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PHRŌNESIS DELIBERACIŌN-DIRECCIŌN-PRÁXIS, Vol. I (2): e2104 (2025)
https://revistascientificas.uach.mx/index.php/fronesis
Reseña
Sabine Pfleger y Eduardo Chávez Herrera
(Coords.). (2025). Identidades en la
modernidad tardía: Acercamientos desde los
estudios del discurso y la semiótica
discursiva. ENALLT
Sabine Pfleger and Eduardo Chávez Herrera (Eds.). (2025). Identities
in Late Modernity: Approaches from Discourse Studies and
Discursive Semiotics. ENALLT
Denisse Adriana Moreno Batista1*
1 Grupo de Investigación Lenguaje, Pensamiento y Complejidad Social, Escuela Nacional de Lenguas,
Lingüística y Traducción ENALLT. Universidad Nacional Autónoma de México.
Ciudad Universitaria, Alc. Coyoacán. C.P. 04510 México, CDMX.
*Correspondencia: denisse.mor.bat@outlook.com (Denisse Adriana Moreno Batista)
Recibido: 30 de septiembre de 2025; Aceptado: 10 de noviembre de 2025
Publicado por la Universidad Autónoma de Chihuahua, a través de la Dirección de Investigación y Posgrado.
El periodo en el que vivimos actualmente se
caracteriza por la falta de estabilidad, resultado
inevitable de procesos históricos y
socioeconómicos que se han desarrollado desde la
última mitad del siglo pasado. El neoliberalismo
logró instalarse con firmeza, pero las
consecuencias de ello son evidentes en las
ltiples crisis que se presentan simultáneamente,
tanto a nivel local como global, tales como la crisis
climática, la crisis de vivienda, la crisis de salud
pública y los conflictos geopolíticos, entre otros.
A este momento de tensiones se le ha
denominado modernidad tardía (Reckwitz, 2021;
Pfleger, 2021), pues si bien emerge posterior a la
‘modernidad’, es también el periodo de transición
hacia lo que se le ha llamado ‘posmodernidad’,
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distinguida por el cuestionamiento de ideologías que se habían pensado como
verdades consolidadas, por ejemplo: la idea del progreso como un camino lineal, la
confianza ciega en las narrativas distribuidas en medios de comunicación masivos y
la movilidad social dependiente de un sistema meritocrático.
En otras palabras, la modernidad tardía es la realidad convulsa en la que nos
situamos, fragmentada por los constantes cambios que generan un sentimiento
compartido de incertidumbre ante el porvenir, de frustración y decepción ante
promesas no cumplidas, marcada por la digitalización que intercede en todos los
aspectos de nuestras vidas, modificando las formas en las que nos relacionamos
porque además se prioriza al individuo en vez de la comunidad.
En este contexto, la identidad se vuelve un proyecto que difícilmente se
construye con seguridad y autodeterminación, pues frecuentemente se imponen
nuevos paradigmas y se abandonan otros, es decir, la vigencia y relevancia de los
valores individuales y colectivos es volátil, pues lo que es hoy puede que no sea
mañana. Nos vemos obligados a adaptarnos y fluir en la liquidez inasible (Bauman,
2000) que complejiza la necesidad humana de sabernos a nosotros con y frente a
otros.
Si bien la identidad es inherentemente cambiante y negociable, en la
modernidad tardía se vuelve aún más dinámica porque se centraliza al individuo
como único agente, responsabilizándolo de su propia singularidad e impulsándola.
No obstante, esta presión no se presenta sólo en las personas, sino también en las
empresas, en las ciudades, en los espacios públicos, en los movimientos sociales y
en los estilos de vida. Prevalece la búsqueda de una identidad distintiva y
superlativa, pues se aspira a ser/ hacer/ tener ‘más’ y ‘lo mejor’, verbos cuya
semántica se desdibuja y amalgama porque lo más importante es lo que de ello
resulta: sobresalir como algo o alguien inigualable, único e irrepetible.
Es por ello que no sólo son pertinentes, sino imprescindibles estudios que
aborden y analicen la complejidad de la identidad en la modernidad tardía, sobre
todo desde una perspectiva multidisciplinaria que dé cuenta de las diversas aristas
de aquello que hoy en día nos atraviesa ineludiblemente. Este esfuerzo es lo que hace
el libro que aquí se reseña, el cual parte de los enfoques de los estudios del discurso
y la semiótica discursiva.
