ARTÍCULO
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e-ISSN: 2992-8184
2026 | Revista Estudios de la Información, 4(1), 65-79.
hps://doi.org/10.54167/rei.v4i1.2276
Martha Raquel Facio Guérrez
1,2
Ivonne Alcázar-Mendías
1
Miguel Ángel Villa Acosta
1
1
Universidad Autónoma de Chihuahua, México
2
Universidad Pedagógica Nacional de Estado de Chihuahua, México
Adolescentes chihuahuenses y plataformas digitales:
Apuntes y reexiones conceptuales sobre sus riesgos, usos
y abusos
Resumen. Este arculo ofrece una reexión conceptual y documental sobre la relación entre
adolescentes chihuahuenses y plataformas digitales, examinando sus usos codianos, los riesgos
inherentes a la alta conecvidad y las formas de abuso digital que trascienden el entorno virtual para
impactar la vida social codiana. Desde las Ciencias de la Información, y a parr de las nociones de
comportamiento informacional y alfabezación digital críca, se sosene que la violencia digital
remite a dinámicas sociotécnicas complejas, más que a un fenómeno aislado o exclusivamente
tecnológico. Estas integran el acceso intensivo a plataformas, la circulación acelerada de contenidos,
las brechas intergeneracionales de comprensión, marcos normavos en proceso de consolidación y
respuestas instucionales aún insucientes. El análisis se sustenta en literatura académica
especializada, estadíscas ociales mexicanas recientes, instrumentos normavos nacionales e
internacionales, y antecedentes especícos del contexto chihuahuense. Se propone arcular el
estudio del fenómeno mediante la tríada analíca usos-riesgos-abusos, superando tanto el
alarmismo moral como la trivialización del daño. Parcularmente relevante resulta el caso de
Chihuahua, donde el 39% de niñas, niños y adolescentes idencó internet como principal espacio
de violencia (Gobierno del Estado de Chihuahua, México, 2024) y donde la Estrategia 360 de SIPINNA
representa un avance instucional signicavo. El trabajo concluye que comprender el impacto de
las plataformas digitales sobre la adolescencia exige trascender visiones dicotómicas para construir
agendas integrales de invesgación e intervención. Se enfaza la necesidad de alfabezación digital
críca que trascienda habilidades instrumentales, evidencia pública sistemáca —especialmente
local—, coordinación interinstucional efecva y exigencia de responsabilidad a corporaciones
tecnológicas cuyos modelos de negocio se sustentan en la captura intensiva de atención adolescente
y la maximización de exposición digital.
Palabras clave: adolescentes chihuahuenses, plataformas digitales, comportamiento informacional,
alfabezación digital, violencia digital.
Recibido: 18/05/2026
Revisado: 22/05/2026
Facio Gutiérrez M. R. et al. (2026)
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Chihuahua adolescents and digital plaorms: Notes and conceptual reecons on their
risks, uses and abuses
Abstract. This arcle presents a conceptual and documentary analysis of the relaonship between
adolescents from Chihuahua and digital plaorms, focusing on their everyday uses, the risks
associated with high connecvity, and the forms of digital abuse that extend beyond virtual
environments to impact real social life. From the eld of Informaon Sciences, parcularly through
the concepts of informaonal behavior and crical digital and media literacy, it argues that digital
violence should not be understood as an isolated or exclusively technological phenomenon, but as
the expression of complex sociotechnical dynamics. These encompass intensive plaorm access,
accelerated content circulaon, intergeneraonal comprehension gaps, evolving normave
frameworks, and sll insucient instuonal responses. The analysis draws on specialized academic
literature, recent Mexican ocial stascs, naonal and internaonal normave instruments, and
specic background from the Chihuahua context. It proposes addressing the phenomenon through
the analycal triad of uses-risks-abuses, overcoming both moral alarmism and damage trivializaon.
Parcularly relevant is the Chihuahua case, where 39% of girls, boys, and adolescents idened the
internet as the main space for violence (Gobierno del Estado de Chihuahua, Mexico 2024), and
where SIPINNA's Strategy 360 represents a signicant instuonal advancement. The work
concludes that understanding the impact of digital plaorms on adolescence requires moving
beyond dichotomous perspecves to construct comprehensive research and intervenon agendas.
It emphasizes the need for crical digital literacy that transcends instrumental skills, systemac
public evidence—especially local data—, eecve interinstuonal coordinaon, and demands for
accountability from technology corporaons whose business models rely on intensive adolescent
aenon capture and maximized digital exposure.
Keywords: Adolescents in Chihuahua, México, digital plaorms, informaon behavior, digital
literacy, digital violence.
