cognitivas y lingüísticas, pues para darle sentido a nuestras experiencias y
fenómenos sociales, nuestra mente organiza y codifica tales estímulos, creando así
mundos simbólicos que se manifiestan en ideologías, posturas identitarias y
conocimientos (Pfleger, 2021; van Dijk, 1985).
De esta manera, lo lingüístico no se describe como un suceso aislado, sino
que está intrínsecamente relacionado a lo extra-lingüístico, pues el lenguaje es sólo
en uso y acción. Tal triangulación permite dejar atrás el determinismo con el que ha
cargado la lingüística desde la teoría Sapir-Whorf, que plantea en su visión más
fuerte que las estructuras lingüísticas moldean y limitan la manera en la
experimentamos el mundo; por el contrario, los estudios del discurso desde un
enfoque cognitivista reconocen que todas las aristas se alimentan entre sí, no
precisamente porque lo lingüístico influya directamente en lo social o viceversa, sino
porque es el discurso, aquella “expresión subjetiva realizada por los hablantes en
una situación comunicativa, la que controla esta influencia mutua” (van Dijk, 2012,
p. 13, como se citó en Pfleger, 2021).
Por otro lado, para complementar este enfoque, este libro se apoya también
en la perspectiva de la semiótica discursiva, que plantea que todo texto se produce y
desenvuelve en la práctica discursiva, haciendo uso de modos y tipos discursivos, así
como géneros textuales (Greimas y Courtés, 1990). Esta rama de la semiótica,
además, permite estudiar a detalle cómo es que el sentido se produce, se transmite
y se interpreta en los discursos mediante el análisis pormenorizado de signos y
estructuras situadas en contextos culturales particulares, para así lograr un
acercamiento y mejor entendimiento de intenciones, ideologías y significados
subyacentes. La semiótica discursiva sin duda es más que relevante en la
modernidad tardía, pues hoy en día la imagen, tanto visual como simbólica, se ha
posicionado como el medio predilecto de representación y comunicación dada la
digitalización de la cual es imposible no formar parte.
Considerando lo anterior, la vinculación de ambos enfoques resulta en
contribuciones con miradas plenamente conscientes de la complejidad de los
fenómenos que cada una aborda, recordándonos que un solo tema es capaz de
develar un sinfín de caminos de estudio, a la vez que nos ofrece investigaciones
sólidas de las que emergen preguntas que invitan a continuar cuestionándonos
desde la multimodalidad y multidisciplinariedad.
Dividido en tres secciones, el libro discute sobre las identidades particulares
de entornos diferentes, pero representativos del aquí y ahora. La primera sección,
titulada Identidades y espacios urbanos en el siglo XXI, retrata en cuatro
contribuciones cómo es que la identidad está sujeta a los espacios en los que se vive
y cómo es que la urbanidad y su crecimiento desmedido y desorganizado repercuten
en ella. La urbanidad es el hilo conductor de múltiples factores que tejen lo que es
hoy la modernidad tardía, pues las grandes ciudades son el referente principal en
todo aspecto, ya que ahí se centralizan recursos y capitales de tipo simbólico y
cultural, además de ser sedes del poder político y mercantil, lo que en conjunto