grupal –o individual
en un contexto grupal- frecuentemente de agencia femenina, y de contenido
por lo general (auto) biográfico o relacionado con la realidad inmediata de la
bordadora (Climent-Espino, 2022, p. 24).
Aunque el concepto sí recupera principios centrales de los activismos textiles
como una marcada agencia femenina, el trabajo colectivo y la relación de los objetos
textiles con la realidad circundante, sigue centrándose en el producto final del bordar
como el medio para acercarse a las prácticas activistas.
De la misma manera, Andrä et al. (2019) engloban arpilleras, bordados con
casos de desapariciones, quilts, entre otros trabajos textiles, bajo la categoría de
‘textiles de conflicto’ (conflict textiles) y los reconocen como ‘objetos testigos’ (object
witnesses), es decir, textiles usados para “representar, hablar de, y resistir a la guerra
y a la violencia militarizada
5
” (Andrä et al., 2019, p.5).
Las autoras, empero, reconocen que estos objetos ‘hablan’ en tres registros: el
registro documental porque son creados en momentos históricos específicos; el
registro visual por la carga semiótica que poseen, i.e. los colores de los hilos o el tipo
5
La traducción es mía.
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de telas; y, por último, el registro sensorial, por la materialidad que los constituye,
como el tipo de hilos empleados, la procedencia de las telas o el grosor de las agujas.
Si bien ambos conceptos son útiles, al preconizar mirada del receptor y
enfocarse en los objetos y no en las prácticas, toman como referencia los mismos
marcos que el trabajo textil busca subvertir, a decir: la centralidad de lo visual en las
denuncias; la necesidad de enmarcar la protesta en espacios curatoriales; y el buscar
reconocer las prácticas textiles en un canon artístico que las ha devaluado
históricamente (Parker, 1984).
Un bordado no es un texto que podemos leer, recomendable analizar a Lara y
Pérez (2025) a este respecto, y así como un tejido sobre la guerra no es similar a una
fotografía, de lo cual conviene comparar la visión de Bacic (2019) al interior de la de
Andrä et al. (2019) sobre ello. Dichas perspectivas tienen una lógica práctica distinta
y es justo esa lógica, lo que acentúa su carga política-activista.
Derivado de lo anterior, en el siguiente apartado presento mi propuesta de
acercamiento a los activismos textiles en México. Primero delineo dicha propuesta a
través del concepto ‘experiencia textil’, para, en un segundo momento, nutrir esta
aproximación con los conocimientos, sentires y reflexiones de cinco bordadoras
activistas mexicanas.
Experiencias textiles
Como se ha esbozado en este ensayo, se pueden asumir distintas perspectivas
para explorar los activismos textiles: desde quien realiza la práctica, quien vive la
experiencia de violencia o quien se acerca al objeto textil terminado, por mencionar
algunas. Estas perspectivas detonan narrativas diferentes sobre los activismos, por
ello en esta propuesta me centro en las narrativas que surgen de la voz de quienes
realizan los bordados o tejidos. Al respecto, Gargallo (2020) enuncia:
Como la aguja que entra en la tela, la persona que se presenta a bordar penetra
en el tejido social. Se mete a la calle como punzón enhebrado de voluntad y
recupera el derecho a la movilidad de todo el colectivo humano. Bordar se
vuelve entonces un arma moral: la que teje la historia de una víctima, la que
resiste la compulsión de guerra y promueve que la gente vuelva a hablarse. (p.
85)
En ese mismo tenor, reconozco que son aquellas personas que se reúnen a
bordar, tejer o coser quienes encarnan los activismos textiles. No solamente porque
muchas veces son al mismo tiempo protagonistas de las violencias y denunciantes
activas, sino porque el conocimiento textil, es decir, aquel que deriva del contacto
con la materialidad (los hilos, las telas, las agujas), es parte de ellas.
