ENSAYO
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e-ISSN: 2992-8184
2026 | Revista Estudios de la Información, 4(1), 80-87
hps://doi.org/10.54167/rei.v4i1.2302
Mediación lectora como prácca de resistencia cultural en
México
Recibido: 24/04/2026
Revisado: 13/05/2026
Aceptado: 18/06/2026
Resumen. En el presente arculo se reexiona la gura del mediador(a) de lectura en México desde
una perspecva que arcula su dimensión profesional, éca y políca. A parr de la noción de
dignidad como categoría central, se argumenta que la mediación lectora constuye una prácca
artesanal, de resistencia y de construcción de memoria colecva, cuyo reconocimiento instucional
resulta insuciente frente a su impacto social real. Se analiza asimismo el papel del libro como bien
cultural procomún y la responsabilidad del Estado en garanzar su acceso equitavo. El texto
propone que la formación de una biblioteca interior, el conocimiento de experiencias diversas y el
compromiso con la inclusión son condiciones necesarias para el ejercicio pleno de la mediación
lectora.
Palabras clave: mediación lectora, mediadores de lectura, memoria colecva, dignidad cultural.
Reading Mediaon as Cultural Resistance Pracce in Mexico
Abstract. This arcle examines the gure of the reading mediator in Mexico through a perspecve
that arculates its professional, ethical, and polical dimensions. Drawing on the noon of dignity
as a central analycal category, it is argued that reading mediaon constutes a cra pracce of
resistance and collecve memory-building, whose instuonal recognion remains insucient
relave to its actual social impact. The arcle further analyzes the role of the book as a cultural
common good and the responsibility of the State in guaranteeing equitable access to it. The text
proposes that the formaon of an inner library, familiarity with diverse human experiences, and a
commitment to inclusion are necessary condions for the full exercise of reading mediaon, and,
ulmately, for arming the cultural dignity of those who dedicate their work to fostering reading in
Mexico.
Keywords: reading mediaon, reading mediators, collecve memory, cultural dignity.
Cómo citar: Meléndez Orz, B. E. (2026). Mediación lectora como prácca de resistencia cultural en
México. Revista Estudios de la Información, 4(1), 80-87. hps://doi.org/10.54167/rei.v4i1.2302
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Introducción: Hacia una construcción del concepto de mediador(a) de lectura
La palabra dignidad proviene del lan dignus, que signica «merecedor» o «valioso». En la
Angua Roma, el término se asociaba a la posición social, el respeto y la esma que una persona
recibía en función de su comportamiento, honores o méritos. Esta emología resulta pernente para
abordar la situación del mediador(a) de lectura en México: una gura profesional cuya labor incide
directamente en la dignidad de las personas y que, sin embargo, rara vez recibe el reconocimiento
instucional que le corresponde.
El presente arculo examina las condiciones de reconocimiento y visibilidad de la mediación
lectora en México, con el propósito de sustentar que esta prácca constuye, en sí misma, un ejercicio
profesional digno y socialmente relevante. Si bien la literatura especializada ha documentado el
impacto de la mediación en el desarrollo de los lectores, resulta necesario desplazar la mirada hacia
el sujeto que media: reconocer su labor no únicamente en función de los efectos que produce, sino
como una prácca profesional socialmente valiosa.
Para ello, el texto se organiza en torno a cuatro ejes temácos: la construcción conceptual de
la gura del mediador(a) de lectura; las condiciones estructurales en que se desarrolla su prácca en
México; el libro como bien cultural procomún; y la formación profesional como condición de
posibilidad para una mediación efecva.
El mediador(a) de lectura es, más que un interventor, un profesional que acompaña al lector
en la vivencia de experiencias de lectura a parr de las cuales emergen reexiones sobre la literatura
y se fomenta la necesidad de adquirir conocimientos que permitan una comprensión más profunda
de las obras. Como señala Munita (2021), las experiencias de lectura son aquellas que “enen el
poder de transformar las práccas lectoras en verdaderas experiencias de vida para los sujetos” (p.
12). Este propósito se alcanza a través de programaciones coordinadas, fundamentadas y sostenidas
en el empo, lo que convierte al mediador(a) en el protagonista del proceso.
