RESEÑA
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e-ISSN: 2992-8184
2026 | Revista Estudios de la Información, 4(1), 88-93.
hps://doi.org/10.54167/rei.v4i1.2118
Corna Orts, Adela (2024). ¿Éca o ideología de la
inteligencia arcial? El eclipse de la razón comunicava
en una sociedad tecnologizada. Editorial Paidós.
Recibido: 13/10/2025
Revisado: 11/12/2025
Aceptado: 15/01/2026
Cómo citar: Marnez-Villa, B. A. (2024). Reseña: ¿Éca o ideología de la inteligencia arcial? El
eclipse de la razón comunicava en una sociedad tecnologizada. Revista Estudios de la Información,
4(1), 88-93. hps://doi.org/10.54167/rei.v4i1.2118
Resumen: En la era digital hoy en día, la tecnología no sólo es intuitiva
y fluida; las interfaces gráficas, la inteligencia artificial (IA) y la
automatización han hecho que la interacción con sistemas complejos
sea más fácil que nunca. Pero ¿hacia dónde nos lleva este desarrollo
tecnológico? ¿Cuál es la dimensión ética de la tecnología? Ante la
posibilidad de crear una IA más capaz que la inteligencia del ser
humano, ¿Se corre el riesgo de la instrumentalización de la vida
humana? Conectarse no es comunicarse, es necesario cuidar
afanosamente la palabra, para que ocurra la comunicación se tiene que
ser veraz. En torno a estos y otros cuestionamientos radica la
composición del libro que se reseña.
Palabras Clave: Ética, Ideología, Inteligencia Artificial, Racionalidad,
Información.
Abstract: In today's digital age, technology is not only intuitive and fluid; graphical interfaces,
artificial intelligence (AI), and automation have made interacting with complex systems easier than
ever. But where is this technological development taking us? What is the ethical dimension of
technology? Given the possibility of creating an AI more capable than human intelligence, is there a
risk of instrumentalizing human life? Connecting is not communicating; it is necessary to carefully
guard one's words; for communication to occur, it must be truthful. The book under review is
structured around these and other questions.
Keywords: Ethics, Ideology, Artificial Intelligence, Rationality, Information.
A lo largo de sus más de 240 páginas, la Dra. Adela Corna, Catedráca Emérita de Éca y
Filosoa Políca de la Universidad de Valencia, nos lleva a un ejercicio de análisis y reexión críca
sobre la Inteligencia Arcial (IA) y su entorno en un contexto humano desde una perspecva éca.
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Este libro se estructura en 12 capítulos de la siguiente manera: 1. Lo que nos hace humanos.
2. Tres tipos de Inteligencia Artificial: Tres tipos de ética. 3. Transhumanismo y Posthumanismo
¿Pronóstico o Ideología? 4. Inteligencia Artificial confiable ¿Un cambio de época? 5. Ética Robótica.
6. ¿Qué ética para las máquinas inteligentes? 7. Las fronteras de la persona en un mundo
tecnocientífico. 8. La libertad en la era digital. 9. Eclipse de la razón comunicativa: un reto radical
para la democracia. 10. Un espacio público libre de dogmatismos. 11. Lenguaje Claro. 12. Educar en
la era de la Inteligencia Artificial.
El Libro publicado por editorial Paidós en octubre de 2024, se apoya en un trabajo de
investigación previo: el Proyecto de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico FFI2016-
76753-C2-1-P, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad (ahora Ministerio de
Ciencia, Innovación y Universidades) y en las actividades del grupo de investigación de excelencia
PROMETEO/2018/121 de la Generalidad Valenciana. Ese trabajo Ética de la inteligencia artificial se
integra por cuatro apartados de los cuales al menos tres forman parte de los capítulos de este libro.
Parafraseando a la autora: El mundo de la IA es irreversible. La IA ha nacido en el espectro de las
promesas y los riesgos; suscitando a la vez promotores y detractores. Pero, con la IA generativa, ¿Se
busca que los seres humanos utilicen la IA o que la IA sustituya a los seres humanos?