Cómo citar: Facio Guérrez, M. R., Alcazar Mendías, I., & Villa Acosta, M. Á. (2026). Adolescentes
chihuahuenses y plataformas digitales: Apuntes y reexiones conceptuales sobre sus riesgos, usos y
abusos. Revista Estudios de la Información, 4(1), 65-79. hps://doi.org/10.54167/rei.v4i1.2276
Introducción
La presencia de adolescentes en plataformas digitales constuye un fenómeno común en la
cultura contemporánea de países como México, donde la conecvidad juvenil ha alcanzado niveles
muy altos: la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los
Hogares [ENDUTIH] 2024 reportó que 95.1 % de la población de 12 a 17 años usó internet y que este
grupo pasó en promedio 4.5 horas diarias conectado; a escala general, 83.1 % de la población de
seis años y más ulizó internet en 2024 (Instuto Nacional de Estadísca y Geograa [INEGI], 2025a).
Estas cifras no remiten únicamente a un acceso cuantavo, sino a la inmersión en
ecosistemas digitales donde los adolescentes construyen acvamente su idendad, pertenencia y
reconocimiento social. Etnograas pioneras (Tabla 1) han documentado cómo las práccas digitales
juveniles pueden clasicarse en tres pos principales: cuelgues informales [hanging out] con pares,
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experimentación deliberada [messing around] con tecnologías y parcipación apasionada [geeking
out] en comunidades especícas; años después, los géneros de parcipación idencados por Ito et
al. (2010) persisten, pero se han adaptado a nuevas plataformas como TikTok, donde el 'messing
around' se materializa en edición de video rápido y el 'geeking out' en comunidades de fandom
transmedia (Ito y Horst, 2019).
Tabla 1. Etnograas que documentan práccas digitales juveniles
Tipos de prácca
Casio / etnograas
Autores / estudio
Hanging out
Geo Gem en Silicon Valley
Heather Horst, Silicon Valley Families
Michelle en Los Ángeles
Lisa Tripp, Los Angeles Middle Schools
Champ en Brooklyn
Christo Sims, Rural and Urban Youth
Clarissa y su red social online
C. J. Pascoe, Living Digital
Dragon y sus amigos
Heather Horst, Silicon Valley Families
Messing around
Michelle con PowerPoint e iMovie
Lisa Tripp y Becky Herr-Stephenson
Katynka Marnez en computación
escolar
Katynka Marnez, High School Computer
Club
Toni y su aprendizaje informal
Mizuko Ito, entrevista sobre Anime Fans
Jacob en programa extraescolar
Dan Perkel, Christo Sims y Judd Ann, The
Social Dynamics of Media Producon
Melea y el ringtone
Dan Perkel, Ann y Sims
Jack con su MP3 player
Caso descrito en el capítulo 4
Geeking out
Clarissa en Faraway Lands
C. J. Pascoe, Living Digital
Jóvenes de anime fandom
Mizuko Ito, Anime Fans
Fandom Harry Poer
Becky Herr-Stephenson, Harry Poer
Fandom
Gamers de alta dedicación
Maeo Bian, Game Play
Joan como mentora técnica
Caso del capítulo 5
Fuente: Ito et al., 2010
Para muchos adolescentes, las plataformas digitales son espacios donde se conversa, se
aprende, se ensaya la idendad, se construyen reputaciones y se parcipa en circuitos de validación
o exclusión. Boyd (2014) describe este proceso como complicado, donde los jóvenes buscan
simultáneamente inmidad, autonomía y conexión en entornos donde la privacidad es frágil y la
visibilidad, persistente. Actualmente, la privacidad sigue siendo 'frágil y persistente' en nuevas
plataformas, donde algoritmos amplican tanto conexión como exclusión (Marwick, 2023) y las
plataformas son circuitos de validación racializada, donde la reputación se construye y destruye en
empo real (Florini, 2024).
El enfoque del análisis infraestructuras sociotécnicas que ordenan interacción, visibilidad,
reputación, temporalidad y circulación de información. Estudiar a los adolescentes y el uso de las
plataformas implica atender no sólo qué hacen los usuarios, sino también qué condiciones y
posibilidades crea el entorno técnico, como las cosas que incenva, amplica, premia, invisibiliza y
diculta regular. En otras palabras, las plataformas, además de mediar la vida social, también
contribuyen a modelarla y esto es evidente en la literatura que vincula la cultura digital, idendad
juvenil, parcipación y mediaciones comunicavas especícas (Buckingham, 2007; Livingstone,
2014).