Por un lado, los estudios del discurso han sido una de las ramas más prolíficas
de la lingüística en los últimos os debido a las posibilidades que ofrece su base
epistemológica, la cual demanda la intervención transdiciplinaria de otras áreas
como la antropología, la psicología, la sociología, entre otras. La característica que
distingue a los estudios del discurso respecto a otros campos es que se pone sobre la
mesa al lenguaje como una herramienta creativa con la que se construye
significación situada en contexto, donde no sólo se comunica, sino que se hacen
evidentes las relaciones de poder que conforman aquello que llamamos realidad. Si
a esta fórmula le agregamos el paradigma cognitivista, es aún más claro el papel del
discurso como resultado emergente de la triangulación entre estructuras sociales,
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cognitivas y lingüísticas, pues para darle sentido a nuestras experiencias y
fenómenos sociales, nuestra mente organiza y codifica tales estímulos, creando así
mundos simbólicos que se manifiestan en ideologías, posturas identitarias y
conocimientos (Pfleger, 2021; van Dijk, 1985).
De esta manera, lo lingüístico no se describe como un suceso aislado, sino
que está intrínsecamente relacionado a lo extra-lingüístico, pues el lenguaje es sólo
en uso y acción. Tal triangulación permite dejar atrás el determinismo con el que ha
cargado la lingüística desde la teoría Sapir-Whorf, que plantea en su visn más
fuerte que las estructuras lingüísticas moldean y limitan la manera en la
experimentamos el mundo; por el contrario, los estudios del discurso desde un
enfoque cognitivista reconocen que todas las aristas se alimentan entre sí, no
precisamente porque lo lingüístico influya directamente en lo social o viceversa, sino
porque es el discurso, aquella expresn subjetiva realizada por los hablantes en
una situación comunicativa, la que controla esta influencia mutua” (van Dijk, 2012,
p. 13, como se citó en Pfleger, 2021).
Por otro lado, para complementar este enfoque, este libro se apoya también
en la perspectiva de la semiótica discursiva, que plantea que todo texto se produce y
desenvuelve en la práctica discursiva, haciendo uso de modos y tipos discursivos, así
como géneros textuales (Greimas y Courtés, 1990). Esta rama de la semiótica,
además, permite estudiar a detalle cómo es que el sentido se produce, se transmite
y se interpreta en los discursos mediante el análisis pormenorizado de signos y
estructuras situadas en contextos culturales particulares, para así lograr un
acercamiento y mejor entendimiento de intenciones, ideologías y significados
subyacentes. La semiótica discursiva sin duda es más que relevante en la
modernidad tardía, pues hoy en día la imagen, tanto visual como simbólica, se ha
posicionado como el medio predilecto de representación y comunicación dada la
digitalización de la cual es imposible no formar parte.
Considerando lo anterior, la vinculación de ambos enfoques resulta en
contribuciones con miradas plenamente conscientes de la complejidad de los
fenómenos que cada una aborda, recordándonos que un solo tema es capaz de
develar un sinfín de caminos de estudio, a la vez que nos ofrece investigaciones
sólidas de las que emergen preguntas que invitan a continuar cuestionándonos
desde la multimodalidad y multidisciplinariedad.
Dividido en tres secciones, el libro discute sobre las identidades particulares
de entornos diferentes, pero representativos del aquí y ahora. La primera sección,
titulada Identidades y espacios urbanos en el siglo XXI, retrata en cuatro
contribuciones cómo es que la identidad está sujeta a los espacios en los que se vive
y cómo es que la urbanidad y su crecimiento desmedido y desorganizado repercuten
en ella. La urbanidad es el hilo conductor de ltiples factores que tejen lo que es
hoy la modernidad tara, pues las grandes ciudades son el referente principal en
todo aspecto, ya que ahí se centralizan recursos y capitales de tipo simbólico y
cultural, además de ser sedes del poder político y mercantil, lo que en conjunto
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imponen formas de vida no sólo para sus habitantes, sino para todas las personas
que a se desplazan por motivos de trabajo, educación, turismo o migración.
Toda megalópolis se construye como el modelo aspiracional al que la
provincia y periferia deben aspirar, pues se apoyan fuertemente en narrativas de
progreso y desarrollo; esto se debe a que se caracterizan por lo siguiente:
heterogeneidad de espacios y habitantes, dinamismo permanente, squeda de
inmediatez y digitalización. En las urbes todo es cambiante y, al menos en
apariencia, eso se traduce en posibilidad. Las ciudades configuran la promesa de
oportunidad, pero se deja de lado que fácilmente puede convertirse en saturación,
pues parece que todo está al alcance de la voluntad, responsabilizando al individuo
de sus logros y fracasos.