La experiencia de lectura puede abordarse desde dos perspecvas complementarias. La
primera es la que experimenta el lector a parr de cualquier texto: su lectura subjeva, ínma e
individual. La segunda emerge de las posibilidades que abre la mediación, la cual exige una gesón
cuidadosa y consciente donde cada acción está orientada a generar experiencias transformadoras,
tanto a nivel individual como colecvo (Arenas Delgado et al., 2020). Desde la selección de textos
hasta la creación de entornos que propicien el diálogo, cada decisión incide directamente en el
desarrollo del hábito lector y en la formación literaria de los parcipantes.
A parr del concepto de ‘construcción del camino lector’, Devetach (2008) traza una disnción
que resulta producva para este análisis: la que separa la lectura pública de la privada. La autora
vincula esta escisión con el papel histórico de las mujeres como narradoras y transmisoras de saberes
culturales, una función ejercida al margen de los espacios instucionales y que revela la persistencia
de dicha división hasta el presente. La lectura pública —denominada por Devetach ‘lectura
profesional’— se arcula desde posiciones de autoridad pedagógica y responde a criterios de ulidad
y consenso social. En contraste, la lectura que aquí se propone denominar ‘autónoma’ requiere de
un espacio privado que habilite, en palabras de la autora, el ejercicio de "las disponibilidades más
profundas" del sujeto: "el ensayo y el error, el detectar el momento de la necesidad de recurrir a los
otros […] y de autonomía para irse independizando" (p. 27).
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En este marco, cabe formular la hipótesis de que uno de los problemas centrales en la
enseñanza de la literatura es la desvinculación entre los saberes disciplinares y las experiencias de
lectura individuales. Al ignorar estas vivencias personales, las obras pierden fuerza y sendo, lo que
obstaculiza un aprendizaje signicavo. Cuando la lectura no conecta con la experiencia del lector,
los textos no permanecen en su memoria ni generan la necesidad de acceder a otros, limitando así el
desarrollo de su idendad lectora.
Aunque el objevo de la mediación lectora no es enseñar en sendo estricto, sino acompañar,
en contextos educavos esta prácca inevitablemente contribuye al aprendizaje. La mediación
lectora como prácca docente ene el potencial de generar aprendizajes signicavos no solo en
términos de contenido literario, sino también en el desarrollo de habilidades crícas y emocionales.
Al propiciar una conexión profunda entre el lector y las obras, el mediador facilita un proceso en que
la lectura se interioriza, favoreciendo la reexión, la interpretación y la comprensión en relación con
la experiencia personal.
La Subsecretaría de Educación Media Superior dispone de un programa orientado a la
formación de mediadores de lectura; no obstante, este carece de una denición del concepto de
mediación lectora. En su lugar, ofrece una caracterización del mediador centrada en su rol
pedagógico: se le concibe como un parcipante acvo del proceso lector que, lejos de mantenerse al
margen, interviene en función de las necesidades de conocimiento y el nivel de competencia lectora
del estudiante, con el propósito de orientar, complementar o reforzar su desarrollo (Rojas, 2019).
Este enfoque amplía el perl del mediador al incorporar el conocimiento de los intereses,
preferencias lectoras y condiciones de acceso a la información del aprendiz, elementos que orientan
la selección de materiales hacia lo que resulta no solo pernente, sino efecvamente accesible.
Asimismo, el programa propone extender la responsabilidad mediadora más allá del aula, al
considerar que cualquier persona del entorno del joven puede cumplir esta función. No obstante, la
propuesta circunscribe su marco de referencia principalmente a infancias y juventudes insertas en el
sistema educavo formal, lo que revela una concepción de la mediación acotada al contexto escolar.
La paradoja del mediador(a) de lectura en México
El mediador(a) de lectura es, en sí mismo, una paradoja. Pocas veces cuenta con el apoyo del
Estado y, sin embargo, su presencia en los espacios comunitarios se convierte en un recurso
fundamental para las comunidades. Esta tensión plantea la pregunta por la capacidad real de acción
de los mediadores de lectura en el contexto mexicano, donde, entre los problemas más recurrentes
se encuentra la ausencia de polícas públicas o el carácter meramente nominal de las que existen. La
transformación que ha experimentado el Programa Nacional de Salas de Lectura en los úlmos años
—tanto en la entrega de acervos como en las capacitaciones ofrecidas— constuye un ejemplo
representavo de esta fragilidad instucional.
Aunque la mediación lectora no está desnada exclusivamente a la enseñanza, el mediador
con frecuencia se desenvuelve en instuciones educavas, actuando como un satélite de la escuela,
pero con su centro anclado en la cultura escrita y el libro como herramienta omnipresente. Esta
condición liminal —entre la instución educava y el espacio cultural— hace del mediador de lectura
una gura dicil de abordar desde una perspecva unidimensional.