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La cuesón resulta parcularmente relevante en adolescencias, etapa en la que idendad,
pertenencia, reconocimiento y exposición pública se entrelazan con intensidad. Para muchos
adolescentes, las plataformas digitales son espacios donde se conversa, se aprende, se ensaya la
idendad, se construyen reputaciones y se parcipa en circuitos de validación o exclusión. Desde
esa perspecva, el problema trasciende la dicotomía del bien y el mal, buscando idencar de qué
manera sus usos ordinarios conviven con riesgos persistentes y con abusos concretos. Pensar el
fenómeno desde la tríada usos, riesgos y abusos permite evitar tanto el alarmismo moral como la
trivialización del daño (Livingstone, 2014; Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económicos [OCDE], 2025).
En Chihuahua, esta discusión adquiere relevancia local desde diversas fuentes: el Gobierno
del Estado informó que en la consulta nacional ‘¿Me escuchas? 2024’, del Sistema Nacional para el
Desarrollo Integral de la Familia, en la que parciparon más de 43 mil niñas, niños y adolescentes,
39 % señaló internet como el espacio donde más se observa violencia; además, la Comisión para la
Prevención de la Violencia contra Niñas, Niños y Adolescentes priorizó la promoción de una vida
libre de violencia en el entorno digital y el impulso de protocolos, iniciavas y campañas informavas
dirigidas a niños, niñas, adolescentes, madres, padres y cuidadores (Gobierno del Estado de
Chihuahua, 2024). A ello se sumó, en 2025, la presentación de la Estrategia 360 para la protección
digital de niñas, niños y adolescentes (Gobierno del Estado de Chihuahua, 2025a).
Con base en ello, este arculo propone una lectura conceptual y documental del tema. No
busca presentar resultados empíricos cerrados, sino ordenar el debate a parr de cinco ejes: (1) la
conceptualización de las plataformas digitales y su vínculo con el comportamiento informacional
adolescente; (2) el estado del arte sobre riesgos y abusos; (3) la evidencia ocial disponible en
México y Chihuahua; (4) el marco normavo e instucional que intenta responder a esta
problemáca; y, nalmente, (5) una discusión orientada a construir una agenda de invesgación e
intervención más sólida para el contexto chihuahuense.
Metodología
Este trabajo presenta una reexión teórica y un análisis documental. Se trata de un texto de
sustentado en una revisión selecva de literatura y de fuentes públicas. Metodológicamente, el
ejercicio combinó tres operaciones principales: (1) recuperar antecedentes conceptuales y de estado
del arte úles para el campo de las Ciencias de la Información, parcularmente los vinculados con
alfabezación digital, comportamiento informacional y violencia en línea actuales; (2) integrar
fuentes ociales para contextualizar empíricamente el fenómeno, en especial documentos del INEGI,
del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA), de la Cámara
de Diputados, de organismos internacionales y del Gobierno del Estado de Chihuahua; y (3) arcular
estos materiales con la discusión local del problema, a n de aterrizar la reexión en el contexto
chihuahuense.
No se trata, por tanto, de una revisión sistemáca en sendo estricto ni de una invesgación
empírica original con levantamiento de datos propios. Es una reconstrucción razonada del problema
con nes de claricación conceptual, integración de evidencias y orientación de futuras agendas de
estudio e intervención. La selección de fuentes priorizó documentos normavos vigentes,
estadíscas ociales recientes y textos académicos ampliamente reconocidos. Cuando fue posible,
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se privilegiaron fuentes gubernamentales o intergubernamentales por su facilidad de idencación
y vericabilidad.
Análisis del problema
Abordar la violencia digital en la adolescencia implica reconocer que las plataformas no
funcionan como simples canales de comunicación, sino como entornos que estructuran práccas
informacionales y relaciones de poder. En estos espacios, los adolescentes parcipan acvamente al
buscar, producir y comparr contenidos, pero también se ven expuestos a dinámicas de visibilidad,
evaluación pública y sanción que pueden intensicar formas de hosgamiento y vulneración. En este
marco, la alfabezación digital no puede reducirse al dominio instrumental de disposivos, sino que
supone un conjunto de competencias crícas para interpretar contextos, idencar riesgos,
gesonar la privacidad y comprender los códigos de circulación informacional propios de las
plataformas. Desde esta perspecva, la violencia digital se explica por la convergencia entre
arquitectura técnica, práccas sociales y desigualdades en el acceso a una mediación críca en
redes.
Plataformas digitales, comportamiento y alfabetización informacional y digital
Desde las Ciencias de la Información, uno de los aportes más úles para pensar este tema
consiste en desplazar la atención de la tecnología en sí misma hacia las práccas informacionales
que dicha tecnología hace posibles. Los adolescentes no son usuarios pasivos de plataformas en
tanto que buscan, seleccionan, producen, comparten, resignican y descartan información de
manera constante. Este conjunto de práccas constuye una forma de comportamiento
informacional situada, es decir, una relación concreta con información y contenidos dentro de
entornos sociales, culturales y técnicos especícos.
