cubrirse? ¿Es correcto pensar que las ciencias ofrecen una visión en profundidad de la naturaleza,
incluso cuando las cosas que discuten dieren notablemente con nuestras ideas previas sobre la
realidad? ¿Quién ene autoridad para emir conclusiones ciencas y por qué? Preguntas que
nunca o escasamente solían plantearse como parte las problemácas losócas de la ciencia.
Los capítulos que siguen después del capítulo introductorio enen un tono revisionista del
proyecto analíco. O la concepción heredada. Muy diferente del que se ha realizado en otros textos,
por ejemplo, La Estructura de las teorías ciencas de Patrick Suppe, o El desarrollo moderno de la
ciencia (1890-2000) de Ulises Moulines. Excelentes textos, por cierto, pero que en el presente caso
adopta más un lenguaje divulgavo. En lugar de una críca demoledora hacia lo que fue este
proyecto se aprecia un cierto aire de redención, “no por haber alcanzado el objevo que se proponía,
sino más bien porque sus intentos de alcanzar ese objevo proporcionaron herramientas para pos
de trabajo losóco más gradual y fragmentario” (p. 70).
La moraleja que extraen de este desenlace es que los estudios losócos de la ciencia
deberían ser completamente naturalistas. Ajustados a los métodos propios de la buena invesgación
en general. Dado que los lósofos no enen ningún poder especial que puedan ejercer desde su
comodidad.
En su lugar la tarea de la losoa consiste en observar detenidamente algún dominio (por
ejemplo, la ciencia), formar y comprobar hipótesis, y trabajar en la mejora gradual de la
prácca existente en ese dominio. Visto de ese modo, el alejamiento del proyecto analíco de
las generalizaciones hacia un compromiso más modesto con las diversas ciencias es un sano
progreso (p. 14).
Hay otras tesis sugerentes que marcan de inicio la avanzada de su propuesta, por ejemplo, de
entrada, declaran no comparr la idea tradicional de que la ciencia sea, o deba ser, un espacio
completamente ajeno a los valores. Por el contrario, creen que los debates losócos sobre la ciencia
deben tener siempre en cuenta cómo inuye el conocimiento cienco en la vida de las personas,
especialmente cuando se trata de decisiones y polícas públicas importantes. Pues –sentencian–
con frecuencia, la losoa de la ciencia ha pasado por alto la manera en que la ciencia se integra en
la sociedad; y consideran ese vínculo como esencial.
El feminismo en la losoa de la ciencia, olvidado por largo empo, es una asignatura que
cada vez ha cobrado mayor relevancia, en este caso se le dedica un espacio para denunciar la
infrarrepresentación de las mujeres en la invesgación cienca, y que las invesgaciones pueden
estar sesgadas hacia un eslo de pensamiento marcadamente masculino.
Un eslo ancado en el análisis, la abstracción y la apelación a leyes generales cuantavas
como principales medios de comprensión. En cambio, reexionan, un eslo de pensamiento
alternavo femenino, –empazan–, emplearía las herramientas del pensamiento cualitavo,
la metáfora y la narrava; reconocería la importancia de la complejidad y el contexto; y
buscaría un po de compresión personal, en parcular en el estudio de los seres humanos y
otros organismos, en lugar del simple control (p. 156).
Su intención es que el cienco descubra los sesgos latentes y los afronte. Abogando por la
inclusión de personas de orígenes diversos en los programas de invesgación, pensando que no solo