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Hablar de la gesón del trabajo en la mediación lectora es también un llamado a asumir, como
profesionales, la responsabilidad frente a las violencias estructurales, sicas y simbólicas que
atraviesan los contextos en que se trabaja. Esto implica cuesonar los mecanismos de censura y
biblioclasa, así como reconocer y valorar las iniciavas de promoción de la lectura que emergen
desde las comunidades que resisten las injuscias sociales. Desde ese reconocimiento es posible
proponer soluciones y alternavas.
La mediación lectora puede concebirse como una propuesta permanente, no solo políca,
sino éca y estéca, que contribuye a la transformación social. Una propuesta que aborda categorías,
situaciones y problemas de diversa índole desde disntos espacios y lugares de enunciación. La
biblioteca, como espacio de enunciación privilegiado, permite comprender la mediación lectora como
prácca que fortalece vínculos y tejido social al impulsar la creación de comunidades cohesionadas,
el diálogo intergeneracional y el intercambio de saberes y experiencias.
Mediación lectora, memoria colecva y resistencia
La mediación lectora desempeña un papel crucial en la construcción de la memoria colecva,
al servir como puente entre las experiencias individuales y el relato compardo de la sociedad. A
través de la mediación, los lectores no solo consumen textos, sino que son invitados a reexionar
sobre ellos, a vincular las narraciones con su propia historia y con la realidad social en que viven. En
este sendo, la lectura se convierte en un vehículo para objevar la vida vivida: aunque la memoria
es esencialmente subjeva, cuando un sujeto comparte sus narraciones y recuerdos, los convierte en
algo tangible y colecvo (Blasco-Serrano et al., 2019; Munita, 2021).
La objevación de la memoria a través de la mediación lectora ene el poder de enriquecer
tanto la experiencia individual como la memoria colecva. Al comparr lecturas y experiencias, los
parcipantes contribuyen a la formación de un archivo cultural compardo donde la historia, las
tradiciones y los signicados del pasado se actualizan en el presente. Así, al dialogar sobre un texto,
no solo se mira hacia lo que posiblemente fue en el pasado, sino que también se interroga lo que
posiblemente existe en el presente y se vislumbran futuros posibles, reconociendo la existencia de
múlples caminos y visiones (Munita, 2021).
Este proceso rompe con la linealidad de la memoria. Mientras que las narravas ociales o
tradicionales enden a imponer una memoria rígida y cerrada, la mediación abre espacios para la
interpretación críca y la mulplicidad de lecturas. La memoria colecva no es estáca, sino que se
enriquece con las nuevas interpretaciones que los lectores aportan en su encuentro con los textos.
Marn Barbero (1998) planteó la mediación como una prácca que no solo ene un
componente comunicacional, sino también uno de poder, lo que implica entenderla como un proceso
fundamental en las relaciones entre individuos, comunidades y el sistema en que están inmersos.
Desde esta perspecva, la mediación lectora establece una relación comunicacional no solo con los
textos o los lectores, sino con la sociedad en su conjunto —las escuelas, las familias, las bibliotecas,
las universidades y los centros de invesgación, entre otros organismos sociales y culturales.
El poder, en este contexto, no se reere únicamente al poder estructural del sistema, sino
también al poder que enen los sujetos y las comunidades para ser dialogantes. La mediación es una
herramienta que empodera a las personas para dialogar entre sí y con el sistema mismo, fomentando
la creación de espacios donde las voces históricamente silenciadas o marginadas puedan ser
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escuchadas. En este sendo, la mediación lectora se convierte en una prácca de resistencia frente a
las estructuras que limitan el acceso al conocimiento o la parcipación en la vida cultural y social.
La mediación no solo facilita el acceso a la lectura o a la cultura escrita, sino que abre espacios
para el diálogo críco entre los individuos y las instuciones, conectando a los lectores no solo con
los textos, sino también con las realidades sociales, polícas y culturales que los rodean. Así, la
mediación lectora no solo fomenta el hábito lector, sino que actúa como un acto de resistencia frente
a las narravas rígidas y hegemónicas, promoviendo una memoria inclusiva, plural y críca, capaz de
adaptarse y transformarse a medida que los sujetos la comparten y la reviven.