Solo quien ha sostenido aguja e hilo sabe de las complicidades que se forman
a través y con la materialidad. En palabras de Pérez-Bustos (2019), acercarse a las
prácticas textiles también implica “indagar acerca de cómo estos oficios son
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productores de conocimiento, más allá de que sean usados como metáforas de este”
(p. 2).
De esta manera, al centrarnos en la experiencia de quien se convoca al
activismo textil, reconocemos también la complejidad de esta clase de prácticas. Con
esto en mente, centro este trabajo en prácticas de bordado activista en México; en
particular, en aquellas que buscan denunciar la violencia feminicida.
Este corte metodológico responde a dos metas centrales: estudiar a con
seriedad una práctica que implica técnicas y materialidades particulares y explorar
procesos organizativos pensados por y para mujeres ante un fenómeno social que
condiciona nuestras vidas.
Esta propuesta indaga sobre las ‘experiencias textiles’ de las bordadoras al
acercarse a algunas conceptualizaciones que ellas construyen respecto a sus mismas
prácticas activistas.
La técnica que se sigue para esta exploración es la entrevista a profundidad;
instrumento que busca detonar narrativas
6
por parte de las bordadoras y explorar
algunas dimensiones del bordado como: su marcada genealogía femenina (Parker,
1984; Kim, 2018; Pérez-Bustos et al., 2019b; Tapia-de-la-Fuente, 2021), el trabajo
en colectivo (Sánchez-Aldana et al., 2019; Climent-Espino, 2022), el diálogo con las
materialidades (Pérez-Bustos y Chocontá-Piraquive 2019ª; Pérez-Bustos, 2021;) y
los procesos de organización, denuncia y acompañamiento de las mujeres (Gargallo,
2020; Rivera, 2021; Held, 2022).
De la mano con lo anterior, hablar de ‘experiencia’ no es un mero capricho
conceptual, pues apunta a la clase de metodología que se sigue para acercarse a los
activismos textiles. La entrevista, en ese sentido, no debe entenderse como un
instrumento que permite obtener datos, sino como un proceso de construcción
conjunta de significados (participatory sense-making, en términos de De Jaegher y
Di Paolo, 2007); un tejido a cuatro manos entre entrevistadora y bordadora.
Si bien, podría entenderse en términos de historia oral o historia de vida
(Aceves, 1996), no se busca realizar una labor documental para “enriquecer el
conocimiento histórico contemporáneo” (de Garay, 1999, p. 148), sino la generación
de eventos narrativos discretos en donde las colaboradoras hilan personajes,
procesos y circunstancias para dar sentido a sus prácticas desde una arista concreta
7
.
6
Siguiendo algunas propuestas en ciencias cognitivas (Herman, 2013), entiendo a la narrativa no
como un género literario con estructuras que demarcan la manera de contar una historia, sino como
una habilidad socio-cognitiva que permite a las personas dar sentido a sus vivencias.
7
La propuesta acá delineada deriva de mi investigación doctoral en curso. En esta entrecruzo los
paradigmas de los Estudios del Discurso y la Lingüística Cognitiva para el análisis de las narrativas.
Si bien en este ensayo no pretendo presentar lo encontrado en el análisis, sí es pertinente apuntar que
el concepto de ‘experiencia textil’ busca ser un término abarcador a partir del cual el lenguaje en uso,
en este caso, las narrativas emergentes, son entendidas como discursos. En palabras de Pfleger
(2021a): “El discurso es considerado, por tanto, como un proceso sofisticado y complejo de
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Dichos eventos, se entienden como un Espacios Comunicativos Relacionales
e Identitarios, (ECRI, Pfleger, 2019a, 2021a; Robles, 2023), es decir, como espacios
simbólico-discursivos a través de los cuales el sujeto conceptualizador construye,
reconstruye y escenifica una versión de su realidad circundante (Pfleger, 2021a). Es
la pluralidad de eventos narrativos lo que propicia hablar de ‘experiencia textil’ como
una macro-narrativa compleja que implica una red de relaciones simbólico-
discursivas, tanto en cada evento de la entrevista, como de manera transversal, en
los patrones que se repiten en varias entrevistas.
