Economicus Journal of Business and Economics Insights 2026 3(2), 34–50
OJS: https://revistascientificas.uach.mx/index.php/economicus
ISSN: 3061-8169
Como citar / How to cite:
Szpak, C., Cuello, M., Del Castillo, N., & Giménez-Cantero, R. (2026). Restricciones a las importaciones en Argentina: la
transformación de la política comercial entre 2004-2023. Economicus Journal of Business and Economics Insights, 3(2), 34–50.
https://doi.org/10.54167/ejbei.v3i2.2308
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Artículo
Restricciones a las importaciones en Argentina: la
transformación de la política comercial entre 2004-2023
Import restrictions in Argentina: the transformation of
trade policy between 2004–2023
Carolina Szpak 1,*, Milagros Cuello 2, Natasha Del Castillo 3, Rebeca Giménez-Cantero 4
1 Universidad Nacional de La Matanza, Argentina; cszpak@unlam.edu.ar; ORCID: 0000-0001-6378-5982
2 Universidad Nacional de La Matanza, Argentina; milcuello@alumno.unlam.edu.ar; ORCID: 0009-0009-3865-3836
3 Universidad Nacional de La Matanza, Argentina; ndelcastillo968@alumno.unlam.edu.ar; ORCID: 0009-0005-6669-
728X
4 Universidad Nacional de La Matanza, Argentina; rgimenezcantero001@alumnos.unlam.edu.ar; ORCID: 0009-0007-
8565-823X
* Autor de correspondencia / Correspondence author
Recibido: 27/04/2026; Aceptado: 15/06/2026; Publicado: 01/07/2026.
DOI: https://doi.org/10.54167/ejbei.v3i2.2308
Resumen: El presente trabajo examina la evolución de la administración del comercio en Argentina entre 2004 y
2023, con énfasis en la gestión de las importaciones y su relación con el desempeño manufacturero de origen
industrial. La metodología combina un enfoque cuali-cuantitativo de diseño longitudinal, sustentado en el análisis
documental normativo y en la explotación de series estadísticas y variables macroeconómicas. Durante la primera
etapa, la política comercial se orientó hacia una lógica industrialista, concebida para proteger la producción
nacional, estimular el empleo y reconstruir la estructura manufacturera tras la crisis de 2001. Sin embargo, la crisis
financiera internacional de 2008 marcó un punto de inflexión: la administración del comercio adquirió mayor
complejidad y se subordinó a objetivos macroeconómicos. El estudio de la normativa revela un entramado
institucional donde las restricciones dejaron de ser un instrumento sectorial y pasaron a funcionar como mecanismo
de defensa de la balanza de pagos y de preservación de las reservas internacionales. Bajo el argumento de mantener
una “balanza comercial equilibrada”, las medidas buscaron sostener el tipo de cambio y contener la inflación, para
resguardar el poder adquisitivo. No obstante, esta estrategia generó una contradicción estructural: la fuerte
dependencia de insumos importados en la matriz productiva argentina se convirtió en un obstáculo para su
expansión y modernización. En consecuencia, la política comercial terminó subordinada a las urgencias
macroeconómicas, sin lograr una transformación profunda en la inserción externa del país.
Palabras clave: Industria, Política comercial, Macroeconomía, Tipo de cambio.
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Clasificación JEL: E00; E61; F10.
Abstract: This study analyzes the evolution of trade administration in Argentina between 2004 and 2023, focusing
on import management and its connection with the performance of industrial manufacturing. The methodological
strategy combines a qualitative-quantitative longitudinal design, based on regulatory document analysis and the
use of statistical time series and macroeconomic variables. In the early years, trade policy was guided by an
industrialist logic, aimed at protecting domestic production, fostering employment, and rebuilding the
manufacturing structure after the 2001 crisis. However, the global financial crisis of 2008 marked a turning point:
trade administration became more complex and increasingly subordinated to macroeconomic priorities. The
regulatory framework reveals an institutional shift in which import restrictions ceased to be merely a sectoral tool
and instead functioned as a mechanism to defend the balance of payments and safeguard the Central Bank’s
international reserves. Under the rationale of maintaining a “balanced trade account,” measures sought to stabilize
the exchange rate and contain inflation, thereby protecting purchasing power. Yet this strategy produced a critical
contradiction: Argentina’s productive matrix is highly dependent on imported inputs, so what initially benefited
national industry eventually became an obstacle to its expansion and modernization. As a result, trade policy was
subordinated to macroeconomic urgencies, exposing the absence of a structural transformation in the country’s
external insertion.
Keywords: Industry, Trade policy, Macroeconomics, Exchange rate.
JEL Classification: E00; E61; F10.
1. Introducción
La industria argentina ha atravesado ciclos opuestos desde 1930, iniciando con un modelo de
Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI) que fomentó la producción local bajo la
protección estatal hasta 1975. A partir de 1976, y consolidándose en la década de 1990 con el Consenso
de Washington, el país viró hacia la desindustrialización y la apertura de mercados. Este proceso priorizó
sectores con ventajas comparativas naturales y buscó la eficiencia mediante la desregulación, lo que
resultó en la desarticulación de cadenas de valor y un fuerte impacto negativo en el empleo de las
pequeñas y medianas empresas (Kosacoff & Bezchinsky, 1993; Kosacoff, 2008).
Tras la crisis de 2001, entre 2002 y 2015 se implementó un modelo de reindustrialización que
recuperó lógicas de protección y consideró a la industria como un sector estratégico para el desarrollo
nacional. Durante esta etapa se priorizó la defensa del empleo y el control de las importaciones para
mantener la estabilidad macroeconómica (Ministerio de Industria, 2011; Bianchi, 2013a). Sin embargo, a
pesar de la revitalización del sector y el auge de las exportaciones agroindustriales, no se logró una
transformación estructural profunda en la inserción externa del país, enfrentando además obstáculos
como la presión impositiva y la falta de crédito (Tavosnanska & Herrera, 2011).
En el periodo más reciente (2016-2023), la política comercial mantuvo un carácter
predominantemente proteccionista, incluso durante intentos de liberalización, debido a la necesidad de
administrar las divisas. La lógica de control del comercio exterior mutó de un ideal industrialista hacia
una herramienta de emergencia para equilibrar la balanza de pagos y preservar las reservas del Banco
Central. En la actualidad, la estructura manufacturera exhibe una resiliencia dispar, evidenciando que el
sector requiere de políticas industriales mucho más flexibles y específicas acompañadas de un entorno
económico predecible, el cual genera profundos desafíos (Unión Industrial Argentina, 2023).