El libro como bien cultural procomún
El libro, entendido como bien cultural, trasciende su materialidad para converrse en un
puente hacia el conocimiento, la imaginación y la memoria colecva. Los libros son vehículos de ideas,
tradiciones, saberes y emociones que han forjado civilizaciones y transformado a los individuos. No
constuyen una simple mercancía; son un patrimonio compardo que, en su mejor expresión, debe
ser accesible para todos, puesto que representan la voz de quienes vivieron antes y la promesa de
diálogo entre el presente y el futuro.
Sin embargo, para que este potencial se cumpla, resulta necesario un compromiso decidido
de las instuciones públicas y privadas para garanzar la accesibilidad del libro. El mediador de
lectura, por sí solo, no puede asumir la tarea de adquirir todos los materiales necesarios para su labor.
Es aquí donde el Estado y las instuciones culturales —en parcular las bibliotecas— juegan un papel
fundamental al asegurar que el acceso al libro no esté condicionado por la capacidad económica de
los individuos, sino garanzado como un derecho.
El uso del libro no debe reducirse al consumo. En un modelo de consumo, los bienes
culturales se tratan como objetos de compra, acumulación y posesión privada, lo que fomenta
dinámicas de exclusión y hegemonía. En cambio, cuando los libros se reconocen como bienes
procomunes —es decir, pertenecientes a la colecvidad, recursos vivos que se regeneran y
mulplican con cada lectura y cada reexión comparda—, su potencial transformador se actualiza
plenamente.
Las bibliotecas, como custodias de los bienes culturales, deben asumir su responsabilidad de
proporcionar acceso inclusivo y equitavo a los libros. Esto requiere fortalecerlas como espacios
vivos, donde el mediador de lectura pueda encontrar no solo materiales, sino un entorno que
fomente la reexión, el intercambio y la creación de conocimiento. En úlma instancia, el libro como
bien cultural no es solo un objeto que se preserva, sino una herramienta poderosa para la
construcción de un futuro compardo.
Diversidad e inclusión en la mediación lectora
Reconocer la diversidad en las infancias es fundamental para diseñar programas de
mediación lectora que respondan a las necesidades y realidades de cada niño y niña. Esto implica
visibilizar y atender a las infancias indígenas, afromexicanas, en situación de calle, en condiciones de
migración o en instuciones tutelares, así como a aquellas provenientes de familias diversas o que
carecen de una estructura familiar convencional. Al integrar esta variedad de experiencias y
contextos, los programas de mediación lectora no solo promueven el acceso equitavo a la lectura,
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sino que también refuerzan la inclusión, la empaa y el respeto por las múlples formas de vivir y
crecer en la sociedad.
De igual manera, abordar la diversidad en jóvenes y adultos resulta esencial para desarrollar
programas de mediación lectora que respondan a sus necesidades y experiencias. Comprender los
contextos sociales, culturales y económicos en que viven, y diseñar programas que celebren la
pluralidad, contribuye a que la lectura sea una herramienta de crecimiento personal, inclusión y
empoderamiento (Hermann et al., 2023). Al hacerlo, se crean espacios en los que los jóvenes y
adultos pueden conectarse, comparr experiencias y ampliar sus perspecvas, promoviendo el
diálogo, la reexión y la transformación social a través de la palabra escrita.
La formación del mediador(a): Artesanía y biblioteca interior
La labor del mediador(a) de lectura es fundamentalmente artesanal, en tanto requiere una
atención parcular a cada obra y a cada acvidad. Esto contrasta con la enseñanza de la literatura
basada en fórmulas repevas, aplicadas como molde a cualquier texto. La mediación lectora
demanda el diseño de disposivos que vayan más allá de síntesis o juicios crícos; cada texto, cada
grupo e incluso cada persona requiere un enfoque diferente (Thompson, 2025). Habrá obras que
ameriten un análisis críco, mientras que otras invitarán a abordar las primeras impresiones desde la
dimensión subjeva. En algunos casos, resultará más enriquecedor explorar la obra a través de un
elemento literario parcular, como el simbolismo, las perspecvas narravas o la intertextualidad.
Mediar la lectura es, así, una tarea artesanal que se adapta, en primer lugar, al lector o lectora,
ayudándoles a profundizar y disfrutar la obra que se les presenta; y, en segundo lugar, a lo que las
propias obras ofrecen, respetando su singularidad.