En el capítulo 1, Lo que nos hace humanos la autora a parr de una referencia al novelista
británico Ian McEwan, en su obra Máquinas como yo, inicia su reexión sobre el proceso de
comunicación ‘La verdad importa’. Precisamente a parr de la premisa que las máquinas no están
hechas para entender una menra, pero además nos dice que menr no suele tener malas
consecuencias para el menroso. Precisamente a parr de la cción de McEwan sosene que el eje
de su reexión inicial es ¿qué sucedería si las máquinas pudieran comprender una menra? En
empos de una ‘supuesta’ posverdad se dan por buenas las menras emovas.
Continúa desarrollando su reflexión refiriendo La isla del Doctor Moreau y las Leyes de
Asimov. De la primera obra recuerda el fallido intento de hominización, como los animales terminan
por volver a la selva que es su hábitat después de haber incendiado el laboratorio y matar al doctor
y ahí inserta su primer planteamiento ético, como una predisposición eminentemente humana, lo
que muestra al hombre su deber en el caso concreto. Ahí entonces la cuestión, ¿se puede y debe
introducirse en las ‘mentes’ de los robots normas éticas? De manera que coincidan con los intereses
humanos. Desarrolla un análisis de las Leyes de robótica de Asimov y concluye que éstas a menudo
entran en contradicción, ya que para aplicarlas es necesario entender el contexto e interpretarlo.
Cierra este primer apartado con las interrogantes que desarrollará a lo largo del libro qué tipo de
ética debe prevalecer para la IA y cómo es esencial cuidar la palabra y la comunicación.
El Capítulo 2, Tres tipos de Inteligencia Artificial, tres tipos de ética inicia narrando la
anécdota de las elecciones en 2018 en el Distrito de Tokio, Tama New Town, donde un robot fue
postulado a las elecciones y quedó en tercer lugar de la votación general y a partir de ahí desarrolla
la idea de algunos que las cosas – en este caso – un mejor gobierno, se puede obtener resultado de
la IA. Posteriormente aporta algunos datos históricos sobre IA y distingue tres tipos de IA, que a su
juicio ameritan distintos tipos de ética cada una: (1) la inteligencia superior o superinteligencia,
refiriéndose a una inteligencia que supera la inteligencia del hombre y que eventualmente lo
sustituiría. Esta es la IA que da lugar a la perspectiva transhumanista y posthumanista con la idea de
la singularidad; (2) la inteligencia general, la cual puede resolver problemas generales, cuya finalidad
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es crear una IA, una máquina que tenga una inteligencia general similar a la humana; y (3) la
inteligencia especial que es la que lleva a cabo trabajos específicos, realiza tareas concretas, pero
de manera superior a la inteligencia humana. Concluye que el reto consiste en orientar el uso
humano de estos sistemas de forma ética.
El capítulo 3, Transhumanismo y Posthumanismo: ¿Pronóstico o ideología? introduce la
reflexión a través de la referencia literaria, ahora se apoya en los hermanos Huxley, particularmente
en Un mundo feliz de Aldous y no tanto en Julian, pero sí menciona que este último quien en 1927
introduce una idea de transhumnaismo. La creencia de que a través de la tecnología podemos ser
mejores versiones del ser humano, la transformación a través de las tecnociencias, a través del
acrónimo NBIC (nanoteconología, biotecnología, informática – big data, internet de las cosas – y
ciencias cognitivas – IA, robótica, entre otras). ¿Se puede servir al hombre, trascendiendo al hombre,
permaneciendo hombre al actualizar nuevas posibilidades de su naturaleza humana?
Se corre el riesgo de la instrumentalización de la vida humana. La autora plantea que ello no
debe, ni puede ser permisible. Aquí realiza – a gusto de quien suscribe – uno de los análisis más
interesantes del libro, apoyada en la críca de Kant, sobre la responsabilidad de no menr de la
ciencia. Arma: “es lícito aventurar bosquejos de totalidad y de futuro como idea regulava, como
orientación… desde los avances con que ya se cuenta, pero no es lícito darlos por realidad
contrastada”. Muestra así tres desaos para la éca en este entorno transhumanista: el primero, una
ideología, ya liberar, ya progresista, ya indeterminada detrás de la técnica; el segundo, cuidar que
no se intente seducir desde las pulsiones humanas, intereses económicos; y, tercero, esclarecer el
po de éca al que se apela al mostrar una bondad moral en el entorno transhumano. Se debe
disnguir entre las propuestas que gozan de un respaldo cienco de aquellas que no lo enen.