Este enfoque permite comprender a las plataformas como estructuras condicionantes de la
experiencia informacional, la visibilidad y la reputación mediante decisiones de diseño, las cuales
incorporan poder, economía y políca (Gillespie, 2010). Para un adolescente, la publicación de una
imagen, un comentario o un video, además de comunicar algo de manera neutral, puede afectar su
pertenencia, sus vínculos, su autoesma o su exposición al juicio colecvo. Selwyn (2019) advierte
que las tecnologías educavas y sociales no son neutrales, pues estas encarnan valores especícos
de sus creadores, priorizando a menudo la monezación sobre la protección de usuarios vulnerables
como los adolescentes.
En este punto, la alfabezación digital resulta clave. La literatura especializada ha insisdo
en que la alfabezación digital implica también comprender contextos, evaluar riesgos, gesonar
privacidad, reconocer intenciones persuasivas, interpretar la circulación de contenidos y responder
crícamente a los entornos digitales (Buckingham, 2007; Fondo de las Naciones Unidas para la
Infancia [UNICEF], 2020; Livingstone, 2014). En otras palabras, saber usar plataformas no signica
necesariamente saber habitar de manera críca y posiva sus lógicas. Esto coincide con la UNICEF
(2020) quien ha señalado que la alfabezación digital infanl debe entenderse como un conjunto de
capacidades sociales, crícas y contextuales, no solo técnicas.
Esta disnción es central para el caso adolescente. El alto uso de plataformas puede coexisr
con competencias desiguales para enfrentar exposición pública, hosgamiento, manipulación visual,
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contacto con desconocidos o circulación de rumores y contenidos ínmos, trayendo como
consecuencia que mientras el acceso digital se ha masicado, la mediación críca no siempre avanza
al mismo ritmo.
El problema trasciende la conecvidad y el mal uso individual, y hace necesario reexionar
sobre la alfabezación críca desigual en entornos estructurados por plataformas con fuertes
incenvos de permanencia, exposición e interacción. Allí se encuentra una de las principales
contribuciones posibles de las Ciencias de la Información, reexionando que la violencia digital no
es una anomalía completamente separada del uso ordinario de plataformas, sino una deriva posible
de práccas informacionales y arquitecturas técnicas que pueden analizarse conjuntamente.
Estado del arte: Del ciberacoso a la ciencia de frontera
Las invesgaciones sobre violencia digital en adolescencias constuyen hoy un campo
sucientemente consolidado, aunque todavía fragmentado. Una primera línea ha estado centrada
en el ciberacoso o cyberbullying, entendido como agresión repeda mediada por tecnologías.
Revisiones inuyentes mostraron su relación con ansiedad, estrés, depresión, daño psicosocial y
connuidad con formas presenciales de acoso (Kowalski et al., 2014).
Esta visión fue decisiva para dar legimidad cienca al problema, pero tendió a trabajar
con deniciones relavamente estables y con escenarios previos al impacto actual de la inteligencia
arcial generava, la viralización extrema y la producción sintéca de imágenes y audios. Estudios
comparavos internacionales como EU Kids Online 2020, que analizó 19 países europeos, muestran
que la prevalencia de ciberacoso varía signicavamente según contexto cultural, nivel de acceso y
oportunidades digitales, con adolescentes de 12-15 años siendo especialmente vulnerables (Smahel
et al., 2020).
En América Lana, la violencia sexual en línea contra menores ha crecido exponencialmente,
con casos de sextorsión y difusión no consenda de imágenes ínmas que afectan
desproporcionadamente a niñas. En México, la sextorsión digital registró un incremento de 56% en
2024; adicionalmente, entre 2023 y abril de 2025 se contabilizaron 534 reportes de niñas, niños y
adolescentes amenazados con la nalidad de obtener contenido ínmo. Los grupos más afectados
fueron adolescentes de 16-17 años [268 casos] y 12-15 años [244 casos], principalmente
vía Facebook, WhatsApp e Instagram (Rentería, 2025).
Una segunda línea se relaciona con alfabezación digital y alfabezación en redes sociales.
Ahí el énfasis recae en la necesidad de comprender cómo los adolescentes interpretan los riesgos,
la privacidad y las oportunidades en entornos conectados, porque conuyen la circulación de
contenidos, interpretación críca y toma de decisiones en plataformas, ayudando a desmontar la
idea simplista de que la juventud, por haber crecido con internet, posee de manera automáca
competencias sucientes para desenvolverse con seguridad en línea, un error muy común al hablar
de navos digitales (UNICEF, 2020; Livingstone, 2014).