Finalmente, he de puntualizar que las ‘experiencias’ que se reconstruyen a
partir de las narrativas son fragmentarias, delinean algunos momentos de lo que se
vive en la juntanza de bordado. No obstante, que sean fragmentarias no debe
interpretarse como un vacío en la construcción de conocimiento, más bien como una
condición del mismo trabajo textil. Como toda tejedora, costurera o bordadora
sabemos, el saber-hacer textil es, en ocasiones, meramente corpóreo, esos ‘gestos
textiles’ (Pérez-Bustos, 2021) que no se pueden enunciar siempre.
Asimismo, su condición fragmentaria me permite proponer tres grandes ejes
heurísticos para la exploración del bordado activista, a decir: el eje antropológico, el
eje fenomenológico y el eje social. Si bien, en este ensayo no pretendo ofrecer un
análisis discursivo, en los siguientes tres subapartados ilustro estos ejes a partir de
lo narrado por cinco bordadoras activistas.
Eje antropológico: genealogía textil
Tanto textos fundacionales sobre el bordado activista (Parker, 1984; Pentney,
2008), como investigaciones actuales (Pérez-Bustos et al., 2019b; Tapia-de-la-
Fuente, 2021) mencionan un elemento clave de las prácticas textiles: son actividades
llevadas a cabo, principalmente, por mujeres. Si bien, se puede argüir que hay
hombres que tejen y bordan, estas actividades, históricamente han sido asociadas
con procesos de sostenimiento y reproducción de la vida que atañen al espacio
doméstico, incluso si forman parte de dinámicas de compra-venta (Ramos, 2007;
Manrique, 2022).
En ese sentido, el eje antropológico de las experiencias textiles activistas hace
referencia a las interrogantes que se realizaron en la entrevista para explorar las
prácticas de enseñanza, creación de comunidad y construcción de conocimientos que
se gestan en ese primer espacio doméstico o privado y que, de alguna manera
atraviesan las vivencias de las bordadoras.
Ejemplo de lo anterior, es el fragmento (1), en el cual Tzitziki, antropóloga y
bordadora activista de Michoacán, narra sus primeros acercamientos con la
materialidad textil.
construcción de significación que triangula constantemente entre estructuras sociales, estructuras
discursivas y estructuras cognitivas” (p. 21).
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(1) Mi abuela es una fanática de, de las carpetas y de los hilos y entonces desde
muy niña, eh, yo la acompañaba al mercado, y me compraba una
servilleta que ya venía con las figuritas, este, pintadas y me
compraba unos hilos. Y luego ella se sentaba en la tarde a bordar y
me sentaba junto a ella en una sillita. De hecho, todavía tengo como
esos, este, esos lienzos con mis primeras puntadas que son así como puros
nudos y todo eso. Y me da como mucha nostalgia. Mi abuela ya falleció, pero
ese fue mi primer acercamiento con los hilos, con, con bordar y como lo que
ha significado pues el acercamiento creo entre mujeres de, de la familia
(Fragmento de narrativa, en entrevista con Tzitziki, 2024).
Además de inscribir a su abuela como primera maestra del trabajo textil, en esta
breve instancia narrativa, la bordadora también delinea elementos clave de su
trabajo activista posterior: un comienzo temprano asociado a la infancia; el hacer
junto con otras mujeres (“ella se sentaba a bordar y me sentaba junto a ella”); y el
acercamiento paralelo a la materialidad (“los hilos”) y a las mujeres de su familia.
Si bien muchas son las aristas que se pueden y deben resaltar desde el eje
antropológico y su estudio en los activismos textiles, el carácter ancestral del textil
es sumamente importante. Como menciona la periodista Tammy Kim (2018), “when
I pick up needle and thread, I join a long line of women who have turned the
domestic arts into political expression.” (párr. 1).