En el capítulo 4, Inteligencia Artificial confiable ¿Un cambio de época? se presenta el interés
del marco regulatorio europeo para la IA, de manera que se pueda cuidar el desarrollo de la misma
bajo supervisión humana y al servicio de las personas. Explica como el marco normativo en el
espacio europeo es de vanguardia en ese sentido. Sin embargo, propone, precisamente la necesidad
que ante los requerimientos del mercado y del entorno global, se genere una ética para este cambio
de época, aquí es donde desarrolla su modelo normativo propuesto: (1) beneficencia; (2) autonomía
y dignidad; (3) explicabilidad y rendición de cuentas; 4) no dañar; y (5) promover un mundo justo
¿Un cambio de época?
En el Capítulo 5, Ética robótica la autora hace un recorrido por la llamada cuarta revolución
industrial y la robótica, la autora cuestiona en primer término ¿qué es un robot? Y ella misma aporta
una variada serie de descripciones. Plantea el desafío ético para la robótica hablando entre otras
cosas del riesgo de la deshumanización del trabajo de la salud. Sostiene la necesidad de generar una
ética para las máquinas y cuestiona si se tratará de una ética para las máquinas o para agentes
artificiales autónomos, reflexión que continúa en el capítulo 6.
El Capítulo 6; ¿Qué ética para las máquinas inteligentes? se centra en la reflexión continua
sobre la necesidad ética para las máquinas, la autora sostiene que lo que es lo más popular o lo más
solicitado, no necesariamente es lo éticamente correcto. Manifiesta cómo es un error común
confundir alta incidencia de preferencias en una encuesta, con lo que se ‘debe’ hacer.
Evidentemente refiere una lógica de mercado. Se debe – sostiene la autora -generar una ética que
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vaya más allá de sólo prevenir daños o evite generarlos, precisamente ahí es donde introduce un
punto de inflexión en su planteamiento: Se trata de sistemas funcionalmente autónomos, no
ontológicamente autónomos. Lo que regresa el enfoque a si las máquinas pueden realmente ser
consideradas agentes morales autónomos. Una reflexión que propone la autora es que una
diferencia esencial entre la máquina y el humano – y ello es cualitativamente sustancial – es el
‘pensar despacio’ lo que permite identificar móviles de acción en el intercambio de argumentos.
Continua y refiere cinco marcos éticos para el análisis: (1) el deber o deontologismo desde
Kant hasta Asimov; (2) para pasar por el utilitarismo, donde la autora utiliza de manera equivalente
los valores utilidad y placer; (3) luego aborda, brevemente, la ética desde la virtud; (4) el enfoque
de las capacidades para concluir en su propuesta del ‘deontologismo dialógico’ o la noción de deber
desde la acción comunicativa; y (5) una hermenéutica crítica.
Respecto al Capítulo 7, Las fronteras de la persona en el mundo tecnocientífico, se estudia
el sintagma de la ‘singularidad de la humanidad’ donde se liga la idea de singularidad a la creación
de máquinas inteligentes; de inteligencias superiores a la humana. Refiere también al ciborg, este
ser de componentes híbridos, vinculando al hombre-máquina, menciona incluso a la ‘tecnopersona’
y precisamente aquí es donde amplía sobre aspectos regulatorios en el entorno europeo sobre la
persona: Personas electrónicas. Además, se cuestiona si estamos ¿superando? el biocentrismo.
El Capítulo 8, La libertad en la era digital, ofrece un planteamiento de carácter filosófico que
en este capítulo se efectúa consiste en señalar cómo en la actualidad existen los nuevos gurús que
sostienen una variable de determinismo tecnológico, cómo la combinación de genes, neuronas y
mundo social, que no hemos elegido, condicionan nuestro actuar y por ende nuestra falta de
libertad. Describe de una manera muy clara, como es una tendencia histórica que en la medida en
que una ciencia es reconocida en el ‘pódium’ de la excelencia, una parte significativa de sus
defensores se tornan imperialistas y tratan de explicar la totalidad de los movimientos de la
naturaleza y de la conducta de las personas, desde ese particular nicho de la ciencia.