Esta ficción se desmorona ante la inmensa desigualdad que emerge de su
expansión desmedida, donde la organización misma de los espacios frena la
creación de redes comunitarias, priorizando por sobre todas las cosas la
productividad individual que alimenta la maquinaria neoliberal mediante espacios
enmarcados por la exclusividad y la privatización. La urbanidad, entonces, define
incluso dentro de ella misma lo que es valioso y lo que es desechable.
Ante ello, la identidad se ve afectada al estar en pugna constante, ya que las
urbes ofrecen continuamente nuevas experiencias, modos de pertenecer y de
reconocerse en lo individual y lo colectivo, volviéndose laboratorios de identidades
en tanto que éstas se reconfiguran a través de los significados construidos a partir
de acciones, creencias y emociones dentro de sus espacios.
En esta sección, las primeras dos contribuciones exploran cómo los lugares
refuerzan sentidos de pertenencia e ideologías; llevan por título ‘(Re)construcción
identitaria de migrantes cubanos asentados en Ciudad de México: posicionamientos
ideológicos y distanciamiento grupal’, de Aylín Figueroa González, y ‘Espacio
urbano, significación e identidad social’ de Julio Horta. Ambas contribuciones
plantean la simbiosis que puede existir entre las comunidades y los espacios donde
sus vidas se desarrollan, relacionándose a partir de lo que la materialidad permite y
categoriza, pero también apropiándose del espacio físico y simbólico a través de un
posicionamiento de resistencia e ideología, pues somos las historias que contamos
sobre nosotros mismos.
La resemantización de los espacios puede darse de ltiples maneras,
algunas más agentivas y conscientes, siendo la sociedad misma quien puede
modificar y reconstruir la percepción de espacios que fueron pensados como
representaciones que ya no son vigentes dados los contextos actuales de migración
y protesta.
En contraste, las siguientes dos contribuciones se enfocan específicamente en
cómo algunas identidades se han planteado a partir de lo que se presupone de los
espacios, ya sea por ser lugares con carga religiosa y afectiva o porque se han
impuesto como territorios geográficos delimitados por fronteras geopolíticas
culturizadas. Estas contribuciones se titulan ‘Identidad, memoria y religiosidad. El
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caso de los flagelantes en Santo Tomás, Atlántico (Colombia). Un análisis léxico-
semántico’, de Karen Miladys Cárdenas, e Identidades geoculturales: propuesta
para el abordaje de la identificación con el espacio geográfico desde la semiótica
sociocultural’, de Juan Manuel Montoro y Sebastián Moreno Barreneche. Éste
último trabajo es también un cierre más que adecuado para esta sección porque nos
invita a cuestionar cómo es que se han analizado o asumido identidades a partir de
fronteras naturales, históricas, políticas o incluso lingüísticas, definiendo al ‘yo-
nosotros’ y, por antonomasia, a ‘los otros’. Los espacios, particularmente los
urbanos, resultan ser más que escenarios en los que se desenvuelve la construcción
identitaria, pues más bien son participantes activos que se resignifican junto a los
individuos para adaptarse a las exigencias de la modernidad tardía.
La segunda sección lleva por nombre Identidades subalternas y en ella se
muestran dos contribuciones que se centran en identidades que se encuentran en
procesos de redefinición en los contextos dinámicos de la actualidad. Nuevamente
habría que mencionar la ferocidad del sistema capitalista de corte neoliberal que no
sólo ha arrasado con los recursos naturales, sino que también ha consumido
recursos culturales y cosmovisiones enteras con el fin de lograr una globalización,
trasgrediendo la diversidad de lo local. El llamado neocolonialismo ha cobrado
importancia gracias a que las formas de dominación de las grandes potencias se
realizan de manera indirecta mediante mecanismos sistémicos en las áreas
económicas, financieras, mercantiles y culturales (Nkrumah, 2004).