Una tercera línea estudia programas de prevención e intervención, y la evidencia disponible
sugiere que estas intervenciones pueden tener efectos posivos, aunque generalmente modestos,
cuando combinan connuidad, trabajo escolar y componentes socioemocionales inicialmente en el
entorno familiar (Ganey et al., 2018). No obstante, varias de estas iniciavas fueron diseñadas
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antes de la expansión de fenómenos como los deepfakes, la manipulación de audios e imágenes
mediante IA y nuevas formas de exposición viral, por lo que resulta pernente examinar en qué
medida esas respuestas prevenvas siguen siendo adecuadas para un ecosistema técnico que ha
adquirido mayor complejidad.
La visión de las instuciones internacionales sobre el tema en cuesón, han señalado que
las imágenes sexualizadas de niñas y niños generadas o manipuladas mediante Inteligencia Arcial
(IA) constuyen material de abuso sexual infanl y que "El abuso de deepfakes es abuso, y no hay
nada falso en el daño que causa" (UNICEF, 2026, párrafo 5). Este po de violencia sintéca
representa un desao para marcos legales tradicionales, ya que combina explotación real con
manipulación tecnológica (Save the Children, 2024). El informe documenta que 20.7% de niños
sufrieron ciberacoso, el sexng sin consenmiento es generalizado y lleva a pornograa vengava,
mientras 97% de jóvenes (18-21 años) reportaron violencia sexual digital durante la infancia. Los
adolescentes carecen frecuentemente de competencias para gesonar privacidad y riesgos (Save
the Children, 2024).
En cuanto a la ciencia de frontera de esta problemáca, organismos internacionales y
literatura reciente han adverdo que los riesgos para niñas, niños y adolescentes ya no pueden
pensarse solo en términos de mensajes ofensivos o rumores. También deben incluir explotación
sintéca, manipulación audiovisual, desinformación automazada, economías de atención y
arquitectura persuasiva de plataformas (OCDE, 2025; UNICEF, 2026). Esta lógica algorítmica
coevoluciona con práccas de usuarios y audiencias, donde los adolescentes, como trabajadores
parcipavos, generan valor para plataformas mediante su atención y contenido (Duy et al., 2021).
Mientras los modelos de negocio sigan basándose en capturar atención y ampliar exposición, los
riesgos no desaparecerán por sí solos.
El fenómeno en México: Conectividad masiva y riesgos persistentes
La evidencia estadísca ocial mexicana conrma que la alta conecvidad de los
adolescentes implica riesgos importantes. Como ya se señaló, la ENDUTIH 2024 ubicó en 95.1% el
uso de internet entre personas de 12 a 17 años, con 4.5 horas diarias promedio (INEGI, 2025a). Este
dato por sí solo no prueba daño, pero sí describe una inmersión intensa en ecosistemas digitales. Tal
intensidad modica la forma en que los adolescentes se informan, se entreenen, se reconocen
mutuamente y son expuestos a dinámicas de visibilidad, competencia simbólica y presión social.
El Módulo sobre Ciber Acoso [MOCIBA] muestra que la violencia digital no es periférica. A
nivel nacional, 21.0 % de la población usuaria de internet de 12 años y más vivió alguna situación de
acoso cibernéco en 2024, equivalente a 18.9 millones de personas. La incidencia fue mayor en
mujeres usuarias (22.2 %) que en hombres (19.6 %), y los grupos etarios con mayor afectación fueron
los de 12 a 19 y 20 a 29 años. Entre los medios donde ocurrió el ciberacoso destacaron WhatsApp
(39.8 %), Facebook (39.7 %) y llamadas de teléfono celular (29.3 %). Además, 62.9 % de las vícmas
dijo no conocer a la persona agresora, y entre los efectos más reportados aparecieron enojo (58.6
%), desconanza (36.7 %) e inseguridad (30.1 %) (INEGI, 2025b).
Las formas más frecuentes del problema aparecen en espacios de uso ordinario y extendido,
obligando a abandonar una mirada que asocia el peligro solo con espacios marginales de internet.
En realidad, el riesgo está incrustado en plataformas codianas, familiares y aparentemente banales.
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Chihuahua, México: Entre agenda pública emergente y la necesidad de evidencia local
En Chihuahua el problema también se aborda en la agenda y la narrava pública. El Gobierno
del Estado informó en una consulta estatal de 2024, 39 % de niñas, niños y adolescentes señaló
internet como el espacio donde más violencia se observa, y por otro lado, la Comisión para la
Prevención de la Violencia contra Niñas, Niños y Adolescentes priorizó la promoción de una vida
libre de violencia en el espacio digital y el impulso de protocolos, iniciavas y campañas informavas
(Gobierno del Estado de Chihuahua, 2024).