En el Capítulo 9, Eclipse de la razón comunicativa: Un reto radical para la democracia, parte
aquí de una pregunta esencial: ¿Hacia dónde queremos ir? señala como con el progreso de las
tecnociencias la aceleración ‘parece ser la clave vital’ lo que hoy es una solución, queda obsoleta
mañana y hace un planteamiento lógico inverso: ‘las respuestas nos cambiaron las preguntas’. Ella
se identifica como partidaria del ‘cosmopolitismo democrático’ postula en términos de Kant la idea
de ir democratizando los países uno a uno hasta el entorno mundial y afirma que no es una utopía
sino una idea regulativa. Defiende la razón comunicativa más allá de la razón instrumental,
considerando que la primera, permite la identificación y logro de fines a diferencia de la segunda.
Menciona la simulación democrática en entornos de dictadura y reflexiona precisamente
sobre el papel de la verdad en tiempos de posverdad y la necesidad de cuidar la palabra. Detalla
como la connotación de posverdad es contradictoria, ya que –en una interpretación semántica del
término-, quien la utiliza distorsiona deliberadamente la realidad porque la conoce ‘y no le interesa
comunicarla’. Además, ofrece un recorrido por diferentes modelos normativos que refieren el valor
del lenguaje y la palabra, menciona la teoría de la justicia social crítica y cierra su reflexión con el
siguiente análisis: ‘la profusión de prácticas que defienden la legitimidad de utilizar en el debate
público términos con significantes ambiguos o vacíos, pero con una connotación positiva para la
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ciudadanía...’ vacían a las palabras de significado. Anulando, en términos de Habermas y su Teoría
de la Acción Comunicativa, la pretensión de verdad y de validez del enunciado.
En relación con el Capítulo 10, Un espacio público libre de dogmatismos, el libro enriquece
su análisis y reflexión al dedicarlo al espacio público y a la libertad de pensamiento y expresión,
exaltando el valor de la acción comunicativa. Aborda dos concepciones de opinión pública una de
carácter normativo y otra de carácter descriptivo. Establece cómo el espacio público debe propiciar
las condiciones para acabar con el dogma a través de la crítica abierta. Desarrolla también una
reflexión en torno a la moral y como la ‘vergüenza moral’ refiriéndola como ‘agresión moralista’ ha
sido históricamente un instrumento para moldear la opinión o el espacio público. Para cerrar el
apartado postulando la necesidad de crear un entorno donde sea permisible hablar con verdad sin
vergüenza de hacerlo.
El enfoque del Capítulo 11, lenguaje claro, ofrece un análisis que gira entorno a la palabra o
el lenguaje; cómo palabras como ‘democracia’, ‘progreso’ y ‘progresista’ son términos manipulados,
por lo que es necesario cuidar la palabra en estos casos. Evitar la desmesura. Y como es necesario
regresar a un elemento esencial de occidente el reconocimiento al ‘logos’ combatir la ‘logofobia’.
Ya que el ‘logos’ permite la interpretación del mundo social y natural y no implica, como
actualmente se hace en muchos casos una interpretación de individuos aislados.
Aborda también de una manera más explícita la atención a la teoría de la acción
comunicativa de Habermas vinculada con la teoría de los actos de habla de Austin y Searle y como
el hablante debe aceptar las pretensiones de validez para que la comunicación sea efectiva entre
ellas la inteligibilidad, el mensaje debe ser claro, evitar la ambigüedad. La autora identifica la
ambigüedad con la oscuridad como arma ideológica. Amplia además la reflexión al establecer que
la virtud o cortesía del filósofo es un punto hacia la igualdad como derecho de las personas.
Como cierre, el libro presenta el Capítulo 12, Educar en la era de la inteligencia artificial,
acude al ejemplo de China y si bien reconoce que no se puede saber cuáles serán las necesidades
concretas de la educación de los niños en un futuro; afirma: ‘lo que sí podemos saber es qué valores
morales queremos trasmitirles para que los acepten o los desechen’ la concepción de que la
educación es esencial para la vida humana, trasciende las fronteras y las civilizaciones. Regresa su
reflexión a la IA como instrumento, pero señala sus luces y sombras. Cierra su análisis indicando que
la complejidad del siglo XXI podría ser mejor comprendida con inteligencia aumentada y distribuida
como es el caso de la IA, pero la educación presenta limitantes que se deben atender: la brecha
digital; los sesgos de los algoritmos; inequidad educativa, ausencia de parámetros ético en el uso de
la tecnología, entre otras. Lo cual puede poner en peligro la capacidad crítica y la autonomía de las
personas.