El imperialismo cultural se ha impuesto de manera silenciosa alrededor del
mundo gracias a la digitalización que enmarca y focaliza lo deseable y de prestigio,
desdibujando identidades que en el pasado se apoyaban en costumbres y tradiciones
propias. Si bien el sincretismo e intercambio cultural han existido siempre en la
historia de la humanidad, la modernidad tardía ha acelerado estos procesos; sin
embargo, aunque el intercambio cultural puede ser enriquecedor porque se
incorporan prácticas y modos de vida, cuando ocurre de manera tan rápida se evita
que haya adaptación e incorporación reflexiva y más bien suceden procesos de
desplazamiento y sustitución. México es muestra fehaciente de cómo el
neocolonialismo tiene efectos que transforman aspectos fundamentales de la
identidad de una comunidad o sociedad, por ejemplo, la turistificación de barrios
que ocurre cuando se apela a las expectativas de visitantes temporales en vez de las
necesidades de sus habitantes, o las ltiples lenguas en peligro de extinción que
llegan a ese punto debido a la falta de políticas lingüísticas, beneficiando a las
lenguas percibidas como de mayor prestigio.
Ante este panorama, los autores de esta sección plantean la urgencia de
nuevos paradigmas que permitan la reflexión de las comunidades respecto a los
sistemas de creencias que convergen sincrónicamente en el aquí y ahora, pero
mirando hacia el pasado para entender cómo es que las identidades sociales han
evolucionado y por qué. Estas contribuciones se titulan ‘El Sistema de Anclaje
Fundacional de la Identidad. Una reflexión desarrollada con alumnos ngiguas de la
Universidad Intercultural del Estado de Puebla’, de David Castro Porcayo, y ‘Lógicas
de reproducción identitaria maya-mesoamericanas. Una aproximación desde el
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sujeto complejo’, de Horacio E. Mendizábal Gara. Pese a que los contextos de
estudio son distintos, ambos textos coinciden en que la exploración de la identidad
comienza cuestionando qué y quié1nes validan lo que la conforma, tomando en
cuenta que históricamente se han ignorado saberes y filosofías que no se han
anclado en la academia occidental, pero que siguen firmes porque están
corporeizadas en las comunidades. Construir la propia historia es también un acto
de resiliencia que se defiende ante los mandatos de la modernidad tardía,
encontrando un punto de negociación en las perspectivas glocales y translocales que
conectan la complejidad identitaria de la diversidad mediante procesos abiertos que
fomentan la interconexión entre personas e ideologías.
Por último, la tercera sección, titulada Identidades entre performatividad y
autorrealización, presenta tres contribuciones que tematizan el carácter efímero de
algunas identidades que se construyen y reconstruyen activamente en entornos
discursivos poco convencionales como libros de autoayuda, espacios virtuales y
gestos dentro de un salón de clases.
La modernidad tardía exige que todo, incluyendo la identidad de los
individuos, se apegue a la velocidad vertiginosa de los cambios, lo que en ocasiones
provoca que nada perdure. Ahora bien, aunque la identidad misma no es fija ni
homogénea, esperar que siga el ritmo de la liquidez del contexto es poco realista, por
lo que se recurre a la performatividad. Re-posicionarse constantemente frente a
otros es una manera de encarar la incertidumbre de un mundo en permanentes
crisis, pues se aspira a construir un yo coherente dentro de un entorno caótico. Sin
embargo, más que una estrategia para sobrellevar el presente, la performatividad
se convierte en mandato para encajar en las nociones predominantes de
optimización, la cual se plantea como camino hacia la autorrealización individual.
Este ‘deber ser es aprovechado por el capitalismo para mercantilizar objetos,
experiencias y relaciones que buscan alcanzar cierta noción de plenitud y felicidad
obligatorias, estableciendo tendencias que alimentan y mantienen un sistema de
hiperconsumo y competencia.
La singularización, entonces, puede ser cuantificada en tanto que la vida
misma se metrifica: qué tan saludable se es, qué tan auntico, qué tan capaz, qué
tan feliz, a partir de qué tanto se logra, se tiene o se hace. La paradoja es que la
singularización se incentiva por medio de procesos de emocionalización, pero al
mismo tiempo hay un fuerte anhelo por pertenecer a un grupo, red o comunidad que
sostenga y acompañe. Tal confusión se deriva en estados cada vez más normalizados
de ansiedad y depresión.