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2. Metodología
El presente estudio emplea un enfoque mixto (cuali-cuantitativo) de carácter histórico-estructural y
alcance descriptivo-analítico para examinar las lógicas de intervención estatal en el sector manufacturero
argentino. Mediante el método comparativo, se contrastan las distintas etapas de la política comercial,
evaluando en cada una de ellas el desempeño del sector industrial a partir de un corpus empírico que
procesa series estadísticas oficiales de frecuencia mensual, trimestral y anual para el período 2004-2023.
La dimensión del desempeño macroeconómico general y sectorial se aborda mediante la variación
trimestral del Producto Bruto Interno (PBI) y del PBI industrial a valores constantes, datos provistos por
la Dirección Nacional de Cuentas Nacionales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC),
complementados con el Estimador Mensual Industrial (EMI) para identificar la dinámica de corto plazo.
Por su parte, la evolución del mercado de trabajo y del tejido productivo se reconstruye a partir de los
registros de la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (Ministerio de Capital Humano),
específicamente mediante las series trimestrales del Boletín de Empleo Registrado y las anuales del Boletín
de Empresas. Finalmente, el sector externo y la dinámica monetaria se analizan a través de las series de
importaciones desagregadas por uso económico de la Dirección Nacional de Estadísticas del Sector
Externo y Cuentas Internacionales del INDEC, en articulación con la información diaria sobre Reservas
Internacionales y principales pasivos provista por la Gerencia de Estadísticas Monetarias del Banco
Central de la República Argentina (BCRA).
Para el análisis de los periodos comprendidos entre la Sustitución de Importaciones (ISI) y la
consolidación del Consenso de Washington, se recurre a una revisión documental de fuentes secundarias.
El análisis se centra en la desarticulación de las cadenas de valor y la pérdida de competitividad de las
PyMEs frente a la apertura de mercados. Esta fase metodológica busca evidenciar cómo el viraje hacia
las ventajas comparativas naturales alteró la estructura productiva nacional, utilizando datos de censos
industriales y reportes económicos de la época.
Respecto a las fases de reindustrialización (2002-2015) y de administración de divisas (2016-2023), la
estrategia metodológica incorpora el análisis documental cualitativo del marco normativo de comercio
exterior y control de cambios. El criterio de selección de las fuentes regulatorias se restringió a aquellas
disposiciones emitidas por el Ministerio de Economía, la Secretaría de Comercio, la Administración
Federal de Ingresos Públicos (AFIP) y el Banco Central de la República Argentina (BCRA) que
modificaron de forma directa el acceso al Mercado Único y Libre de Cambios (MULC), alteraron la
operatividad de los regímenes de Licencias Automáticas (LA) y No Automáticas (LNA), o
instrumentaron regímenes de autorización previa y ventanilla única para la aprobación de destinaciones
de importación. Mediante la técnica de análisis de contenido, se examina la lógica subyacente a estas
herramientas, evaluando su transición desde mecanismos de protección industrial sectorial hacia
instrumentos de política macroeconómica orientados a la preservación de reservas internacionales.
Finalmente, dicho análisis documental se contrasta secuencialmente con la dinámica de la balanza de
pagos y los registros cambiarios de la autoridad monetaria para evaluar la consistencia entre las
restricciones al comercio y los ciclos de escasez de divisas.
3. Evolución reciente del sector industrial y el comercio
3.1. Marco teórico
Diversos autores sostienen que la relación entre el Producto Interno Bruto (PIB) y las importaciones
no es casual, sino que refleja una dependencia estructural profunda de la matriz productiva argentina
(Braun & Joy, 1968; Diamand, 1972; Machinea & Rotemberg, 1977; Diamand & Crovetto, 1988).
Según este cuerpo de pensamiento, la explicación de las crisis recurrentes de balanza de pagos en
Argentina es la manifestación de una Estructura Productiva Desequilibrada y una restricción externa de
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crecimiento. Tradicionalmente, la economía argentina poseía dos sectores con niveles de productividad
asimétricos: un sector agropecuario altamente competitivo a nivel principal proveedor de divisas, y un
sector industrial mercado-internista, altamente dependiente de la importación de insumos y bienes de
capital. Durante las fases de auge, la expansión del ingreso y del consumo doméstico son los factores que
aceleran las importaciones manufactureras a una velocidad que supera la capacidad de generación de
divisas del agro. Al alcanzarse el límite de las reservas internacionales, la economía colisiona contra la
restricción externa, forzando una devaluación y un ajuste contractivo destinado a equilibrar el balance
de pagos mediante la recesión y la caída del salario real, lo que evidencia el carácter cíclico y estructural
del estrangulamiento de divisas desde mediados del siglo XX. En caso de buscar postergar los efectos
devaluatorios, surgen políticas comerciales restrictivas que tienen por objeto administrar el flujo de
egreso de divisas.
En términos más actuales, las contribuciones de la literatura contemporánea estructuralista y
postkeynesiana han complejizado este marco analítico clásico al incorporar el examen de la historia
reciente y la fisonomía de los últimos ciclos macroeconómicos. Estos enfoques demuestran que, si bien la
excepcional mejora en los términos de intercambio durante la posconvertibilidad otorgó un alivio
transitorio al balance comercial, la persistencia de la heterogeneidad estructural y la brecha tecnológica
reactivaron la escasez crónica de divisas una vez agotado dicho viento de cola. La vulnerabilidad externa
actual no solo se ve agudizada por determinantes financieros y la volatilidad cambiaria, sino
fundamentalmente por la inercia de una matriz manufacturera intensiva en insumos importados y con
una elevada propensión marginal a importar, donde la propia expansión sectorial profundiza el déficit
debido a la escasez de eslabonamientos locales y al ensamblado de componentes extranjeros en ramas
críticas como la electrónica y la automotriz. Asimismo, la reversión del saldo energético actúa como un
factor agravante sobre la cuenta corriente, acelerando la transición de los superávits gemelos hacia un
escenario de déficits comerciales y fiscales sincronizados. En este contexto, ante la apreciación del tipo
de cambio real y la consecuente erosión de las reservas internacionales, la administración del comercio
exterior resigna su rol estratégico de desarrollo industrial a largo plazo para quedar subordinada como
un mecanismo de emergencia frente a las urgencias cambiarias y fiscales de corto plazo,
institucionalizando el estancamiento y la inestabilidad en el cierre de cada ciclo económico (Perrone &
Santarcángelo, 2018; Abeles & Cherkasky, 2020; Abeles & Pérez-Caldentey, 2022; Albornoz, 2018; Paikin
& Albornoz, 2023).