En 2025, SIPINNA Chihuahua presentó la llamada Estrategia 360 para prevenir, atender y
migar la violencia digital mediante desarrollo normavo, campañas de concienzación, generación
de conocimiento y herramientas tecnológicas (Gobierno del Estado de Chihuahua, 2025a). En
octubre y noviembre de 2025 se sumaron convenios y acciones de seguimiento con otras
instuciones estatales para fortalecer prevención, difusión, sensibilización, capacitación e
invesgación (Gobierno del Estado de Chihuahua, 2025b, 2025c).
Sin embargo, la existencia de agenda pública no cubre la necesidad de más evidencia
local. Invesgaciones recientes documentan brechas digitales signicavas en Chihuahua, donde
solo el 68% de adolescentes rurales ene acceso estable a internet frente al 92% de zonas urbanas,
generando desigualdades en competencias digitales y exposición a riesgos (Marnez y Rodríguez,
2024). La Comisión de Derechos Humanos de Chihuahua (2025) reporta un incremento del 34% en
denuncias por violencia digital —parcularmente sexng y acoso en WhatsApp—, lo que refuerza la
urgencia de datos especícos para orientar polícas locales diferenciadas por contexto territorial.
Es importante situar las plataformas en contextos concretos de desigualdad, práccas
escolares, relaciones familiares y capacidades estatales. En ese sendo, Chihuahua no debe verse
solo como escenario donde se replica un problema global, sino como espacio donde ese problema
adopta formas especícas y, por ello, exige evidencia situada.
Marco legal: Del derecho internacional a la respuesta local
El marco jurídico del tema muestra una evolución importante:
a) En el ámbito internacional, la Convención sobre los Derechos del Niño establece la
obligación estatal de proteger a niñas, niños y adolescentes contra perjuicios y abusos, así
como de garanzar su acceso a información adecuada (UNICEF, 1989). Esa lógica fue
actualizada por la Observación General núm. 25, que arma expresamente que los derechos
de la niñez deben respetarse, protegerse y hacerse efecvos también en el entorno digital
(Comité de los Derechos del Niño, 2021).
b) En el plano interamericano, el Mecanismo de Seguimiento de la Convención de Belém do
Pará [MESECVI] ha enfazado que la ciberviolencia y el ciberacoso constuyen expresiones
de violencia contra mujeres y niñas dentro del marco de dicha convención. Aunque este
enfoque no agota el universo adolescente, sí resulta crucial para comprender la dimensión
de género de muchas agresiones digitales, sobre todo aquellas relacionadas con inmidad
sexual, reputación, exposición y hosgamiento (Mecanismo de Seguimiento de la
Convención de Belém do Pará, 2022).
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c) En México, la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes incorporó desde
2018 el derecho al acceso y uso seguro de internet. Sus arculos 101 Bis 1 y 101 Bis 2
reconocen tanto la integración a la sociedad de la información como el uso seguro del
internet para ejercer derechos a la información, comunicación, educación, salud y
esparcimiento (Cámara de Diputados, 2018, arts. 101 Bis 1 y 101 Bis 2). Por su parte, la Ley
General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencias dene la violencia digital
en su arculo 20 Quáter y la asocia con la exposición, difusión o comparción no consenda
de imágenes, audios o videos reales o simulados de contenido ínmo sexual (Cámara de
Diputados, 2021, art. 20 Quáter).
d) En el plano de políca pública, el PRONAPINNA 2025–2030 reconoce que los entornos
digitales constuyen un ámbito donde niñas, niños y adolescentes enfrentan riesgos y
diversas formas de violencia, y plantea la necesidad de fortalecer mecanismos integrales de
protección (Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes, 2025).
En Chihuahua, este marco se complementa con la Estrategia 360 y con rutas instucionales
escolares y estatales. El problema ya no es, por tanto, un vacío absoluto de normas, sino la
dicultad de traducirlas en capacidades efecvas de prevención, detección, atención y
reparación.
Discusión y conclusiones
Pensar el fenómeno desde la tríada usos, riesgos y abusos ofrece una ventaja analíca
importante porque permite evitar dos errores frecuentes: (1) Tratar toda presencia adolescente en
plataformas como amenaza inmediata, cayendo en alarmismo moral y (2) considerar que el
problema aparece solo cuando ya existe un daño claro y denunciable, dejando fuera las condiciones
estructurales que lo hacen posible.