La autora – como ya se ha detallado – sostiene que los avances técnicos históricamente han
precedido a las orientaciones morales sobre cómo hacer uso de ellos y que, en el caso de la IA, no
es la excepción. Explica cómo la IA incluye varios enfoques y técnicas, tales como Machine Learning
(Deep Learning y Reinforcement Learning), Machine Reasoning (planeación, programación,
representación de conocimiento y razonamiento, así como búsqueda y optimización), y robótica
(control, percepción, sensores y actuadores (actuators), y los sistemas ciberfísicos que incluyen
todas las anteriores variables). Reitera la autora: el paso es irreversible.
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De la lectura del libro surgen múltiples temas y cuestionamientos, uno de ellos sobresale y
se distingue, en términos de Horkheimer en su Crítica de la razón instrumental, como asistimos a
una reflexión sobre la maximización de los medios, sin tener claro el porqué de esa potencialización
y, por ende – al paso de un tiempo – cómo éstos se convierten en el fin y se pierde la intención ética
o moral de la utilización del instrumento. La verdadera esencia de la razón, consiste en hallar medios
para lograr los objetivos, pero ello no implica que el medio – que es un instrumento - se convierta
en el fin en sí mismo.
Si se pierde el humanismo, en aras de un transhumanismo o posthumanismo, sostiene la
Doctora Cortina, se pierde la dimensión ética de la persona. La IA – al menos en este momento –
carece de intencionalidad, son los humanos quienes postulan – arriesgadamente – un mejor futuro
con el Ciborg o con el traslado de nuestras mentes a un soporte digital. La máquina no tiene
intencionalidad, esto al margen de si estamos hablando de IA fuerte o débil. Pero vinculando el
desarrollo de la tecnología a la ética, hace una referencia científica entre algunas otras de carácter
literario: la conciencia o sentido moral no sería, pues, según Darwin, una dimensión intranscendente
de la vida humana, (…) marca la diferencia más relevante entre el hombre y el animal y tiene
supremacía sobre cualquier otro principio humano; precisamente en ese entono de desarrollo
tecnológico es dable afirmar que el auge de la automatización ha profundizado aún más el desapego
de la sociedad de la alfabetización tecnológica y de manera necesaria el desapego a la normatividad.
Las herramientas impulsadas por IA sustituyen los roles humanos, haciendo que los
procesos sean más eficientes, pero a la vez, eliminan la necesidad de que una persona comprendan
los mecanismos subyacentes en la herramienta. La automatización elimina la interacción humana,
fortaleciendo un ciclo en el que los individuos se convierten en participantes pasivos en lugar de
agentes activos para solución de problemas. En la medida en que una tecnología se torna amigable,
menos la entiende la gente. La IA, las redes sociales, la automatización han hecho la vida más
cómoda, pero también han creado un mundo en el que las personas están cada vez más ciegas a las
fuerzas que dan forma a su realidad digital. Es la llamada ‘paradoja de la interfaz’. Ahí está el reto
de la ética.
Sostiene la autora que conectarse no es comunicarse, para que ello ocurra es necesario
cuidar afanosamente la palabra, para que ocurra la comunicación se tiene que ser veraz. Agregaría:
se tiene que ser activo. La autora, además, sostiene que desgraciadamente son malos tiempos para
la veracidad, no tanto para la verdad, que continúa conviviendo con la presunta ‘posverdad’. Lo que
peligra sobre todo es la veracidad, y conviene recordar que lo contrario de la verdad es el error, lo
contrario de la veracidad es la mentira. De ahí la necesidad de criterios normativos. En un entorno
de tecnología, algoritmos, oferta y demanda, empresas, la ética es un imperativo. El Libro desarrolla
cinco principios éticos que deben prevalecer en la era digital: (1) beneficencia; (2) autonomía y
dignidad; (3) explicabilidad y rendición de cuentas; (4) no dañar; y (5) promover un mundo justo.
El libro es muy interesante y está escrito con una prosa dinámica, lo que permite profundizar
en ideas complejas a través de ejemplos literarios y anécdotas de la técnica. En empos donde
prevalece la orientación cienca y mediáca hacia la supercie, profundizar más allá de
preferencias y algoritmos, es una bocanada de aire fresco. Los invito a leerlo.