3.2. Comportamiento industrial
El comportamiento industrial argentino durante el período 2004-2024 se caracteriza por una
sucesión de ciclos económicos con lógicas divergentes, que oscilaron entre el fomento del mercado
interno y la apertura comercial. Tras la crisis de 2001, la etapa de la posconvertibilidad se apoyó en un
salto devaluatorio que permitió una rápida recuperación del empleo y la producción. Este modelo inicial,
impulsado por una política de ingresos fortalecida y acuerdos paritarios, consolidó una demanda interna
robusta que actuó como el principal motor de la estructura manufacturera nacional.
Bajo una lógica definida como "neodesarrollista" (Rougier, 2021), el Estado buscó sostener un tipo
de cambio competitivo para incentivar las exportaciones y la sustitución de importaciones. Sin embargo,
diversos estudios señalan que esta estrategia no logró resolver problemas estructurales históricos, tales
como la fragmentación de las cadenas productivas y la elevada elasticidad producto-importaciones. A
pesar de la expansión del empleo, la industria mantuvo una dependencia crítica de insumos y
componentes extranjeros, lo que evidenció la rigidez de los lazos tecnológicos y económicos preexistentes
(Tavosnanska, 2019; Szpak, 2024).
La crisis financiera global de 2008 representó un punto de inflexión que obligó a profundizar las
medidas de administración del comercio exterior. Ante la caída del Producto Interno Bruto (PIB) y la
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amenaza de importaciones a precios de crisis, se implementaron licencias no automáticas de importación
para proteger los sectores sensibles (Tussie & Szpak, 2013; Bianchi, 2013a). No obstante, la restricción
externa y la necesidad de divisas para abastecer a la industria resurgieron como desafíos
macroeconómicos, supeditando la política comercial a la estabilidad del tipo de cambio y la contención
de la inflación.
A partir de finales de 2015, se produjo un viraje hacia un esquema de apertura comercial y financiera
centrado en la valorización financiera y el endeudamiento externo. Este cambio de paradigma resultó en
una contracción de la demanda interna y una devaluación acelerada que afectó negativamente el
consumo y la inversión productiva. Como consecuencia, el PIB industrial sufrió una caída significativa,
perdiendo participación relativa frente al nivel de actividad general y provocando el cierre de numerosas
empresas manufactureras debido a la presión importadora en un contexto recesivo (Manzanelli & Calvo,
2021; Schteingart et al., 2024).
El ciclo iniciado en 2019 intentó retomar la visión industrialista previa, pero fue condicionado por el
shock exógeno de la pandemia de COVID-19, que impactó severamente en las pequeñas y medianas
empresas (PyMES). La etapa posterior a 2020 estuvo marcada por una macroeconomía inestable,
caracterizada por una alta inflación y una escasez crónica de divisas. Estos factores limitaron la inversión
y la eficiencia operativa, generando "cuellos de botella" en sectores que dependían de componentes
especializados del exterior, a pesar de los esfuerzos por impulsar la sustitución de importaciones (Unión
Industrial Argentina, 2023).
La respuesta de los sectores industriales ante estos desafíos fue heterogénea, destacándose una
brecha digital y tecnológica creciente. Mientras algunas ramas manufactureras lograron navegar la crisis
mediante la inversión en digitalización y la diversificación de exportaciones, otros sectores mostraron
estancamiento en la productividad y capacidad ociosa persistente. Esta disparidad dejó en evidencia las
dificultades para modernizar el stock de capital físico y la necesidad de políticas industriales flexibles
que consideren las particularidades de cada eslabón productivo (CEPAL, 2022).
Para evaluar la sincronización cíclica entre el nivel de actividad general y el sector manufacturero,
se realizó un análisis de correlación de Pearson sobre las tasas de variación interanual de las series del
Producto Bruto Interno (PBI) y del PBI industrial —ambas en términos reales, corregidas por
estacionalidad y con frecuencia trimestral (INDEC)— para el período 2004-2023. El análisis estadístico
revela un coeficiente de r=0.91, lo que subraya la fuerte orientación mercado-internista de la manufactura
argentina y la estrecha cointegración entre el ciclo macroeconómico general y la dinámica fabril. Dado
que el consumo doméstico representa cerca del 60% del gasto, la suerte de la industria permanece
intrínsecamente ligada al poder adquisitivo local. Si bien el período 2004-2008 mostró tasas de
crecimiento sostenidas por superávits gemelos y precios internacionales favorables, los años posteriores
evidenciaron un crecimiento industrial rezagado respecto a la economía general, reflejando cómo las
tensiones macroeconómicas operaron como un límite para el desempeño sectorial
Finalmente, la dinámica del mercado laboral industrial muestra una resiliencia relativa, con un
incremento de puestos de trabajo que pasó de 860,000 en 2004 a 1,240,000 en 2024. Aunque el empleo
industrial representa aproximadamente el 20% del empleo asalariado registrado, su tasa de crecimiento
ha mostrado un comportamiento rezagado y una menor variabilidad frente a los ciclos de actividad, de
acuerdo con datos estadísticos del Boletín mensual del Empleo Registrado emitido por el Ministerio de
Capital Humano. Por su parte, la demografía empresarial exhibió un crecimiento robusto hasta 2008,
seguido de un prolongado descenso entre 2016 y 2020, iniciando apenas una leve recuperación en el
último bienio analizado, siguiendo los datos estadísticos del Boletín trimestral de Empresas del
Ministerio de Capital Humano.
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3.3. Comportamiento de las importaciones y las reservas internacionales del BCRA
El análisis del comportamiento de las importaciones en Argentina durante el período 2004-2023
evidencia que el crecimiento económico nacional se encuentra históricamente supeditado a la
disponibilidad de divisas. Esta limitación, conocida como restricción externa, se manifiesta cuando el
incremento de la actividad productiva interna genera una presión desproporcionada sobre la demanda
de bienes del exterior.
Focalizándose en el comportamiento de las variables durante la etapa de recuperación inicial (2004-
2008), el dinamismo del consumo y la reactivación de la capacidad instalada impulsaron un crecimiento
sostenido de las compras externas (Blanchard & Pérez Enrri, 2011). A pesar de los objetivos
gubernamentales orientados a la sustitución de importaciones, la industria no logró quebrar su
dependencia de insumos y bienes de capital extranjeros, evidenciando una notable inelasticidad en la
demanda de componentes esenciales para la expansión productiva (Figura 1).
Figura 1. Reservas internacionales e importaciones. Fuente: elaboración propia con base en INDEC y
BCRA.
El impacto de la crisis financiera global de 2009 representó un cambio de paradigma en la política
comercial argentina y regional (E. Bianchi, comunicación personal, 18 de junio de 2025) (la transcripción
completa de la entrevista se presenta en el Apéndice). Ante la contracción del comercio mundial,
Argentina y Brasil adoptaron posturas marcadamente proteccionistas, liderando la implementación de
medidas restrictivas en Latinoamérica para salvaguardar sus mercados internos (Tussie & Szpak, 2013).