Performar la identidad conlleva consigo una serie de mecanismos
discursivos diversos que pueden abarcar metáforas conceptuales, juicios valorativos
de adhesión y exclusión, modalidades lógicas y apreciativas e incluso formas de
enacción (enactment, en inglés) provenientes de la perspectiva de la cognicn
corporeizada, como se muestra en las contribuciones de esta sección, que llevan por
título ‘Subjetividades de felicidad y éxito: el discurso de autoayuda’, de Deniss
Guerra Vázquez, ‘Es de nacos la co-construcción dialógica-discursiva de la
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identidad online’, de Marco Fabio Barrera Márquez, y ‘Gesto en la exploración
corporeizada de las lenguas francas’, de Juan Carlos Valderrama Cárdenas. Si bien
los tres textos abordan entornos de interacción muy diferentes, todos coinciden en
que la identidad en la modernidad tardía es un ejercicio constante de definición y
posicionamiento, tanto de uno mismo como de otros, efecto de la responsabilización
individual del sistema neoliberal que ofrece la ilusión de tener todo al alcance del
esfuerzo y la voluntad. En otras palabras, las presiones actuales se presentan
también en la identidad porque ‘somos lo que decidimos ser’, o, mejor dicho, ‘somos
quienes decimos ser’, pues lo discursivo es casi un hechizo que vuelve tangible y
experiencial aquellos mundos que antes permanecían solo en lo simbólico.
En conclusión, este libro nos muestra una amplia gama de acercamientos
novedosos en los estudios de la identidad, aportando un enfoque innovador y actual
de lo que significa mantener una coherencia del yo en este momento plagado de
cambios, crisis e incertidumbres. Todas las contribuciones siguen estructuras
metodológicas consistentes para cada objeto de estudio, profundizando en
interrogantes específicas y presentando análisis detallados con ejemplos relevantes
y significativos. Por otro lado, el hecho de que los autores provengan de distintos
campos y especializaciones diversas enriquece las perspectivas e invita a los lectores
a realizar investigaciones que integren distintas disciplinas para aproximarse con
herramientas adecuadas hacia la Complejidad. Cabe rescatar que es un libro
dirigido a gran diversidad de lectores que incluye tanto a aquellos que se han
acercado a otros temas desde la Semiótica o los Estudios del Discurso como quienes
se interesan por investigaciones que aborden las problemáticas contemporáneas.
El libro también pone sobre la mesa el cómo pensamos y encarnamos la
identidad. Aunque es claro que la identidad no es fija ni solo una, la dinamicidad y
la hipersingularidad la vuelven altamente mutable y flexible. Su negociación ocurre
ahora entre deseos internos para uno mismo y la necesidad de encontrar un lugar
en el mundo al que podamos reclamar pertenencia. El discurso, entonces, se vuelve
el campo de batalla de aquellas luchas personales que crean la narrativa del yo en
las fronteras difusas de lo blico y lo privado. Pese a que se focaliza con intensidad
al individuo, es preciso reconocer que la identidad se construye y se co-construye
con otros, porque es en misma un producto discursivo, semiótico, de
interpretación y producción de significado. Somos sujetos históricos moldeados por
lo que hemos sido y lo que deseamos ser, así que más allá de preguntarnos ‘¿quiénes
somos?’, una pregunta más adecuada sería ‘¿quiénes estamos siendo?’, pues el yo es
una historia perpetuamente reescrita.
Como pensamiento final, este libro abre las puertas a nuevos enfoques
investigativos pertinentes para entender nuestra realidad y esperamos que este sea
el inicio de otras exploraciones de los fenómenos que ocurren en la dinamicidad
desenfrenada de la modernidad tardía.
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Moreno Batista, D.A.
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Referencias
Bauman, Z. (2000). Liquid Modernity. Polity Press.
Greimas, A.J. y Courtés, J. (1990). Semiótica. Diccionario Razonado de la Teoría
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Nkrumah, K. (2004). Neo-colonialism: the last stage of imperialism. Panaf.
Pfleger, S. (2021). El Discurso como un Espacio Comunicativo, Relacional e
Identitario. En Andamios, 18(47), 19-43.
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Reckwitz, A. (2021). The End of Illusions: Politics, Economy, and Culture in Late
Modernity. Polity Press.
van Dijk, T. (2012). Discurso y Contexto. Un enfoque sociocognitivo. Editorial
Gedisa.
van Dijk, T. (1985). Introduction: Discourse as a New Cross-Discipline. En T. van
Dijk. (Ed.), Handbook of Discourse Analysis, 1: Disciplines of Discourse, (pp.
1-10). Academic Press.
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