La tríada permite observar un connuo sobre cómo de los usos ordinarios de las plataformas
se derivan riesgos especícos, y de esos riesgos pueden emerger abusos concretos cuando existen
asimetrías, exposición, anonimato, manipulación o ausencia de mediación críca. Esta manera de
organizar el problema coincide con aproximaciones que insisten en mirar el entorno digital como
ecosistema y no como suma de incidentes aislados (Livingstone, 2014; OCDE, 2025).
Desde esta perspecva, el enfoque de atención trasciende a conductas y preferencias
individuales, buscando analizar también la lógica algorítmica, la arquitectura de incenvos, la
presión por visibilidad, la velocidad de circulación, la monezación de atención y la debilidad de las
mediaciones adultas e instucionales. Esto desplaza el análisis desde los actos individuales hacia una
ecología de producción de daño en la que convergen la arquitectura de las plataformas, la economía
de la atención y las diferencias desiguales en recursos de protección y lectura críca.
Las observaciones anteriores están en línea con la advertencia del U.S. Surgeon General, que
sostuvo que no puede concluirse que las redes sociales sean sucientemente seguras para niños y
adolescentes y llamó a acciones inmediatas de migación del daño (U.S. Department of Health and
Human Services, 2023). Aquí se vuelve visible otra aportación de las Ciencias de la Información, pues
este campo permite arcular cuesones que otras disciplinas suelen tratar por separado, como el
acceso, la circulación, la interpretación, la alfabezación, el poder de visibilidad y las condiciones
informacionales del daño. Mientras algunos enfoques jurídicos o psicológicos privilegian la
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dimensión legal, conductual o subjeva del problema, la mirada informacional permite mostrar
cómo los contenidos, las interfaces, las métricas de interacción y los hábitos de consumo moldean
la experiencia adolescente en línea.
Una agenda seria para Chihuahua, además de medir prevalencia de ciberacoso, necesitaría
estudiar cómo se usan las plataformas, qué funciones cumplen en la vida adolescente, qué riesgos
son percibidos o invisibilizados, cómo circula la información dañina, qué papel juegan inuencers y
autoridades, cómo responden escuelas y familias y qué vacíos persisten en términos de
alfabezación críca. La violencia digital, vista así, deja de ser un subtema accesorio y pasa a
converrse en un problema central de ciudadanía, información y derechos.
Las plataformas digitales forman parte constuva de la experiencia adolescente
contemporánea. En adolescentes chihuahuenses, como en el resto de México, sus usos codianos
no pueden separarse de los riesgos y abusos que se incuban en ellas. La conecvidad masiva, la
producción constante de contenidos, la exposición pública y la mediación algorítmica han generado
nuevas oportunidades de información y sociabilidad, pero también nuevas formas de vulneración.
Esta conclusión coincide con la evidencia ocial mexicana sobre alta conecvidad y persistencia del
ciberacoso, así como con la literatura que insiste en que la alfabezación digital no puede reducirse
a habilidades instrumentales (INEGI, 2025a; 2025b; Livingstone, 2014; UNICEF, 2020).
Desde las Ciencias de la Información, el aporte más férl para comprender este problema
consiste en desplazar el análisis desde la tecnología aislada hacia las práccas informacionales que
la atraviesan. Esto implica comprender: (1) cómo adolescentes buscan, consumen, producen y
comparten información; (2) cómo evalúan o no los riesgos de dicha circulación; y (3) cómo
interactúan con entornos donde visibilidad, permanencia y reconocimiento se encuentran
estructurados por plataformas que no son neutrales.
El estado actual del conocimiento permite armar que la violencia digital adolescente no debe seguir
pensándose solo como mensajes ofensivos, amenazas, humillaciones o exclusión en entornos en
línea. El campo está en transición hacia una agenda más amplia dado que el ciberacoso se ha
recongurado en un ecosistema donde práccas preexistentes —como el engaño, la humillación
pública, la suplantación o la difusión de rumores— se combinan con capacidades nuevas de
automazación, síntesis y amplicación propias de la IA y de las lógicas de plataforma.
Chihuahua cuenta ya con señales de alerta sucientes para juscar una agenda y legislación
especíca en esta materia, sin embargo, sigue siendo necesario generar evidencia local más
sistemáca para orientar el diseño, la focalización y la evaluación de dichas polícas, así como para
documentar las modalidades de violencia digital y sus impactos en poblaciones especícas. Esta
conclusión es consistente con la agenda internacional reciente sobre daños digitales emergentes y
protección infanl frente a riesgos ligados a IA y plataformas (OCDE, 2025; UNICEF, 2026). Conviene
subrayar que la violencia digital contra adolescentes no puede atribuirse únicamente a fallas
individuales de usuarios, familias o escuelas, porque existe un ecosistema sociotécnico y económico
que obene benecios de la captura intensiva de atención, la permanencia prolongada en pantalla
y el diseño persuasivo de plataformas.