Este giro hacia la administración del comercio se consolidó tras la recuperación post-crisis, cuando el
creciente déficit de cuenta corriente y la presión sobre el mercado de cambios forzaron la implementación
de controles cambiarios estrictos a finales de 2011.
En el subperiodo 2012-2015, el estancamiento del PIB se combinó con una profundización de las
restricciones al comercio y al acceso de divisas ("cepo cambiario"). Si bien estas medidas buscaron
preservar las reservas del Banco Central (BCRA), provocaron severas dificultades en el abastecimiento
de insumos y maquinaria, afectando la inversión y la eficiencia operativa del sector manufacturero.
Durante estos años, la composición de las importaciones se alteró significativamente: mientras que la
participación de los bienes de capital se estabilizó, las importaciones energéticas ganaron terreno debido
a la crisis del sector y la caída de la producción local.
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Evolución de las importaciones, las reservas y el porcentaje entre ambas variables
Reservas BCRA promedio Importaciones Porcentaje de importaciones sobre reservas
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A finales de 2015, la nueva gestión económica intentó un proceso de apertura comercial y financiera
mediante el levantamiento de controles cambiarios. Aunque inicialmente se liberó la demanda contenida
de importaciones, la crisis monetaria de 2018 y la consecuente devaluación del peso encarecieron los
bienes extranjeros, induciendo una nueva contracción. En esta etapa, el enfoque se desplazó hacia el
financiamiento externo del sector público y la desarticulación de las políticas industriales previas, lo que
reconfiguró nuevamente las prioridades del sector importador en un entorno de alta volatilidad.
El período 2019-2023 estuvo marcado por la excepcionalidad de la pandemia de COVID-19 y una
escasez crónica de reservas internacionales. La caída drástica de las importaciones en 2020 fue seguida
por una recuperación parcial de la industria que volvió a tensionar el frente externo. La respuesta de
política económica incluyó el endurecimiento extremo de los controles cambiarios y la imposición de
gravámenes a las operaciones en moneda extranjera. La administración del comercio se orientó entonces
hacia la priorización de bienes esenciales, incrementando notablemente la participación de bienes
intermedios, piezas y accesorios dentro del total importado.
Desde una perspectiva estructural, los datos revelan que cerca del 72% de las importaciones
argentinas en las últimas dos décadas se concentraron en bienes intermedios (33.1%), bienes de capital
(19.7%) y sus accesorios (19.1%). Esta composición demuestra que, a pesar de las diversas estrategias de
protección e intentos de sustitución, el sector productivo mantiene un vínculo ineludible con el mercado
internacional para su funcionamiento operativo. La persistencia de esta estructura indica que los desafíos
de modernización tecnológica y expansión de capital físico siguen supeditados al abastecimiento externo.
En conclusión, el análisis de la serie 2004-2023 confirma que las importaciones actúan como un
termómetro de la salud macroeconómica argentina, atrapada en un círculo vicioso donde el crecimiento
demanda divisas que el sistema no logra generar de forma genuina y constante. La resolución de la
restricción externa requiere no solo de administración comercial para preservar las reservas del BCRA,
sino de una transformación profunda de la estructura productiva que reduzca la dependencia de insumos
críticos. La estabilidad económica futura permanece ligada a la capacidad del país para diversificar su
matriz y gestionar eficientemente su inserción en el comercio global.
4. Evolución de la normativa orientada a las importaciones
A continuación, se analizan las principales normativas surgidas en este período que mostrarían, en
coherencia con lo señalado precedentemente, que la gestión del comercio exterior y cambiaria no ha sido
una política autónoma, sino una función de la disponibilidad de reservas, particularmente a partir de la
implementación de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI). La gestión de las
importaciones se convirtió en una herramienta central para la administración del balance comercial, la
protección de la industria local y el manejo de las reservas internacionales.
En momentos de escasez de divisas o déficits comerciales, las autoridades tendieron a implementar
mecanismos de control más rigurosos, como sistemas de monitoreo previo, licencias de importación no
automáticas y restricciones en el acceso al mercado de cambios para efectuar pagos al exterior. Por el
contrario, en períodos de mayor estabilidad o bajo lineamientos de política orientados a la liberalización
económica, se observaron tendencias hacia la simplificación de trámites, la eliminación de barreras
discrecionales y la facilitación del comercio.
La regulación de las importaciones no recayó en una única entidad, sino que involucró la acción
coordinada –y en ocasiones superpuesta– de varios organismos clave del gobierno nacional. El Ministerio
de Economía, a menudo integrando bajo su órbita funciones relacionadas con la producción, la industria
y el comercio a través de diversas Secretarías, fue el principal responsable de diseñar la política comercial,
establecer regímenes de licencias y normar regímenes especiales de importación. El Banco Central de la
República Argentina (BCRA) desempeñó un papel crucial en la administración de las reservas y la
regulación del Mercado Único Libre de Cambios (MULC), dictando las condiciones y plazos para el pago
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de las importaciones. Finalmente, la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), actuó como
brazo ejecutor en el ámbito aduanero y tributario, implementando los sistemas de monitoreo,
controlando procedimientos, administrando el registro de operadores y aplicando los impuestos
correspondientes a las operaciones de importación.
De esta forma, a lo largo del período, la interacción entre los distintos organismos fue mutando, y la
operatoria de importación requería, según la gestión de gobierno correspondiente, una compleja
articulación entre estos organismos. Es así que una operación de importación debía sortear controles y
obtener aprobaciones en distintas instancias.
Desde el Ministerio de Economía y Producción surgieron resoluciones que aplicaban Licencias No
Automáticas de Importación (LNA) para productos denominados “sensibles” por tener producción
nacional y competencia relevante a nivel internacional. Las primeras resoluciones destacadas fueron en
2004, posterior a la crisis argentina de 2001 que tuvieron el espíritu de velar por un conjunto acotado de
productos. Luego de la crisis económica internacional de 2008-2009, hubo un segundo grupo de
resoluciones que ampliaron el universo de partidas arancelarias bajo seguimiento y se enmarcaron en un
escenario de caída de demanda global, reducción mundial de precios industriales y creciente
proteccionismo internacional (Bianchi, 2013b). Según Tussie y Szpak (2013), la cantidad de posiciones
arancelarias del Nomenclador Común del Mercosur (NCM) -8 dígitos- afectadas por las LNA ascendió a
través del tiempo, particularmente en el año 2009.
Figura 2. Licencias no automáticas de importación. Fuente: Tussie y Szpak (2013).