Seguir explorando cómo las mujeres sostienen las prácticas textiles y cómo
esto conlleva al reconocimiento de abuelas, madres o tías que alguna vez nos
acercaron al bordado, es relevante en tanto hablamos de activismo, pues se voltea la
mirada al trabajo cotidiano, en donde en medio de la conversación, los cuidados y
las tareas, también se configuran actividades políticas. Asimismo, porque,
justamente, la historia de control de los cuerpos de las mujeres y la devaluación de
sus quehaceres (Parker, 1984) ha permitido que el bordado no se vea como una
amenaza, sino como un llamado que, en muchas ocasiones convoca al encuentro
intergeneracional (Fig. 2).
De igual manera, esta asociación entre mujeres y bordado es tan común que
se genera una remembranza en la experiencia textil, incluso si las bordadoras no
tuvieron un primer acercamiento familiar con la técnica. Tal es el caso de Laura,
psicóloga y bordadora de la Ciudad de México, que en (2) hace alusión a su abuela,
aunque no haya aprendido de ella.
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Figura 2. Encuentro de generaciones
Nota. Encuentro intergeneracional de bordadoras y tejedoras [fotografía], de Jaimes,
comunicación personal, 2025. Reproducida con permiso de la autora.
(2) En realidad, no tiene mucho tiempo que inicié a bordar, fue el 2019 me parece,
eh, en general, digo, a mí, desde que era niña, me gustaban las manualidades
[…]. Mi abuelita no bordaba, por ejemplo, ella tejía. En algún
momento intenté aprender, pero como no nos veíamos tan seguido
fue muy complicado. (Fragmento de narrativa, en entrevista con Laura,
2024)
Igualmente, en sus objetos bordados, imprime esta experiencia entre mujeres de
su familia frente a las violencias; como se observa en la siguiente fotografía (Fig. 3)
que, de acuerdo con la bordadora, ilustra el vínculo entre su madre y ella y el
acompañamiento que recibió durante su investigación de maestría sobre bordados y
feminicidios en México
8
.
8
El trabajo y convocatoria continua de Laura se encuentra disponible en Instagram. Laura Aparicio
[@laulau.ar]. (21 de septiembre de 2021). Convocatoria Abierta. Instagram.
https://www.instagram.com/p/CUG68tRjbAt/?img_index=1
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Figura 3. Bordando el feminicidio
Nota. Bordado de Laura que retrata el vínculo con su madre y cómo esta se relaciona a manera
de protección ante la violencia feminicida [fotografía], de Aparicio, comunicación personal,
2025. Reproducida con permiso de la autora.
Eje social: emergencia de una comunidad
Entre los múltiples fenómenos que atraviesan el hacer textil activista, el
espacio que se propicia para intercambiar experiencias y compartir una causa es
central. Aunque no toda empresa activista forzozamente se practica por medio de
colectivos, sí implica: comunicación, organización e intercambio de saberes, gestos,
e, incluso, objetos.
Este intercambio es, justamente, lo que posibilita que, en el espacio de
reunión, ya sea periódico u ocasional, emerja una comunidad dispuesta a escucharse.
