Hablar de la gesón del trabajo en la mediación lectora es también un llamado a asumir, como
profesionales, la responsabilidad frente a las violencias estructurales, sicas y simbólicas que
atraviesan los contextos en que se trabaja. Esto implica cuesonar los mecanismos de censura y
biblioclasa, así como reconocer y valorar las iniciavas de promoción de la lectura que emergen
desde las comunidades que resisten las injuscias sociales. Desde ese reconocimiento es posible
proponer soluciones y alternavas.
La mediación lectora puede concebirse como una propuesta permanente, no solo políca,
sino éca y estéca, que contribuye a la transformación social. Una propuesta que aborda categorías,
situaciones y problemas de diversa índole desde disntos espacios y lugares de enunciación. La
biblioteca, como espacio de enunciación privilegiado, permite comprender la mediación lectora como
prácca que fortalece vínculos y tejido social al impulsar la creación de comunidades cohesionadas,
el diálogo intergeneracional y el intercambio de saberes y experiencias.
Mediación lectora, memoria colecva y resistencia
La mediación lectora desempeña un papel crucial en la construcción de la memoria colecva,
al servir como puente entre las experiencias individuales y el relato compardo de la sociedad. A
través de la mediación, los lectores no solo consumen textos, sino que son invitados a reexionar
sobre ellos, a vincular las narraciones con su propia historia y con la realidad social en que viven. En
este sendo, la lectura se convierte en un vehículo para objevar la vida vivida: aunque la memoria
es esencialmente subjeva, cuando un sujeto comparte sus narraciones y recuerdos, los convierte en
algo tangible y colecvo (Blasco-Serrano et al., 2019; Munita, 2021).
La objevación de la memoria a través de la mediación lectora ene el poder de enriquecer
tanto la experiencia individual como la memoria colecva. Al comparr lecturas y experiencias, los
parcipantes contribuyen a la formación de un archivo cultural compardo donde la historia, las
tradiciones y los signicados del pasado se actualizan en el presente. Así, al dialogar sobre un texto,
no solo se mira hacia lo que posiblemente fue en el pasado, sino que también se interroga lo que
posiblemente existe en el presente y se vislumbran futuros posibles, reconociendo la existencia de
múlples caminos y visiones (Munita, 2021).
Este proceso rompe con la linealidad de la memoria. Mientras que las narravas ociales o
tradicionales enden a imponer una memoria rígida y cerrada, la mediación abre espacios para la
interpretación críca y la mulplicidad de lecturas. La memoria colecva no es estáca, sino que se
enriquece con las nuevas interpretaciones que los lectores aportan en su encuentro con los textos.
Marn Barbero (1998) planteó la mediación como una prácca que no solo ene un
componente comunicacional, sino también uno de poder, lo que implica entenderla como un proceso
fundamental en las relaciones entre individuos, comunidades y el sistema en que están inmersos.
Desde esta perspecva, la mediación lectora establece una relación comunicacional no solo con los
textos o los lectores, sino con la sociedad en su conjunto —las escuelas, las familias, las bibliotecas,
las universidades y los centros de invesgación, entre otros organismos sociales y culturales.
El poder, en este contexto, no se reere únicamente al poder estructural del sistema, sino
también al poder que enen los sujetos y las comunidades para ser dialogantes. La mediación es una
herramienta que empodera a las personas para dialogar entre sí y con el sistema mismo, fomentando
la creación de espacios donde las voces históricamente silenciadas o marginadas puedan ser