A principios de 2012 se produjo un cambio fundamental con la Resolución General N°3252/2012 de
la AFIP, que implementó las DJAI. A diferencia de las LNA que aplicaban a bienes específicos, las cuales
fueron derogadas, la implementación de las DJAI generó un régimen de información anticipada
obligatorio para todas las destinaciones definitivas de importación para consumo. Los importadores
debían registrar la DJAI antes de emitir la orden de compra al exterior. Nótese que esta medida se aplica
cuando se produce un fuerte descenso de las reservas internacionales y en paralelo, un notorio aumento
en la relación de monto de importaciones sobre reservas.
A partir de esta información, el importador recibía o no autorización para acceder al Mercado Único
y Libre de Cambios (MULC). La instrumentación entre la aprobación de la DJAI y el pago de
importaciones se materializó a través de la Comunicación “A” del BCRA N°5274.
Con el cambio en la gestión del gobierno en 2015, se produjo una modificación en la administración
del comercio y de las reservas. La Resolución General N°3823/2015 de la AFIP derogó las normativas de
la DJAI y creó el "Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones (SIMI)". El objetivo declarado fue
favorecer la competitividad y la facilitación del comercio de las nuevas declaraciones de importación, sin
descuidar los controles. Operativamente actuaba de manera similar al anterior sistema en donde los
importadores debían registrar una declaración anticipada para las importaciones definitivas a consumo
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en la Ventanilla Única de Comercio Exterior Argentino (VUCEA) para su intervención de los organismos
correspondientes en un plazo estipulado.
Paralelamente a la búsqueda de agilización del comercio en general con el anterior sistema, se
reintrodujeron las LA y LNA a través de la Resolución N°5/2015 del Ministerio de Producción, en el
marco de lo reglamentado por la Organización Mundial del Comercio (OMC). Ambos tipos de licencia
se administraban a través del SIMI, aunque las LNA debían completar mayor información ante la
Secretaría de Comercio. Puede interpretarse que la mayor diferencia entre el SIMI y las DJAI radicó en la
formalización explícita del régimen de LA y LNA dentro de la plataforma SIMI porque clarificó qué
bienes estaban sujetos a un control potencialmente discrecional (LNA) y cuáles, en principio, sólo
requerían un trámite automático (LA), a diferencia de la naturaleza de permiso universal implícito de la
DJAI.
Según Bernini (2020), la nueva implementación de las LNA a partir de 2015 partió de una afectación
de posiciones arancelarias e importaciones muy superior a lo establecido en 2011, lo cual fue
reduciéndose con el tiempo. Véase la Figura 3 a continuación que muestra el porcentaje de importaciones
que estaban sujetas a LNA con la nueva administración de gobierno.
Figura 3. Medidas de administración del comercio. Fuente: Bernini (2020).
La Resolución Conjunta N°4185/2018 de AFIP y Secretaría de Comercio derogó y sustituyó a la
Resolución General N°3823/2015 de la AFIP. Ambas normativas se refieren al SIMI, pero la de 2018
rediseña su funcionamiento. La principal novedad fue la integración de los sistemas de la AFIP (como el
control aduanero) y la Secretaría de Comercio (para la gestión de licencias de importación), con el objetivo
de optimizar la gestión de las importaciones y la facilitación del comercio exterior.
Ante crecientes presiones sobre las reservas, el BCRA comenzó a intervenir más activamente en la
gestión de los pagos vinculados a las SIMI. La Comunicación "A" 7466 de marzo del 2022 introdujo un
sistema de categorías de SIMI (A y B). La categoría A, asignada según un cupo basado en importaciones
pasadas del importador, permitía el acceso al MULC en condiciones más favorables (similares a las
preexistentes). La categoría B, en cambio, implicaba que el pago de la importación debía financiarse
obligatoriamente a un plazo mínimo de 180 días desde el registro aduanero. Comunicaciones posteriores
como la "A" 7488 y la "A" 7532 de junio de ese mismo año refinaron este sistema, añadiendo la categoría
C y ajustando las reglas y cupos, especialmente para bienes con LNA o bienes de capital. Estas normativas
junto con el SIMI modificado no solo consolidaron el sistema de monitoreo, sino que permitieron la
superposición de controles más sofisticados, especialmente desde el lado cambiario. La introducción de
categorías por parte del BCRA representó un cambio significativo: el control ya no era solo si se aprobaba
o no la importación, sino también “cómo y cuándo” se podía pagar. Esto permitió al BCRA administrar
la demanda de divisas, forzando a una parte de los importadores a buscar financiamiento externo y
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Economicus Journal of Business and Economics Insights 2026 3(2), 34–50
aliviando la presión inmediata sobre las reservas. Esta mayor complejidad, sin embargo, añadió
dificultad para la planificación y ejecución de las importaciones con las correspondientes complejidades
en el sistema productivo.
En octubre de 2022, un nuevo cambio de sistema fue implementado mediante la Resolución
Conjunta N°5271/2022 de AFIP y Secretaría de Comercio. Esta norma derogó la Resolución Conjunta
N°4185/2018 de AFIP y Secretaría de Comercio (SIMI) y creó el "Sistema de Importaciones de la República
Argentina” (SIRA). La novedad fundamental fue que el importador debía informar una fecha estimada
de pago y, la Secretaría de Comercio junto con el BCRA evaluarían esa información para determinar la
fecha efectiva en la que se permitiría el acceso al MULC. Además, se creó la "Cuenta Corriente Única de
Comercio Exterior", un sistema donde las entidades bancarias debían consultar y registrar las
operaciones cambiarias vinculadas a importaciones. La característica distintiva y el principal instrumento
de control del SIRA fue la centralización de la autorización de la fecha de pago dentro del propio sistema
de declaración de importación. A diferencia de los sistemas previos donde la aprobación de la
importación y la autorización del pago eran procesos secuenciales, SIRA integró la decisión sobre el
“cuándo” se podía acceder a las divisas como un resultado directo del análisis de la declaración.
De esta forma, la secuencia normativa da muestra sobre cómo va cobrando relevancia la
intervención de la autoridad monetaria a medida que se complejiza el frente externo con las restricciones
de reservas internacionales. Es así como, el carácter proteccionista del conjunto de medidas queda
supeditado a la política macroeconómica más que a las necesidades del sector productivo, excediendo
ampliamente las habituales herramientas de la política comercial.
5. Discusión: agenda de investigación y lineamientos de política pública
El recorrido normativo y empírico analizado a lo largo del período 2004-2023 denota que la
administración del comercio en Argentina operó bajo una lógica de subordinación a las urgencias
cambiarias, disociándose progresivamente de los objetivos de desarrollo manufacturero de largo plazo.