Cabe plantear la pregunta de si, ante el acceso a mejores lecturas y a experiencias con buenas
práccas de mediación, podrían surgir mejores mediadores. La hipótesis que se sosene es
armava: el conocimiento de iniciavas de lectura potentes, lideradas por docentes, bibliotecarios
y gestores culturales de disntos contextos, así como el contacto con espacios de lectura extraescolar,
inuye signicavamente en la prácca mediadora. Este enriquecimiento lleva al mediador a situarse
en nuevas perspecvas, no para replicar lo que se ha hecho en otros contextos, sino para reexionar
y enriquecer sus propias práccas desde nuevas miradas.
Leer debe ser una parte esencial del bagaje profesional del mediador de lectura,
conformando una especie de biblioteca interior a la cual recurrir en momentos clave. Una biblioteca
interior cuyos anaqueles albergan obras provenientes del sistema literario infanl y juvenil, así como
lecturas personales de todas las épocas y todos los géneros; un acervo que facilita tender puentes
entre los diversos grupos con quienes se trabaja. Chambers (1997) señaló la pernencia de un mínimo
de 500 obras que un mediador debería haber leído para iniciar su ejercicio profesional. Más allá del
aspecto cuantavo, lo que importa es que cada libro que conforma esa biblioteca interior sea el
fruto de una reexión profunda, de un cambio de perspecva, de una mirada que se detuvo a analizar
lo que esa obra puede ofrecer a los sujetos lectores.
La mediación lectora como decisión de vida y compromiso social
Ser mediador(a) de lectura puede entenderse como una decisión de vida: un compromiso
profundo con la promoción del conocimiento, la cultura y el desarrollo humano a través de la
literatura. Implica un compromiso connuo con la propia formación personal y profesional, estar en
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constante crecimiento, nutriéndose de nuevas lecturas, de diversas práccas y de diferentes
contextos (Dueñas et al., 2014; Kannan et al., 2023). El mediador asume también una responsabilidad
social al inuir en la creación de comunidades lectoras, muchas veces en entornos vulnerables o
donde el acceso a la lectura es limitado. Este acto de mediación puede tener un impacto duradero en
la vida de las personas, generando cambios signicavos en su visión del mundo y en su manera de
relacionarse con los demás (Buyukgoze, 2023; Soyoof et al., 2023).
La mediación lectora implica, asimismo, un desprendimiento, un abandono voluntario de la
individualidad para abrirse por completo al otro. Cada texto sugerido, cada acvidad propuesta, es
una oportunidad para comprender mejor al ser humano en su mulplicidad y diversidad, dejando
huella en quienes parcipan del proceso (Gorjón-Gómez, 2020). El verdadero legado del mediador
no reside en lo que ha leído o comprendido de manera individual, sino en la transformación de los
otros: en cómo quienes han parcipado del proceso llevarán consigo partes del conocimiento y la
sensibilidad transmidos, creando una red de conexiones humanas y literarias que trascienden el
empo y el espacio.
Conclusiones
El trabajo del mediador(a) de lectura es profundamente digno y signicavo, en tanto va más
allá de la mera promoción de libros para converrse en una prácca de transformación de vidas y de
construcción de comunidades a través de la literatura. Al inspirar el amor por la lectura, fomentar la
diversidad cultural y desarrollar habilidades crícas, el mediador no solo empodera a los lectores,
sino que también contribuye al bienestar emocional y social de quienes lo rodean.
La dignicación del mediador(a) de lectura requiere, al menos, tres condiciones: el
reconocimiento instucional de su labor mediante polícas públicas efecvas y sostenidas; el acceso
garanzado al libro como bien cultural procomún, a través de bibliotecas fortalecidas y
compromedas con la equidad; y una formación profesional arculada, que integre la experiencia
lectora personal, el conocimiento de práccas diversas y la sensibilidad hacia los contextos y las
comunidades con quienes se trabaja.
Cada interacción y cada historia comparda en el proceso de mediación son pasos hacia la
creación de un legado cultural que perdura en el empo. En ese compromiso con el conocimiento y
con la conexión humana reside la verdadera esencia de la mediación lectora: un acto que enriquece
a la sociedad en su conjunto y contribuye a la construcción de un mundo más justo y equitavo,
donde cada persona puede encontrar su voz y ser reconocida en su valor inherente.
Declaración de contribución de autoría CRediT:
Blanca Elizabeth Melendez Orz: Conceptualizaon (lead), Invesgaon (equal), Wring –
review & eding (equal).
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