Esto converge con la preocupación expresada por el Surgeon General de Estados Unidos y
con la orientación regulatoria más reciente de la Unión Europea bajo el Digital Services Act, que
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exige a las plataformas mayores medidas de protección para menores y ha abierto nuevas
invesgaciones sobre el cumplimiento de dichas obligaciones (European Commission, 2026a, 2026b;
U.S. Department of Health and Human Services, 2023). En el ámbito europeo, el Digital Services
Act [DSA] y la propuesta de Direcva sobre Protección de Menores en Línea establecen obligaciones
especícas para plataformas, incluyendo vericación de edad, algoritmos protectores y
transparencia en moderación de contenido (Parlamento Europeo, 2025). Estas regulaciones podrían
servir de referencia para México, donde la Ley Olimpia ha avanzado en violencia digital contra
mujeres, pero aún requiere extensiones especícas para menores.
Recomendaciones
Basado en los hallazgos antes presentados y los elementos de discusión y conclusiones, se
proponen las siguientes recomendaciones:
a) Desde el plano conceptual, conviene estudiar plataformas digitales en adolescencias desde
la tríada usos, riesgos y abusos, pues ello permite evitar tanto el alarmismo simplista como
la normalización ingenua. Este enfoque ayuda a comprender que la violencia digital no
aparece de la nada, sino dentro de un ecosistema de práccas informacionales, visibilidades,
incenvos y vulnerabilidades. Con base en la literatura de Livingstone (2014) y de la OCDE
(2025), se recomienda situar el riesgo dentro de la experiencia digital ordinaria, ya que ello
permite comprender la violencia adolescente en línea como parte de las dinámicas
habituales de la vida conectada.
b) Chihuahua necesita invesgación periódica, situada y vericable. Hacen falta estudios
descripvos que permitan dimensionar prevalencias por sexo, edad, po de escuela y
condiciones de conecvidad, pero también invesgaciones analícas y cualitavas que
exploren experiencias, lenguajes, apoyos instucionales y trayectorias del daño. Los diseños
mixtos parecen especialmente pernentes para este campo porque permiten combinar
alcance estadísco con comprensión interpretava. Esta recomendación coincide con la
necesidad, reconocida por las propias instancias estatales, de generar conocimiento local
para orientar prevención y atención (Gobierno del Estado de Chihuahua, 2025a).
c) A parr de los planteamientos de Buckingham (2007), Livingstone (2014)y UNICEF (2020),
se desprende que la alfabezación digital debe expresarse en acciones pedagógicas
centradas en la comprensión críca, la protección y la respuesta ante riesgos digitales, más
que en el dominio técnico de herramientas.
d) Los protocolos escolares y las rutas instucionales de canalización deben actualizarse frente
a fenómenos como deepfakes, sextorsión, difusión no consenda de contenido y
explotación mediada por plataformas, trascendiendo a los viejos modelos de convivencia
escolar y reconociendo que muchas agresiones digitales enen ritmos, escalas y efectos
disntos a los del conicto presencial tradicional. En este punto, la recomendación coincide
con la agenda de ciencia de frontera y con la orientación normava que ya comenzó a
perlarse tanto en México como en Chihuahua (Gobierno del Estado de Chihuahua, 2025a;
UNICEF, 2026).
e) Finalmente, la prevención, además de procurarse en familias y escuelas, debe incluir
exigencias regulatorias y responsabilidades estructurales para plataformas y actores
corporavos. Mientras los modelos de negocio sigan basándose en capturar atención y
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ampliar exposición, los riesgos no desaparecerán por sí solos. Por eso, una agenda integral
requiere combinar invesgación, educación, políca pública, protección de derechos y
responsabilidad tecnológica.
Esta úlma recomendación coincide con la postura del U.S. Surgeon General y con las
directrices de la Comisión Europea sobre protección de menores en línea, aunque este texto enfaza
con mayor fuerza la necesidad de traducir esos debates internacionales en polícas territoriales
especícas para contextos como Chihuahua (European Commission, 2026a, 2026b; U.S. Department
of Health and Human Services, 2023).
Fuentes de nanciamiento:
Los autores desean agradecer a la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación
(SECIHTI) por su nanciamiento para la presente invesgación bajo la Convocatoria 2025 de
Proyectos de Invesgación Cienca y Humanísca en Ejes Estratégicos.
Declaración de autoría CRedit:
Martha Raquel Facio Guérrez: Conceptualizaon (lead), Wring - review & eding (equal).
Ivonne Alcázar-Medías: Wring – review & eding (equal).
Miguel Ángel Villa Acosta: Data curaon (equal).
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