No obstante, la contrastación de la hipótesis estructuralista planteada abre una agenda de investigación
econométrica futura orientada a cuantificar con precisión los canales de transmisión identificados,
fundamentada en tres líneas de trabajo secuenciales:
En primer lugar, se proyecta modelizar la dirección de causalidad temporal entre la dinámica del
sector externo y los instrumentos de control comercial. En línea con la literatura que estudia los ciclos de
stop and go a partir de shocks en la cuenta corriente y financiera, la investigación subsiguiente buscará
verificar mediante un test de causalidad de Granger si las fluctuaciones en el stock de reservas
internacionales del Banco Central preceden y explican significativamente la intensidad de la restricción
importadora, aproximada estadísticamente a través de las series de importaciones efectivas desagregadas
por uso económico (bienes intermedios, de capital y piezas).
En segundo lugar, con el propósito de evaluar los determinantes del nivel de actividad fabril bajo
un enfoque macroeconómico integrado, se estimará un modelo de regresión multivariante para
contrastar si el comportamiento del PIB manufacturero real es explicado significativamente por la
absorción doméstica —desagregada en consumo de las familias e inversión fija de las empresas— o si,
por el contrario, responde con mayor elasticidad a los estímulos de la demanda externa. Este paso
permitirá verificar empíricamente el grado de orientación mercado-internista de la industria local
expuesto en este trabajo.
Finalmente, retomando las advertencias sectoriales sobre la insumo-dependencia de la cúpula
manufacturera, se modelizará el impacto neto de las importaciones sobre el producto industrial
incorporando como variable de control el grado de apertura comercial. Ello permitirá ponderar de forma
agregada si los procesos de desregulación o endurecimiento arancelario y paraarancelario alteran la
elasticidad del producto frente al abastecimiento externo.
Carolina Szpak, Milagros Cuello, Natasha Del Castillo, Rebeca Giménez-Cantero 44
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A partir de la evidencia recolectada y de la triangulación con la literatura especializada, se derivan
lineamientos estratégicos de política pública orientados a mitigar los efectos del estrangulamiento de
divisas sin deprimir el aparato productivo:
Relevancia de la política industrial como guía comercial en el escenario global: la política comercial
debe dejar de ser un instrumento autónomo de contingencia macroeconómica para subordinarse a los
objetivos de una política industrial estratégica. En el marco de la actual arquitectura geopolítica global,
caracterizada por la fragmentación de los bloques comerciales y las tendencias de relocalización
productiva (reshoring y nearshoring), la administración del comercio debe reconfigurar las cadenas
globales de valor aprovechando el entramado productivo preexistente en Argentina. Esto implica utilizar
las herramientas arancelarias y paraarancelarias no de forma generalizada ni punitiva, sino con una
selectividad tecnológica orientada a la densificación de proveedores locales y la incorporación de firmas
nacionales en eslabones regionales de alto valor agregado.
Visión productiva integrada, riqueza natural y modernización del entramado local: se requiere un
abordaje estratégico que supere la histórica antinomia entre los sectores primario e industrial. Argentina
debe estructurar una inserción internacional que potencie su dotación de recursos naturales de alta
demanda global —agro, minería y energía—, utilizándolos como plataformas de tracción sectorial.
Paralelamente, con una clara conciencia histórica del desarrollo productivo acumulado, se debe impulsar
una modernización integral del tejido manufacturero mercado-internista que eleve sus estándares de
competitividad, promoviendo la digitalización industrial (Industria 4.0) y la reconversión ecológica como
requisitos indispensables para sostener una inserción sostenible en el mercado mundial.
Coherencia macroeconómica para la atracción de capitales de largo plazo: mitigar estructuralmente
la restricción externa exige el diseño de una matriz macroeconómica que reemplace el financiamiento
volátil de corto plazo por flujos estables de inversión extranjera directa (IED) y movimientos de capitales
de largo plazo. La política pública debe institucionalizar marcos regulatorios estables y previsibles que
direccionen proactivamente estos capitales hacia sectores estratégicos con amplias oportunidades de
desarrollo y alto potencial de generación neta de divisas, tales como la transición energética, la
explotación de minerales críticos (litio y cobre) y los servicios basados en el conocimiento.
Estímulo integral a la inserción exportadora manufacturera y agropecuaria: La superación definitiva
del estrangulamiento de divisas requiere expandir de forma genuina la frontera exportadora de la
economía. Es indispensable implementar políticas activas de promoción que incentiven tanto la canasta
exportadora de origen agropecuario (MOA) como la de origen industrial manufacturero (MOI). Para ello,
la política comercial debe coordinarse estrechamente con un esquema de Tipo de Cambio Real
Competitivo y Estable (TCRCE), asegurando mecanismos de admisión temporaria ágiles y automáticos
para que las restricciones aduaneras a los insumos intermedios no penalicen la competitividad-precio ni
la productividad de las firmas industriales con capacidad exportadora.
Fortalecimiento institucional de la gobernanza aduanera y comercial: en consonancia con la
literatura que advierte sobre los costos de la inestabilidad institucional, una reforma fundamental del
Estado debe abocarse a la desburocratización y simplificación de los trámites aduaneros a fin de brindar
previsibilidad en el acceso a los insumos y la eliminación de la superposición normativa que permita
estabilizar las expectativas corporativas y proteger el stock de capital físico fabril.
6. Conclusiones
A lo largo de las últimas dos décadas, la economía argentina ha revalidado la vigencia de las tesis
estructuralistas de la restricción externa al crecimiento, exhibiendo una matriz manufacturera cuya
expansión operativa permanece crónicamente supeditada a la disponibilidad de reservas internacionales.
El análisis histórico-documental del período 2004-2023 permite extraer cuatro conclusiones
Restricciones a las importaciones en Argentina: la transformación de la política comercial entre 2004-2023 45
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fundamentales que aportan evidencia al debate contemporáneo sobre la política comercial en contextos
de escasez de divisas:
En primer lugar, los datos confirman la persistencia de una rigidez estructural ineludible: la gran
mayoría de las compras externas del país se concentró de forma sistemática en bienes intermedios, bienes
de capital y repuestos esenciales para el funcionamiento del aparato fabril. Esta fisonomía de la demanda
externa revela que, independientemente de los signos políticos de la gestión económica o de las metas
declamadas de industrialización, los lazos tecnológicos de la industria local con el mercado internacional
no sufrieron una alteración cualitativa que permitiera desacoplar el nivel de actividad fabril del flujo de
divisas, manteniendo una fisonomía fuertemente insumo-dependiente.