En el tema de la violencia feminicida y sus múltiples caras en la vida de las
mujeres, el contar con un espacio de diálogo no es menor. Tal como lo narra Ariadna,
artista textil de Sinaloa:
(3) […] se me hace un grupo bonito en el que todas, o sea, a veces nada más
llega una que: “ay, oigan me siento muy mal”, y cuentan, ¿no? Y es
como, se me hace chistoso, chistoso pero bonito. Pues de que, o sea,
desconocidas, pero sabemos lo que está pasando, tal vez porque
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pues todas vivimos violencias similares, y nos, como que nos
apapachamos, así, aunque sea como de un mensajito y así; pero sí, como
que sí, no sé si el tener algo en común que o sea el bordado, te acerca
a la gente. Pues, es que, te digo, no sé cómo, no sé cómo pasa, pero
pasa, o sea, desde que: “oye, qué bonito te quedó, ¿cómo lo hiciste?”, o sea,
empiezas a, de que, le enseñas cómo y entonces que: “ay dónde aprendiste”,
[y] ya te cuentan la historia. (Fragmento de narrativa, en entrevista con
Ariadna, 2024)
En el fragmento (4) se inscriben varios procesos significativos en la creación de
comunidad, como: el diálogo abierto, la compañía afectiva (“como que nos
apapachamos”) y el compartir un interés en común (“el bordado”). No obstante,
como bien se ilustra, la emergencia de esa comunidad tiene un toque de casualidad
(“no sé cómo pasa, pero pasa”); ya sea por la materialidad y la cercanía que implica
o por los temas que convocan, emerge un espacio otro que permite a las personas
acercarse y, aunque sea por un par de horas, compartir un espacio de escucha mutua
y acompañamiento.
Por ello, no es azaroso que la mayoría de los verbos inscritos tengan que ver
con la construcción conjunta de significados (participatory sense-making, De
Jaegher y Di Paolo, 2007), como: contar, enseñar, apapacharse. Sin embargo, lo más
interesante de este ejemplo es la carga afectiva que implica la experiencia, pues,
aunque las participantes de la juntanza no se conozcan desde antes, son parte de
otro proceso que conocen conjuntamente: la violencia (“desconocidas, pero sabemos
lo que está pasando, tal vez porque pues todas vivimos violencias similares”). En
respuesta a este mismo fenómeno, podemos ver, en el bordado realizado por
Ariadna; una ofrenda dedicada a las víctimas de feminicidio no identificadas (Fig.
4).
Las posibilidades de ahondar en la experiencia textil desde el eje social
exceden el espacio de este ensayo. No obstante, es preciso remarcar que, además de
la emergencia de una comunidad que se acompaña, esta dimensión de los activismos
textiles se relaciona también con la construcción identitaria de quien se convoca a
bordar, así como la posibilidad que cada bordadora tiene para desplegar un lugar de
enunciación y desde ahí denunciar su realidad circundante. Como mencionan
Castellanos y Castaño (2022):
El bordado activa asuntos que van más allá del bordado mismo en todos los
casos; así, la puntada, el hilo, la tela y la aguja se vuelven vehículos para
reunirse alrededor de temas como el cuidado del cuerpo y el planeta, para
preguntarse sobre el rol de las mujeres –a quienes históricamente se les ha
asignado este oficio- o para fortalecer lazos de amistad e intercambiar
distintos conocimientos, o incluso bordados (p.231).
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Finalmente, se podrían explorar otros temas también sumamente
interesantes como el uso del espacio público en la protesta o la materialidad textil
como tecnología que acerca los cuerpos. Respecto a este último, ahondo en el
siguiente eje.
Figura 4. Un altar para las víctimas de feminicidios
Nota. Bordado, a manera de altar, dedicado a las víctimas de feminicidio no identificadas
[fotografía], de Santiago, comunicación personal 2025. Reproducida con permiso de la autora.
Eje fenomenológico: diálogo con la materialidad
Para aquellas personas que realizan trabajos textiles puede parecer un lugar
común afirmar que la experiencia se ve directamente afectada por la materialidad
con la que se interactúa. Los hilos de un bordado se pueden enredar, la tela se jala y
hace difícil sostener la puntada, las agujas pinchan. Como afirma Pérez-Bustos
(2019, 2021) mucho de aquello que se conoce en la experiencia textil tiene que ver
con este diálogo con la materialidad. Si nos enfocamos en los objetos, este diálogo se
borra.