En segundo lugar, se constata un desplazamiento heurístico y operativo en la naturaleza de las
restricciones comerciales. Mientras que en el ciclo de la posconvertibilidad inicial (2004-2008) las
herramientas aduaneras poseían un sesgo eminentemente industrialista —orientado a proteger ramas
sensibles y preservar el empleo local tras el colapso de la convertibilidad—, las crisis subsiguientes
forzaron una mutación instrumental. De este modo, la secuencia regulatoria que va desde las Licencias
No Automáticas discretas hasta la sofisticación centralizada de los regímenes de ventanilla única (DJAI,
SIMI y SIRA) expone cómo el control comercial resignó su autonomía estratégica de mediano y largo
plazo para quedar subordinado como un mecanismo de emergencia fiscal y monetaria frente a la escasez
de reservas en la autoridad monetaria.
En tercer lugar, la evidencia empírica aporta la base respecto a la elevada sincronización cíclica entre
el nivel de actividad general y el bloque manufacturero, confirmando la estrecha vinculación de la
industria respecto a los componentes de la demanda doméstica y el poder adquisitivo local en un
contexto donde el consumo representa el núcleo del gasto. No obstante, al fundarse la limitación de las
importaciones en un principio macroeconómico puramente defensivo, se terminó por institucionalizar
una contradicción crítica: el racionamiento de insumos intermedios y bienes de capital y su afectación a
los sectores mercado-internistas que la política comercial originalmente pretendía resguardar.
Finalmente, los resultados de este estudio indican que la resolución de la restricción externa en
Argentina excede los márgenes de acción de la mera administración comercial y cambiaria de corto plazo.
La utilización extendida de barreras paraarancelarias solo posterga temporalmente los efectos de los
desequilibrios de la cuenta corriente a costa de contraer el nivel de actividad general y resentir el stock
de capital. En consecuencia, para quebrar el comportamiento pendular de la economía, se requiere la
transición hacia una agenda de políticas de Estado previsibles y flexibles que integren de forma virtuosa
los recursos naturales con la modernización de la estructura manufacturera, promoviendo
simultáneamente la inserción exportadora manufacturera y agropecuaria y la atracción de capitales de
largo plazo como importantes canales genuinos para expandir de forma sostenible la frontera de divisas
del país.
Contribuciones de los autores según CRediT: Conceptualización, C.S.; metodología, C.S., M.C., N.C., & R.C.G.;
software, C.S.; validación, C.S.; análisis formal, C.S., M.C., N.C., & R.C.G.; trabajo de campo, M.C., N.C., & R.C.G.;
curación de datos, C.S.; escritura: preparación del borrador original, C.S.; escritura: revisión y edición, C.S.;
visualización, C.S., M.C., N.C., & R.C.G.; supervisión, C.S.; administración del proyecto, C.S. “Las autoras han leído
y aprobado la versión publicada del manuscrito.”
Conflictos de interés: “Las autoras declaran que no existen conflictos de interés.”
Carolina Szpak, Milagros Cuello, Natasha Del Castillo, Rebeca Giménez-Cantero 46
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Apéndice: entrevista realizada a Eduardo Bianchi por Carolina Szpak en 18 de junio de 2025.
Referencias destacadas del entrevistado
Eduardo Bianchi es Licenciado en Economía por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de
Buenos Aires (UBA, 1980) y cuenta con un Master of Arts en Economía y la condición de Candidato a Doctor (Ph.D.
Candidate) por la Graduate School of Arts and Sciences de la New York University (Estados Unidos, 1986).
Posee una destacada y extensa trayectoria en la gestión pública de la política comercial e industrial en la
República Argentina. En el ámbito nacional, se desempeñó como Secretario de Industria (2011-2012), Secretario de
Industria y Comercio de la Nación (2009-2011) y Subsecretario de Política y Gestión Comercial Externa (2008-2009),
todos cargos en el Ministerio de Industria de la Nación. Previamente, ocupó las funciones de Subsecretario de
Gestión Comercial Externa de la Nación en el Ministerio de Economía (2001), Gerente de la Unidad de Estudios de
la Competencia y el Comercio Internacional (2002-2005) y Gerente General (1995-1998) en la Comisión Nacional de
Comercio Exterior (CNCE), además de desempeñarse como Economista Jefe de la Comisión Nacional de Defensa de
la Competencia (1999-2000). En el plano provincial, ejerció el cargo de Subsecretario de Relaciones Económicas
Internacionales en el Ministerio de la Producción del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires (2005-2007).
En el ámbito internacional y profesional, cuenta con una vasta experiencia como consultor especializado,
destacándose especialmente su rol como Consultor-Instructor y Panelista de la Organización Mundial del Comercio
(OMC), además de prestar servicios de asesoramiento para diversos organismos internacionales.
Docente e investigador de distintas universidades en Argentina.
<Inicio de la entrevista>
Entrevistador: desde su perspectiva, ¿cómo impactó la crisis financiera internacional de 2008 en los términos
de intercambio de la región y a través de qué canales macroeconómicos afectó de manera más directa al escenario
productivo y comercial de la Argentina?
Eduardo Bianchi (EB): la crisis financiera internacional de 2008 interrumpió el ciclo de crecimiento que
experimentaba la región, afectando principalmente a través de la contracción de la demanda mundial y la
consecuente caída en los precios de las materias primas.
Para la Argentina, los canales de transmisión macroeconómica más directos fueron dos. El primero fue el canal
comercial dado que la fuerte reducción del comercio global generó el riesgo inminente de un desvío de comercio
hacia el mercado interno, es decir, un "sobreabastecimiento" de productos importados que no encontraban colocación
en los mercados centrales y se ofrecían a precios de liquidación (dumping). El segundo fue el canal cambiario regional.
La devaluación de las monedas de los principales socios comerciales (particularmente el Real en Brasil) alteró la
competitividad cambiaria relativa de la manufactura argentina, presionando sobre la balanza comercial y el nivel de
actividad local.
Entrevistador: en esos años el sector industrial local comenzó a manifestar ciertas dificultades vinculadas a
los costos y a la competencia externa. ¿Cuáles diría que fueron los principales desafíos estructurales y operativas
que atravesaba la manufactura argentina en ese momento?
EB: la manufactura argentina enfrentó un escenario de pinzas entre el frente interno y el externo. En el frente
interno empezó a vislumbrarse un incremento en los costos de producción internos. Al mismo tiempo, la persistente
Restricciones a las importaciones en Argentina: la transformación de la política comercial entre 2004-2023 49
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apreciación cambiaria real del peso frente al dólar redujo los márgenes de competitividad-precio de las exportaciones
industriales. En el frente externo, se presentaba la situación de precios industriales a la baja, con devaluaciones
competitivas, políticas proteccionistas de gran cantidad de países y políticas de subsidios a la producción con
distintos formatos que atentaban contra la industria nacional.