La necesidad de explorar este eje redunda en conocer las narrativas de
bordadoras ante los hilos, las telas, las agujas y sus cualidades particulares. A decir:
sentir y tocar lo textil; el paso del tiempo cuando uno borda; incluso, los afectos que
se vierten en una pieza. En ese sentido, Sandra, investigadora, docente y bordadora
de Ciudad de México, comparte la siguiente narrativa:
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(4) Entonces a mí mi abuela me enseñó que si te equivocas en una
puntada eh la puedes convertir en otra cosa, ¿no?, y entonces me
enseñó a trabajar con el error, y en lugar de quitar todo o desbordar todo
puedes ver qué sale de ese de esa puntada mal hecha pues, se convierte
en una flor, o a mí a veces se me ha convertido en pajarito, de: “ay,
bueno, pues aquí pongo un pajarito”. (Fragmento de narrativa, en entrevista
con Sandra, 2024)
En el fragmento discursivo podemos resaltar dos elementos interesantes: la
recurrencia de una maestra de la genealogía textil (la abuela) y el error como
oportunidad en el bordado. Aunado a ello, remarco cómo los resultados del error
están inscritos en la forma pronominal del verbo convertir (“se convierte en una
flor”, “se me ha convertido en pajarito”), lo cual apunta a la construcción de la
materialidad como algo dotado de cierta agencia o, al menos, como algo que la
bordadora no asume como pasivo ante su creación; como si una fuerza externa
obligara al error (y al hilo) a convertirse en otra cosa.
Este diálogo con la materialidad es una dimensión de la experiencia textil que
no puede ser completamente comprendida hasta tomar aguja e hilo (Pérez-Bustos,
2021). Enfatizar su importancia nos podría orillar a acercarnos a los objetos textiles
con meticulosidad y reforzar lo enunciado desde la introducción: los textiles no son
textos o imágenes que se puedan ‘leer’, sino la huella de un proceso afectivo y
semiótico complejo que solo en la experiencia repetitiva y ritual del hacer textil,
adquieren toda su dimensión activista, tal cual se percibe en el bordado realizado por
Sandra (Fig. 5).
Aunando a lo anterior, el eje fenomenológico de la experiencia textil abarca
construcciones identitarias y de conocimiento que, precisamente, refuerzan lo vivido
como un proceso central en el activismo, más allá de los objetos que se borden. Habrá
de recordarse que es una técnica que, al implicar el cuerpo, activa procesos de
conocimiento que muchas veces no son tomados en cuenta al acercarnos a un textil.
A propósito, Stephany, artista de la Ciudad de México, afirma:
(5) Es bonito, porque siento que todo lo que (el), que el hilo se te enrede, que, que
le des la vuelta y se te quede porque no tenía que ser por ahí, ¿no?, o sea todos
esos procesos eh, hacen que generes un conocimiento de, de, estas
materialidades y a tal grado que estas materialidades se vuelven
parte de ti, ¿no? Y entonces como esta experiencia, eh, no es como solo
un conocimiento adquirido, sino más bien es algo que ya forma
parte de, quién eres, ¿no?, y eso me parece como muy bonito. Pues ya
eres esto, ¿no?, o sea, ya no vas a pensar en cómo deshacer el nudo, ya lo
deshaces porque, ya, es tuyo, ¿sabes? Ya tú eres técnica y es bonito.
(Fragmento de narrativa, en entrevista con Stephany, 2024)
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Figura 5. Los afectos en el bordado
Nota. Bordado para las madres de víctimas de feminicidios y desaparición forzada [fotografía],
de González, comunicación personal 2025. Reproducida con permiso de la autora.
Al ser cuestionada sobre situaciones comunes en el quehacer textil como que se
enrede el hilo o pincharse con una aguja, la bordadora construye una narrativa
compleja de la experiencia que trasciende el diálogo con la materialidad. A fuerza de
la repetición, otra condición del bordado, y de esos ‘errores’, la bordadora aprende
cosas que no se pueden inscribir por completo en el lenguaje, sino que constituyen
un saber-hacer integrado en el cuerpo (Pérez-Bustos, 2021).