Entrevistador: ante ese escenario de vulnerabilidad macroeconómica y comercial, ¿cuál fue el diagnóstico
central y las prioridades que guiaron al equipo económico para avanzar hacia una administración más activa del
comercio exterior?
EB: el diagnóstico central partió de la necesidad de aplicar políticas contracíclicas defensivas para amortiguar
el impacto de la crisis internacional sobre el tejido productivo local. Por un lado, se entendió necesaria la defensa de
los puestos de trabajo en los sectores manufactureros mano de obra intensivos. El diagnóstico advertía que la
destrucción de empleo industrial en el corto plazo generaría secuelas estructurales difíciles de revertir en el mercado
laboral. En esta misma lógica, la necesidad de proteger a la industria local de la competencia desleal y del ingreso
masivo de saldos exportables a precios de liquidación o dumping, causados por la contracción del consumo en los
países centrales. La prioridad era evitar que sectores industriales maduros y recuperados en los años previos como
textil, calzado y metalúrgica fueran desarticulados por shocks externos transitorios.
Se pensaba que la utilización de herramientas de administración del comercio como las Licencias No
Automáticas constituía un derecho legítimo para preservar el espacio de política industrial necesario para el
desarrollo económico, en consonancia con las excepciones que contemplan los organismos internacionales para
situaciones de crisis global.
Entrevistador: como señala, una de las herramientas centrales de administración fueron las Licencias
Automáticas y No Automáticas. ¿Qué evaluación hace del funcionamiento de estas medidas específicas y de su
efectividad para responder a las presiones de la balanza de pagos sin alterar el normal abastecimiento de las
cadenas de valor locales?
EB: la evaluación de este tipo de herramientas, al menos en el período inmediatamente posterior a la crisis y
mientras ocupé el cargo de Secretario de Industria y Comercio hasta inicios de 2012, demostró un uso focalizado,
aunque con una complejidad operativa creciente por el volumen de posiciones arancelarias afectadas por las
prácticas comerciales internacionales. En cuanto a su efectividad, cumplieron un rol relevante en la contención de
importaciones en sectores maduros y mano de obra intensivos, y actuaron en conjunto con los precios de referencia
aduaneros para mitigar la subfacturación, especialmente la proveniente de Asia. Por otro lado, se buscó un diseño
que intentó discriminar entre bienes de consumo final y los insumos clave o bienes de capital indispensables para el
proceso productivo interno, siendo todo un desafío de gestión el evitar cuellos de botella en el aprovisionamiento
industrial.
Entrevistador: dada su experiencia técnica y su conocimiento del marco de la OMC, ¿cómo se gestionó el
diálogo con los socios comerciales respecto al uso de las Licencias No Automáticas, y de qué manera se buscó
encuadrar estas herramientas dentro de los acuerdos y excepciones que contempla el organismo internacional?
EB: es importante que tengamos presente que en ese período, los países del G-20 concentraban la aplicación de
la mayor parte de medidas proteccionistas y subsidios a nivel global. En ese contexto, el encuadre técnico de las
Licencias No Automáticas se realizó bajo el argumento de que constituían herramientas legítimas de administración
y monitoreo permitidas por el Acuerdo sobre Procedimientos para el Trámite de Licencias de Importación de la OMC.
Argentina defendió su espacio de política económica argumentando que las medidas respondían a situaciones
excepcionales de vulnerabilidad sistémica y crisis global.
A nivel bloque del Mercosur, Argentina y Brasil sostuvieron un diálogo bilateral de manera continua.
Argentina, en particular, entendió que el uso de ciertas herramientas tenía por objeto corregir las asimetrías
estructurales y las políticas de subsidios internos implementadas por Brasil.
Entrevistador: luego que dejara la función pública, la administración comercial transitó desde las
tradicionales LNA hacia esquemas de ventanilla única, comenzando con las DJAI. ¿Cómo analiza esa transición
instrumental en el marco de la situación económica argentina y el contexto global?
Carolina Szpak, Milagros Cuello, Natasha Del Castillo, Rebeca Giménez-Cantero 50
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EB: la introducción de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación o DJAI en el 2012 significó un
cambio relevante en la política comercial argentina. Mientras que el esquema anterior de Licencias No Automáticas
operaba de forma selectiva sobre un universo acotado de productos sensibles, las DJAI extendieron la obligatoriedad
de una autorización gubernamental previa al 100% del universo arancelario importado.
Una interpretación es que la política comercial abandonó su rol original de herramienta de defensa industrial
sectorial y pasó a convertirse explícitamente en un instrumento de control de cambios. El objetivo prioritario dejó de
ser la protección de la estructura productiva contra la competencia desleal y pasó a ser la restricción del flujo de
divisas para contener las tensiones en la balanza de pagos y resguardar las reservas del Banco Central. Esto alteró el
equilibrio previo, supeditando los criterios de abastecimiento industrial a las urgencias de la caja cambiaria.
Entrevistador: a modo de reflexión final, y considerando los desafíos actuales que imponen la fragmentación
geopolítica y las tendencias de relocalización productiva ¿qué lecciones de política económica nos deja aquel
ciclo histórico para el diseño de una política comercial que logre quebrar de forma genuina la restricción externa?
EB: hoy en día se cristalizó una lógica de política económica distinta. Las principales potencias del mundo han
dejado atrás el concepto de apertura comercial como estándar a alcanzar y están aplicando políticas industriales
sumamente agresivas con una mirada estratégica sobre su producción nacional y los logros alcanzados. El foco actual
de los países desarrollados es el reshoring y el nearshoring: ya no les importa solo el costo mínimo, sino la resiliencia,
la seguridad nacional y la autonomía productiva, usando subsidios masivos, exenciones impositivas y aranceles
selectivos para retener industrias críticas en su suelo o en países vecinos aliados.
Para la Argentina, este nuevo escenario abre oportunidades, pero también nos obliga a ser muy inteligentes.
Como la tendencia es que las cadenas se vuelvan más regionales, el nearshoring nos ofrece una ventana. El desafío es
fortalecer eslabones tecnológicos avanzados, servicios basados en el conocimiento, biotecnología o insumos
industriales complejos, donde realmente se capture valor y, paralelamente promover el tejido industrial nacional y
su modernización con inserción exportadora. Es difícil que se puede exportar valor si se bloquea el acceso a la
tecnología y a los componentes clave. Una política comercial moderna debe superar la falsa dicotomía entre
proteccionismo ciego y apertura absoluta; requiere entender la matriz productiva y que esté acoplada a una política
productiva que desarrolle capacidades locales. Solo así se puede lidiar con la restricción externa de forma sustentable
en el tiempo, afianzando un modelo productivo inclusivo.
<Fin de la entrevista>