Por otro lado, es sumamente relevante hacer notar que la técnica se vuelve un
elemento identitario de quien borda (“ya tú eres técnica”). Es decir, no es
simplemente un medio que alguien utiliza para denunciar una realidad; sino que se
experimenta, y se construye discursivamente, como un conocimiento encarnado.
Esto lo ilustra Stephany portando un ‘pasamontañas’ bordado por ella (Fig. 6).
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Figura 6. Tú ya eres la técnica
Nota. Pasamontañas bordado con la frase: “Bordo porque gritar no es suficiente” [fotografía], de
Pino, comunicación personal, 2025. Reproducida con permiso de la autora.
Para cerrar este apartado, y de manera un tanto circular, me permito afirmar
que es el contacto con la materialidad lo que enfatiza la necesidad de acercarnos a
los activismos textiles desde la experiencia que posibilitan. No estamos hablando de
un activismo que ‘use’ el bordado como herramienta, sino de un hacer textil como
práctica de conocimiento que, justamente por el encuentro con la aguja, el hilo y la
tela, es que cobra su completa dimensión activista. Es a fuerza de deshacer los nudos,
de sostener el bastidor y de repetir una puntada una y otra vez, que el nombre de las
víctimas cobra un significado distinto.
Reflexiones: las otras puntadas
A lo largo de este ensayo he pretendido presentar una propuesta para
acercarnos a los activismos textiles, misma que se cimienta en dos afirmaciones. La
primera es que es importante nombrar las prácticas de bordado, tejido y otras
‘labores de aguja’ que denuncian y hacen memoria, justamente, como ‘activismos
textiles’ en pos de una consolidación del concepto. En segundo lugar, que, para
acercarnos a estas formas de activismo, es necesario voltear la mirada a las
experiencias de las personas que se convocan a bordar, tejer o coser; pues son las
prácticas, no los objetos, lo que posibilitan su dimensión política-activista.
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La propuesta redunda en conocer las construcciones discursivas de mujeres
bordadoras activistas en México y, a partir de ello, explorar algunos elementos
característicos del activismo textil como fenómeno social. Esto es a lo que llamo
‘experiencia textil’. Al ser parte de mi investigación doctoral en lingüística, en este
texto esbozo lo explorado en cada eje, centrándome en algunos fragmentos
narrativos.
Por ello, he de aclarar que tanto los ejes son etiquetas que se pueden desafiar,
i.e. cambiar de nombre, subvertir; como que los fragmentos no se presentan con un
análisis riguroso, pues no es el objetivo de este ensayo. Aunque los ejemplos sí
provienen del lenguaje, porque es mi lugar de construcción epistémica, lo vivido en
la experiencia textil se puede asir desde otros espacios, como el documental
audiovisual que también privilegia la (auto)enunciación (Rivera, 2014; Hernández,
2025).
Por último, si el textil “desde su origen ha sido multimedia” como afirman
Ángulo y Martínez (2016, p. 51), las formas en las que nos aproximamos a él también
deben trascender los marcos de indagación tradicionales. Los activismos textiles, por
su origen múltiple y por las muchas dimensiones epistémicas que los entretejen,
merecen ser conocidos a través de las bordadoras, tejedoras o costureras.
Esta propuesta no solamente nos acerca a aquello que se gesta en el espacio
emergente del activismo textil, con las sutilezas, intersticios y contradicciones que
ello implica; sobre todo, nos permite delinear un paisaje de voces vigentes, de
experiencias y de conocimientos otros que dan fe de los procesos organizativos de
mujeres, quienes, ante las violencias crecientes del mundo actual, deciden tomar hilo
y aguja para crear otras formas de existir.
Conflicto de interés
Se declara por parte de la autora la inexistencia de cualquier tipo de conflicto
de intereses en la publicación de este ensayo.
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Acosta-Castillo
PHRŌNESIS DELIBERACIŌN-DIRECCIŌN-PRÁXIS, Vol. I (2): e2072 (2025)
2025 PHRŌNESIS DELIBERACIŌN-DIRECCIŌN-PRÁXIS
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